Tierra Adentro
Taza de Roma. Nigorette.
Taza de Roma. Nigorette.

 

En 1990, Spike Lee obtuvo su primera nominación a los Premios de la Academia en la 62 entrega de los Óscar como guionista por Do the Right Thing. Perdió ante Tom Schulman –autor de Dead Poets Society– en una ceremonia que, a la postre, coronaria a Driving Miss Daisy como mejor película. Desde entonces, a excepción de una nominación por el documental 4 Little Girls, y un oscar honorífico mediante, Lee había sido el gran ausente de los premio. Casi treinta años después obtuvo su primer premio, nuevamente en la categoría de Mejor Guion Original, por BlacKkKlansman –llamando a que en las próximas elecciones los ciudadanos norteamericanos, entre el odio y el amor, “hicieran lo correcto”– e intentó, al final de la ceremonia, abandonar el Dolby Theater cuando se anunció a la ganadora en la categoría de Mejor Película: Green Book.

La coincidencia entre aquella entrega y la que ayer se realizó podría explicarse a la luz del discurso de Lee al recibir el premio. Vestido de color morado, el director neoyorquino recordó desde el escenario que febrero no solo es el mes más corto del año, sino también un importante mes en la historia negra desde que hace cuatrocientos años. También un 24 de febrero sus antepasados fueron traídos como esclavos para trabajar la tierra y así construir Estados Unidos. El recorrido de su emocionante discurso lo llevó a recordar que su madre usó el cheque de su seguro social para que él pudiera estudiar cine y, finalmente, que a la vuelta de la esquina están las elecciones presidenciales.

Basadas ambas en una historia real, Green Book y BlacKkKlansman atienden a una misma problemática pero desde lugares diferentes. Como mencionaba hace unos días Fernanda Solórzano,  en la medida que la película ganadora de la principal estatuilla concluye su relato dando a entender que el racismo forma parte de un pasado superado, en la película de Lee la realidad se infiltra a modo de epilogo para mostrar que más allá de los chistes a costa de los slogans de campaña y del gobierno de Trump, el odio sigue en los rostros de los supremacistas blancos reunidos en Charlottesville, del atropellamiento de Heather Heyer y de la desafortunada reacción del presidente.

Sin embargo, tras las controvertidas ediciones anteriores en las que surgió el #OscarsSoWhite y en tiempos en que, como mencionó Barbara Streisand durante la ceremonia, “la verdad es un valor poco apreciado en estos días”, los miembros de la Academia optaron por conceder el mayor galardón a una película que hace de un prejuicio como el pollo frito un leit motiv humorístico; una película con guion de manual que haría a McKee sentirse satisfecho, y que, como mencionó Carlos Boyero, resulta tan eficaz como predecible.

Es una obviedad, pero a ratos conviene recordar que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas reconoce (con una estatuilla de bronce apenas recubierta de oro) a los involucrados en su industria cinematográfica. Es una organización estadounidense premiando a la industria de ese país. Se llama a equívocos quien quiera ver en ella la consolidación de un arte; es, en todo caso, de una forma de incentivar la excelencia en una muy peculiar manera de contar historias en un medio audiovisual –aunque la mundialmente más extendida–. Y la película de Peter Farrelly cumple con esos estándares; no Roma, no The Favourite.

Pero hay, además, en el tratamiento de la realidad –donde esa desconcertante leyenda de “basada en hechos reales” se acomoda– una línea que también llevó a Mahershala Ali a recibir el Premio a Mejor Actor de Reparto por su interpretación de Don Shirley, aun y cuando hace unos meses tuviera que comunicarse con los familiares del músico para pedirles una disculpa luego de que calificaran a la película como una “sinfonía de mentiras”.

En la llamada ofreció disculpas por si su interpretación los había ofendido, escudándose en que él solo trabajó con el material que tenía. Y es que Roma provenía de los recuerdos de infancia de Alfonso Cuarón en la medida que la película de Lee lo hacía de las memorias de Ron Stallworth. La amistad presentada en Green Book es la versión que su padre Lip le contó a Nick Vallelonga –productor y guionista de la película– sobre aquel viaje al sur de Estados Unidos. La realidad acotada y, anoche, premiada.

Diferencias en el tratamiento del racismo aparte, la ceremonia tuvo pocos discursos o momentos memorables. Los mexicanos que sintonizaron la transmisión desde sus casas o desde las proyecciones en las calles de la Ciudad de México, no vieron cumplido el improbable sueño de que Yalitza Aparicio subiera al escenario o que Roma se convirtiera en el primer filme en ganar Mejor Película y Mejor Película Extranjera. Este último galardón, sin embargo, lo obtuvo junto a otros dos nada despreciables premios: el de Mejor Director para Alfonso Cuarón y el de Mejor Fotografía también para el cineasta mexicano, a pesar de que, como le recriminaron en redes sociales, se olvidará en su discurso de mencionar a su colaborador, Galo Olivares. En ambas categorías, además, se impuso sobre la maravillosa Cold War, dirigida por Pawel Pawlikowski y fotografiada por Lukasz Zal.

The Favourite del cineasta griego Yorgos Lonthimos –que como Roma llegó a la ceremonia con diez nominaciones– obtuvo apenas un premio, el de Mejor Actriz, concedido a Olivia Colman por su interpretación de Ana de Gran Bretaña. Mismo destino que A Star is Born, que de ocho nominaciones apenas obtuvo una estatuilla, la de mejor canción por “Shallow” (interpretada en la ceremonia por Lady Gaga y Bradley Cooper en una presentación en la que, mostrando los reflectores y los imperceptibles rostros del público, la cámara recordaba que la película se escribe entre las luces y sombras de los escenarios).

Contra pronóstico, Bohemian Rhapsody obtuvo cuatro de las cinco estatuillas a las que aspiraba, incluyendo la de Mejor Actor para la imitación de Freddie Mercury que hizo Rami Malek, haciendo que uno se preguntara qué destino hubiera tenido la película si Sacha Baron Cohen se hubiese mantenido en la producción. Malek por encima de Christian Bale, protagonista de la gran relegada de la noche, la formidable Vice, una película que a su manera se suma a la agenda que parece haberse impuesto Adam McKay tras The Big Short y Succession.

No deja de ser curioso que la Academia comience a premiar a las plataformas que están modificando la industria y al mismo tiempo batalle por adecuarse con poca fortuna al nuevo ritmo que imponen. Los nuevos competidores como Netflix, además de alterar el panorama mediático, han cambiado los protocolos de visionado de la televisión: entre otras consecuencias, el brindar contenidos al alcance de un clic modifica los tiempos de atención de los espectadores. En un país que ha batallado por modificar las transmisiones de su deporte nacional –la MLB no consigue promover medidas eficaces para reducir la transmisión de los partidos–, ahora la Academia se ha propuesto hacer lo mismo para atraer la atención atomizada de los espectadores sin conseguirlo: ni la ausencia de un presentador luego de que el anunciado Kevin Hart fuera relegado por sus tuits homofóbicos, ni su propuesta, luego revirada, de entregar varios premios durante los cortes comerciales y limitar las actuaciones de la gala, hicieron que la ceremonia durara lo que una película, y, por el contrario, volvió a rebasar las tres horas de duración.

En Can You Ever Forgive Me?, el otro gran fracaso de la noche, la agente literaria de Lee Israel le recuerda por qué Tom Clancy gana lo que ella no: porque es un autor que nunca se niega a una entrevista, alguien que procura su imágen pública, en la medida que ella está encerrada derribando todos los puentes que le propone. Es porque estoy escribiendo, le responde la escritora. Bueno pues quizá en la escena de la película Marielle Heller haya una analogía simplona sobre la ceremonia de anoche: las estatuillas lucirán en las vitrinas de los productores, directores, actores, cinefotógrafos que más hayan participado de una campaña donde había que convencer a los votantes; aunque al final algunos como Netflix, que gastó el doble en publicidad de lo que costó la película que aspiraba a casi todo fracasaran en su intento.


Autores
(Querétaro, 1991) es licenciado en filosofía y maestro en comunicación y cultura digital. Autor de Tríptico sobre las despedidas (2017) y Neighborhood (2017) y Blau Cel (2016). Ha colaborado en medios como la Revista de la Universidad de México y Otra Parte.

Ilustrador
Nigorette
Fotógrafa originaria de la Ciudad de México, nacida en 1990 y especializada en moda. En 2015 apareció en la lista de los 10 mejores fotógrafos mexicanos de moda con cuenta en instagram del diario Milenio. Nigorette ha trabajado con diferentes marcas nacionales e internacioales. Su trabajo ha sido publicado en Vogue.mx, Vogue.it, Buro 24/7, Reforma (Moda), MILENIO, InTrend y, LUVAN, entre otras.

 

Desde Brangelina (apodo con el que se conoció al exmatrimonio entre Brad Pitt y Angelina Jolie) llevamos unos años viviendo con la moda de bautizar a las parejas románticas del espectáculo haciendo una fusión de sus nombres en uno. Algunas parejas en la ficción también reciben estos sobrenombres, y para muestra el botón que durante meses ha sido uno de los temas de conversación de mayor impacto en México: Aristemo.

Aristemo es la fusión entre los nombres Aristóteles y Cuauhtémoc, personajes de la telenovela mexicana Mi marido tiene más familia (2017-), producción de la empresa Televisa. Y no son nada más una pareja formada por dos hombres: se trata de unos adolescentes que han cobrado una enorme importancia mediática, en tiempos en los que la televisora mexicana estaba lejos de sus glorias de antaño; especialmente en esta época en la que aparentemente la televisión está en agonía y el formato estrella de la industria, la telenovela, en desuso.

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Antecedentes

Establecer los antecedentes de este fenómeno implica enfocar los lentes hacia varios puntos: el tema gay en las telenovelas mexicanas, el tema gay en las ficciones adolescentes de los últimos años y el productor artífice de este fenómeno, Juan Osorio, el mismo al que suele referirse cuando se habla de manera despectiva de las telenovelas (“Está peor que telenovela de Osorio”) y el de la veldad de su exesposa Niurka Marcos.

 

Temática gay en las telenovelas mexicanas

La telenovela es un formato cuya fuerza motora es el melodrama, un modelo narrativo asociado a la cultura popular cuyos orígenes se encuentran en el teatro y que posteriormente fue apareciendo y adaptándose a los soportes tecnológicos masivos, como los libros, la prensa, los folletines, el cine, la radio, la televisión y ahora también está presente en Internet.

En palabras de Carlos Monsivais, este género caracterizado por la teatralidad exagerada: “es el elemento de mayor arraigo de la industria cultural. Así atraigan y emocionen en gran medida el cine cómico, el de acción, y el del espectáculo, nada supera al melodrama, con sus variantes, agonías y revitalizaciones, que sigue siendo el espejo familiar por excelencia, el escenario de la ética escondida en las tramas, de las aventuras de la desventura.” (2002, pág. 111)

Sus orígenes en la televisión mexicana se cuentan oficialmente desde 1958, sin embargo es en 1979 cuando oficialmente comienza a despuntar como industria internacional. Diez años después un joven Juan Osorio, que había iniciado su carrera en Televisa como ayudante del set, encabezó la producción de la historia original de Abel Santa Cruz llamada Mi segunda madre, que tuvo como protagonistas a María Sorté, Enrique Novi y Fernando Ciangherotti.

Ciangherotti fue el villano que después de engañar a María Sorté y cometer tremendos fraudes millonarios fue a parar a la cárcel, y años después salió para desahogar toda la ira reprimida contra su exmujer. Durante esa segunda etapa apareció el personaje interpretado por Roberto Palazuelos, un amigo suyo con quien pasaba mucho tiempo comentando sus futuras fechorías y quién, de manera velada, fue mostrándose más que como un amigo, al tiempo que se enfatizaba que en la cárcel el personaje de Ciangherotti había sufrido algo muy intenso que le había provocado un trauma severo.

 

Se presume que es la primera telenovela en sugerir una pareja homosexual (ojo: pareja y no una caricatura de hombres amanerados), pues todavía en la década de los ochenta la Secretaría de Gobernación era quien daba el visto bueno y la aprobación de los guiones de las telenovelas, como lo manifestó Carla Estrada sobre la telenovela Quinceañera de 1987 (2011).

Una década después Televisa conoció la competencia que en cuanto a la ficción representaron las coproducciones entre Argos y la entonces recién creada Televisión Azteca. La vida en el espejo se produjo en el año 1999, protagonizada por Gonzalo Vega y Rebeca Jones representando la historia a la inversa de Mirada de mujer (1997-1998), donde una familia se cimbra tras la infidelidad de la esposa y él, el esposo, se enamora de una joven mucho menor que él. Esta familia contaba además con tres hijos, el mayor de ellos, defensor de la madre y de apariencia pulcra y formal, fue interpretado por José María Yazpik.

A mitad de la trama el personaje rompe con su prometida, quien lo define como “impotente”, y tras conocer a un amigo de su hermana, descubre su homosexualidad que confiesa por primera vez ante su padre. A partir de eso se asume como tal y sostiene una relación amorosa con el personaje interpretado por Manuel Blegerman. En La vida en el espejo (1999-2000) se mostró no solo la aceptación total de la familia, sino afecto físico entre ambos.

https://www.youtube.com/watch?v=iQ36HZ8V_w0

 

Tras la muerte de Emilio Azcárraga Milmo y con la llegada del siglo XXI, las telenovelas tanto de una empresa como de la otra fueron introduciendo parejas homosexuales en sus elencos secundarios: en 2001, en Salomé, también producida por Juan Osorio, el actor Rodrigo Vidal encarnó a un hombre gay que trabaja como bailarina en un cabaret y que sostiene un romance con un cantante de mariachi (con un final bastante desafortunado); en 2008 la telenovela producida por Roberto Gómez Fernández y Giselle González, Alma de Hierro (2008-2005), presentó la relación entre dos hombres maduros interpretados por Rafael Inclán y Juan Carlos Colombo; en 2009 la diversidad sexual se mostró en dos tramas: Sortilegio, producción de Carla Estrada en la que se presentó una escena de intimidad entre los personajes de Marcelo Córdoba, su esposa interpretada por Chantal Andere y el personaje de Julián Gil, a quién mencionaban como bisexual, y el hecho inédito de que el protagonista de Los exitosos Pérez, al que le dio vida Jaime Camil, sostiene una relación abierta con el personaje de José Ron. A diez años de La vida en el espejo, esta pareja también demostraba afecto físico durante los capítulos, hasta el punto de grabar escenas de besos que fueron censurados por Televisa.

 

Entrada la nueva década, la productora Rosy Ocampo mostró en diversas ocasiones a personajes masculinos que descubren su homosexualidad y la asumen pese a todos los prejuicios: la primera ocasión en el año 2014, con la producción Qué pobres tan ricos, dando cuenta de cómo se fue gestando la relación entre los personajes de Diego de Erice y José Eduardo Derbéz, una especie de romance juvenil con todo y sus diferencias de clase social, que si bien mostraban afecto físico nunca llegaron al tan esperado beso; y un año después lo planteó con el personaje de Eddy Vilard en Antes muerta que Lichita (2015-2016), quién confiesa su homosexualidad ante el horror de su madre, mujer católica ultraconservadora.

Para 2017 el discípulo de Ocampo, Eduardo Meza, transmitió el primer beso gay de las telenovelas en Televisa en la telenovela Papá a toda madre con los personajes de Andrés Zuno y Raúl Coronado quienes, además, representaron a una pareja unida civilmente que buscaba la adopción de un hijo.

 

En 2018 Pedro Damían volvió a contar una historia de jóvenes estudiantes que sostienen una relación homosexual en la telenovela Like, donde la pareja de chicas nunca pudo besarse frente a la pantalla (fans en internet aseguran que fue por censura de Televisa). Y digo volvió a contar porque en el año 2006 presentó lo que hasta este momento, y exceptuando los programas unitarios como La Rosa de Guadalupe y Como dice el dicho, es el antecedente más cercano al caso de Aristemo: la relación entre los estudiantes de preparatoria Freddy y Charlie, personajes de la telenovela juvenil Clase 406 (2002-2003).

 

Temática gay en las producciones adolescentes de los últimos años

Vale la pena hacer un recuento mínimo de las temáticas LGTBIQ en el panorama televisivo internacional: Will and Grace (1998), Queer as Folk (2000), The L Word (2004), Grey´s Anatomy (2005), Modern Family (2009) más todas aquellas que durante esta década han aparecido en plataformas digitales como Transparent (2014) de Amazon Prime, Orange is the new black (2013) de Netflix y Sense 8 (2015), de la misma productora.

Si bien es durante el siglo XXI que la ficción ha recurrido a la diversidad sexual de manera constante, la primera referencia directa que me llega a la mente en cuanto al tema enfocado para los adolescentes es en la serie canadiense Degrassi Junior High (1987-1989), aquí conocida como Los estudiantes de Degrassi, que pasaba en el canal 7 de la entonces Imevisión, a finales de los años ochenta. Después llegó otro romance entre un joven de preparatoria y un guapo policía en la serie estadounidense Dawson´s Creek (1998-2003) que para inicios del siglo presentó un romance entre los personajes Jack y Doug que incluían besos cortos y afectos físicos.

Parece pertinente mencionar el caso de 13 Reasons why (2017) de Netflix, un drama adolescente o del género young adult que cobró mucha popularidad, pues, entre otras cosas, contó con varios personajes gay que o están descubriendo su identidad sexual o ya la tienen refirmada y en práctica, sin promover clichés o estereotipos al respecto.

 

El productor del pueblo

Conocer la trayectoria del productor de Mi marido tiene más familia, la telenovela que ha lanzado el fenómeno Aristemo en su segunda temporada, es importante como antecedente pues, como se mostró párrafos atrás, el abordaje de esta temática no le ha resultado ajeno, pero sobre todo porque es necesario recalcar que en este momento junto con Carla Estrada, es uno de los dos productores de telenovelas con más antigüedad en Televisa.

La trayectoria de Osorio cuenta hasta el momento con 26 telenovelas que han tocado una gran cantidad de temas, tonos y formas. Sus primeros títulos se enmarcaron en un melodrama tradicional, contados del campo al pueblo y a la urbe como La gloria y el infierno (1986), El padre gallo (1986) y Tal como somos (1988), para después explorar otras narrativas, con tramas misteriosas y llenas de secretos que llevaban al espectador a hacer todo tipo de conjeturas como en La casa al final de la calle (1989); historias de época como Clarisa (1993) o Si Dios me quita la vida (1995); adaptaciones de clásicos como Siempre te amaré (2000), remake de Lo imperdonable y Salomé (2001), remake de Colorina.

También retomó los melodramas tradicionales con María José (1995), Marisol (1996) y Tormenta en el paraíso (2007); abordó temáticas sociales como el racismo en El alma no tiene color (1997), el fomento a la donación de órganos en Velo de novia (2003) o la difusión de enfermedades poco conocidas en su época como el Lupus, en Días sin luna (1990); ilustró maternidades complejas y enfermizas en Madres egoístas (1991) y Mi pecado (2009); y en sus últimos títulos le ha dado un giro a su estilo retomando la telenovela con comedia, en una suerte de sitcom adaptado al formato apuntándolo más hacia lo familiar con muchos personajes, situaciones diferentes, e incluso, partiéndolos en temporadas, con títulos como Una familia con suerte (2011), Mi corazón es tuyo (2014) y Mi marido tiene familia (2017).

Ya lo dijo Graham Murdock en un texto que pese a sus años tiene más vigencia que nunca: “el conocimiento de las historias de la vida de los grupos creativos es esencial para un mejor entendimiento de las fuentes sociales y estéticas de los melodramas.” (1988, pág. 74). En entrevista hecha en el programa El observatorio de TvUdlap, Juan Osorio contó la historia de su vida y afirmó:

“Soy un productor del pueblo. O sea, soy esencia del pueblo, soy una persona que conoce al pueblo, y soy una persona que no aspira a hacer la televisión que va a cambiar al mundo, hago una televisión que tenga valores, (…) no me gustan las novelas que tengan exceso de sexo, que sé que mi horario es un horario familiar y que sé que dentro del divertimento que tengo de la propuesta de esa novela también tengo la oportunidad de dar un mensaje. (…) Hay un matrimonio que no puedo nunca desvincular; el público y mi sentimiento. Yo escucho al público, y lo que yo siento es lo que produzco, es lo que hago.” (TVUDLAP, 2015)

 

El fenómeno Aristemo

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A pesar de los antecedentes planteados de la temática gay en las telenovelas de Televisa,  sigue resultando sorpresivo que la empresa mexicana tenga en Aristemo y en Juliantina (la pareja lésbica de la teleserie Amar a muerte de 2018), el atractivo romántico que está jalando a la audiencia que presuntamente estaba perdida. Tomando en cuenta que la moral católica pesa de manera determinante en lo que Nora Mazziotti llamó el modelo Televisa de hacer telenovelas, en donde cualquier trasgresión es castigada sin que las ópticas nuevas tengan espacio en ellas (2006), parece que las cosas están cambiando y que éste modelo se encuentra (¡al fin!) de camino a una evolución real.

Mi marido tiene más familia es la continuación de Mi marido tiene familia (2017-2018) historia de origen coreano adaptada al contexto mexicano. En ambas emisiones se han abordado temáticas aptas para el público adulto-mayor, para el de los adultos-jóvenes, para el de los jóvenes-adolescentes e incluso para el de los niños. El horario de las 8:30 de la noche se ha prestado no sólo para representar problemáticas familiares variadas sino para promocionar la gastronomía, cultura y turismo de la ciudad de Oaxaca. La inclusión de distintos sectores demográficos y la glocalización (contar historias universales desde la perspectiva local) han sido dos factores de éxito desde el origen de esta historia.

Según lo contó Juan Osorio en entrevista a Álvaro Cueva (LaSaga, 2018). fue a iniciativa de Emilio Azcárraga Jean que en la segunda temporada de la telenovela irrumpieran algunos de los personajes centrales de Una familia con suerte, melodrama producido por Osorio en 2011, así que el equipo de escritores encabezados por Santiago Pineda y Pablo Ferrer retomaron a la familia de Pancho López (Arath de la Torre) para brincar de la historia coreana agotada en la primera temporada y plantearle una nueva perspectiva a la historia de los Córcega. Así es como aparece Cuauhtémoc (Joaquín Bondoni), el hijo de López que ya era conocido por el público joven, quien en esta nueva aventura coincide en edad y escuela con Aristóteles (Emilio Osorio), también conocido por la audiencia desde la temporada anterior.

Desde los capítulos iniciales se planteó la homosexualidad de Temo y su naciente interés por Aris, cuestión que los escritores vislumbraron como la historia de amor del elenco juvenil. Y desde el origen la plantearon así, como un romance que encajara en un horario familiar entre dos personas antes que entre dos homosexuales. Según palabras de Santiago Pineda (LaSaga, 2018), el equipo creativo se planteó llevar a la pantalla algo con responsabilidad que no fuera de nicho, que se saliera de las claves y los códigos que se entienden solo si se pertenece a la comunidad LGTBIQ, donde el tema gay no fuera el foco sino una característica más, un extra que complementara la historia de amor. Se pensó, pues, en el público masivo de las telenovelas que supera los 3 millones de espectadores diarios y no en una audiencia de números reducidos. Es la lógica del broadcasting, de la televisión abierta, de un horario estelar.

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La respuesta del público ante esta perspectiva no se ha reflejado únicamente en los ratings sino también en un fenómeno de conversación a través de las redes sociales, a partir de hashtags (se colocan al menos 3 como trendig topic de Twitter, nacional y a veces mundial, durante cada capítulo), memes, blogs y videos en YouTube que comentan y reaccionan a los sucesos de la pareja.

Algo mejor conocido como transmedia, es decir, la cultura participativa generada por el público que parte de un consumo mediático en donde los mensajes se aprehenden, reelaboran y comparten. El vínculo que une a la industria cultural con una audiencia que no sólo recibe sino produce sus propios contenidos a partir de lo que ve. Ante el éxito, la industria (Televisa) confirma que el concepto Aristemo será llevado al teatro y a una serie spin off dentro de la misma empresa teniendo a la pareja como protagonista, que seguramente seguirá contando con esta retroalimentación por parte de sus seguidores.

Retomo la cita de inicio de Carlos Monsiváis: “nada supera al melodrama, con sus variantes, agonías y revitalizaciones, que sigue siendo el espejo familiar por excelencia”. El melodrama tiene una gran cantidad de variantes que dan vida a productos creativos que dependen de un contexto, de un momento, de un equipo de trabajo con objetivos claros, y hoy en día hasta de la tecnología para entrar en el gusto de una audiencia que está ávida de encontrarse e identificarse, venga de donde venga el mensaje. Y no vino de una serie, o una teleserie, vino de una telenovela, por más que se insista en el que el concepto está muriendo o en desuso.

Hoy Aristemo está triunfando por muchos factores, pero principalmente porque Televisa, a través de un productor experimentado en un horario estelar, recordó a un público, el adolescente, al que sus telenovelas habían olvidado desde hacía mucho tiempo; uno que requería una representación más apegada a las nuevas realidades, acorde a sus tiempos, a sus emociones, a su forma de expresión, libre de etiquetas y prejuicios, desde una perspectiva familiar positiva pero sobre todo, popular. Eso, me parece, ha hecho toda la diferencia.

 

Bibliografía

LaSaga. (5 de Diciembre de 2018). #ÁlvaroCuevaEnLaSaga con escritores de televisión y series.  [Obtenido de Archivo de video] Recuperado de https://youtu.be/Y8TNcPR3wTA

LaSaga. (19 de septiembre de 2018). #ÁlvaroCuevaEnLaSaga inicia transmisiones este miércoles con invitado de lujo: Juan Osorio. [Obtenido de Archivo de video] Recuperado de https://youtu.be/Mx3ADkhcjq4

Estrada, C. (2011). Una vida de telenovela. En Telenovelas en México. Nuestras íntimas extrañas (págs. 48-90). México: Grupo Delphi.

Mazziotti, N. (2006). Telenovela: industria y prácticas sociales. Bogotá: Grupo Editorial Norma.

Monsiváis, C. (2002). El melodrama: “No te vayas, mi amor, que es inmoral llorar a solas”. En H. Herlinghaus, Narraciones anacrónicas de la modernidad melodrama e intermedialidad en América Latina (pág. 111). ebookcentral.proquest.com.

Murdock, G. (1988). Fabricando ficciones: elementos para el estudio de la producción de dramas televisivos. Estudio sobre las cultura contemporáneas , 67-93.

TVUDLAP. (5 de Diciembre de 2015). Juan Osorio en El Interrogatorio | Versión Extendida TVUDLAP. [Obtenido de Archivo de video] Recuperado de: https://youtu.be/KdlrlIVNkls


Autores
Raquel Guerrero Viguri es Maestra en Estudios de Cultura y Comunicación por la Universidad Veracruzana y creadora del proyecto de divulgación audiovisual Ratona de tv: www.ratonadetv.com

Ilustrador
Jorge Álvarez
Es de Guadalajara, Jalisco, y tiene 25 años. Dibuja desde los siete años. Puedes ver su trabajo en https://www.instagram.com/zelldixon/
Ilustración por Mario Cano Dominguez.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

 

Hoy 21 de febrero es Día Internacional de la Lengua Materna. Este año la celebración es doble, pues la Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado a 2019 Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

En la Redacción de Tierra Adentro hemos querido conmemorar este día. En primer lugar, recordando los esfuerzos históricos de Tierra Adentro por visibilizar a las 69 lenguas indígenas del país. En esa línea sobresale la antología en dos tomos Los escritores indígenas actuales (1992), prologada y compilada por Carlos Montemayor.

También en nuestro catálogo puede encontrarse Ro doni ñätho ñähñu ñuhmu ‘ñuhu (La palabra florida otomí olmeca) (2004) del poeta otomí Serafín Thaayrohyadi.

Los lectores ávidos de tener al alcance un muestrario del panorama poético en lenguas indígenas de América, pueden leer en línea el último número de la colección La Ceibita, titulado Lenguas de América (2016) y compilado por la académica Luz María Lepe Lira. El numero inicia con el poema Canto de pájaros de Humberto Ak’abal, magnifico y célebre poeta guatemalteco en maya quiché, quien murió el mes pasado.

Rescatamos del número 232 de la revista impresa de Tierra Adentro el dossier en (y sobre) lenguas indígenas. A partir de ahora nuestros lectores podrán disfrutar en la web los siguientes textos:

Yuilal Mak abejk’ajon / Fui parto en mes Mak, de Adriana López

Paxlamts’i’, de Marceal Méndez

Bicéfalos, de Nadia López García

Lenguas de nuestra piel, de Hubert Matiúwàa

Una celebración de este tipo en Tierra Adentro estaría incompleta sin colaboraciones de las nuevas voces de la literatura en lenguas indígenas, por ello invitamos a la reconocida poeta en náhuatl Judith Santropiero (1983), quien participa con Cinco poemas.

El poeta, narrador, ensayista y académico en tsotsil y español Mikel Ruiz (1985), una de las voces más potentes y críticas del nuevo ensayo mexicano, publica hoy en Tierra Adentro Mu yanuk mu nichimal jbakutik / Ni misteriosos ni poéticos, una reflexión profunda y heterodoxa sobre el indigenismo y la identidad.

Delmar Penka (1990) es el autor de Sk’ayo ts’unun/ El canto del Colibrí, un ensayo en tseltal y español que se sirve del flujo de conciencia para explorar la transmisión mítica en una comunidad indígena de Chiapas.

Por último, contamos hoy con ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ [Borrego alas de mariposa], un poema visual en zapoteco del antipoeta Rodrigo Pérez Ramírez nák, conocido como Zapoteco 3.0.

Todas las ilustraciones son de Mario Eduardo Cano (1994), artista plástico y diseñador mexicano, cuya inspiración parte de las culturas originarias de América.

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Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Escrito Z@p0tec0  ɛ.ɸ

 

Kúaʔn šàb dìʔz

ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ, nàk thîb cosaute, dìʔz kó šáʔ=tá ná~róʔ, láʔs áʔ ròʔ=y šónʔ dìʔz, nà zín tà kó nà. Thîb dìʔz nsóʔ léʔn nì, ndá=y nér ndíed=dáʔ, tláʔs, nté=sá nàk thîb dì, thîb dì ná chop mbòl nké~làs.

Ré dìʔz ndíed léʔn chop gà=yú dìʔztéʔ nsóʔ léʔn Yìb kúb, sá lì ché mèn opencalc, sá róʔ dìʔz kó mbòl kìʔb nér m-tób. Sé rá lì ché mèn ASCIII nér AFI sá nté bís mèn ná. Làs=á gák áʔ dìʔz góš. #DadaismoZapotecano làs gòʔn dìʔztéʔ lì ché ngetlú nér n-wìʔ mèn ná lì ché nšáʔ.

Kurt Schwitters, mbòl ná Alemania nér šáʔ kó m-blì Merz, m-bèz: dìʔz nákìn bèsta šàb, kó ná kó tàk. Kó ná lì ché šáʔ kó làb dìʔz yêts.

ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ nú lì ché nì~et sá n-dìs dìʔz: ᴟbák šéʔʟ, šíʔl nér ɱ-šîʔʟ, kó ná ták táʔ lô šáʔ làb dìʔz sá bèsta n-dìs áʔ. Dìʔz nté téy -là, m-bét áʔ sé rá ndáy gáp.

Kó ná ndìak ré tá dìʔz. N-wìʔ: Chó šóʔɴ ʟû šàʔ šóʔ=ɴ ɱbèd, šóʔɴ nér šóʔ=ɴ šàʔ=tá ròʔ=y ròʔ mèn.

Dìʔz m-bèz kó ndíak lázó chop mén ná sa=tá azyu. ɴgù-d šónʔ ʟíʔn nér ɴ-gé=ɴ chó ɱbéd. ɴ-gé=n chó ndž-ăʟ yé-šìʟ, sá ɱbòʟ mká thîb ♥ štîʟ. Nú ᴟbák šéʔʟ láz chop šíʔʟ ɱ-šîʔʟ. Sá róp šáʔ ndé béʔt ʟô tùšniʔ sá -ʟìb làd=ná né ʟô mbéʔ wìʔ.

 


 

 

ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ [Borrego alas de mariposa], es un cosaute (salto corto), una composición formada por una serie de pareados fluctuantes —versos que no tienen el mismo número de sílabas— aunque se mantiene siempre en arte menor y pareciera que quiere ser un octosílabo sin conseguirlo. Con ayuda de un verso que se repite intercalado entre cada pareado sigue un movimiento alterno de retroceso y avance, un ritmo lento, como si fuera una canción acompañada de un coro, algo perfecto para contar una historia amorosa tradicional.

La inspiración proviene de una base de datos de 200 palabras en zapoteco albergadas en una matriz computacional, que mediante una función de selección aleatoria (opencalc) va arrojando palabras que el antipoeta va colocando en cada verso y con ello crea una historia. Después el poema se va adornando con códigos ASCIII y símbolos fonéticos, con la intención de que se convierta en un logograma, tal como era la escritura de los zapotecos antiguos. El #DadaismoZapotecano invita al lector a escuchar el zapoteco a través de sus ojos y verlo a través sus oídos. Tal como diría Kurt Schwitters, poeta aleman funadador del movimiento artístico Merz, “no es la palabra el material de la poesía, sino la letra… las letras no son conceptos, las letras no tienen sonido, solo tienen un potencial sonoro que el rapsoda actualizará de tal o tal modo”. En este sentido, ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ, aprovecha además la cualidad tonal de la lengua zapoteca (según se pronuncie cada sílaba varía el significado) para crear un sistema de sonidos fonéticos consecuentes. ᴟbák šéʔʟ (Borrego, traducido literalmente como perro de algodón), šíʔl (alas) y ɱ-šîʔʟ (mariposa), ofrecen al rapsoda una combinación de tonos que comienzan bajo, se sostienen  y finalmente suben.

Esto sucede en todo el poema, como el verso intercalado: Chó šóʔ ʟû šàʔ šóʔ = ɴ ɱbèd (¿Escuchas el llanto del niño?) donde šóʔɴ (escuchar) y šóʔ = ɴ (llorar) se pronuncian igual, solo que el segundo, la “ɴ” se pronuncia en la garganta y no en la boca como el primer caso. El poema trata sobre el amor de dos almas de culturas distintas. El tiempo pasa (ɴgù-d šónʔ ʟíʔn: Ocho años muertos) y uno de ellos sigue esperando al otro (ɴ-gé=ɴ chó ɱbéd) y la flor más bonita de la sierra, la orquídea se ha perdido (ɴ-gé=n chó ndž-ăʟ yé-šìʟ). Cansado de la espera, el alma zapoteca decide comprarse un ♥ mestizo (ɱbòʟ štîʟ) esperando cambiar la historia; y su borrego, también quiere comprarse un par de alas de mariposa (láz chop šíʔʟ ɱ-šîʔʟ) para poder volar. Juntos esperan el nuevo amanecer (ʟô tùšni ʔ) para remendar sus cuerpos (ᴟb-ʟìb nò làd) mientras el cielo (ʟô mbéʔ) aguarda su llegada.

 


 

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Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.


Autores
Antipoeta en zapoteco de la Sierra Sur/ central, su lengua materna. Fundador del #DadaismoZapotecano. Iniciativa contracultural a la literatura indígena actual, que mezcla conceptos dadaístas propuestos por Tristan Tzara, la poesía digital de Eugenio Tisselli y la antipoesía de Nicanor de la Parra. Tres poetas de diferentes épocas, cada uno aportando una técnica a un pensamiento humano zapoteco carente de talento artístico. De Tristan toma la sucesión de palabras, letras y sonidos a la que es difícil encontrarle lógica, de Tisselli toma la extraordinaria belleza visual del código informático y la aleatoriedad digital que ofrece un software; y De la Parra, su propuesta de escribir poesía desde cero: homologarse a lo que es el poema, su valor estético, la base metodológica. Se contrapone rotundamente a la traducción e invita al lector a leer el poema en zapoteco.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
"El canto del colibrí" por Mario Cano Domínguez
“El canto del colibrí” por Mario Cano Domínguez

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ts’un

                                                           ts’un

k’alal x-ochix jwayel ya ka’y te ay binti sch’inlajet.

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                           ts’un

Ya xjajchon ta jwayib, k’unk’un xbe’enon beel, xba jam te ti’ nae. k’alal yakal ta jajchel beel te ajk’ubale ya jta ta ilel ala ch’in ts’unun ya stijulay te xik’e ta wilel ta xujkxujk nichim roxox ta jna. Ya spas k’unk’un ik’ k’alal stijulet te xik’e, ya swesulay te ya’benal te chinimetike. Chajp ta a’yel te sk’ayoje k’alal bajtikix ta wayel te yantik te’tikil mutetike. Yu’uniwan ch’ayem jich ma sta ta leel te specheche, ja’ yu’un ya xkaj’in swenta ya sta ta leel a te sbee.

ts’un,

ts’un

                                                           ts’un

Machalnax xwilawet ta ik’, ya sitinon. Te swilele ya xchikna xyaxal sk’ukmal sok te syik’ubal yelaw.

Maba lek ak’ax te k’aal ito, te tulan ja’al te orainto la smukben jilel te kawal jts’unube jich ya xcha’ jajchonxan ta sts’unel, k’alal ya ka’ybey te sk’ayoje ya yak’ben smuk’ul k’otan yu’un. Ta sbanax smujts’elal te jsite ya kil te ma’yukix tey ae. Tijtsaon beel ta sleel te ba ay snichimal roxoxe, ya kil ta moel alan, ya joyomtes, ma’yuk ya jta.

Lek k’epel te ajk’ubale. Leknax ya jta ta ilel te sbabi ek’etike. Bajt te jwayele ja’ yu’un te sch’ininet jilel te sk’ayo ts’unune ta jchikin. Naklon ta baay jun jnaktib te ay ku’un ta yamak’ul nae, ya jik’ ko’tan jich ya xjul ta jol te sk’op ya’ye te scha’lamal jmam Nicolás k’alal benonjo’tik beel ta te’tikil ta sleel te si’e. Chiknatal jkojt ts’unun ta be, ya yuch’labe ya’lel te ech’etike. Ma’yuk ch’inuk xkil jich te’tikil mut a te bit’il sch’inile. Te scha’lamal jmame tejk’a.

—¿Labal awa’y?—la yalben, jich chiknajtal stse’e ta yelaw.

Tek’el ajilonjo’tik, ya ka’yjo’tik te ts’unune. Te scha’lamal jmame la yalben te ja’ tey xlok’tal sbiil a ta sk’ayoje: ts’unun, ts’unun. La scholben ka’y te bit’il jich ya jtajtik te ala mut ta sakubel k’inale yu’unla lek binti ya yak’ jna’tik stojol a, yu’unla ay sk’ejotal ta yala xik’ slekil snopbenal ku’untik te mach’aotik te ay bi ya xjul ta joltike, jich ya yich’ beel te ts’unune, ya xwil beel ja’to te mach’a ya yak’be jilele.

—¡Nopa jtuluk te mach’a ya ak’ane, ak’a k’ook tey a te ts’unun te mach’a junuke!–– xi sok sbujts’ yo’tan te scha’lamal jmame.

Jul ta jol te scha’lamal jme’chune Antonia, te ch’ay ta k’inal te sjayebalix tal yuile, ya jna’ ta bayel a. La jk’anbe ta mukin te ts’unun te yakuk yich’ben beel te jmelbil o’tane. Ma jna’ teme stak’ xbajt ta yan ch’ulchan yu’un te balamilale, ta balamilal te banti ayik te ch’uleletike. Te scha’lamal jmame la yalben te lajla swejtesik jkojt te’tikil mut te ajawetike te ja’ ya stak’ yak’be sk’opon sbaik te winik antsetik sok te mach’atik lajemikixe.

La jta ta ilel te ak’olnax yo’tan te scha’lamal jmame, ma’yuk jich kilobe tal a te k’alal laj te scha’lamal jme’chune. Te ts’unune, machalnax xwilawet ta ik’, bayel yak ta sjalbel sok xik’ sk’op te scha’lamal jmam te yak scholel ta mukin ta stojol te ants te mach’a bayel la sk’an. Te ts’unun la xlich’ te xik’e, ma xiw k’alal wil beel. Sujtel bael ta skuchel te sbujts’ o’taniletike. Wil beel jich ch’ay ta tajaleltik, la yich’ben bael jo’tik te sk’anjel ko’tanjo’tike sok jich la slamanben jilel k’inal ka’yjo’tik.

 

2

Te sk’ayo te ts’unune ya yak’xan ta na’el stojol ek te j-ula’tawane, ka’lal ya xjul te jtul k’anbil uts’ alalil, ja’ yu’un ya yak’ ak’ol o’tanil te ka’lal ya yich’ ilel xwile. ¡Ts’un, ts’un, ts’un!, xi cha’ox mel ta jol te k’alal sujteltale ta jnae, ya jk’ejtikla te snopbenal.

Ta patil la ka’ybe sk’oplalil te ay bayel sch’unel o’taniletik te ya xkoltaot te ts’unune. La ka’y te k’alal ya yich’ milel jkojtike ya spa sbe chopol ta stojol te mach’a ya xmilote, ya xk’unej te jmilawal k’abal yu’une sok ya sk’as spisil te bitik ya stsake: te machite, te p’inetike, te mochetike, te samete, spisil te bitik ya xtun swenta a’telile. Ja’nix jich ta stuchk’abtael, te sba k’abil te ya yak’ ta ilel te wilel ae bilukme ora ya xju’ ya sk’as.

Te ajawetike la swejtesik te bit’il ta k’uxutaele, melel te ala jkojt tutin te’tikil mute ma stak’ stukel ay. La yak’beik bayel stulanil yu’un skujchintael yip te ik’e, la yak’beik yala xik’ te animalnax talel bael ya xwiltesot, sok najt sni’ te ja’ ya snuk’be tey a te scha’bul te nichimetik te ma slajin jilel soke, sok jp’e stutin o’tan ja’nax yu’un lom tulan.

¿Mach’a xkal te ya xju’ yu’un stsakele? Ja’iknax te mach’atik ya xtun yu’unik te sk’ayo swenta ya yak’beik te alal te mach’a maba lek ya xlok’ sk’ope. ¿Sok binti ya spasik te mach’a ya smilike? Ma’yuk, ja’nax tame laj te mach’a amilawane mame stak’ xk’opo sok te yuts’ yalal.

 

3

Ya jkojtes te jsite, ya ka’y ay binti schikiltaben jch’ujt. Ma’yuk lom ya kiltik xwil ta ajk’ubaltik te ts’ununetik, sok ma’yuk ya ka’ybetik sk’ayo k’alal malix te k’aale, manix ba spisil lekik a. Te sjulel ta lok’ele lijk sbajk’eson, ya yak’ che’bajuk ko’tan. Yu’uniwan ajk’ubaltik ts’unun melel te sk’ayoe k’ejel a, xmaklajetnax. Sokemnax la ka’ybe te sk’ayoe jich k’oem te muk’nax sok lu’benax te snuk’ulel, lom ch’in, te ya sbajk’es te ch’ulelale.

Ya jk’an jultes tal ta jol te sk’ayo te ka’yobe tale: chan ch’o sch’ininet ja’ ya yal lamal k’inal;  jo’ ch’o sch’ininet, jteb smakobil, sok ja’nix jich jmaj yajtalel, ya yak’ ta na’el stojol te ya xtal ilawanuk uts’ alalil; cheb k’ayo, jun smakobil, cheb k’ayo, jun smakobil, cheb k’ayo, ya yak’ ta na’el stojol te ja’al ya xtal ta yuilal mayo. Ja’ik la yak’laben jnop jmam te’ye.

Yu’uniwan ch’ayem te jkojt ts’unune. Ya xch’ayik te k’alal ya xlok’ik ta paxial ta yantik te’tikile, ja’ ya x-ik’otik beel te sbujts’anil yik’ te nichimetike.  Mak ju’uke ja’niwan te ajk’ubal ts’unune, ya jmel ko’tan tame ay bay jiche. Jch’ojnax ka’yobe sk’oplal, k’alal te jtate scholoben sk’oplal te sbal ajk’ubale. Ch’aytal te mal k’aale, ya kuch’jo’tik kajpe a, ya jk’atinjo’tik k’ajk’ ta snaul pas we’elil. La scholben ka’yjo’tik sok te jme’e te bit’il ay la mantal te’tikil mut te ya yich’tal utsil o’tanil, ja’nix jich ay yantik te ya yak’ ta na’el stojol mel o’tan sok sk’uxul k’inal. Ja’me te ajk’ubal ts’unune.

Ya yalbenjo’tik te ma’yuk mach’a yilo te bi yilele, aynix binti te ya x-ak’ot ta na’ele ja’ te sme’ba k’ayoe. La sk’ain aka’y te jtate: ¡Ts’uuuuun, ts’uuuuun! Najt aka’y jich bit’il jun sjik’el o’tanil, ya spotsobtes te bak’etalile sok ya xt’um’tun sok xi’wel te o’tanile, melel ja’ yak ta alel te mach’a ya ya’y stojole ya xju’ xtal chamel ta stojol te yuts’ yalale.

Ja’ te wa’y ajk’ubale sok yantikxan, la jxi’. Sabnax ya jk’an xwayon a. Ya jch’ikba ta yutil jtsots sok ya jmak jchikin swenta ma xka’y a tame ya xk’ax ta nae. Ya jnop te ja’ lek te manchuk la jna’ stojol te bit’il aye, jichnixan te manchuk la jna’ stojole ¿ja’nix jich bit’il k’an ba jna’ stojol te bi ya yak’ na’ele?

La yak’ben jxi’wel a te k’alal ya xk’ajin jkojt te’tikil mute: ya spotsob a te kakane sok ya xmajk a te jk’ope. Te jtate la yalben te jxi’wele yala stak’ yik’tal te ajk’ubal ts’unune, la sk’anben te yakukla jnoptal te bi lek ta nopele, te yakukla yak’oltesben ko’tan sok te bi sch’inlajet ta k’inaltike, te yakukla jnop kuxinel sok te sbal ajk’ubale, te binti leke sok te maba lek te li’ ta balamilale, melel te ajawetike ja’ jich la sk’anik, ja’nax jich ya xjelonxan ta lek te jkuxinele, te banti ma’yuk bi ya jxi’e.

Wokol a ch’ay ta jol, ja’ jich a k’ot ta pasel te k’alal la yak’ben jna’ stojol te jtate ja’ swenta te sna’el ya’yantael: tame ay ya ka’ybe jch’ojuk te sk’ayo te ajk’ubal ts’unune ya jtuun tebuk te maye, ya jk’ux cha’p’ejuk te axuxe sok ya jmal jp’isuk te pox ta yamak’ul nae, ja’ ya stak’ beel makel a te binti ya yal te ts’unune.

 

4

Ayon jtukel ta jna, bajtik spisilik ta we’el ta sna te jme’jun Xawe. La jk’an ajilon yu’un bayel lu’benon ta a’tel sch’ixil k’aale ta k’altik. Ma’yuk mach’a ayxan swenta ya jojk’obe tame ay mach’a la ya’yxan sok la yilxan ek te ts’unune. Ta j-ajk’ ya ka’yxan te xi’wel te bit’ilnix la ka’y ta jch’inile. K’an jlamanjba, ya jna’ix binti ya jpas yu’un tame ja’ sbal ajk’ubal te ts’unun la kile, ¿jats’i tame ma ja’uk sok jichnaxmeti la kak’jba ta k’exlal awa’ye?

Ochon beel ta jna te banti ay te snaktib kuruse, tey ya sk’ej te jtat te bitik ya xtun ku’une. Ya jtsak te tsue ya jlok’es jtebuk te smayule, ya kak’ ta yolil jk’ab, ya jlo’ sok ya jbik’bexan te sts’ubile. Ya jlok’estal cha’p’e axux te k’ejbil ya jta ta yutil moch ta yan mexae, ya jach’tikla, ¡Chopol ya ka’ybe te sbujts’e!, ya jts’ikbe te chopol yik’e. Ya jtsak jp’isuk te poxe, lok’on beel ta jamalal jich ya jmal beel ta ba’ay yisim te nichim roxoxe. Yanax jxi’ ya’el melel ja’tonax sba ch’ool ya jpas ini, ja’niwanix lek te la jpase yu’un jich ma x-ochtal a te binti chopole.

K’unk’un lok’ beel xi’wel ta jko’tane, lajniwan jlainbe yip a te mantalil ich’bil beele, tame ja’nimeti a te ajk’ubal ts’unune, teme ju’uke maniwan mach’a la jlajin a. ¿Bit’il ya jna’ tame lek la jpase? Ja’nax ya jmaili cheb oxebuk k’aal tame jo’on ya stsajkon ta chamele mak ja’ik te yantik kuts’ kalale. Tame lek ak’ax beele ay bi cha’ten ya jna’ a: te lek abajt ta pasel ku’un te poxile, mak ja’ te binti jichnax la jnop ta jol.

Ja’ jich ta stulutul ya yal te mach’a ay bi ya schikintae, te ma jnak’ ta ko’tantik te bi yal ya jpastik ek te parajee. Ay lek ya’yejal yu’un te sch’unel o’tanil sok te bitik sch’inlajet ya xlijktal ta ajk’ubaltike, jichnix ya scholik ta k’op ti’iletik, ta jlam kuxlejal sok ta yan. Soknix ay k’ayojetik sok bi sch’inlajet te ma xya’y lek te jchikintike, te ma’yuk na’bile.

Ma xju’ jna’be sba ta spisil te ta jkuxinele, ya’tik ya stak’ ya kal te bitik ala jteb ka’yoe ja’ ta skaj te jbentaye te te’tikile sok te bebetik ta k’altike, soknixan ek te bitik xla jk’opo ta spat xujk jnae, sok te bitik scholtiklayeben ka’y te scha’lamal jmame sok te jtate. Ya jna’jo’tik bitik ya xla jk’ajinik, te sbiilik te te’tikil mutetike. Bayel ta jch’o maba yejtal ya kiljo’tik te bit’il ya stak’ jna’jo’tik stojol te teayik ae, yu’un ya xtoy te jk’abueljo’tik yu’un te jbak’etaljo’tike.

 

5

Ya jna’ te ay bayel te ts’ununetike, maniwan stak’ te ya jxi’e. Ay jch’o la kil ta lom ch’in jich bit’il sbak’ turesnaetik, ya yuch’labe kil te ya’lel ya’benal kartucha nichim, lajeltonax kak’be ya’lel a, ta j-ajk’ lok’ tal, sununet jichuk bit’il umo’.

Ta jch’oxan la kil puxul te sni’e, te sk’uk’umale k’aniknax sok tsaj te sjole, yak ta wilel ta sba ste’el te mantsanae, te sk’ayoe ja’ jich bit’il xch’ijt nich ak’al te k’alal yak ta tilele. Te sk’oibal te ts’ununetike ja’ la yak’ ta na’el stojol te ya xjul tal te jtul nax ta k’inal jwixe. Ja’ ya xkuxin ta jun tijil paraje yu’un Jo’bel, baytikto ya xtal sok te jbale.

Manchuk tame ay ek te ajk’ubal ts’unune, ay bayel ts’ununetik te ya yich’iktal te lekil ayinel sok te staelbajtike. Te scha’lamal jmame lato yalben jilel, k’alal mato xlaj ae, yala xtal yula’inonjo’tik, yala xk’atp’o tal ta ts’unun. Ay ya xtalik cheb, ya jna’ te ja’ sok te scha’lamal jme’chune, ya’tik schebal ya xwilik. Ja’ yu’un ya jkanantayla, ya kak’labe jilel ta amak’ sewlabil sit te’ak’etik sok cha’b swenta ay swe’elik a, sok ya kak’be ya’lel te nichim roxoxe ta jujun sab.

K’alal ya xla jkojt ts’unun te balamilal xch’ijanme ya xjil. Te ma xka’ybetikix sununetel a te yala xik’e. Ja’ jlajeltik ek, ta k’unk’un sok ta nom ts’ajk, melel te nichimetike ma xch’iikix a, ma’yukix a te sbujts’anil yik’ te ja’ ya spuk sba ta sputs te balamilale sok te lekil ik’e. Yame xlaj jxejt’ ku’untik abi, ya xmajk sbeibal te jk’op ka’yetik sok te ch’ulelaletik te ayik ta kuxinel te banti ya xbatik ta jpisiltike. Ya jik’ ko’tan sok ya jk’ain te k’ayo te ya sjultesbental ta ko’tan k’alal ch’inon tal ae, te slamalil k’inale sujtal ta jtojol.

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                                                           ts’un

Entre mi somnolencia escucho un murmullo.

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                           ts’un

Me levanto de la cama, camino despacio y abro la puerta. En pleno preámbulo de la noche veo a un pequeño colibrí revolotear alrededor de las rosas de mi casa. Su aleteo provoca suaves corrientes de viento que acarician las hojas de las flores. Resulta extraño recibir su canto justo cuando las aves diurnas se han ido a dormir. Tal vez se ha extraviado y no encuentra su nido, quizá canta para recordar el camino.

ts’un,

ts’un

ts’un

Se suspende en el aire y me mira. Su aleteo refleja el verde de su plumaje y la mancha azul de su frente.

Hoy no ha sido un buen día. Las lluvias torrenciales de esta temporada inundaron lo que había sembrado y tendré que comenzar de nuevo, pero escuchar el canto del colibrí me devuelve el ánimo. Al primer parpadeo descubro que ya no está. Me acerco a las rosas para buscarlo, miro de arriba hacia abajo, doy varias vueltas y no lo encuentro.

La noche está despejada. Veo con claridad las primeras estrellas. El sueño se me fue y el canto del colibrí todavía retumba en mis oídos. Me siento en la silla del corredor de la casa, suspiro y recuerdo las palabras de mi bisabuelo Nicolás aquella vez que fuimos a la montaña a buscar leña. Apareció un colibrí en la vereda y se dispuso a beber el néctar de las orquídeas. Nunca antes había visto un ave así de linda y diminuta. Mi bisabuelo se detuvo.

¿Escuchaste? —dijo y sonrió.

Nos quedamos de pie, atentos al colibrí. Mi bisabuelo me dijo que de su canto nacía su nombre: ts’un ts’un, ts’unun (colibrí). Me contó que encontrarse un colibrí en la mañana era sinónimo de buenos presagios, pues entre sus alas los colibríes guardaban pensamientos de aquellas personas a las que recordábamos, y después los colibríes se llevaban esos pensamientos consigo y volaban hasta hallar a quien debían dejárselos.

¡Piensa en alguien que quieras, deja que el colibrí llegue a esa persona! —exclamó muy contento mi bisabuelo.

Recordé a mi bisabuela Antonia, había fallecido meses atrás y la extrañaba mucho. Le pedí en silencio al colibrí que le llevara mi sentir. No sabía si el colibrí podía viajar más allá de los cielos de la tierra, al mundo donde las ánimas reposan, pero mi bisabuelo afirmó que los ajawetik (seres sagrados) tuvieron la brillante idea de crear a esa ave para que los humanos se comunicaran con quiene se han ido.

Se notaba en mi bisabuelo una alegría que no le había visto desde que mi bisabuela falleció. El colibrí, suspendido en el aire, tejió con sus alas un montón de palabras que mi bisabuelo pronunciaba en voz baja para la mujer que quiso mucho. El colibrí extendió sus alas y despegó sin temor. Era un vaivén de recorridos cargado de emociones. Se elevó y se perdió entre los pinos, llevándose nuestros anhelos y dejándonos una tranquilidad profunda.

2

El canto del colibrí también anticipa la visita de un ser querido, la llegada de una persona deseada, por eso el corazón se llena de regocijo al ver su vuelo. ¡Ts’un, ts’un, ts’un!, repetía en mi mente una y otra vez de regreso a casa, tratando de guardar el recuerdo.

Tiempo después escuché varias creencias que protegen a los colibríes. Supe que matar a uno provoca daños a la persona que lo hace, su mano asesina vuelve frágil y quiebra todo lo que toma: el machate, las ollas, las canastas, el comal, todo lo que se necesita para trabajar. Incluso señalarlos es peligroso, pues el dedo que apunta el vuelo de un colibrí puede fracturarse en cualquier momento.

Los ajawetik crearon estas formas de protegerlo, pues un ave tan pequeña no debe estar desamparada. Le dieron fortaleza para vencer la furia del viento, le dieron unas alas que lo hacen volar velozmente de un lado a otro, un pico largo que le permite comer el néctar de las flores sin herirlas y un corazón diminuto pero fuerte.

¿Quiénes pueden atraparlo? Solo aquellos que necesitan su canto para transferirlo a niños con problemas del habla. ¿Y qué pasa con los que lo matan? Cuando mueran no podrá comunicarse con sus seres queridos.

3

Bajo la mirada y siento un cosquilleo en la panza. No es común que los colibríes vuelen de noche, mucho menos que canten después de la tarde, sus augurios no siempre son buenos. La visita inesperada del colibrí comienza a inquietarme, me provoca incertidumbre. Quizá se trata del colibrí nocturno porque su canto fue distinto, con intermitencia. Percibí cierta disonancia como si fuera una voz longeva y cansada, penetrante, que aflige el alma.

Trato de recordar los tonos que antes he escuchado: cuatro zumbidos seguidos indica paz; cinco zumbidos, con un breve silencio, y de nueva cuenta el mismo número de zumbidos, avisa la pronta visita de un ser querido; dos cantos, pausa, dos cantos, pausa, dos cantos, anticipa las lluvias de mayo. Esas interpretaciones las aprendí de mi bisabuelo.

Tal vez sea un colibrí extraviado. A veces se pierden cuando se aventuran hacia otros bosques, dejándose llevar por el perfume de las flores. O quizá sea el colibrí nocturno, y eso sería preocupante. Solo una vez escuché de él, cuando mi padre habló de los seres de la noche. La tarde había caído, tomábamos café, nos calentábamos en el fogón de la cocina. Nos contó a mí y a mi mamá que así como existen aves mensajeras que traen alegría, también hay algunas que anticipan tiempos de tristeza y dolor. El colibrí nocturno era una de ellas.

Dijo que nadie había logrado verlo, pero se le reconocía por su canto fúnebre. Mi padre lo imitó: ¡Ts’uuuuun, ts’uuuuun! Largo como un lamento que hace al cuerpo entumecerse y al corazón latir con miedo, pues avisa que quien lo escucha o alguien de su familia pronto sufrirá una enfermedad.

Esa noche y varias más tuve temor. Procuraba acostarme temprano. Me metía entre las cobijas y me tapaba los oídos para evitar oírlo si pasaba en la casa. Pensaba que habría sido mejor jamás saber de su existencia, pero sin saberlo ¿cómo iba a remediar su presagio si alguna vez lo escuchaba?

Empecé a asustarme cuando cualquier ave cantaba: mis pies se entumían y mi voz se ahogaba. Mi padre me dijo que mi pavor podía atraer al colibrí nocturno y me pidió que pensara en otras cosas buenas, que me alegrara con los murmullos que nos regala la tierra, que tratara de aprender a vivir con esos seres de la noche, con el bien y el mal en el mismo mundo, porque los ajawetik así lo decidieron. Solo así mi vida volvería a ser como antes, sin temor a nada.

Me costó olvidarlo y no pude aprender a vivir con ello hasta que mi padre me contó qué podía hacer al respecto: si alguna vez escuchaba el canto del colibrí nocturno debía comer un poco de may (tabaco molido), masticar dos dientes de ajo y arrojar una copa de pox (aguardiente) afuera de la casa. Era la forma de interrumpir el presagio del ave.

4

Me encuentro solo en casa, todos se han ido a comer a casa de mi tía Sebastiana. Quise quedarme porque estaba fatigado de trabajar todo el día en la milpa. No hay nadie aquí para preguntar si alguien más escuchó y vio al colibrí. De pronto siento el mismo miedo de mi infancia. Trato de tranquilizarme, ya sé lo que debo de hacer si el colibrí que escuché es nocturno, ¿pero si no es y solo hago el ridículo?

Entro a la casa y camino hacia el altar donde mi papá guarda las cosas que necesito. Tomo el tecomate y saco un poco de may, lo pongo en la palma de mi mano, lo como y lamo los restos. Saco dos dientes de ajo guardados en la canasta bajo la mesa, los mastico, ¡qué horrible saben! Tengo que aguantarme el asco. Me sirvo una copa de pox, camino hacia fuera y lo arrojo en las raíces de las rosas. Me siento nervioso porque es la primera vez que hago esto, pero es preferible el ritual que darle entrada a la desgracia.

Poco a poco mi corazón se tranquiliza, tal vez corté la fuerza del mensaje enviado, si es que se trató del colibrí nocturno, de lo contrario tampoco habré hecho daño a nadie. ¿Cómo sabré si lo hice bien? Sólo queda esperar algunos días para descubrir si yo o alguien de la familia se enferma. Si todo sigue con normalidad entenderé una de dos cosas: que el remedio funcionó o que todo fue parte de mis fabulaciones.

Es cierto que cada uno interpreta lo que cree escuchar, sin negar que también nos dejamos influir por lo que se dice en la comunidad. Hay una correspondencia con las creencias sobre ciertos sonidos que nacen en la noche y que se transmiten de voz a voz, de una generación a otra. También hay cantos y murmullos indescifrables a los oídos, todavía desconocidos.

La vida no va a alcanzarme para reconocer todos los cantos que existen, pero hasta hoy puedo decir que lo poco que he oído ha sido por las caminatas que he emprendido en las montañas y veredas camino a la milpa, otros más porque se producen en los alrededores de mi casa, y por los relatos de mi bisabuelo y mi padre. Sabemos quiénes cantan, el nombre de las aves. Muchas veces no necesitamos verlas para saber que allí están, gracias a los ojos que tenemos más allá del cuerpo.

5

Sé que existen varios colibríes, no debería asustarme. Una vez vi uno muy pequeño, del tamaño de las semillas de los duraznos. Bebía gotas de agua que se escurrían por las hojas de los cartuchos que acababa de regar. Se asomó de repente con un zumbido parecido al de los ronrones.

En otra ocasión vi uno con el pico doblado. Sus plumas eran amarillas y su cabeza roja. Volaba sobre el árbol de manzanas y su canto era como pequeños chasquidos de carbón ardiendo. La visita de aquellos colibríes presagiaron la llegada de mi única hermana. Ella vive en un paraje cercano al valle de Jobel, y de vez en cuando viene con mi cuñado.

A pesar de la existencia del colibrí nocturno, abundan los colibríes que traen consigo buenos tiempos y reencuentros. Mi bisabuelo alcanzó a decirme, poco antes de su muerte, que vendría a visitarnos en forma de colibrí. A veces vienen dos y sé que son él y mi bisabuela, que ahora vuelan juntos. Por ello los cuido mucho, dejo en el patio trozos de fruta cubiertos de miel para que tengan que comer, y riego las rosas cada mañana.

Cuando un colibrí muere una parte del mundo se queda en silencio, sin escuchar el pequeño zumbido de su aleteo. Es también nuestra muerte, lenta, porque las flores se quedan sin crecer, sin aquellos aromas que oxigenan los pulmones de la tierra y que limpian el aire. Una parte de nosotros se extingue, nos quedamos sin comunicarnos con las ánimas que viven en ese mundo al que todos iremos inevitablemente. Suspiro e imito aquel canto que evoca mi infancia, y la calma vuelve a mi interior.

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"El canto del colibrí" por Mario Cano Domínguez

“El canto del colibrí” por Mario Cano Domínguez


Autores
(Chiapas, 1990). Es ensayista, documentalista y académico tseltal. Doctor en Ciencias Antropológicas (UAM-I). Becario del FONCA y del PECDA-Chiapas, ambos en dos emisiones. Premio Cátedra Gonzalo Aguirre Beltrán a la Mejor Tesis Doctoral en Antropología Social y Disciplinas afines 2024, y Mención Honorífica de la Cátedra Jan de Vos a Mejor Tesis Doctoral 2025. Ganador del primer lugar en cuento del concurso Universidad es diversidad de la UAM 2021. Obtuvo menciones honoríficas de ensayo en el 53 Concurso Punto de Partida de la UNAM 2022, y en el Concurso de Estudiantes de Post-grado del Congreso ERIP-LACES-Universidad de Stanford 2022. Autor de los libros de ensayo bilingüe, tseltal y español, Te sututet ixtabil. El giro de la pelota (Coneculta, 2020) y Ch’ayet k’inal. Las formas de la ausencia (FCE, 2024).

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

 

Mu yanuk mu nichimal jbakutik

 

 

Jun sob k’ak’al, k’alal syak ta jmala xi och ta ak’ chanvun xchi’uk jtsop jchanvunetik ta jun universidad ta Jobel, nopaj bat sk’oponun jun jchi’il ta abtel. Li stuke, ti ja’ sna’be sk’oplal k’usitik vu’em ta vo’nee, chbat ta yan salon ek. Yanuk vu’une ja’ ta xi k’opoj sventa jk’optik xchi’uk jtalelaltik. Taje ja’o sja’vilal 2016. Mu’yuk to’ox jal jsuteltal ta chanvun ta Chile.

Ta xokon buy ts’unajtik nichimetik, lilo’ilajkutik sventa k’usitikuk tsots cha’ik ti kaj chanvunkutik k’uchaluk sk’oponel xchi’uk snabel smelol vunetike. Mu to’ox jaluk yech’el, mu stak’ na’el buch’u xchi’uk bak’in laj jel ti jlo’ilkutike, sventa xa un abtel ts’ibajel xi vulajetkutik. Ja’ tey li june laj yal ti abtelal ts’ibtabil ta bats’il k’op ta Jsoktome ja’ no’ox la ti ba’yel vo’neal lo’iletike: yech’o xal un, laj to sts’akubtas, mu to stak’ xkaltik me oy ach’ jts’ibajometik. Sk’aneluk xa jech, ja’o sta yorail ti chi-ochkutik ta abtele. Naka xa ox ta jak’be li jchi’il ta lo’il, ti va’ xa sjalil xlok’ ti ja’vil ta siglo XXI, me mu’yuk sk’oponjbe yabtel Josías López Gómez, Nicolás Huet, Ruperta Bautista, Alberto Gómez Pérez —xkaltik jayibuke— me yu’un van mu sk’an sta ta alel ja’ ti mu’yuk xk’upij yo’nton yu’un ti k’usi oye. Xchi’uk ochemun xa ta yut chanobvune, ja’ la jtak’ ti k’usi ba’yel la jnope. Ti k’usi yatel ko’nton li kom yu’un ti a’yej ta ak’ole ja’ ti sk’oplal yelanil indigenae.

 

Jech, vu’une jts’ibajomun ta bats’il xchi’uk ta kaxlan k’op. Lik jk’opon vunetik, k’alal tsuts ku’un Juan Carlos Onetti xchi’uk Franz Kafka, ch’akbilik ta Ciclo Chiapas. K’otik ta ko’nton k’uchal Ramón Rubín, Eraclio Zepeda xchi’uk Rosario Castellanos. Ach’ to laj jk’oponbe yabtel Emmanuel Carballo buy chlo’ilaj xchi’uk Rosario Castellanos ta Protagonistas de la literatura mexicana (Ediciones del Ermitaño, Serie Lecturas Mexicanas, 1986). Ti antse chal, k’alal yich’ jak’bel sventa yabtel nitil ta indijenistaetik —k’uchal Oficio de tinieblas (Joaquin Mortiz, 1962)—, ti ya’yej li’e:

 

─Me jch’un k’uchal oy kabinoj sk’oplal ti ts’ibetik taje, ti mu xk’ot ta ko’ntone, jmuk’ta cholbil lo’il xchi’uk jbik’it lo’iltake mu sta’o. Ti xchopolil chkile ja’ ti tsnopik ti slumal indigenaetike ja’ xa jun yustil sk’oplal, ti manchuk uts’intabilike, nichimaltik xchi’uk bij stalelik. Ti va’ yelan chalike chak’ tse’inkun. Li inyoetike ko’ol ants vineketik k’uchal ti jkaxlanetike, ja’ no’ox ti buy nakalike mu’yuk ich’bil ta muk’ stalel xkuxlejalik. Skoj ti k’unil jch’ieletik no’oxe, xjelav to xchopolalik (jun spukujilik, jlo’lavanejetik xchi’uk jatviletik) k’uchal ti jkaxlanetike (1986: 531).

 

Me yu’un un jech ti Castellanos mu sk’upin stael ta alel yutsilal slumal ti ants viniketike, ta sa’be smelol xchopolilik ta skoj yabtel ti j-uts’intavanej jkaxlanetike. Ta Oficio de tinieblas xvinaj ti skontrainoj sbaik yu’un ti jsots’iletik xchi’uk jkaxlanetike. Ti antse tslok’ta xchi’uk tsbon Petul Ton, jchi’iltik chamo’, k’alal ta stalel snopben, bajal ta svo’neal kuxlejalik ta yeloval sat jpas k’opetik ta sjunlej osilal, ti ja’o sk’ak’alil tspasik k’op skoj svunal ti osil banamile. Castellanose tsbijil k’el ti vinike, ja’ skuxlejal Pedro Díaz Kuskat, jnitvanej jchi’iltik ta 1869, buch’u laj stsak ta leto jkaxlanetik nakajtik ta Jobel koltabail yu’un Ignacio Fernández Galindo, ta sa’el kolel ti, manchuk un, mu’yuk xkuch yu’un.

Ti va’ chkale oy muk’tikil jchan vunetik k’uchal Lienhard (La voz y su huella, 1990), Morales Bermúdez (Chiapas literario, 2005) xchi’uk Mayorga Mayorga (Chiapas en la literatura del siglo XX, 2004) ti mu xchi’bajik ta xcholel ti Castellanos ta xokon Ricardo Pozas xchi’uk Carlo Antonio Castro, buch’utik ma’uk tsa’ik bijil ts’ib ja’ no’ox ti, ta skoj ya’yeja ch’ielal staik ta yabtelik, me xcha’lok’taik me “yak’bik ye” ti buch’utik mu’yuk k’usi xutik spasel stukik ta cholbil ts’ib lo’il k’uchal Juan Pérez Jolote (1948), ta ba’yele, xchi’uk Los hombres verdaderos (1959), ta xcha’bale.

Jech k’uchal ta xal Morales Bermúdez ta Aproximaciones a la poesía y la narrativa de Chiapas (Unicach, 1997), “Castellanose ta snop ti me yu’un mu’yuk to staoj sba ta be xch’ielalik ta sjunul kosilaltik ti inyoetike xchi’uk jeche’ no’ox tey bajalik ta svo’neal kuxlejalik xchi’uk svokolike, ja’ ta skoj ti xchopolil xchi’ilik ta naklej jkaxlanetike, ja’ jech ta xak’  kiltik ta svun Ciudad Real” (165).

Oy cha’bel k’usi stak’ xkal ta slekilal ti Ciclo Chiapase: stalelal inyo xchi’uk indigenae cha’ich’bil ta muk’ yu’un bijil jkaxlanetik xchi’uk k’uyelan juvo’ jts’ibajom chcha’meltsanbe slok’ol ti uts’intabil jteklumetik x-eyetik ta mantale, jubatel xa lekubtasbilik (Castellanos) jubatel xa jun spukujilik (Zepeda). Francisco Mayorga Mayorga (2004), ta snopben eke, ta xal ti va’ jts’ibajometike ta xkuxesik o ti “abtel ts’ib ta sjunlej kosilatik xchi’uk k’alal ta yich’el ta muk’ inyoetik, ti ja’ xa ch’italel skuxlejal ta siglo XX” (Chiapas en la literatura del siglo XX: visión de sus narradores, Gobierno de Chiapas/Secretaría de Educación, 21); ts’akale, ti ja’ chkabtelan vu’une, st’ibajometik ta ciclo li’e k’ot ta yo’nton yu’unik ti jkoltavanejetik, jelubtasej k’opetik, o mi j-al a’yej kuxlejal (k’uchal chalbeik ti etnografiae) ta sna’bel smelolal ti antropologoetike, xchi’uk un ti jts’ibajometik eke, syak chabtelanik ta bijikil vunetik ti k’usitik sjelubtasanojik ta kaxlan k’ope, ti mu to’ox buch’u junuk k’otem sbi ta vunetik mi ja’uk ta ya’yejal xkuxlejal stukik.

Ta sja’vilal chanvinike, vunetik xchi’uk tsobbenal lo’il a’yejetik, me lok’em sbi me mu’yuk ti jts’ibajome, noj yu’unik nail vunetik xchi’uk chanobvunetik. Ta Chiapase jtatik ta sa’el k’uchal Relatos tseltales y tsotsiles (1994 xchi’uk 1996), likesbil sloiltael yu’un Nicolás Huet xchi’uk Francisco Álvarez Quiñones; La literatura oral tradicional de los indígenas de México (1998), tsobbilal lo’il spasoj Lilian Scheffler; Cuentos y relatos indígenas, xlik ta volumen I k’alal ta X (1984-1998), abtelanbil yu’un UNAM, buy oy CIHMECH; Narrativa Maya-Zoque (1997); Y el bolom dice... del CELALI/CONECULTA; Cuentos y teatro tzeltales (1994), tsobbilal lo’il sbainoj Isabel Juárez Espinosa; Los escritores indígenas actuales I (1992), st’ujoj xchi’uk xcholojbe ya’yejal Carlos Montemayor; Historia y vida de nuestros pueblos (2002), yu’un Programa de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Mesoamérica y el Sureste, PROIMMSE/UNAM.

Chkojtikin ox ka’i skotol, k’alal kil ti sbitake li ch’ajub. Me xka’tik ya’luk ti k’usi chal ta kaxlan k’ope, yanuk ta jk’optike, ak’o me mechuk ya’luk ti xkaltike, to jtsots ta k’oponel ja’ ti julikel xcha’lik xcha’sut ti lo’ile. Tey laj kil ti ta jk’optike mu’yuk buch’u stuk’ulanojbe smelol xcholobil, yanuk ta jelubtasbile ja’ lek k’elbil. K’alal jchanvunun to’ox eke laj xa ox jts’iba lo’iletik ti, kaloje, ja’ no’ox jtuk yalobikun juntotak jmuk’totak pe mu ka’i la jipbatel ta ts’akal, yu’un k’unto laj jta ta ilel ti va’ ta tsobbilal abteletike oy xa ep ta koj lok’esanbil ta vunetik ti lo’iletike. Sventauk xa slikeb ch’ielal, smeltsanobil vinajel xchi’uk osil banumil, k’alal vul jtotiketik ta jteklum, k’alal ayan ants vinik, ja’ sa’bil ta jek yu’un ti jchi’laktik ts’ibajik skoj ti k’anbilik yu’un ajvaliletike, jech kuchal yu’un ta antropologiae. Ja’ no’ox k’usi mu xch’ay ta ko’ntontik ti sts’ibtael mol lo’il a’yejetike ja’ me slikeb stekel tsibetik ta banumil.

Slikeb sts’ibtael ti jbats’il k’optike, xchi’uk xa snopel ach’ lo’iletik, ja’ ta ya’vilal lajuneb vo’vinik. Lik xchanel sbijilal ti ts’ibetike, mi xcholeluk xa mi spaseluk xa nichimal k’op, k’uchal yan bijil ts’ibetik. Ja’ jt’ax xa jk’obtik yu’unik ti jchi’laktike ja’ ti lik sna’bik smelolal ta slekubtasel sts’ibtael ti bats’il k’op ta tsotsil xchi’ik ta tseltale. Snopobil abtelal taje tsatsub k’alal likik ta pask’op ti EZLN, koltavanik ta chanubtasvanej Carlos Montemayor, ta ya’vilal lajuneb vo’vinik, José Antonio Reyes Matamoros xchi’uk Alejandro Aldana Sellschopp, ta slikebal ya’vilal 2000.

Sk’oplal ti snopobil ach’ ts’ib lo’il ta sbijil yutsil ti jk’optike lik sjelbe snopbenal stuk’ubtasel xchi’uk yabtelanel ti bats’il k’ope. Ti kerem tsebetik ch-abtejike mu xa xlaj o yo’ntonik ta slok’tael sjelubtasel ti lo’il maxiletik, k’ejimoletik xchi’uk ilolaletike. Xcha’meltsanel xchi’uk snopel ach’ lo’il ja’ xa snutsoj jujun jts’ibajom, chtajinik xchi’uk slekil yutsilal sk’opik xchi’uk k’u yelan xchanojik ta yan ts’ib abtel. Ti va’ chkale xu’ jtatik ta ilel sonetoetik sts’ibtaoj Enrique Pérez López xchi’uk bik’it lo’iletik bijik cholbil, oy yutsilal xchi’uk lek xchukbenal nopbil yu’unik Nicolás Huet Bautista xchi’uk Josías López Gómez ta Palabra conjurada: cinco voces, cinco cantos (Espacio Cultural Jaime Sabines, FONCA, 1999), ja’ abtel sbainoj Reyes Matamoros.

Buch’utik indigena chkaljbatik tanae xko’laj me mu jna’tik lek buch’uotik. Smakob satil ta yelanil xchi’uk nichim utsilal yaloj Castellanose, tsatsub k’alal ech’ ti indigenismoe. Ti k’op indigenae ja’ lik stunesik yajval lumetik sventa stoyob sbaik yo’ mu skapsbaik xchi’uk jkaxlanetike. Ja’ lik jtunes ek k’alal li jelav batel ta slumal Jobele. Yanuk jts’ib kabtele, ti yan o smelolale, ma’uk xa kak ch’akbil batel ta sk’ob ti buch’u tsk’opone. Ja’ xu’ ak’u xch’ak ta sat stuk ti buch’u tsk’opon ti vunetike. Ja’ sventa ya’yejal sbejlej banumil ti me chalbe slekil xchopolil stalel xkuxlejal ti vinik antsetike.

K’alal tsuts ku’un yabtel buch’utik tsa’bik smelol kuxlejal, ak’o me ch’akajtik slumalik jujuntal, xchi’uk mu’yuk jnopojbetik sk’oplal ba’yele, García Márquez, Julio Cortázar, k’un to Paul Auster, Alejandro Zambra, César Aira, Emmanuel Carrère, oy ta jak’ ti k’op indigenae ¿me mu van stunel neocolonización? Ja’ chkal ti k’u yelan chkak’jbatik ta ojtikinele, sujbilotik ta yalel yu’un yantik jchi’laktik, ti tana li’e vo’tik xa jtuktik ta jtunes ta kabteltik. Mu me jmojeluk yelan chi-jnopaj ta sk’elel jlik vun, xu’ xkal Entre los indios, me ts’ibtabil yu’un jun maya me nahuatl, k’uchal me sts’ibtaoj Aira. Ti k’op “indigenae” kak xa chchapan, jubatele tsokesbe sk’oplal, vun me oy ta sba ta yolon sbie.

Ti yabtelik jchan vunetik xchi’uk buch’utik tsts’ibajik ta yutil muk’tikil snail abtelal yu’un ajvalile ja’ yochelik ta stunesel ti va’ k’op indigena, inyo mo’oje bats’il vinik sventa ta xch’akel ti vunetik buy ts’ibtabil no’ox ta kaxlan k’ope. Va’ sjelobil stuk’ulanele, ja’uk ta slekubtasbe smelolal ta yak’el ta k’elel xchi’uk sts’ibtaele, mu xak’ ta ojtikinel lek k’usi ja’ ti ta melel yabtel snopben ti jts’ibajometike. Jujun jst’ibajom ja’ ta snop k’usi yelan k’usi k’opal ta xak’ ta ojtikinel ti yabtel ts’ib vune, ja’ jech xu’ jnopbetik xcha’bal sk’opal ta k’elel, st’ujeluk xa k’usi k’op lek ta jk’upintik sk’oponel un bi.

K’uchal yaloj Bonfil Batalla eke (2005), ba’yel sk’an pasel ta inyo sventa chich’ ch’ayel, yu’un “stak’ ojtikinel ta anil ti inyo skoj xchopolile: ch’ajil inyo, antivo, bo’lat, lek to me yu’un chak’ tse’imole, ja’ ta smul ti mu xlekub ti kosilaltik k’uchal nopbile” (México profundo. Una civilización negada, Debolsillo, 45).

Ti slo’iltael sk’oplal stubobil (stalel xkuxlejal xchi’ik snakleb) ti buch’utik na’bilik “inyo me indigena” yo’ ta ts’akale ja’ xa no’ox xich’ julesel ta jolal ti k’usi lek to’ox yo’ smeltsaj ta jbej ti kosilaltike, ak’o me jeche’ xa no’ox ch’akulantik sat k’uchal stak’inal sk’u’ Mol Quijote, tsatsubem yu’unik ti jteklumetike. Taje ja’ ti k’uchal chkal neocolonizacione, mu van yanuk k’uchal “colonialismo interno” snopoj Pablo González Casanova (2006), k’alal ta xal ti “Xchi’uk laj ti spasel ta mantal jchi’laktik yu’un j-alemanetike ja’ me lik ti yuts’intael xchi’uk sujel ta abtel xchi’iltak ta naklej stukik ti jnaklometike” (“El colonialismo interno” ta Sociología de la explotación, Buenos Aires: CLACSO, 2006, 186). Slabaneljba jtuktik, yatel ko’ntontik xi jk’atajuk ta jkaxlan, sjelel stunesel ti jk’optik ta kaxlan k’ope, k’alal mu xkaltik buy likemotik tale ja’ sk’elobil k’u yelan sujbilotik to o ta yut jol ko’nton xa jtuktik.

Tana li’e, ti neoindigenismo chalike ta sa’, me jlabantik lek ta jpas k’opetike, sk’elel k’u xa yen ti jkaxlanetik tslapik slekik sk’u’ jnaklometik, skapik xa ta bats’i k’op me oy bu chal ya’yejike. Yanuk ta abtel ts’ibe, Antonio Cornejo Polar (1984) eke oy xa uno’ox sjulesoj ta sjol yo’ tsk’el o xchi’uk, ti ja’ jun stalele, “Xch’iel ti yavil ts’ib lo’il a’yejetik jmoj chanav xchi’uk slabanel xchi’el xkuxlej ta melel ti jnaklometik, ti mu xa ven ch’akajtikuk ta xchopolil xchi’uk slekil ta lum ti buy nakajtik tsobajtik xchi’uk ti jkaxlaetike” (“Sobre el <<neoindigenismo>>”, Revista Iberoamericana, 549). Ti va’ yelan chanemik lek jts’ibajometike ochemik ta yabtelanel ti k’usi “lubesat yu’un ti ba’yel j-abteletike [buch’u sbiiinoj indigenistaetike]: ¿k’u yelan ta ak’el ta ojtikinel (ak’o me pasem xa jkaxlanetik yiluk ti ants viniketike) xchi’uk xa ti yan talel kuxlejal abtelal buy oyike?” (550). Cornejo Polare tsk’el ti va’ k’u yelan ta xale ta yabtel jts’ibajometik “boom latinoamericano” ti, xchiuk “realismo mágico”, chabtelanik ya’yejal vo’neal kuxlejalil ta ach’ snopel sk’elel sbijil sts’ibik ta vun. Ti va’ yen chkale xu’ jk’eltik ta kosilaltik Mexico muk’ta cholbil lo’il La región más transparente (1959) yu’un Carlos Fuentes. Ti buy chvu’ ti cholbil lo’ile ja’ jun muk’ta lum, chotanbil ta vo’neal lum to’ox xchi’uk ants vinektik ti sbiinojik ti k’u yelan xojtikin sbaik ti mol me’eletike.

Ta kosiltaltik Chiapase oy jts’ibajometik chak’ik ta jelubtasel yabtelik ta bats’il k’op yo’ tspukik ta yabtel stukik. Me mo’oj xtoke, jubatele, tstsobik yabtel yantik jchi’laktik ti ja’ mu’yuk chvinaj sbiik spat vune. Jech va’ chkale stak’ ilel ta yabtel Ámbar Past (Estados Unidos), slok’esoj Conjuros y ebriedades (Taller leñateros, 2008). Yanuk ta yutil ti vune ta jtatik ep ts’ibetik meltsanbil ta bats’i k’op. Ak’o me tey un xvinaj sbiik ti buch’utik sjulesojik ta sjol yo’ntonike, naka mu antsetik stekelik, mu xvinajik ta spat ti vun k’uchal yajval me ko’ol nopbile; yanuk k’uchal Mario Nandayapae, likeltal ta vo’neal jsoktometik, ti ulem xa sk’opik ta yosilal buy Soktome, te oy ochem yabtel ta Antología de poesía indígena latinoamericana (Lom Ediciones, 2008) spasoj Jaime Huenún. Ti jts’ibajome tskuy xa stalel xkuxlejal k’uchalotik, yabteltake lok’em xa ta bats’il xchi’uk kaxlan k’op, k’alaluk ta kosilaltike mu xkiltik jech spas, mechuk k’uchal ti Past jchanoj bats’i k’ope, xchi’uk mu sna’ xk’opoj jech.

K’u sjalil li naki ta Chilee la jkojtikin Elicura Chihuailaf xchi’uk Jaime Luis Huenún, muk’tikil jpas nichimal k’opetik jnitvanejetik ta ts’ib ta mapuche. Ti ba’yele ochem ta xchajel sa’bel slekil vo’neal lo’iletik, xko’laj me ta xanav sutel, stak’ ojtikinel jech ta svun De sueños azules y contrasueños (Universitaria, 1995) xchi’uk, ti xcha’bale, ta xtajin ta st’ujbel spajebal stunel ti k’ope, ja’ tsjam sba ta stunesel yan abtejebal xchi’uk spasobil nichimal k’op, jech stak’ k’elel ta svun Reducciones (Lom Ediciones, 2012). Ma’uk no’ox ta yosilalik tsobbilik ta vunetik xcha’balik; manchuk un, k’alal ti yabtelik ta stsakbatel —ja’ van x-ech’ ti xcha’bal vinike— yip ta sbejlej banumil, mapuchealike talelik xtoke ta xch’ay —xchi’uk ja’ x-ech’ ti xcha’bal vinike—. Chihuailafe ja’ no’ox ich’bil ta muk’ yabtel ti buy nichimal k’op yu’un “indigenae”; yanuk Luis Huenune ja’ tik’bil ta vunetik sventa hispano me latinoamericano xchi’uk buch’utik tsts’ibajik no’ox ta kaxlan k’op. Li’e sta’k ilel ta El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (filo de caballos editores-CONACULTA, 2005), st’ujojik Rocío Cerón, Julián Herbert xchi’uk León Plascencia Ñol.

 

Jubatele ta jak’be jba me vu’un ti k’anbil yu’unik jpas k’opetik ta kosilaltik to’oxe.  ¿Vu’un, bats’il vinikun? ¿K’usi ti bats’il ja’e? ¿Me jkuxlejal, jch’ich’el, jk’op, jk’u’ me kabtel ts’ib? Mu yanuk mu nichimaluk jkuxlejal, jch’ielun k’uchal yantik ants viniketik, oy mu sta sba ka’yej, pe li’ oyun xchi’uk ti ts’ib vune. Oy jk’ob xchi’uk jk’uk’umtak ma’uk sventa chkak’ majel me chivil, ja’ chits’ibaj o. Slok’esobil snak’benal sat jkuxlejal.

Ta yabtel ti Carballoe, Castellanose ta xal xtok: “Ti inyoetike mu yanikuk mu nichimaluk stalelik. Ti k’usie tsots svokol xkuxlejalik. Ja’ sk’an ak’el ta ilel ti va’ vokolile yu’un ja’ xtuch’oj ti k’usi to’ox sbijilalike” (1986: 531). ¿K’usi van ti bijilalil yaloj ti jts’ibajome? ¿K’usi van ja’ ta spasik ti jchi’laktik xjumlajetik ta Hummer, ta Lincoln, ti oy ta sk’obik spukel xchi’uk sjelavesel chuvajesobil jolal ta parajeetik xchi’uk yantik beetik ta sts’akil kosilaltike? ¿Buch’utik ti stukike?

Mu uno’ox jeche’uk te oy ti va’ vokolile, persa ich’bil talel, yu’un ja’ yatel  yo’ntonik cha’vo’ jpas nichimal k’opetik ta tsotsil: Ruperta Bautista, xchi’uk Raymundo Díaz (Snich tsantselav, 2007). Chcholik xchi’uk chalik, ta sni’ sat stukik, smilel jnaklometik. Oy yantik xtok k’uchal ti jpas nichimal k’opetik ojtikinbil xa yabtelik ta namal osil (Ruperta Bautista jelubtasbil ta italiano ta vun Realtà non necessaria (Gorée, 2009), k’uchal jchol lo’iletik Nicolás Huet xchi’uk Josías López Gómez ti oy xa k’elbil lek yabtelik yu’un bats’il jts’ibajometike —stak’ tael ta ilel ta Recovering lost Footprints (Suny Press, 2018), Vol. 2, yu’un jts’ibajom xchi’uk jchan vun Arturo Arias—, jech xtok ko’ol xa ich’bilik ta muk’ xchi’uk jkaxlanetik ta tsobbilal abtelal, jech stak’ ilel ta El cuento en Chiapas (1993-2015) (CONECULTA, 2017) spasoj jts’ibajom Alejandro Aldana Sellschopp. Ti ye mol me’eletike chtub xa ta jun biil. K’uchal ta xal Morales Bermúdez (2006), “Jelel k’uchal ti vo’neal lo’il a’yejetik mu xvinaj buch’u yabtel jujuntal xchi’uk slekubtasoj ti a’yeje, yanuk ti ts’ibe ja’ ta xak’ iluk sbijil jujuntal ti buch’u ta snop ti ach’ lo’il k’opetike” (“En torno a la literatura indígena de Chiapas”, Anuario 2005, Unicach, 345).

Ti ach’ jts’ibajometik tanae, ti buch’utik ech’emik ta sk’ob mol Reyes Matamoros ta jchanel vune, oy xa lok’em jpok cha’pok yabtelik jujuntal, xchi’uk oy xa junkantik staojik muk’ta ich’el ta muk’ yabtelik. Jech k’uchal Josías López Gómez spasoj kanal Premio de Literaturas indígenas de América (PLIA, 2015), skoj yabtel sts’ibtael chol lo’il; Juan Álvarez eke staoj Premio Continental de Literaturas en Lenguas Indígenas “Canto de América” (2010) ta yabtel Lubenix te ch’aben / Se ha cansado el silencio (CONECULTA-ELIAC, 2011), xcha’balik ta tseltal. Yanuk ach’ toe, ja’ Manuel Bolom ti buch’u kuch yu’un Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas (2016), ta tsotsil, skoj yabtel Sk’inal xikitin: k’opojel yu’un nupunel / Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio (Secretaría de Cultura, 2017).

Stekelik ti jts’ibajometik li’e xchanojik xa lek vun. Sk’oponojik epal abtelal, sjamoj xa satik. Ja’ no’ox ti mu buch’u spasoj kanal ta yan tsalobbail ti me ma’uk sventa indigenaetike. Jna’ojtik ti abtel ts’ibe mu’yuk xch’akel xchi’uk spajeb, mi ja’uk st’ujbenal ta junuk k’op. Yanuk jk’oponej vune oy tst’ujilan ne’, ak’o me jubatele sna’oj xa ti jpas vunetike. Alak’ sba ta ilel k’uchal svunik Pergentino José (Hormigas rojas, 2012) xchi’uk Natalia Toledo (EL dorso del cangrejo, 2016), xcha’balik zapoteco sk’opik, buch’utik kuch xa yu’nik slok’esel yabtelik ta muk’ta jmeltsanej vun k’uchal Almadía nom tspuk batel ti k’usi tslok’esike. Ti sts’ibik ants viniketik li’e nom chanav batel ta skoj no’ox ti sbijilal meltsanbil xchi’uk tskolta abtel ts’ibetik ti mu’yuk tslaban k’usi k’opal, buy likemtal xkuxlejal xchi’uk me ants vinik ti spasoje. Bijil ts’ib abtelaletik, nopbil yu’un jch’ieletik xko’laj k’uchalotik jamem satik ta stuk’ulanel lekil a’yej xchi’uk nichimal k’op.

 

Ni misteriosos ni poéticos

Una mañana, mientras esperaba mi turno para impartir clases a un grupo de estudiantes universitarios en San Cristóbal de Las Casas, un colega se acercó para saludarme. Este, historiador por demás, hacía lo mismo para otro grupo. A mí me correspondía hablar sobre lengua y cultura. Era el año 2016. Yo recién había regresado de estudiar la maestría en Chile.

A un costado del jardín de la escuela, platicamos sobre algunos problemas que nuestros alumnos presentaban en materia de lectura y comprensión. Pero minutos después, sin saber en qué momento hicimos el cambio de tema, ya estábamos discutiendo sobre literatura. Entonces mi colega aseveró que la única literatura escrita en lenguas indígenas de Chiapas era sobre la oralidad: por tanto, continuó, aún no podemos hablar de escritores. Para mi mala fortuna, llegó el momento de cambio de profesores. Estaba a punto de preguntarle a mi colega si, en lo que va del siglo XXI, había o no leído a Josías López Gómez, a Nicolás Huet, a Ruperta Bautista, a Alberto Gómez Pérez —por mencionar a algunos— o si había decidido omitirlos simplemente porque no cumplían su expectativa. Como debía comenzar mi clase, me quedé con la segunda hipótesis. Pero lo que más me dejó pensando sobre el comentario anterior fue el adjetivo indígena.

 

Me identifico como narrador en tsotsil y español. Mis primeras lecturas, después de Juan Carlos Onetti y Franz Kafka, se centraron en el llamado Ciclo Chiapas. Entre mis autores preferidos estaban Ramón Rubín, Eraclio Zepeda y Rosario Castellanos. Hace poco leí una entrevista que Emmanuel Carballo le hizo a Rosario Castellanos en Protagonistas de la literatura mexicana (Ediciones del Ermitaño, Serie Lecturas Mexicanas, 1986). La autora declara, cuando se le pregunta acerca de su trilogía de tinte indigenista —en especial su novela Oficio de tinieblas (Joaquín Mortiz, 1962)—, lo siguiente:

 

─Si me atengo a lo que he leído dentro de esta corriente, que por otra parte no me interesa, mis novelas y cuentos no encajan en ella. Uno de sus defectos principales reside en considerar el mundo indígena como un mundo exótico en el que los personajes, por ser las víctimas, son poéticos y buenos. Esta simplicidad me causa risa. Los indios son seres humanos absolutamente iguales a los blancos, sólo que colocados en una circunstancia especial y desfavorable. Como son más débiles, pueden ser más malos (violentos, traidores e hipócritas) que los blancos (1986: 531).

 

Si bien Castellanos desmitifica el mundo exótico en el cual viven sus personajes, termina justificando sus actitudes negativas oponiéndolos a sus opresores ladinos. En Oficio de tinieblas se observa claramente esta oposición entre tsotsiles y mestizos. La autora dibuja y retrata a Pedro Ton, un tsotsil de Chamula, en lo más profundo de su psicología, sumido en el mundo mítico frente a los problemas políticos y agrarios que cruzaba el país. El personaje está basado en Pedro Díaz Kustkat, un líder tsotsil en 1869, quien enfrentó a los opresores ladinos y terratenientes de los Altos de Chiapas con ayuda de Ignacio Fernández Galindo, en la búsqueda de libertad que, sin embargo, fue derrotado.

Lo anterior ha hecho que críticos y estudiosos como Lienhard (La voz y su huella, 1990), Morales Bermúdez (Chiapas literario, 2005) y Mayorga Mayorga (Chiapas en la literatura del siglo XX, 2004) no duden en colocar a Castellanos al lado de Ricardo Pozas y Carlo Antonio Castro, quienes no tuvieron intenciones literarias pero que, a partir de historias de vidas como resultado de un trabajo etnográfico, representaron o “le dieron voz” a los que no tenían oportunidad de hacerlo por sí mismos a través de la narrativa como en Juan Pérez Jolote (1948), del primero, y Los hombres verdaderos (1959), del segundo.

Como apunta Morales Bermúdez en Aproximaciones a la poesía y la narrativa de Chiapas (Unicach, 1997), “Castellanos considera que si los indios todavía no se encuentran dentro de la nación mexicana y viven gravitando en torno a sus formas tradicionales y su miseria, se debe única y exclusivamente a la relación perniciosa con los ladinos, como lo mostraría ejemplarmente Ciudad Real” (165).

Dos cosas pueden resaltarse como logro de El Ciclo Chiapas: la figura del indio o indígena es reivindicada por la cultura hegemónica y la forma en que cada autor reconstruye la imagen de los pueblos subalternos desde su condición sumisa, deificada (Castellanos) pero a la vez salvaje e ignorante (Zepeda). Francisco Mayorga Mayorga (2004), por su parte, anota que con este ciclo se enriquecería, incluso, “la literatura nacional y se fortalecería al indio, personaje que creció a lo largo del siglo XX” (Chiapas en la literatura del siglo XX: visión de sus narradores, Gobierno de Chiapas/Secretaría de Educación, 21); por otro lado, los escritores de este ciclo propiciaron que los colaboradores, intérpretes, o informantes culturales (como los llama la etnografía) se dieran cuenta de que tanto los antropólogos, como propiamente los escritores, estaban convirtiendo el material que traducían de sus lenguas en libros importantes, pero que ninguno de ellos había tenido la posibilidad de ser autor de su propia historia.

Durante los ochenta, libros y recopilaciones de tradición oral, con o sin nombres del autor, atiborraron bibliotecas universitarias y centros de investigación. En Chiapas es muy frecuente encontrar libros como Relatos tseltales y tsotsiles (1994 y 1996), con introducción de Nicolás Huet y Francisco Álvarez Quiñones;  La literatura oral tradicional de los indígenas de México (1998), antología hecha por Lilian Scheffler; Cuentos y relatos indígenas, del volumen I al X (1984-1998), dirigido por la UNAM, extensión CIHMECH; Narrativa Maya-Zoque (1997); la serie Y el bolom dice… CELALI/CONECULTA; Cuentos y teatro tzeltales (1994), antología dirigida por Isabel Juárez Espinosa; Los escritores indígenas actuales I (1992), prólogo y selección de Carlos Montemayor; Historia y vida de nuestros pueblos (2002), por el Programa de Investigación Multidisciplinaria sobre Mesoamérica y el Sureste, PROIMMSE/UNAM.

Quise leerlo todo, pero con esta lista no tardé en aburrirme. Si bien las versiones en español son comprensibles, en tsotsil, por contradictorio que parezca, es difícil seguir la lectura por el uso excesivo de paralelismos y pleonasmos. Es evidente que en la lengua original no hubo ningún corrector de estilo, como sí lo hubo en la traducción. En mi época de estudiante universitario intenté escribir alguna historia que, según yo, sólo había escuchado de mis tíos o abuelos pero pronto deseché mis escritos, pues posteriormente hallé en esas antologías más versiones de la misma historia. Sobre la creación del mundo, del cielo y de la tierra, la llegada de los santos a los pueblos, el nacimiento del hombre, son algunos de los temas más explotados por los propios hablantes motivados por instituciones gubernamentales, en especial de inclinación antropológica. No olvidemos, sin embargo, que la escritura de la oralidad fue el comienzo de toda literatura.

El inicio de la escritura en tsotsil, en términos de creación, se dio a partir de los noventa. Hubo una apropiación de técnicas y estilos, tanto narrativos como líricos, de otros géneros literarios. Los propios hablantes comenzaron a pergeñar una nueva forma de escribir la literatura en tsotsil. Dicho proyecto se afianzó ideológicamente con el movimiento del EZLN, apoyado por talleristas profesionales como Carlos Montemayor, en los noventa, José Antonio Reyes Matamoros y Alejandro Aldana Sellschopp, a partir del año 2000.

La noción de creación literaria a partir de un lenguaje estético con intención marcó un cambio profundo en la forma de ver y pensar la escritura. En aquella época los jóvenes tsotsiles y tseltales ya no se contentaban con la transcripción de historias, cantos o rezos. Recreación y creación fueron las metas de cada autor, jugando con los recursos estilísticos de la propia lengua como de la literatura clásica. Como resultado sobresaliente de esta etapa podemos leer los sonetos escritos por Enrique Pérez López y cuentos narrados con agilidad, ritmo y trama por Nicolás Huet Bautista y Josías López Gómez en Palabra conjurada: cinco voces, cinco cantos (Espacio Cultural Jaime Sabines, FONCA, 1999), libro coordinado por Reyes Matamoros.

 

Ser indígena hoy día es no saber lo que realmente es uno. La máscara de lo misterioso y poético, de la que hablaba Castellanos, se fortaleció después del indigenismo. La palabra indígena fue la que comenzaron a usar los pueblos para diferenciarse de la sociedad dominante como signo de rebeldía. Es la que comencé a usar una vez que me desplacé a la ciudad de Jobel. Sin embargo, no pretendo hacer ningún pacto con el lector más allá del género. Cada libro debe ser lo que la mirada de cada lector determine. Mientras hable de la condición y los problemas humanos tendrá un carácter universal.

Después de leer autores que desarrollan temas humanos, todos ellos pertenecientes a distintos países, y a quienes uno se acerca sin prejuicios, como a García Márquez, Julio Cortázar, Paul Auster, Alejandro Zambra, César Aira, Emmanuel Carrèrre, me pregunto si la noción de indígena no será un medio de neocolonización. Me refiero al uso de identidad impuesta, heterónoma, que ahora los propios sujetos usamos en los trabajos que producimos. Uno no se acercaría a un libro de igual manera, Entre los indios por ejemplo, si fuera escrito por un maya o náhuatl, que por Aira. El adjetivo “indígena” determina un juicio, y muchas veces prejuicios, encima o debajo del título de una obra.

El fenómeno actual de la investigación académica y los estudios literarios desde instituciones hegemónicas han preferido adaptar el adjetivo indígena, india u originaria para diferenciar las obras de la escrita únicamente en español. Esta diferenciación, lejos de promover el desarrollo de la escritura de la lengua y su lectura, no contribuye a visibilizar la aportación de la obra en el campo literario.

Como dijera Bonfil Batalla (2005), primero hay que indianizar para desindianizar, pues “se reconoce al indio a través del prejuicio fácil: el indio flojo, primitivo, ignorante, si acaso pintoresco, pero siempre el lastre que nos impide ser el país que debíamos ser” (México profundo. Una civilización negada, Debolsillo, 45).

La idea política de desaparecer (cultural y socialmente) a quienes se consideran “indio o indígena” para después recordar y rescatar lo que queda de deseable para la homogeneización del país, cuyo rostro es aún más fragmentado que las armaduras de Don Quijote, es latente por parte de los propios pueblos. Esto es lo que yo entiendo por neocolonización, no distante de la noción de “colonialismo interno” de Pablo González Casanova (2006), cuando refiere que “Con la desaparición directa del dominio de los nativos por el extranjero aparece la noción del dominio y la explotación de los nativos por los nativos” (“El colonialismo interno” en Sociología de la explotación, Buenos Aires: CLACSO, 2006, 186). La auto-discriminación, el deseo de convertirse en mestizo, de actuar como él, usar el español y no la lengua propia, de negar su lugar de origen son algunos sistemas de control interiorizado.

Actualmente, el llamado neoindigenismo busca, sobre todo en el mundo de la política, vestir mestizos con ropa representativa de alguna cultura o insertar otra lengua en su discurso en español. En el caso de la literatura, Antonio Cornejo Polar (1984) había reflexionado al respecto para ver, como una de sus características, “El crecimiento del espacio de la representación narrativa en consonancia con la transformación real de la problemática indígena, cada vez menos independiente de lo que sucede a la sociedad como conjunto” (“Sobre el <<neoindigenismo>>”, Revista Iberoamericana, 549). De esta manera los escritores profesionales explotan temas que “[agobiaban] a sus antecesores [los indigenistas ortodoxos]: ¿cómo revelar el mundo indígena (aunque ahora lo indígena aparezca fuertemente mestizado) con los atributos de otra cultura y desde una inserción social distinta?” (550). Cornejo Polar ejemplifica esta preocupación en escritores del “boom latinoamericano” que, con “el realismo mágico”, exploran el mundo mítico con estilos y técnicas mediante un proceso de experimentación literaria. Un ejemplo particular en México es la novela La región más transparente (1958) de Carlos Fuentes. El espacio narrativo es la ciudad, transpuesta en un lugar mítico con personajes que aún conservan apellidos o nombres de una civilización prehispánica.

En Chiapas hay escritores que mandan a traducir trabajos suyos en una lengua maya y los difunden como propios. O, en ocasiones, reúnen trabajos de hablantes en tsotsil quienes no figuran en la portada. Este caso se puede observar en Ámbar Past (Estados Unidos), autora de Conjuros y ebriedades (Taller leñateros, 2008). Dentro de la obra, sin embargo, la mayoría de los textos están escritos en tsotsil. Si bien aparecen los nombres de quienes inspiraron los textos, todas ellas mujeres, no se visibilizan en la portada como autoras o coautoras. Mario Nandayapa —de origen chiapaneca, una lengua extinta de Chiapa de Corzo, y quien se encuentra antologado en Antología de poesía indígena latinoamericana (Lom Ediciones, 2008) del poeta Jaime Huenún— asume una identidad indígena y sus textos aparecen en formato bilingüe tsotsil-español, cuando en Chiapas nunca se identifica, a diferencia de Past que aprendió a hablar tsotsil, con este idioma ni cultura.

Durante mi estancia en Chile conocí a Elicura Chihuailaf y a Jaime Luis Huenún, dos grandes poetas que lideran distintas formas de escribir poesía en mapuche. El primero explora la cuestión temática de la oralidad, un sistema de repliegue, como se observa en su libro De sueños azules y contrasueños (Universitaria, 1995) y, el segundo, juega con el lenguaje poético hasta sus límites, un sistema de despliegue que se abre a distintas herramientas y formas, tal como se aprecia en Reducciones (Lom Ediciones, 2012). Ambos han sido antologados a nivel internacional; sin embargo, mientras que su poesía adquiere —más en el segundo— carácter universal, su identidad mapuche se diluye —también más en el segundo—. Chihuailaf es antologado, en su mayoría, en obras de poesía “indígena”; Luis Henún, en cambio, es incorporado en otras de corte hispano o latinoamericano junto a poetas que solamente escriben en español. Esto lo podemos constatar en El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (filo de caballos editores-CONACULTA, 2005), selección de Rocío Cerón, Julián Herbert y León Plascencia Ñol.

 

A veces me pregunto si soy lo que quedó más allá de lo deseable que el proyecto nacionalista se planteaba. ¿Yo, originario? ¿De qué soy original? ¿De mi cultura, sangre, idioma, vestimenta o literatura? No soy misterioso ni poético, soy humano como todos, lleno de contradicciones, pero estoy aquí y tengo la literatura. Tengo mis puños y plumas no para pelear ni volar, sino para escribir. Para desenmascarar mi historia.

En la entrevista con Carballo, Castellanos también decía: “Los indios no me parecen misteriosos ni poéticos. Lo que ocurre es que viven en una miseria atroz. Es necesario describir cómo esa miseria ha atrofiado sus mejores cualidades” (1986: 531). ¿A qué cualidades se refería? ¿Y qué hay de la gente de mi pueblo que anda en una Hummer, en una Lincoln, que controlan la distribución y el traslado de drogas en los parajes y rutas del sureste mexicano? ¿Quiénes son ellos?

No es para menos que dicha miseria, también impuesta, fue la causa y objeto de reflexión de dos poetas en lengua tsotsil: Ruperta Bautista y Raymundo Díaz (Snich tsantselav, Celali: 2007). Cuentan y enuncian, desde su propia mirada, parajes masacrados. Aparte de aquellos poetas que son leídos a nivel nacional e internacional (Ruperta Bautista fue traducida al italiano con el libro Realtà non necessaria (Gorée, 2009), las obras de los cuentistas Nicolás Huet y Josías López Gómez han generado estudios ya no de corte antropológico sino literario —como en Recovering lost Footprints (Suny Press, 2018), Vol. 2, del escritor y estudioso Arturo Arias—, además de ser incluidos en antologías con el mismo nivel de criterio aplicados a los que sólo escriben en español, como puede verse en la antología crítica El cuento en Chiapas (1993-2015) (CONECULTA, 2017) de Alejandro Aldana Sellschopp. La voz popular y colectiva se diluye en una firma. Como señala Morales Bermúdez (2006), “A diferencia de la oralidad que tiende a borrar la marca personal y funde los aportes, la escritura conserva y distingue el sello personal de la creación” (“En torno a la literatura indígena de Chiapas”, Anuario 2005, Unicach, 345).

Estos autores actuales, la mayoría de los cuales pasaron por los talleres de Reyes Matamoros, tienen una o más publicaciones individuales, y cuentan con uno o más reconocimientos a su trabajo. Josías López Gómez obtuvo el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA, 2015), por su trayectoria en narrativa; Juan Álvarez mereció el Premio Continental de Literatura en Lenguas Indígenas “Canto de América” (2010) por su libro Lubenix te ch’aben / Se ha casado el silencio (CONECUTA-ELIAC, 2011), ambos escritores de la lengua tseltal. Y, hace un par de años, Manuel Bolom fue acreedor del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas (2016), en tsotsil, por su libro Sk’inal xikitin: k’opojel yu’un nupunel / Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio (Secretaría de Cultura, 2017).

Todos estos escritores se han profesionalizado. Han ampliado sus lecturas, su mirada. Pero ninguno de ellos ha obtenido un premio que no sea exclusivo a lenguas indígenas. Sabemos que la literatura no tiene fronteras ni límites, ni mucho menos preferencias lingüísticas. Pero los lectores sí que tienen preferencias, muchas veces previstas por un mercado editorial. Casos notables son las publicaciones de Pergentino José (Hormigas rojas, 2012) y de Natalia Toledo (El dorso del cangrejo, 2016), ambos de origen zapoteco, quienes han logrado insertar sus obras en una editorial independiente de alcance internacional como Almadía. La obra de estos autores se mueve en ámbitos y espacios donde lo que se valora es su aporte a la literatura sin distinción de su lengua, pertenencia étnica o género. Son obras literarias, hechas por seres humanos comunes y corrientes que han desarrollado una capacidad de expresión estética y poética.

 

Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.


Autores
(Chiapas, México, 1985) posee la maestría en Literatura Hispanoamericana Contemporánea y la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana. Es autor del libro de cuentos Los hijos errantes (2014); coautor del poemario Ts’unun, Los sueños del colibrí (2017) y Luna Ardiente (2009); ha sido antologado en la edición trilingüe Chiapas maya awakening (2017), El cuento en Chiapas (1913-2015) (2017), I Antología de narrativa chiapaneca (2017) y Silencio sin frontera (2011). Ha publicado en el suplemento "Ojarasca" de La Jornada; en las revistas Documentos Lingüísticos y Literarios (2018), Punto de Partida (2016) y Diáspora (No. 3). Fue becario en la categoría de Jóvenes Creadores del PECDA (Chiapas, 2016) y del FONCA (2010-2011 y 2017-2018).

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Cihuatepatihquetl

 

Ce cihuatl motehtemiqui pan cuatlapazolcuatitlamitl

itemiquiliz tepalcatlatomoni

tlen tlitetl atiyatilia tlachihualiztli  comalli

 

Pan pahtemiquiliztli malhuilxochimeh camahuia huan quiillia

tlacayolizlti temitoc ica tlachihuanih.

 

Mujer curandera

Una mujer se sueña una y otra vez en una tupida selva

 

sus sueños son truenos de cristales

de la piedra lumbre que derrite la maldad en el comal.

 

En los sueños de la curación las plantas sagradas le anuncian

que el cuerpo está plagado de animales invisibles.


 

 

Ixcanelin quitlachpanah malhuilli ininohhui campa nehnemizceh

 

Pilteoxihuitzitzin motlatlah

cequin tlayohua quemman echcapatzin tlahuilli patlanihtihuallohuih tlen tlalli

 

ixcanelin quitlachpanah malhuilli ininohhui campa nehnemizceh

 

naman piltlahuiltzitzin nemih pan xihuitl

 

Neca nouhquiya nimomahchahcoa ica huitzli huan nimahezquiza.

 

Las hormigas barren tiernamente los caminos por donde caminarán

 

Los brotes sagrados se incendian

algunas noches cuando las diminutas luces vuelan desde la tierra

 

las hormigas barren tiernamente los caminos por donde caminarán

 

ahora las pequeñas luciérnagas viven en la yerba

 

Allí también mis manos se espinan con astillas y sangran.

 


 

 

 Xopantlan

 

Nimocehuihtoc xochitlan

ni tzintlayohua campa tlahuilli patlanih tlahtlayohua

nicnehnehuilia tlaahuetziliztli quiixhualtia pilteoxihuitztitzin

nouhquiya nitemiqui huanya nonanan:

inahnahualiz axnechmaca

huan poctli quentzin totonic tlen nechtlahtlania ma nicpopochhui itlacayo.

 

 

 

 

Zan cequin tonatiuh tlen cueciuhtoc ohtli

pan nochipan tzopelic huan yeccaquiztiliztli xochitlahtolli

totohuicaliztli tlen zanoc quichichilihuiltia elhuicatl:

cahuitl quemman tlahuilli calaqui tlen ni tlaltepactli.

 

Tiempo de lluvia

Sentada entre las flores

en este lugar oscuro donde las luces vuelan cada noche

pienso en la lluvia que empuja los pequeños brotes sagrados
sueño también con ellos y mi madre:

su abrazo que no existe

y el humo tibio que me pide esparza por su cuerpo.

 

 

Sólo algunos días de batallas tristes

en que habita la poesía dulce y sonora,

el canto de los pájaros apenas enrojeciendo el cosmos:

es la hora cuando la luz se agota de esta tierra.


 

 

pan tlatlahco yoyomitl

 

Cualcan niihza

Pan ni temiquiliztli niNanahuatzin

huan nimotectoc pan tlatlahco yoyomitl

ininhhuatin nechtlatiah

tlatla notlacayo

tlitl momahcauhtoc.

 

Nimotlanehui  nimotiochihua

ce huehuetotiotzin neci: Xiuhtecuhtli Huehueteotl

tliquizaliztli ayoccanah nihueli nicpanextiz.

 

en el centro de un bordado

Despierto de madrugada

En el sueño soy Nanahuatzin

y acostada en el centro de un bordado

me encienden fuego

abrasa el cuerpo

encendido que libera.

 

Invoco imploro pido y rezo

un dios anciano está presente: Xiuhtecutli Huehueteotl

el ardor es algo que ya no puedo describir.

 


 

 

La espina en la memoria

 

En las carreteras duermen los huesos rotos

Omimeh tlapantoqueh huan cochih pan ohtli

los decapitados

los tristes

tlen mocuezoah

los que ya no pueden llorar

tlen ayoccanah huelih chocah

esparcen su polvo entre la tierra húmeda

quiihzceloah inincuechchopan pan tlalli xolontoc

 

horadados los frontispicios de las casas

sus paredes sangran

un olor de plomo cubre los parques

y en los jardines    uno a uno

sembrados los racimos de su piel

buganvilias dulces que jamás renacerán

 

el caudal es de agua roja espectral      roja heráldica

atlahco quipiya atl chichiltic

 

tan bermeja como el óxido de la memoria

granate      el horror de una cereza envejecida

 

 

También sus huesos cimbran

en el estertor del subsuelo

acarician vapores minerales

así   el dolor salobre en la espina dorsal

en la espina de los sueños:

huitztli tlen temiquiztli

la patria escarlata se incendia

 

notlalhui tlatla

Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.


Autores
(Córdoba,Ver., 1983. Español/nahuatl). Finalista en el Premio Literario Internacional “Aura Estrada” 2017 y Premio Nacional de Poesía Lázara Meldiú 2014. Autora de Palabras de Agua (Conaculta, IVEC, Praxis) y Tiawanaku. Poemas de la Madre Coqa. Publicó en Anuario de Poesía Mexicana 2006 (Fondo de Cultura Económica) y Antología del Encuentro Nacional de Literatura en Lenguas Indígenas. Ha escrito para La Jornada Veracruz, Hiedra Magazine, Revista Yolitia, The Brooklyn Rail y otras. Invitada al World Voices Festival del PEN America, Festival de Poesía Latinoamericana Rodante LATINALE y al Festival Internacional de Poesía de La Habana. Dirigió proyecto Iguanazul: literatura en lenguas originarias y escribe narrativas de migración sobre comunidades indígenas en Nueva York.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) es artista plástico y diseñador.

Cierto día le pregunté a un abuelo, preocupado, sobre la pérdida del idioma a causa del racismo imperante en las ciudades. Me contestó: «La lengua es como tu cobija, la piel que te protege; en donde quiera que vayas la puedes llevar contigo: si hace frío, te dará calor, si te toca dormir en el piso, será tu almohada, si no la lavas, se ensuciará; depende de ti si la mantienes limpia o no; si se rompe, debes cocerla. Duran­ te mucho tiempo nos llamaron mbo we’è xtátsó xká —«gente de la cobija vieja»—; a muchos nos dio pena ser pobres y dejamos de usar el gabán, ahora no tenemos esa cobija que nos distingue como mè’phàà».

Nuestro idioma es la piel por la que conocemos y nombramos el mundo, cubre un territorio en el que construimos la memoria y la identidad. En la historia de cada cultura indígena hay una historia de racismo que ha configurado el ser de sus hablantes. Para fomentar un país multilingüe primero tenemos que resolver, atender y reconocer el racismo imperante en México, dejar atrás el concepto de pueblos indígenas como si éste fuera homogéneo, sin respeto por las diferencias sustanciales entre cada cultura.

En la actualidad se habla mucho sobre los derechos de los pueblos indígenas. Desde las políticas públicas se ha construido una retórica demagógica sobre el reconocimiento de los indígenas como sujetos de derecho, pero ¿desde dónde, bajo qué mecanismos jurídicos se da dicho reconocimiento? El discurso difiere de las prácticas, los pueblos indígenas siguen viéndose como sujetos sin historia, sin capacidad de articular un sistema de pensamiento propio, del cual se derive una educación basada en la lengua y cultura, que garantice una vida digna para las nuevas generaciones.

En México conviven sesenta y ocho pueblos originarios, lo que nos convierte en un país multicultural. Sin embargo conocemos poco de su historia debido a la hegemonía del idioma español en el pensamiento y forma de vida. En el trasfondo hay un racismo heredado de la Colonia que se reinterpreta en cada relación de poder. Se siguen marcando diferencias clasistas y racistas, como la palabra «indígena» para denominar a los pueblos que no hablan castellano; la diferencia se basa en la forma de hablar, vestir y del color de piel. La palabra «originario» denota un esencialismo que estatifica cómo debe vestir, vivir y hablar cada integrante de una cultura.

Cada cultura interpreta el mundo de acuerdo a los problemas y necesidades que enfrenta: sistematiza esos conocimientos para hacer de ellos una experiencia que tiene que transmitir a las nuevas generaciones, los transforma en idioma, en discursos que tienen la finalidad de educar y mantener viva la memoria. Si tomamos en cuenta que a través de la lengua conocemos y nombramos el mundo, y que al nombrar nos adentramos en la diversidad de pensamientos y formas de vida, se vuelve un asunto fundamental nombrarnos y nombrar al mundo tal como nosotros lo concebimos; en este sentido no somos pueblos indígenas, originarios ni patas rajadas. Cada cultura tiene su manera de nombrarse y está expresada en su idioma, fundamentada en su experiencia del saber.

En la colonización de las culturas mexicanas hubo un encuentro para nombrar desde la clase: la élite española, acostumbrada a interpretar el mundo a partir de la pureza genealógica y de títulos de propiedad, dialogó bajo sus términos con la cultura hegemónica del momento, los nahuas; la primera los obligó a crear títulos de propiedad para demostrar su linaje, por tanto, a nombrar y conocer a las otras culturas desde la historia náhuatl y el español. Para ilustrar, un ejemplo: la historia fundacional del pueblo mè’phàà de Mañuwìín/ Malinaltepec, Guerrero. Los ancianos cuentan que lo fundó una familia llamada Temilitzin, que vino de las faldas del volcán la Malinche, ubicado entre los estados de Puebla y Tlaxcala. Por lo tanto, se deduce que somos de origen náhuatl, pero no es así, hablamos el mè’phàà, una lengua muy distinta al náhuatl. La historia nos dice que llegó la élite náhuatl. Refundaron la narrativa de la historia a partir de su visión y, así, el nombre de los verdaderos fundadores del pueblo fue borrada de la memoria.

Lo mismo ocurre con el nombre. Nuestra cultura es conocida como tlapaneca, término de origen náhuatl. La raíz de la palabra tiene dos posibles interpretaciones: la primera acepción es que tla viene de tlalli­tierra, pan­locativo de lugar, neco­sucio, en donde la raíz de la palabra neco viene de la palabra chichimeco, que significa «perro sucio» o «perro pintado»; la segunda acepción es tlapan­espalda, neco­sucio, que tiene el significado de «espalda sucia» o «espalda quemada», términos que evolucionaron de manera peyorativa para referirse a los tlapanecos y que derivaron en las denominaciones de «los de cara pintada», «los de cara sucia», «los de cara chimeca».

La racialidad se construyó en las relaciones de poder, desde el nombrar se marcaron diferencias que fueron minando en cada cuerpo hasta hacerse hueso, se naturalizó la pobreza y la exclusión. Actualmente, las políticas enfocadas al desarrollo de los pueblos indígenas son programas asistencialistas e integracionistas, mantienen una relación de poder, desde un estado paternalista y racista.

Recientemente se realizó el Primer Congreso Internacional de Fomento a la Lectura en Lenguas Indígenas, en la ciudad de Oaxaca. Se abordó el tema «indígena» por parte de diferentes especialistas, se discutió sobre la importancia de preservarlas; sin embargo hubo poca participación de los hablantes. Antes de realizar este tipo de eventos es necesario realizar trabajos previos con las comunidades. Muchos estudiosos de origen indígena de distintas disciplinas no pueden trabajar en sus comunidades por la falta de recursos, se ven obligados a emigrar. Es necesario generar empleos para estos especialistas, para que sean ellos los que se encarguen de enseñar la escritura, lectura y pensamiento. Mientras se sigue discutiendo la preservación de las lenguas en coloquios o foros académicos y no en las comunidades, las lenguas pierden hablantes porque no hay apoyo para resolver el problema.

La necesidad de revitalizar nuestros idiomas obedece a un impulso vital de respeto. El reconocimiento de los aportes teóricos de los pueblos indígenas apuntan a la eticidad de las reciprocidades y solidaridades comunitarias que a la vez dan fundamentos para proponer una interculturalidad que permita superar la crisis de significados que actualmente vive el mundo.

Para esto, hay que atender el problema del racismo y la restitución de los derechos básicos a los pueblos: educación, gobierno, economía, saber.

Nuestro idioma nos protege del mundo, es la piel que nos distingue y da voz. La enseñanza del abuelo de asumir el idioma como nuestra cobija y piel no es casual, es profundamente filosófica. En el pensamiento mè’phàà, la palabra xtátso­cobija, comparte raíz con la palabra xtá­piel y tiene sus propias características de acuerdo al uso: 1. La función de la piel es cubrir y cuidar aquello de lo que forma parte, como la relación carne y piel. La raíz de la palabra xtá­piel relacionada con: xtátsó­cobija, xtáyaa­tallo de árbol, xtìín­ropa, xtíya­panal­ropa de agua, xtá ga’un­matriz­cuero que alimenta. Todas estas palabras refieren al cuidado: la ropa nos protege de la intemperie, la cobija nos protege del frío, el panal protege la miel, la matriz protege al feto y lo alimenta. 2. La palabra xtá­piel también denota la característica de la personalidad, el ser de acuerdo con el actuar, por ejemplo: a) Phú xtámbìyá’ a’dià ye’- ¿Es una piel llorona tu hijo? / ¿Es muy llorón tu hijo?

La palabra xtá­piel nos recuerda que el sentido de nuestro estar en el mundo es la de hacernos responsables del lugar donde vivimos. México es un cuerpo con sesenta y nueve partes: cada una de ellas son sus culturas. Todos tenemos que cuidar ese cuerpo del que somos parte, sin una de ellas nos condenamos a morir.

 

Lenguas de nuestra piel


Autores
Hubert Matiúwàa (Malinaltepec, 1986) realizó la maestría en estudios latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.