Tierra Adentro
Portada de "Anómala", Ronald Delgado. Alfa Eridiani, 2013.
Portada de “Anómala”, Ronald Delgado. Alfa Eridiani, 2013.

1. Ronald Delgado, corporeidades póstumas y el grupo Ubik 

En el prólogo crítico a la antología Los relatos pioneros de la ciencia ficción latinoamericana (2015) investigo, exploro y propongo un cuerpo teórico para el estudio de los artefactos literarios autónomos que son considerados fundacionales dentro del género cienciaficcional (CF) en el continente entre el siglo XIX y 1960. En el último capítulo de este prólogo titulado “Propuesta prehistórica para una taxonomía futurista” aclaro que:

los cuentos compilados [que] fueron agrupados bajo la siguiente taxonomía pionera, concebida como clasificación teórica para el corpus de ese continente desconocido y nuevo que representa la prehistoria de la CF latinoamericana [son los siguientes]: 1) Modernistas extraterrestres; 2) Distopías líricas; 3) Corporeidades póstumas; 4) Parodias apocalípticas; y 5) Mundos paralelos/simultáneos/interplanetarios.

Esta taxonomía se aplica, igualmente, para el caso de la CF venezolana: un territorio de textos en pleno descubrimiento crítico de sus potencialidades, con eslabones por comprender dentro de esa historia oculta de un género resurrecto, que ha preexistido con mucha cautela en la tradición de la literatura fantástica nacional junto con libros paradigmáticos que han construido los rasgos de una CF nacional con sus propias características y evolución, y con etapas bien definidas de las que hemos sido testigos, por primera vez, desde el punto de vista crítico en el texto fundador “Ciencia ficción venezolana. Etapas y características”, publicado en Historia de la ciencia ficción latinoamericana II (Iberoamérica Vervuert, 2020).

He elegido la categoría crítica de la construcción de corporeidades póstumas1 para comprender una dimensión de la CF venezolana presente en el libro de cuentos Anómala (2013) de Ronald Delgado (Caracas, 1980), quien representa uno de los primeros escritores de hard CF que tiene Venezuela en toda su historia.2 Hay que considerar que en nuestra tradición, más bien reciente, se ha privilegiado la CF blanda desde los cuentos fundacionales de Julio Garmendia a principios del siglo XX, lo que Ángel Rama denominó la vanguardia marginal de la literatura fantástica. Entre sus libros de cuentos, todos enmarcados dentro del género, destacan: El despertar de Meganet (Alfa Eridiani, España, 2008); Réplica (Fondo Editorial de Caribe, Venezuela, 2011); La tierra del cielo sin sol (ebook independiente, 2012); Anómala (Alfa Eridiani, España, 2013), y La transfiguración de Valkyria Durán (2014). Hasta la fecha no ha vuelto a publicar, que se sepa, otro libro. 

Ronald Delgado surgió de la conformación del grupo Ubik, fundado en 1984 por estudiantes de física e ingeniería de la Universidad Simón Bolívar. En la historia del género de la CF en el país, este grupo representa la aparición del fandom y la tradición del pulp, heredero de la CF clásica estadounidense y británica, con la publicación de revistas de bajo tiraje como Cygnus (1986-1994), La Gaceta de Ubik (1988-1999), Necronomicón (1993-1994), Del lado obscuro (1998, 2002)y Ubikverso (2004). Estos esfuerzos terminaron consolidándose, aunque de forma bastante tardía —como suele ser parte del carácter refractario de los rasgos de la CF venezolana—3 en una muestra importante de sus producciones, publicadas en el 2015 bajo el título 12 grados de latitud norte. Antología de la ciencia-ficción venezolana. Sus fundadores fueron: César Villanueva, José Ramón Morales y Jorge de Abreu, biólogo considerado el baluarte de la CF militante, como se evidencia en la creación del premio que lleva su nombre, convocado por la Asociación Venezolana de Ciencia Ficción y Fantasía (AVCFF), fundada en 1997. Entre sus integrantes más sobresalientes, además de Ronald Delgado, se encuentran: Juan Carlos Aguilar, William Trabacilo, Ermando Fioruci, Marcos Molero y Susana Sussmann, la escritora más reconocida en el extranjero por sus publicaciones, incluida en numerosas antologías y publicaciones. Sin embargo, es Ronald Delgado quien consolidará sus publicaciones en unos pocos años, retirándose, momentáneamente, para dedicarse a la inteligencia satelital donde trabaja desde hace bastante tiempo en China.

Anómala (Alfa Eridiani, 2013) constituirá el centro de las presentes notas, pues desarrolla un subgénero de la CF que nos interesa abordar por lo novedoso y escaso de sus producciones dentro de la literatura no-mimética, al cual he denominado pornoerotismo posthumano4 o porn sci-fi, partiendo de la lectura transversal de Susan Sontag, J. G. Ballard y Raúl Aguiar, y de la lectura transversal de los cuentos “Ningyö” y “Kyoko Blue”, así como el cuento “1010101”, que ganó la tercera mención en el premio Urbe del 2006, en relación con el cuento “Afrodita C.A” de Jhon Manuel Silva.

II. Porn sci-fi, antecedentes y directrices

A pesar de que el porn sci-fi latinoamericano es un subgénero, hasta ahora, poco conocido, el escritor cubano, Raúl Aguiar, en su prólogo al libro Sexbot. Antología cubana de cuentos eróticos de ciencia ficción, plantea unas de las primeras taxonomías temáticas de donde podemos partir para construir nuestros antecedentes y abordar críticamente esta dimensión de la CF venezolana, y categoriza ciertas obras de nuestra tradición en la plenitud de su descubrimiento y estudio:

1. Sexo con alienígenas, máquinas y robots sexuales: “Kuntha”, de Susana Sussmann, y “Ningyö” y “Kyoko Blue”, de Ronald Delgado.

2. Tecnología reproductiva que incluye clonación, matriz artificial, parthenogenesis e ingeniería genética:“El retorno de Eva”, de Pepe Alemán, y algunos cuentos de Rajatabla,de Luis Britto García.

3. Igualdad sexual entre hombres y mujeres.  

4. Sociedades dominadas por hombres y mujeres, incluidos mundos de un solo género:“El retorno de Eva”, de Pepe Alemán.

5. Polyamory. 

6. Cambio de funciones de género. 

7. Homosexualidad y bisexualidad.

8. Androgyny y cambios sexuales. 

9. Sexo en realidad virtual: los cuentos “Código fuente” y“100101”, de Ronald Delgado. 

10. Otros avances en tecnología para el placer sexual como teledildonics. 

11. Asexualidad.

12. Embarazo masculino. 

13. Tabúes sexuales y moralidad. 

14. Sexo en gravedad cero. 

15. Control de natalidad y otras medidas más radicales para prevenir la sobrepoblación: “El retorno de Eva”, de Pepe Alemán, y “Los inocentes”, de Nuni Sarmiento. 

Aunque los antecedentes literarios del pornoerotismo posthumanistapueden rastrearse en El Supermacho (1902), de Alfred Jarry, y La Eva futura (1878), de Auguste Villiers de L`Isle-Adam, es Juan José Farías quien en un texto panorámico, Polvo de estrellas, nos dice que, dentro de la CF norteamericana, Los amantes (1952) de Philip José Farmer, es considerada por los especialistas como la primera obra de CF donde el sexo es la obsesión principal del relato. Ochos años después, Farmer publica la colección de cincos cuentos, Relaciones extrañas (1960), en los que explora sobre relaciones sexuales humano/alienígena. También se une Theodore Sturgeon con su novela temprana Venus Plus X (1960), en la que un hombre contemporáneo despierta en un lugar futurista donde la gente es hermafrodita. Después llegaría la plenitud del género con La exhibición de atrocidades (1970)y Crash (1973) de J. G. Ballard —pensador determinante para la construcción de esta dimensión—, sin olvidar Neuromante (1984)de William Gibson, novela fundadora del cyberpunk, en la que uno de los personajes principales, Molly, en su pasado, llegó a alquilar un cuerpo que le permitía activar programas de sexos. Lo que sorprende es que fueron adquiridos en “casas de muñecas”, que son, básicamente, prostíbulos en donde las chicas se conducen de acuerdo con las directrices de estos programas informáticos en donde ellas ceden el control de su cuerpo y después del acto no tienen recuerdo alguno de lo sucedido

Encontramos un mínimo antecedente en la literatura venezolana del género porn sci-fi con la publicación de El pájaro insaciable (1989) de Rubén Monasterios —padre de la literatura erótica y ereccional en Venezuela— “donde se recrea en amplísimas y detalladas descripciones [a] seres copulando hasta la insaciedad”5 y se relata una escena en donde el narrador se somete a un diagnóstico con un aparato llamado pulsoemotivador electrónico: “electrodos por el ano que fueron fijados a las paredes del foso rectal; de los mismos se desprendían unos cables que conectaban mi organismo a una máquina registradora; al cabo de un cierto tiempo ¡oh prodigio! Un verídico diagrama de todo cuanto yo era capaz de expresar por esta parte, resultaba impreso en una cinta de papel”.6 

A partir de lo expuesto con anterioridad como diseño de nuestra investigación, enunciamos las siguientes preguntas: ¿cuáles son las relaciones genéricas entre el pornoerotismo y la CF? ¿Cómo construimos un subgénero que trasluce los problemas humanos contemporáneos a partir de las configuraciones del cuerpo? ¿Cómo se construyen las corporeidades póstumas en la obra narrativa de Ronald Delgado y en el discurso del porn sci-fi?

III. Ginoides sexuales, crimen y feminismo

Uno de los primeros cuentos de Ronald Delgado donde se explora el porn sci-fi se titula “100101” y describe la posibilidad literal de que una mujer tenga relaciones sexuales con todos los usuarios con los que interactúa virtualmente en internet. El cibersex simultáneo se materializa a partir de implantes y programaciones cibernéticas. Pesadilla que llega al límite del delirio como si se tratara de la extrapolación ciberpunk de orgías sexuales medidas por la realidad aumentada. Leamos un fragmento: “El ceñido traje de polivinilo cubría cada milímetro de todo su cuerpo. Desde sus tobillos hasta sus brazos, millones de diminutos electrodos sensibilizaban su piel. Su rostro estaba cubierto por el costoso visor que generaba imágenes directamente sobre sus retinas”.7 En el cuento de Ronald Delgado se logra cristalizar la simbiosis literal entre el número de usuarios de internet y la cópula sexual con Marianna, el nombre del personaje. Lo cíborg en sí puede concebirse de muchas maneras, su objetivo es la asexualidad, la anulación de las diferencias genéricas, ya que lo andrógino no solo busca la fusión de la dualidad sexual, sino la unidad con la red digital del deseo y el afecto donde interactúan todos los usuarios en los estados de simulación de la sociedad.  

En el universo cyberpunk del cuento “Kyoko Blue”,8 las autómatas sexuales son más perfectas que una mujer real, puesto que encarnan visualmente las exigencias del canon de belleza que apreciamos en el anime japonés y las películas de superhéroes y aventuras maistream de Hollywood.

Kyoko convirtió el abrazo en caricias, deslizó los dedos sobre su cuerpo y se quitó la ropa interior para dejarse expuesta en toda su belleza. Sus senos eran pálidos y pequeños como los de toda jovencita, pero sus pezones oscuros ya estaban endurecidos como los de una mujer excitada. Su piel de marfil delimitaba cada forma de su figura exquisita, mientras en su entrepierna frágil se asomaban rastros de unos cuantos vellos color turquesa.9

El desenlace de este cuento es la muerte de la ginoide (autómatas de servicios sexuales de alta tecnología) a manos del cliente por la cortada de un cuchillo, con lo que se revela, de manera brutal, todo el mecanismo interior. El depravado de autómatas sexuales japonesas últimos modelos corrobora las tesis feministas cuando afirma que el uso de muñecas mecánicas sexuales, por su no vida e inmovilidad, es lo más parecido al acto de una violación, cuando el cuerpo de la víctima está inerte y no responde al placer sensual. El asesinato de la ginoide termina siendo la fantasía sexual del personaje, turista sexual que no responde a la excitación de la autómata, a pesar de su belleza potenciada, y desgarra las vísceras de su mecanismo cibernético, devastado por la incisión de la puñalada. Mientras, en Crash de J. G. Ballard la inmovilidad de los cuerpos inertes impactados por la brutalidad violenta de la colisión casi no se diferencia de la disposición no orgánica de los maniquíes sexuales, disponibles en su silencio y sumisión al placer de cliente. A su vez, en otro cuento de Ronald Delgado,10 “Ningyö”,11 el pudor de una ginoide que trabaja como prostituta artificial hace que se cubra a medias el cuerpo desnudo mientras escapa de una violación y llega a refugiarse en una iglesia donde termina siendo pervertida por el cura que la recibe hipócritamente con deseos carnales.

En el cuento “Afrodita C.A”, del libro Afrodita C.A y otras empresas fracasadas (2014) del escritor venezolano Jhon Manuel Silva, también se advierte que el sexo con ginoides tiene otras provechosas ventajas, entre ellas, aseguraría evitar la transmisión de enfermedades sexuales, así como los compromisos afectivos duraderos, en vista de la política de la empresa que le permite al cliente devolver la ginoide a las tres semanas si no desean obtenerla, por lo que son renovables y sustituibles, además el cliente está en la libertad de liberar definitivamente a la ginoide, en caso de que desee concretar el concubinato. El personaje del cuento conoce varios modelos de ginoides de distintas características o personalidades, y tiene la posibilidad de borrarles la memoria por completo o dejarles los recuerdos de sus pasadas relaciones. También está la otra posibilidad de hacer una réplica de sus ex, que, en la mayoría de los casos, las devolvían en dos semanas. Resulta que el personaje, luego de hacer numerosas devoluciones de los modelos de muñecas mecánicas, se decide por la fotografía en el catálogo de una ginoide en especial, que por alguna razón semanas antes rechazaba, debido a que no tenía nada característico ni distintivo. Así la describe, como una mujer rubia delgada sin ningún atributo. Incluso nos dice que cuando llegaba a la letra L en el catálogo de los robots sexuales, la evitaba porque estaba Lilian, a quien al final termina alquilando, después de conocer varias réplicas de distintas características, de quienes terminaba desistiendo. Luego de varios intentos de seguir conociendo más ginoides que devolvían a la empresa Afrodita C.A, se terminó decidiendo por Lilian, que poseía algo que todavía no lograba percibir. El asunto de no poseer nada propio de la belleza femenina está presente en la dimensión que expone Teresa López-Pellisa en su ensayo “Epílogo: el final de los inicios especulativos latinoamericanos (temas, características y autores)”, dentro de las dos vertientes de la censura hacia la mujer en la tradición de la literatura, la Penélope y la Metis. Uno de los aspectos más novedosos del cuento de Silva es que las ginoides mantienen las imperfecciones propias de sus cuerpos y rasgos. Al final, a pesar de algunos inconvenientes que tiene con Lilian, como el sexo agresivo, decide liberarla, es decir, quedársela, pero ella le exige que la devuelva a la empresa y, para hacérselo saber, se hace un corte superficial con un cuchillo en el brazo, demostrándole que es humana; al fina solo quería comprobar si alguien de verdad podía amarla por lo que era. El diálogo que tienen entre ellos encarna las contradicciones profundas del desencuentro que simboliza el drama del sexo transhumanista y la superficialidad de las relaciones amorosas humanas.  

Uno de los rasgos que más sorprenden en el cuento de Jhon Manuel Silva es que el boom comercial de la empresa Afrodita C.A terminó relegando el prostíbulo humano a los márgenes de la sociedad, convirtiéndolo en un espacio basura,12 un concepto desarrollado por el arquitecto Koolass e integrado por López Chacón en su propuesta metodológica “Una poética filosófica en la literatura de ciencia ficción desde la perspectiva heideggeriana”,que nos permite adentrarnos en los simulacros detrás de la lógica capitalista del progreso tecnológico, a través de los relatos de CF. A pesar de considerarse un término arquitectónico, se trata de un concepto bisagra que nos permite comprender y revelar el residuo contaminante que la hipermodernidad deja como una estela en su avance tecnocrático. El espacio basura es lo que resulta del extractivismo de los suelos, el agua y los recursos naturales, a causa de la explotación minera y el levantamiento de construcciones: desperdicios que padece el planeta tierra desde hace siglos, al igual que la psiquis humana, en su continua modificación antropológica. Se trata de una categoría crítica que nos ayuda a estudiar la CF latinoamericana desde sus relaciones con el poder, la política y la sociedad. Andrea Pezzé nos aclara: “La CF en Venezuela como género no depende directamente de una estrecha relación entre cultura receptora y el conocimiento científico puro sino que se desarrolla a raíz de una compleja convivencia entre esencia biológica y tecnocracia”.13

La política orgásmica, afirma David Cooper, célebre antipsiquiatra, en su libro El lenguaje de la locura (1979),consiste en expresar libremente la sexualidad a partir de una red de amigos libres, cuyas relaciones están basadas en la armonía de conseguir el orgasmo. Ahora, a causa del aislamiento que la mayoría de las personas padecen debido al cibercontrol de las redes sociales pospandemia, la política orgásmica es solo una utopía más, de allí se explica el desarrollo vertiginoso de la robótica sexual adaptada a la soledad propia de la hipermodernidad. Esa es la razón por la que los estudiantes y obreros disparaban al reloj en el mayo francés, nos dice Cooper, porque simbolizaba el tiempo acumulado en la explotación del trabajo. La lógica capitalista del trabajo asalariado y la sociedad del espectáculo te restan tiempo para experimentar orgasmos, la única posibilidad para el ciudadano común de liberar la mente, por unos breves segundos. Los orgasmos, en su intensidad, liberación y conexión, son instantes que te emancipan del condicionamiento del tiempo psicológico acumulado por el rol social y los estados de control, solo que ahora, hasta el mismo orgasmo es parte del algoritmo. En su prólogo, Raúl Aguiar explica lo siguiente:

Cuando la extrapolación involucra la sexualidad o el género, puede obligar al lector a reconsiderar sus supuestos culturales heteronormativos; la libertad de imaginar sociedades diferentes de las culturas de la vida real hace que la ciencia ficción sea una herramienta incisiva para examinar los prejuicios sexuales. En la ciencia ficción, estas características extrañas incluyen tecnologías que alteran significativamente el sexo o la reproducción. En la fantasía, tales características incluyen figuras (por ejemplo, deidades mitológicas y arquetipos heroicos) que no están limitadas por ideas preconcebidas sobre la sexualidad humana y el género, lo que les permite ser reinterpretadas. La ciencia ficción también ha representado una plétora de métodos alienígenas de reproducción y sexo.14

La crítica feminista Lidya Delicado-Moratalla es certera con respecto a la alegoría del robot sexual, interpretado simbólicamente desde la inmovilidad de un cuerpo que ha sido violado, abusado, cosificado y sometido al dominio del patriarcado, y advierte sobre el boom15 que ha causado en el público masculino la elección de réplicas artificiales femeninas para el placer sexual en la actualidad, derivado del diseño que la tecnología hace de la sexualidad en las industrias pornorobóticas, como predijo décadas antes Guy Debord, a partir del objeto del deseo y la sociedad del espectáculo como última fase del capitalismo tardío. Sin embargo, la polémica posee bastantes aristas que es necesario tomar en cuenta, como expresa Elsa Custou sobre la modelo y feminista Dorothée Selz, a partir de su obra Mimétisme Relatif–Femme panthère (1973-1976), donde el objetivo está puesto en criticar, revelar, polemizar y problematizar la construcción de lo femenino que se produce en los medios a partir de los intereses de la moda y el capitalismo, identidad que termina siendo criticada y a la vez imitada por las mismas mujeres. Elsa Custou recuerda que no solo el patriarcado ha contribuido a la creación de robots sexuales, sino que las mismas mujeres, con cada vez más frecuencia, imitan la belleza voluptuosa cíborgs del anime japonés y los íconos de la belleza en el cine, pero a la vez critican el consumo masculino y abusivo de estas etiquetas, veamos: “En una época en que los movimientos feministas denunciaban y rechazaban la idealización y cosificación del cuerpo de la mujer por parte de las revistas, la reapropiación de la imaginería popular que lleva a cabo Selz pone de manifiesto el deseo ambiguo de rechazar y, al mismo tiempo, parecerse a estos íconos”.16 Esta realidad la vemos constantemente en los reels de bailes tendencias de las redes sociales donde se renueva una y otra vez esa misma imagen de consumo que las mujeres mismas critican.

Entre los testimonios contemporáneos más polémicos sobre el futuro del pornoerotismo posthumanista se encuentra el de la antropóloga neerlandesa Roanne van Voorst, quien se abrió a la posibilidad de experimentar por sí misma todo el vertiginoso mundo presente de la tecnología sexual, el cual está adquiriendo, desde hace tiempo, un auge y una fuerza sin precedentes. Así lo expone en su libro Sexo con robots y pastillas para enamorarse (2024), donde explora, desde lo documental y ensayístico, la vivencia directa de relaciones con muñecos sexuales modificados, incluso genéticamente, para establecer interrelaciones epidérmicas y afectivas, revelando un sector del comercio IA de la sexualidad que es cada vez más aceptado. Los fármacos para enamorarse están siendo desarrollados, igualmente, por los laboratorios para mejorar la relación entre las parejas, calibrando las dosis de excitación y calma en la dinámica marital y el apareamiento humano. 

Lo que nos interesa sobre el discurso pornográfico en la literatura a partir de la lectura de Ronald Delgado y Jhon Manuel Silva, justamente, es su mirada clínica, objetiva, científica, que se emparenta con la rigurosidad de la herramienta hermenéutica de la CF en su sentido crítico y prospectivo de la realidad, encarnada en la proyección de mundos alternativos. En una entrevista al escritor inglés J. G. Ballard, argumenta lo siguiente: “Particularmente, creo que la tecnología y el erotismo funcionan a la par. En cierto sentido, existe un complot invisible entre la tecnología y el erotismo, un complot del cual no somos conscientes la mayor parte del tiempo, pero que se revela cuando ocurre un accidente —o, más bien, en la imagen que nos hacemos del accidente, que es básicamente de lo que trata mi novela”—. Aquí se refiere a su novela Crash (1973), considerada la primera novela pornográfica tratada con tecnología, donde narra la obsesión sexual de un personaje, Vaughan, con los choques de autos y las fornicaciones dentro del vehículo, hasta crear una nueva parafilia sexual originada por la misma sociedad tecnocrática y de consumo, y una corporeidad póstuma, un cuerpo plagado de heridas, lesiones, fracturas, prótesis y cicatrices como un mapa imborrable en su piel. La fantasía del personaje consiste en atropellar a la actriz Elizabeth Taylor con su auto mientras se masturba dentro de él, una crítica feroz a la humanidad y su consumo, así como a la sociedad del espectáculo, que el filósofo situacionista Guy Debord expuso resueltamente en su libro del mismo título. 

Como vemos en “Kyoko Blue” y “Ningyö”, de Ronald Delgado, y “Afrodita C.A”, de Jhon Manuel Silva, la pornografía se origina a partir de la obsesión libidinosa por un solo fragmento del espectro del cuerpo humano que, al aislarlo, se independiza precisamente del afecto y la emotividad, desplegando —cuando cruza el marco legal de lo establecido— la red de patologías que termina en la transgresión y la conquista de espacios inéditos de la experiencia sexual, volviéndose crimen, enfermedad y decadencia: reflejo de una sociedad trastornada por el espectáculo y el aislamiento alienado que provoca la tecnología. Juan Liscano, en El mito de la sexualidad, lo explica con atenuada lucidez: “El amor enteramente decodificado, cosificado, librado a lo sobresaltos, se vuelve confusión, equívoco, utopía, crimen, autodestrucción, castigo, fuga, deseo carnal, imposibilidad, placer efímero, estética, hedonismo fatuo, traición a su misma esencia, discurso en varias voces en idiomas distintos, pasión de morir, transgresión de todo contra a todo”.17

Debemos comprender que la construcción crítica de este cuerpo apocalíptico donde se instaura la sociedad de consumo y lo panóptico del control político, o corporeidades póstumas o futuras, se enuncia a partir de lo que el filósofo francés Gilles Deleuze, en su libro Deseo y placer, ha denominado el cuerpo sin órganos, porque es un cuerpo que se opone a todos los estratos de organización política y social, y también a las organizaciones de poder y del organismo biológico humano, puesto que el deseo sexual es visto como un campo de inmanencia en constante intercambio con el poder que lo instaura en una relación compleja de fuerzas en combate. Este desarrollo permitirá comprender una tendencia de la CF como la de las corporeidades póstumas, en donde la ausencia del amor y la imposibilidad de comprender lo humano se perfilan como los temas más resaltantes de las propuestas de las fisiologías distópicas de la ginoide en los cuentos mencionados de Ronald Delgado y Jhon Manuel Silva.

La hipocresía de la sociedad, en su conspiración permanente de poder político y poder social, decía Susan Sontag, es lo que permite desatar la válvula de escape de la pornografía en el mundo. La imaginación pornográfica, título de su célebre ensayo,opera en el diagnóstico con las dimensiones infirmes —enfermas— de las sociedades en los rumbos patológicos que adquiere, de acuerdo con la explotación que el mismo sistema de la sociedad del espectáculo provoca en las vulnerables individualidades, trastornadas por la novedad de objetos comerciales tecnológicos que, en la última esfera transhumanista del consumo, definen los gustos sexuales. La cultura de masas termina definiendo cómo concebir el erotismo y el encuentro erótico entre las personas. De esta manera, a partir de la configuración de este subgénero de la CF a la que hemos dado el nombre de porn sci-fi o pornoerotismo posthumano en la tradición de la narrativa venezolana y latinoamericana, ypartiendo de la categoría corporeidades póstumas, podemos repensar los complejos laberintos del cuerpo sobrevivido y apocalíptico desde la ficción y mirar la intimidad perversa entre cuerpo, literatura, poder y tecnología.

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Van Voorst, Roanne, Sexo con robots y pastillas para enamorarse,Barcelona, Deusto, 2024.

  1. Entre los cuentos pioneros demarcados bajo esta categoría se encuentran El hombre artificial, de Horacio Quiroga, y Baby H.P.,de Juan José Arreola. La categoría corporeidades póstuma fue definida por primera vez a partir de la lectura del cuento pionero del escritor ecuatoriano Pablo Palacio, en el artículo “El doble y la única mujer”, de la siguiente manera: “Cuerpo mutante que parodia dentro de sí el discurso científico y sus posibilidades, desarticulándolo a partir de un cuerpo narrado en crisis, metáfora de una civilización apocalíptica, un cuerpo enfermo que se ausculta con las palabras que no le alcanzan para significarse a partir de un sistema cultural y social que lo desplaza, y, simultáneamente, lo divide, de acuerdo a su ley y su coherencia: lenguaje y ciencia”. Daniel Arella, “Pablo Palacio y las corporeidades póstumas”, Bordes. Revista de Estudios Culturales.
  2. CF dura(hard sci-fi): conocida por su rigor científico y técnico, está abocada a la verosimilitud de sus postulados tecnológicos dentro de un ambiente y una trama realista, en coherencia con las leyes de la física y los descubrimientos y avances de la ciencia actual. Sus libros fundadores —como lo demostró la edad dorada de 1940— se encargaron de especular, con la mayor precisión de los futuros plausibles, a partir de una perspectiva científica-tecnológico. Mientras que la CF blanda está más preocupada por el despliegue psicológico de los personajes, en la CF dura importan menos, pues está más preocupada por el despliegue rigoroso del novum.
  3. El crítico venezolano Carlos Sandoval, en su ensayo “La ciencia ficción en Venezuela: orígenes y realizaciones (1861-1955)”, explica: “Como ocurre en otras literaturas nacionales de América Latina, la narrativa venezolana es, por lo general, refractaria al registro de la CF —lo mismo que a la práctica de lo fantástico y a la novela y al cuento policiales. Aun cuando en los últimos años ha habido un repunte en la producción de materiales de este tipo, tal vez como consecuencia de lo que Darko Suvin señala respecto del auge de la CF en ‘períodos agitados de la historia’, no hay estudios sistemáticos que den cuenta del modo en que esta modalidad ficcional ha cristalizado en el país desde una perspectiva histórica literaria o siquiera encaminada al análisis compresivo de experiencias puntuales”.
  4. Anómala (Alfa Eridiani, 2013) constituirá el centro de las presentes notas, pues desarrolla un subgénero de la CF que nos interesa abordar por lo novedoso y escaso de sus producciones dentro de la literatura no-mimética, al cual he denominado pornoerotismo posthumano o porn sci-fi, partiendo de la lectura transversal de Susan Sontag, J. G. Ballard y Raúl Aguiar, y de la lectura transversal de los cuentos “Ningyö” y “Kyoko Blue”, así como el cuento “1010101”, que ganó la tercera mención en el premio Urbe del 2006, en relación con el cuento “Afrodita C.A” de Jhon Manuel Silva. 
  5. Carmen Díaz, “El pornoerotismo en la literatura venezolana”, p. 56.
  6. Rubén Monasterios, El pájaro insaciable, p. 64
  7. Ronald, Delgado, “100101”, p. 4.
  8. Ganador del VII Premio Andrómeda de Ficción Especulativa, 2011 (España).
  9. R. Delgado, “Kyoko Blue”, p. 56.
  10. A pesar de la contribución de Ronald Delgado al subgénero del porn sci- fi con los cuentos mencionados, no es un cultor dedicado a este tema, ni mucho menos, su intención es pragmática, directa: “Mi principal inspiración para una escena erótica es, por supuesto, la mujer, y creo que de alguna manera siempre he tratado de rendir tributo a la belleza femenina (de la cual soy profundo y eterno admirador) en las pocas escenas eróticas que he escrito. No me considero para nada un escritor erótico, simplemente he tenido la oportunidad de hacerlo porque era necesario para el ambiente y el contexto de la historia que quería contar en ese momento.” Entrevista-prólogo por Armando José Sequera, en Anómala: 3
  11. “Ningyö” resultó ganador del primer lugar del 2° Concurso de Relatos de Ciencia Ficción: La Cueva del Lobo, 2010 (Venezuela).
  12. Por ejemplo, en el cuento de uno de los pioneros del género en el país, Julio Garmendia, “La máquina de hacer ¡pu!¡pu!¡puu!”, que pertenece al libro La hoja que no había caído en su otoño (1979), las empresas transnacionales inventan eses sintéticas, lo que les impide a los seres humanos ir al baño a evacuar sus intestinos, quitándoles la capacidad para adquirir alimento. Lo que el cuento oculta, en realidad, es una solución cínica y satírica para solucionar el problema social del hambre. El resultado es catastrófico, el espacio basura explota por sí mismo como una fuente de desperdicios fisiológicos haciendo colapsar el mundo. Alegoría devastadora del extractivismo de las empresas capitalistas.
  13. Andrea Pezzé, Paranoia y poder en los trópicos: recorridos de la ciencia ficción venezolana, p. 103.
  14. Raúl Aguiar, Sexbot. Antología cubana de cuentos eróticos de ciencia ficción, p. 16.
  15. Matt McMullen, el fundador y director ejecutivo de la compañíaRealrobitx, explica esta explosión de popularidad con su producto, ya que Harmony, la muñeca sexual, posee inteligencia artificial, lo que, al parecer, crea los puentes para que mantenga una relación afectiva y erótica con su dueño. “Recordará cosas sobre ti, tus preferencias, experiencias y lo que no te gusta”, dice McMullen. Ahora, lo que los usuarios de esta tecnología manifiestan como lo más adictivo es la disponibilidad total y docilidad del maniquí. Según los precios establecidos por la empresa, puedes llevarte un robot Harmony a tu casa por la suma 8 000 dólares.  
  16. Elsa Coustou, Dorothée Selz, p. 145.
  17. Juan Liscano, p. 183.

Autores
(Caracas, 1988). Poeta, ensayista y editor. Licenciado en Literatura Hispanoamericana y magister en Filosofía, por la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Merecedor en dos oportunidades (2009 y 2016) del Primer lugar del Premio DAES de literatura en la mención cuento (ULA). En el 2015 recibió el XI Premio Latinoamericano de Poesía por Concurso “Ciro Mendía” (Departamento de Antioquia, Colombia). Es Premio de Ensayo del Goethe Institut, 2020, por la Pontificia Universidad Católica del Perú. En el 2021 quedó seleccionado entre los diez primeros lugares del Premio Rey David de Poesía Bíblica, España. En el 2022, quedó preseleccionado para el Premio de Poesía Distrital Ciudad de Bogotá, Idartes. Ha publicado los poemarios Al fondo de la transparencia (Los Caminos de Altair, Venezuela, 2009); El andrógino ebrio en el Haitón (Nuevos Clásicos, Bolivia, 2017); Anatomía del grito (Estados Unidos, LP5, 2020); El Arcángel (Cali, Colombia, 2022, 1ed; 2025, 2ed). Compiló y prologó Los relatos pioneros de la ciencia ficción latinoamericana (Caracas, El perro y la rana, 2015).