Tierra Adentro
Casa de Ramón López Velarde.

La gente se encariña con las ausencias y los fantasmas. Es la clase de encanto y nostalgia que nos hace regresar a ciertos lugares; la de los personajes que se fueron, de las casas que los vieron nacer y los objetos que duermen en su interior. Algo similar sucede con el número treinta y tres de la antigua calle de La Parroquia (hoy del Santuario) en la ciudad de Jerez de García Salinas, Zacatecas. Aquí las puertas vieron entrar y salir muchas veces, durante sus primeros siete años de vida, a Ramón López Velarde, quien nació el año de los tres ochos a fines del siglo XIX, y cuya obra, tras su muerte en 1921, fundaría los nuevos derroteros de la poesía en México. La casona fue uno de los dos domicilios que tuvo el poeta en Jerez; según cuentan, también habitó la casa de sus tíos paternos, frente al jardín Rafael Páez.

Hija del otrora velador del lugar, Dolores Quiñonez Morales es la guardiana de la casa-museo desde hace más de tres décadas. Ella se encarga de guiar a los visitantes por los doce espacios que conforman esta típica vivienda jerezana de techos altos, con un patio y un pozo como corazón, flanqueado por las habitaciones que antes fueron cocina, sala o cuarto de baño.

Hasta 1950, fecha en la que el gobierno del estado y el Ayuntamiento adquirieron la vivienda para convertirla en museo, ésta pertenecía a don Carlos Acevedo. En los años posteriores se realizó la recuperación tanto de la infraestructura física como de los objetos que la propia familia López Velarde-Berumen diseminó con familiares y amigos tras su partida a la ciudad de Aguascalientes en 1902.

Más tarde, en 2009, la casa fue objeto de una intervención integral que incluyó la colocación de sistemas interactivos con la finalidad de hacer más vívida para los visitantes la obra del autor de la “Suave Patria”.

Me recibe el aire fresco que hace corriente a lo largo del zaguán. A mi diestra, apenas a unos pasos, encuentro lo que fuera el despacho del abogado José Guadalupe López Velarde. Sin duda, quienes planearon la remodelación de la casa lo hicieron pensando no sólo en recrear el ambiente de provincia de principios del siglo XX, sino también para convertir la visita en una experiencia sensorial completa, donde los sonidos, la iluminación e incluso los olores se mezclan como en la poética lopezvelardeana.

Los dormitorios se han vuelto salas de proyección y exhibición en las cuales puede encontrarse tanto una cronología del contexto histórico-biográfico del poeta, el molde en bronce del último suspiro de su mano derecha ––aún con los anillos de matrimonio de sus padres––, y los testimonios de lo que su obra representa para la literatura. Al respecto hablan, entre otros, Carlos Monsiváis y Octavio Paz.

Cada espacio es una evocación, como sus versos. Por ello no es azaroso que en cada rincón de la casa se haya dispuesto un poema para contextualizar las imágenes y simbolismos: el aroma de la canela en la cocina, el viejo pozo y el brocal, la sala y las imágenes lacónicas de la virgen de la Soledad y la Dolorosa, el traspatio, los corrales…

El dormitorio principal está dedicado a Josefa de los Ríos o Fuensanta, cuyos guantes negros sueñan sobre una cama, custodiados por barrotes de latón y un perchero del que cuelgan, fantasmales, un sombrero y un saco, tal como fueron encontrados el día que la muerte sorprendió al poeta en su otra casa, en la colonia Roma de la Ciudad de México.

Al final del viaje, “Se me destina, en la casona, la sala de la derecha. Fantasmas, fantasmas, fantasmas”, invoca Ramón López Velarde. Y tal parece que su obligado regreso al terruño, al treinta y tres (edad de su muerte y título de uno de sus poemas) de la calle de La Parroquia, no podía darse de otra manera que bajo la forma de una sombra alargada que deambula por las noches frente a los guardianes de la casa; un espectro al que llaman, con cariño, “Ramoncito”.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Zacatecas, 1977) es autor del volumen de cuentos El refugio del hurón. Publicó relatos, ensayos, reseñas y crónicas en Cine Premiere, Replicante, Tierra Adentro, La Cabeza del Moro y Ficticia. Su segundo libro de relatos, Servicio al cuarto, está próximo a publicarse. Le gusta el queso añejo, el sarcasmo, el frío y cruzar el mar de la burocracia nadando de muertito.
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Fotografía cortesía de la autora
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