Tierra Adentro

Cuento

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I Que nunca vuelen acechando sobre ti estos cuervos, que se llevan en sus picos nuestros días, que se llevan en sus garras los recuerdos*.
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¿Llegará un día en que el olor del sexo pueda ser tan sugestivo que nos haga desear indefectiblemente a un hombre o a una mujer, y como en los tiempos de hambre y de caza,   vayamos con todo por tenerlos?   Cierta tarde, Florencia Márquez Velosso recibió un anuncio a su casilla de correo.
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“Hasta ese punto, el ser humano tolera el ruido.
Portada de los Cuentos reunidos de Amparo Dávila (Fondo de Cultura Económica).
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Cuando oigo la lluvia golpear en las ventanas vuelvo a escuchar sus gritos.
Imagen de Mariana Martínez.
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"Qué vida sórdida la suya.
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El castillo, al cual mi criado se había aventurado a entrar por la fuerza, para no permitir que yo, que me encontraba gravemente herido, pasara la noche al aire libre, era uno de esos edificios que combinan melancolía con grandeza y que por mucho tiempo se han mantenido erguidos en los Apeninos, no menos reales que en la imaginación de la señora Radcliffe.
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De todos los cadáveres del mundo, ése era el más necesitado de compasión.
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    Lo amarraron de pies y de manos y lo dejaron en la arena, mirando el mar.