El agua, cristal lábil, es el primer indicador de la salud de un ecosistema: a su composición acudimos para constatar qué microorganismos acechan nuestras vísceras y con qué clase de metales o carbonatos habrán de lidiar nuestras arterias.
La experiencia comienza con una guitarra eléctrica, la distorsión está saturada y los acordes son ejecutados con tanta fuerza que alcanzan un ritmo frenético.