Tierra Adentro
Ilustración de Changos Perros
Ilustración de Changos Perros

¿Y si te dijera que tu abuelita es un cíborg? ¿Y también tu tía, la que te manda memes de piolín? Es más, hasta tú mismx eres un cíborg. Lejos de ser una distopía ciberpunk, estamos hablando de un debraye medio filosófico que implica cómo nos concebimos actualmente en medio de una sociedad cada vez más atravesada por la máquina y la digitalización.

Pensar que todo el mundo es un cíborg no implica necesariamente imaginar cuerpos futuristas llenos de implantes visibles o circuitos metálicos sobresaliendo de la piel. Implica, más bien, reconocer que la condición humana contemporánea ya está entrelazada con sistemas tecnológicos, simbólicos y biológicos de manera tan profunda que resulta difícil trazar una frontera clara entre lo natural y lo artificial. En ese sentido, la idea de cíborg va más allá de solo describir un cuerpo híbrido: interpela una forma de existencia.

El concepto se populariza a partir del pensamiento de Donna Haraway, quien propone que los seres humanos ya vivimos en una relación de continuidad con las máquinas. Para ella, el cíborg no es únicamente una criatura de ciencia ficción, sino una figura conceptual que permite entender cómo la identidad, la tecnología y la cultura se coconstituyen. Desde esta perspectiva, el celular en la mano, los lentes en el rostro, los relojes inteligentes, las prótesis médicas o incluso los algoritmos que median nuestras decisiones cotidianas, más que simples herramientas externas, son extensiones que participan activamente en la configuración de nuestra experiencia del mundo.

La memoria, por ejemplo, ha perdido su residencia exclusiva en el cerebro. Se distribuye en agendas digitales, fotografías almacenadas en la nube, buscadores que recuerdan por nosotros y plataformas que organizan nuestra vida cotidiana. Recordar dejó de ser solo un acto interno, es un proceso asistido. Del mismo modo, la comunicación ha dejado de ser un intercambio inmediato entre cuerpos presentes: ahora se fragmenta en mensajes, emojis, audios y flujos de información que atraviesan redes invisibles. En ese cruce, la identidad se vuelve una interfaz.

Ser cíborg, entonces, se acerca menos a incorporar dispositivos y más a vivir inmersos en sistemas que amplifican, condicionan y reconfiguran nuestras capacidades. Incluso el lenguaje que usamos está mediado por tecnologías de escritura, edición y transmisión. La percepción misma del tiempo y del espacio cambia cuando las notificaciones interrumpen el presente o cuando la geolocalización orienta nuestros movimientos. El cuerpo está en constante diálogo con capas tecnológicas que amplían sus límites.

Esta condición cíborg también cuestiona ideas tradicionales sobre la autonomía. Muchas de nuestras decisiones están influenciadas por recomendaciones algorítmicas, tendencias digitales o estructuras de información diseñadas para captar la atención. En lugar de un sujeto completamente independiente, emerge una subjetividad distribuida, ensamblada entre lo biológico, lo técnico y lo social. La agencia, en este contexto, se vuelve relacional.

Aceptar que todo el mundo es un cíborg no reduce ni niega lo humano, al contrario, amplía su definición. Permite entender que la humanidad siempre ha sido técnica en algún grado —desde las herramientas primitivas hasta los sistemas digitales actuales—, y que la diferencia contemporánea radica en la intensidad y la integración de esa relación. No se trata de una ruptura con el pasado, sino de una continuidad que se ha vuelto más evidente.

Entonces, pensar la vida cotidiana como una experiencia cíborg es una descripción más precisa de cómo habitamos el presente. Somos organismos biológicos atravesados por flujos de información, dispositivos y redes que participan activamente en nuestra percepción, memoria, identidad y acción. En ese cruce, lo humano deja de ser una esencia fija y se convierte en un proceso en constante ensamblaje con lo tecnológico.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Haraway, Donna J., “Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX, Ciencia, cyborgs y mujeres: La reinvención de la naturaleza, Cátedra, Madrid, 1995, pp. 251–311.

Braidotti, Rosi, Lo posthumano, Gedisa, Barcelona, 2015.


Autores
(San Luis de la Paz, Guanajuato, 2000). Estudia Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Autor de Galletas para suicidas (Editorial Frenéticos Danzantes, 2019), La llaga (Premio de Literatura León, 2021, reeditado por Ediciones Come Fuego en 2023), Díganle adiós al ratón (Tierra Adentro, 2021), Imagina que en lugar de aves éramos terremoto (Grafógrafxs, 2022) Colmillo (Niño Down Editorial, 2023), entre otros libros. Dirige la editorial digital Awita de Chale.