Tierra Adentro

En estos 1,825 días, padre, en que tu nombreha sido deglutido por los astros y la tierra;en que tus huesoshan germinado en lirios de pétalos azules;en que el vientoha llorado los fonemas de tu boca,debo confesarte que, a lo sumo,en este tiempo he aprendido tres lecciones:

Que la literatura—como creación—es una forma de agotarte,nombrarte hasta el cansancio,volverte un personajede una historia que no es mía;de hacerte un homenaje,una pira que te arrastrehacia un planeta suave eterno,pero lejano a mí.Es un medio para recordarte y no,para exaltarte y rebajarte al unísono.También, que la literatura—como escape—es una farsa;todos los escritores hablan de ti,todos me gritan que no fuiste ejemplarpero que soy del clan de los huérfanos que añoran.Leo constantementea una constelación de tristes,sabios del luto, aunque cada vez me siento más estúpida,menos hábil para entenderlos,para aceptarque leer no es un consuelo.

He aprendidoque la memoria es una estafa;que el instante de tu muerteya ha sido olvidadopor el tiempo mismo—no hay huella tuya en la tierra—;que los recuerdosse retuercen de angustiaporque son mutilados casi a diario:modificados,corrompidos,violados por la extraña faz de los segundosperversos y traidoresque prometíanque lo decisivo no se borra,que los hitos son piedrasinamovibles.Pensar en tu vida es hacerte daño:es transformar lo que fuiste,escupirle a tu estertor,hacerte otro.La desesperacióny la tristeza comienzan a llenar los vacíos,las cuencas de tu rostro, con ficción,con poesía,para no vivir sin piernas.

Aprendíque la muerteno vale nada para ti.Que la vidavalió muy poco para ti.Que tus leccionessiempre han sido mudasy que están enterradas en la casa que habitaste,a la que prefiero no volver.Que no te sientes cadáverporque no existes.Que hablo en segunda personaporque la muerte me obligaa ser gramaticalmente ingenua,porque a veces espero que las letrassean un hilo de luz que conecte tu mano con la mía,con tus dedos ya verdes en la tumba.La literaturacomo fuerza capazde derretir el mármol; todo, de nuevo, dichodesde mi antigua inocencia,útil para contradecirme.

Hoy,a cinco años de tu ausencia,las volutas de tu nombreamenazancon tocar el suelo.