Capítulo VIII
Adentro del manicomio
Conforme el automóvil cruzaba los hermosos prados de camino al manicomio, mi sensación de satisfacción por haber alcanzado mis objetivos fue eclipsada por la angustia reflejada en la cara de mis acompañantes.
Nací en Buenos Aires en un hogar repleto de periódicos, óleos, música y catorce mil libros de la mejor política y literatura, razón por la cual ser periodista, poeta o escritora fue como cumplir un designio divino.