Tierra Adentro
Portadas de los libros "Esta cuerpa mía" (Alfaguara, 2024) de Uri Bleier y "Tú y yo y tus pinches antenas" (Palíndroma, 2026) de Siobhan Guerrero Mc Manus
Portadas de los libros “Esta cuerpa mía” (Alfaguara, 2024) de Uri Bleier y “Tú y yo y tus pinches antenas” (Palíndroma, 2026) de Siobhan Guerrero Mc Manus

Aunque de muy reciente aparición, pensar una literatura trans mexicana es cada vez más tangible.1Esta irrupción es más reciente en el ámbito de la ficción,2 no sólo como una capacidad de autorrepresentación, sino también en tanto la configuración de una subjetividad política que desborda lo que se puede entender por “literatura trans” así sin más. Para quienes pensamos en estos temas el mote no es neutral porque ya no se trata de los asuntos y los contenidos, sino que se ponen en juego y en tensión nociones como la autoría y lo político en un texto. Estas fricciones y rearticulaciones alteran la forma en que la construcción literaria de nuestra diferencia venía siendo proyectada y eyectada como una otredad abyecta y estereotipada. Hoy las cosas están cambiando, pero no deja de ser un proceso complejo y sinuoso. La novela Esta cuerpa mía (Alfaguara, 2024) de Uri Bleier y el cuentario Tú y yo y tus pinches antenas (Palíndroma, 2026) de Siobhan Guerrero Mc Manus, son dos obras literarias de reciente aparición que nos permiten explorar algunas estribaciones sobre las representaciones literarias trans, las proximidades y distanciamientos actuales de la voz de un sujeto político que no termina de ser integrado pero es cada vez más visible y, últimamente, hostigado por las olas antiderechos en varias partes del mundo. Estas obras y sus procedimientos compositivos en torno a la voz autoral y los vericuetos de la ficción, responden a estos hechos, pero no necesariamente desde las mismas posiciones y no con los mismos resultados.

Para abordar este tema es imprescindible revisitar las genealogías de representación sobre lo trans. En México, la ficción construyó una narrativa que coloca las vivencias y experiencias trans bajo la impronta cisexista que destaca la ambigüedad identitario-corporal, la hipersexualización y el remate violento de sus personajes. Pero, más recientemente, se ha dado un desplazamiento vital: la ficción empieza a convertirse en un campo de disputa, no sólo por renovar la figuración trans, más aún, por la incursión de lo trans mismo como agente activo en ella. Este hecho distingue los dos libros referidos. A decir de las solapas, Uri Bleier se “define como chilango, judío y joto”, estudió negocios internacionales y esta es su primera novela publicada. Siobhan Guerrero es quizá la académica trans más reconocida del país —también defensora de derechos— y que hoy incursiona como autora de ficción con un libro de cuentos. En el proceso de esta genealogía renovada, pues, es importante destacar cuestiones sobre quién, cómo y desde dónde escribe para comprender las cuestiones propiamente literarias.

En este sentido, les autores ofrecen su debut literario y han explicado su origen y posicionamiento en relación con lo trans. En diversas entrevistas, frente a la reiterada pregunta sobre el interés y el involucramiento del autor con las identidades trans y sus vivencias, él responde que comenzó en el lenguaje; él deseaba realizar un ejercicio novelístico donde el trabajo con el lenguaje fuera vital y se presentara como un cuerpo vivo, un lenguaje coloquial, callejero y amariconado que reflejara las herencias de la comunidad sexodisidente. La búsqueda por ese entronque la halló en la comunidad trans y el trabajo sexual de calle, que concibe como antecedentes de derechos y libertades de las disidencias sexuales. Ocupado con la voz narrativa, dice el novelista: “me fui dando cuenta que no podíamos escribir sobre las mujeres trans trabajadoras sexuales desde la inconsciencia, desde sólo el imaginario colectivo, romantizando la experiencia de pobreza o del trabajo sexual, revictimizándolas”.3 Lo anterior llevó a Bleier a realizar una serie de entrevistas a Kassandra Guazo —luchadora social trans y ex trabajadora sexual—, cuyo relato de vida le proporcionó la “columna vertebral” para esa voz narrativa previa.

1 Portada de la novela de Uri Bleier

Por su parte, Siobhan Guerrero dice en el prefacio de su libro: “Reúne una colección de doce relatos que de una u otra forma nacen de mis miedos, mis ansiedades y, sobre todo, de mis esperanzas por un mejor futuro. […] hay dolores y pérdidas que no sufrí, pero que carcomen mi razón pues los imagino como escenarios que quizá alguien más va a lamentar”. Entre estos escenarios, sin embargo, no se halla el trabajo sexual debido a que —como dejó claro en la presentación del cuentario en la Fiesta de Libro y La Rosa 2026— ella prefirió no abordar experiencias que no la atraviesan más directamente. Concebidos como un ejercicio en parte testimonial, en parte confesional, para la autora estos cuentos aspiran a desencadenar lo que el ensayo académico no logra y lo hacen habilitando registros como la distopía, la ficción especulativa o el tono confesional. Finalmente, el libro es la culminación de un sueño de práctica literaria postergado por años, dice la cuentista.

2 Portada del cuentario de Siobhan Guerrero

De este modo se delinea un arco de las motivaciones y el lugar desde el que Bleier y Guerrero abordan sus ficciones sobre lo trans. Para sintetizar, hay algo que queda despejado: ambas obras apelan a la ternura y a conmover mediante la palabra literaria. Este es un viraje rotundo frente a las narrativas que, en la literatura mexicana de décadas pasadas, supeditaban e instrumentalizaban el tema y los personajes trans a los argumentos literarios cuyo resultado era —prácticamente siempre— una mirada estigmatizante y estereotipante. Por lo menos a nivel de intenciones autorales Esta cuerpa mía y Tú y yo y tus pinches antenas, apuntan en la dirección contraria y se suman a un corpus reciente de literaturas que buscan complejizar y empatizar con la alteridad. Pero, ¿cómo adquieren expresión formal y estilística estos posicionamientos? Visitemos las diégesis, los personajes con sus configuraciones actanciales y sus tesituras afectivas.

Para un investigador como Antoine Rodríguez (2020), la representación trans en literatura de ficción ha sido mayoritariamente —por no decir únicamente— la mujer trans (heterosexual y trabajadora sexual). En tanto figura de ficción, se fue materializando en obras de la última década del siglo XX y llega hasta nuestros días:4son personajes cuya adscripción al género femenino es lúcida y ya existe en ellas una somatización de la identidad de género en términos de intervenciones corporales afirmativas (cumplidas o ansiadas). Sin embargo, esta agencia sobre el cuerpo suele estar amagada por un dejo de ambigüedad o introyección disfórica que se transmite al lector por voces narrativas extradiegéticas, narradas por otros personajes y, en menos ocasiones, narradas por sí mismas mediante una voz autodiegética. Siguiendo a Rodríguez, estos textos insistirán en la fantasía heterosexual por cuerpos en transición que presentan la combinación en un mismo soma de atributos leídos como femeninos y masculinos; ahí está también “el pornotropo de la prostituta maltratada, cuyo placer es precisamente provocado por esta brutalidad”. Este tipo particular de mujeres trans llevadas a la literatura cumplen arcos actanciales en entornos y relaciones cisheteronormativos que se viven como distopías donde deben negociar con el cisexismo para sobrevivir a él. Consideramos que esta poca variedad y estereotipación está estrechamente vinculada no sólo a una realidad hasta cierto punto constatable, sino, precisamente, al hecho de que quienes las escribieron no formaban parte de la comunidad trans, ni siquiera la LGB.

Mónica, la protagonista de Esta cuerpa mía, remite directamente a la figura de la mujer trans, pero varios de sus elementos son rearticulados ya que, si bien Mónica cumple con la mayoría de estas características, la voz del personaje es prioritaria, completamente autodiegética y elaborada de tal modo que toda la novela está volcada a su construcción subjetiva y se presenta en forma de un coming-of-age. Asimismo, esta voz narrativa destaca no sólo porque proviene de la trans, sino que —como ya se mencionó— está estilísticamente muy pulida, según buscaba Bleier. “Lenguaje exquisito y descarado”; voz fascinante, hipnótica, cantarina; lengua afilada y carismática. Son algunos de los calificativos con que se ha descrito la voz del personaje y nos parecen acertados. En efecto, esta dimensión es probablemente la mayor virtud de la novela. Dinámica, humorística, locuaz y elocuente al mismo tiempo, la voz trans está cargada del argot de la cultura popular mexicana y elegebetera.

Por su parte, y en contraste, en Tú y yo… no hallamos trabajadoras sexuales, hay variedad de personajes y las voces narrativas varían también entre cuentos: discurso indirecto libre y narrativa autodiegética vehiculizan las historias de mujeres trans (heterosexuales o lesbianas), personas cis y, destacablemente, de un hombre trans (hasta donde hemos leído, este es uno de los primeros personajes transmasculinos que protagoniza una ficción literaria mexicana). Acá hay un vuelco relevante porque la pluralización de personajes y voces explaya lo trans más allá del desarrollo identitario y lo presenta como una red de lazos familiares, románticos y de amistad. Por eso, acá los cuentos pueden estar protagonizados por la pareja de una persona trans o relatar vínculos de maternidad. En Esta cuerpa mía se indaga en las dinámicas familiares y de amistad de Mónica en el marco cisnormativo y socioeconómico que le tocó vivir, pero en Tú y yo… se ofrecen perspectivas que se expanden hacia derroteros intransitados en la ficción. Y aquí brilla la aportación de este cuentario porque trata materias que atañen de manera específica y prominente a una comunidad trans contemporánea cada vez más heterogénea: clases medias con capitales educativos, las complejidades del activismo o la problematización del privilegio. Así, mientras en la novela de Bleier el lenguaje utilizado se alimenta del caló popular, el cuentario de Guerrero se sirve de un léxico coetáneo: cis, cisgénero, nosotrans, cisnorma y el lenguaje incluyente son habilitados en los cuentos. Toda esta inusitada pluralidad de contenidos se ofrece, además, mediante una acertada apuesta en la estructura del libro. Ésta es un desdoble, un espejeo entre los títulos de los cuentos, tienen un anverso (más luminoso) y un reverso (más oscuro), como bien indica el libro. Esta estructura, donde dos cuentos comparten título, no implica siempre que se expresen valores o situaciones antípodas en sus reversos, a veces son una gradación dentro de una misma trayectoria: las vidas o experiencias cruzadas de un personaje a otro, la retrospectiva de un mismo protagonista y otras relaciones más oblicuas donde quien lee debe encontrar los paralelismos.

Lo dicho hasta aquí nos coloca frente a dos trabajos de ficción que buscan ser aportaciones empáticas a una literatura que procesa las experiencias de vida trans. Sin embargo, creemos, se hace ineludible retornar a la cuestión sobre cómo las representaciones que nos ofrecen están atravesadas por las condiciones autorales de las que hablamos al principio. Cuando destacamos este rubro intentamos poner el acento en las implicancias políticas de pensar en términos de una literatura trans: ¿cómo una literatura así denominada puede modificar los imaginarios y desde dónde? Desde nuestra perspectiva será trans un corpus literario no solamente porque contenga personajes y situaciones trans, lo será también por estar atravesada —en alguna medida y en algún sentido— por la mirada de quien encarna dicha experiencia. Entonces, nos parece útil la distinción entre una literatura sobre lo trans y otra desde lo trans, para hurgar en las tesituras más finas de la representación. Y no se trata de apelar a esencialismos fáciles dónde la posición encarnada es una garantía de valor artístico. Creemos que ambas posiciones, en los últimos años, han demostrado que complejizan la trama. Sin embargo, es cierto que la misma genealogía literaria se presenta como una relación de poder patentemente disimétrica en que las voces trans no habían emergido y donde la mirada cisgénero sigue siendo imperante. Frente a ese contexto es válido preguntarnos sobre qué produce y qué reproduce el origen autoral. Las dos obras aquí tratadas, creemos, son un indicio de que sobre y desde lo trans sigue siendo una aproximación necesaria.

Comencemos con lo más evidente, Esta cuerpa mía podría ser considerada la primera novela mexicana plenamente centrada en el devenir de una mujer trans trabajadora sexual —el personaje más manido por nuestra ficción—.5 La novela se atreve a turbar varios de los tópicos y tropos previos: configura una voz mucho más compleja, perspicaz y rica para Mónica y revela mucho más su proceso de subjetivación; la transición es presentada como un despliegue de agencia vital y no reducida a una impostura fatal (Rodríguez, 2024) o relato disfórico; la violencia en su contra es feroz pero no culmina en su muerte; el cuerpo trans pasa de ser un mero instrumento volcado al placer unilateral masculino para también pertenecer a la trans. Sin embargo, aquí arriesgaremos la idea de que, si bien la novela forcejea con la mirada cisgénero heterosexual, no alcanza a subvertirla porque no desmonta la matriz hipersexual del pornotropo y sólo cambia su signo hetero por uno, digamos, gay. Aquella imagen de la mujer trans que vive para el sexo y tiene mucho sexo por encima de las condiciones en que eso ocurra se reitera en la novela de Bleier. Las escenas sexuales, con sus referencias fálicas, orales y anales son casi estructurales en el libro. Ahí está la imagen de una niñez que no explora su sexualidad, sino que la instrumentaliza: “Se formaban uno por uno [sus primos] y yo les daba su guagüis. A los más enjundiosos les dejaba que me penetraran” (para obtener favores de ellos). Las agresiones sexuales son traumáticas, pero también ecfrásticas. ¿Cómo se imagina desde lo gay una vida trans? Al parecer, en tanto carnaval orgiástico con lubricante y sangre. Quizá por eso tampoco nos convence esa especie de “transfobia light” que vive Mónica, entre cuyas manifestaciones no aparece la malgenerización o la patologización, ella tiene la aceptación total de los demás personajes de su identidad de género: podrán decirle “puta”, pero jamás malgenerizarla o considerarla enferma. Desde nuestro punto de vista, estas características de la novela sólo intercambian lo heterosexual de la mirada cisgénero por lo homosexual.

Creemos que esta mirada, que sigue siendo cis (aunque gay), implica una limitación frente a una mirada desde lo trans donde las tesituras, las figuras, los temas, los personajes y sus voces se expanden, donde la mirada y las experiencias de vida se abren y permiten reconocer otros senderos ficcionales. No es sólo un cambio respecto de recursos narrativos, sino de la presentación de la transfobia y sus matices, que no sólo se concreta en ofensas o golpes, también toma forma en omisiones, silencios, gestos, mediatización y ciertas intenciones “reparativas”; como lo muestra en sus anversos y reversos Tú y yo y tus pinches antenas. En síntesis, la experiencia encarnada, efectivamente, se incorpora también en la práctica y los resultados literarios, lo cual no indica un acto simple y mecánico, pero sí demuestra el lugar de enunciación privilegiado de quien ha atravesado por dicha experiencia. Es posible que una literatura trans mexicana aún no esté consolidada, pero creemos que algunos registros concretos nos proporcionan pronósticos optimistas y no sólo nos dicen algo sobre la capacidad de autorrepresentación, también sirven para hacer un tanteo —diferido en comparación con otras literaturas latinoamericanas— de los cambios que está viviendo la sociedad mexicana. Esperamos que esta veta literaria siga creciendo y aportando al panorama de las letras sexodisidentes en un país que, si bien no ha cedido ante la ola antiderechos, puede contribuir a resistirla al llevarnos a “mirar diferente a quienes somos diferentes”, como remata Guerrero en su prefacio.

Bibliografía:

Rodríguez, Antoine, Epistemografías trans*: locas y transfemeninas en las producciones culturales mexicanas contemporáneas, México, CIEG-UNAM, 2024.

  1. El testimonio autobiográfico y la poesía son los géneros más usuales.
  2. Hasta donde sabemos este movimiento comenzó, probablemente, con la publicación de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras de Évolet Aceves (Tusquets, 2023).
  3.  Entrevista disponible en https://www.youtube.com/watch?v=SKU66GJTsho (consultado en mayo de 2026). Es necesario remitirse a las entrevistas dadas por el autor porque el libro no contiene elementos paratextuales (ni un índice), a excepción de los agradecimientos, que hablan directamente de su experiencia de escritura.
  4. El investigador se refiere a novelas como Por debajo del agua (2002) de Fernando Zamora, El miedo a los animales (1995) y La doble vida de Jesús (2014) de Enrique Serna y los cuentos Nomás no me quiten lo poquito que traigo (1999) de Eduardo Antonio Parra y Gatos pardos (2004) de Iris García. Nosotros agregaríamos en estas mismas coordenadas, referencias temporalmente más cercanas como los cuentos La Jota de Bergerac (2010) de Carlos Velázquez, la conocida novela Temporada de huracanes (2017) de Fernanda Melchor y el cuento Lentejuelas (2022) de Dahlia de la Cerda. Todos textos escritos por personas no trans. 
  5. La antes mencionada Tapizado corazón de orquídeas negras no está protagonizada por una trans trabajadora sexual y este hecho ha sido destacado enfáticamente por la misma autora en esta misma revista.