Tierra Adentro

infancia

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Cuando era pequeña vivíamos en Barcelona.
Santiago de Baney, Guinea Ecuatorial, 2012. Fotografía de Opoelresdente. Recuperada de Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0
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Latido caliente Bailando sentía tu cuerpo abrazado al mío en el viento.
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Fútbol Siempre me gustó quedarme atrás ser el corredor de fondo cuando el balón se deshacía pasando en el asfalto de la rodilla al pie quedarme a la orilla del mundo de la cancha mientras los demás gritaban gol y se alzaban las playeras dejando descubiertas sus espaldas mirar la lluvia resbalar y las rodillas empapadas los charcos como reflejos del cielo y las nubes un pase perfecto que hace llegar de nuevo al gol su redondez de pecho de bola que salta bardas y toca puertas de reloj y medio tiempo y el tú no puedes jugar cruel de los equipos que dividen en dos y el yo juego en mi casa todo el tiempo pero tu casa no es el parque ni la calle ni el patio ni la escuela a veces ni la casa solo el cuarto secreto o el ropero a veces una llave pintada de amarillo un tragaluz de los deseos no sigues las reglas ni entiendes tampoco posiciones el centro de todo para ti es otro centro aún sin nombre y futuro dicen que para saber de fútbol primero hay que entender el fuera de lugar y yo y mi cuerpo sabíamos de eso mirando a los chicos pasarse la pelota   Municiones Todas las tardes salimos por el patio cruzando el alambrado de púas un pie el otro por el terreno baldío descalzos y el rifle de postas al hombro y la soga con la que intentamos una vez más lazar la yegua aunque.
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Treinta y uno Voy a empezar por el cuerpo, por los ovarios reventados entre las palabras y las letras y lo que poco a poco he interpretado como hambre.
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Itsäñälel Xajleltyik bäk’ iwuty, ik’o jiñi wiñik.
Libellus de medicinalibus Indorum herbis ff. 38v-39r. Martín de la Cruz, 1552. Obra de dominio público. Recuperada de Wikimedia Commons.
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En mi libro de lecturas de segundo grado, había un poema sobre una niña que iba al monte.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
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Mi abuela Mi abuela cuida la vida,  no solo la suya  -que la respira en el monte- también la de sus hijos,  la de sus nietos y bisnietos.