Tierra Adentro

Fundamentos teóricos para un diagnóstico crítico

El “yo normal, como la normalidad en general, es una ficción ideal. El yo anormal… no es por desdicha una ficción”.1 Esta provocación de Freud no era solo una observación clínica: era una declaración de guerra contra toda una tradición filosófica. Para fundar el psicoanálisis Freud invirtió completamente nuestra comprensión de lo normal y lo patológico. No se trataba de catalogar enfermedades mentales como si fueran especies de mariposas, sino de algo mucho más subversivo: usar las “desviaciones” para desentrañar cómo funciona la ficción de la “normalidad”.

La puñalada fue letal en su simplicidad: la “vida anímica normal” solo se puede entender si se encuentran las grietas, sus fallas, sus deslices, su sinsentido. Había que empezar con la antifilosofía del inconsciente para asestarle un golpe mortal a la arrogante razón de la filosofía de la conciencia. Al contrario de lo que se piensa, la estructura de lo “normal” es precisamente lo que Freud más exploró en su obra. La psicopatología de la vida cotidiana, el malestar en el núcleo de la cultura.

Pero la psiquiatría moderna decidió ir en dirección contraria. Su premisa no solo se opone a la freudiana, sino que es sumamente ingenua: supone una normalidad basada en un promedio “estadístico”, como si el malestar humano fuera una cuestión de estimados matemáticos, y declara que cualquier desviación es automáticamente patológica. Y toda patología, dependiendo de los síntomas que se presentan, se clasifica dentro de un catálogo de trastornos mentales, como si la psique humana fuera una colección de insectos clasificados y clavados en gabinetes de curiosidades de un museo. 

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, (que va en su quinta edición revisada, el DSM-5) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), ha construido durante más de setenta años2 su arquitectura nosológica sobre una premisa doblemente perversa: patologiza la inadaptación al sistema y normaliza la ficción (la adaptación patológica al capitalismo). Si no te adaptas al capitalismo, eres tú quien está enfermo. La depresión melancólica, la ansiedad generalizada, el vacío existencial son problemas individuales que requieren medicina y no son síntomas de un sistema económico voraz que devora la subjetividad humana.

El DSM opera bajo una doble ilusión que casi es cómica si no tuviera consecuencias tan trágicas. Primero, cree que sus clasificaciones describen objetos existentes en la realidad, esperando ser descubiertos como nuevos planetas y, segundo, pretende que estos objetos pueden describirse con criterios “científicos” e incluso neurológicos, incluyendo estadísticas para fortalecer el criterio de verosimilitud de las ficciones bajo las que opera el sistema que comercializa y privatiza el malestar en la cultura. 

Pero toda clasificación es arbitraria y conjetural (como demostró Borges con su enciclopedia china). Y algo todavía más perturbador: una clasificación crea al objeto que clasifica. Los trastornos mentales del DSM no existían hasta que alguien los nombró, los definió y empezó a diagnosticar. Son taxonomías performativas que hacen existir a lo que nombran, revelando la “comicidad involuntaria con tapizado y maquillaje y barniz científicos que como buenas máscaras ocultan la tragedia de un encasillamiento de los seres humanos de parte de los especialistas en ‘salud mental’”.3

En el caso de las enfermedades psiquiátricas, estas categorías tienen frecuentemente efectos materiales devastadores para los objetos-sujetos que clasifican. No son taxonomías sin consecuencias, sino etiquetas que destrozan vidas, que condenan a las personas a una identidad patológica, que justifican tratamientos farmacológicos de por vida, encierros involuntarios en un hospital y, en última instancia, perpetúan exactamente el sistema que genera el malestar que pretenden curar. 

El método del DSM se reduce a una mirada supuestamente pura y objetiva que mapea el mundo exterior desde una posición incuestionable de autoridad científica. Su método sigue ciegamente el modelo biomédico: observa, nombra y clasifica los síntomas en una taxonomía que se presenta como neutral y universal. A su vez, crea una mirada completamente subjetiva (aunque no lo reconoce) del observador experto que es capaz de determinar la severidad del trastorno y que inspecciona a su objeto de estudio como un espécimen bajo el microscopio. Nada del desorden y sin sentido del comportamiento humano. 

Un diagnóstico, entonces, no es sino identificar y etiquetar “correctamente” una situación psíquica, una desviación de la norma, un comportamiento que se sale de lo esperado según los parámetros de productividad y adaptabilidad que exige el sistema. Por supuesto, se trata en todos los casos de una patología estrictamente individual que aqueja a la persona, completamente aislada de su entorno, familia, cultura y, sobre todo, del sistema económico y político que lo aqueja.

Hacia una taxonomía del malestar capitalista

A diferencia del DSM-5, el presente Antimanual Diagnóstico del Malestar en la Cultura (ADMC-6) adopta el paradigma epistemológico propuesto por la psicología crítica contemporánea y lleva la intuición freudiana hasta sus últimas consecuencias. El ADMC-6 toma como premisa la inversión de Freud que desentraña el vector supuestamente natural entre la normalidad y la patología de la anormalidad, y procede a clasificar la patología de las propias clasificaciones, catalogando sistemáticamente la realidad de lo que se presenta como normal. Esto revela la estructura profundamente patológica que subyace bajo la ficción de la salud adaptativa. El ADMC-6 busca encontrar el propio núcleo patológico de la normalidad. 

Para lograrlo, el ADMC-6 invierte completamente la lógica patologizante y examina críticamente los mecanismos mediante los cuales la “normalidad” sistémica se constituye, de hecho, como una patología colectiva de proporciones pandémicas. Más allá de la mirada individualista y despolitizada de la psicopatología tradicional, este manual basa su análisis en una mirada política y social que permite comenzar con una norma más general: la normal del capital, que establece las reglas del juego para toda la vida social. 

Dado que, como propone Pavón Cuellar, no puede haber “salud en el capitalismo” (un sistema que requiere estructuralmente la alienación, el exceso, la reducción del trabajo a un valor expropiable y explotable), el presente manual procede a cartografiar sistemáticamente las “patologías normales, normalizadas” que sufre la mayor parte de la humanidad bajo el capitalismo avanzado neoliberal.4

El ADMC-6 también sigue la observación crítica de Verhaeghe quien, citando a Thomas Szasz, sostiene que “toda regla o norma de salud psicológica genera una nueva categoría de enfermedad mental”.5 El grupo de trabajo del ADMC-6 reconoce que el problema fundamental no radica en la desviación individual (una respuesta sana a condiciones imposibles), sino en la normatividad sistémica misma.

Es hora de diagnosticar a los diagnosticadores. Es hora de patologizar la normalidad que nos está matando.

F69.420 NORMOPATÍA (Trastorno de Hiperconformidad Sistémica Adaptativa)

Criterios diagnósticos

Criterios cognitivos

Se requieren al menos 3 de los siguientes 5 síntomas, presentes la mayor parte del tiempo durante el periodo especificado:

  1. Incapacidad para experimentar disonancia cognitiva ante contradicciones sistémicas evidentes por periodos superiores a 72 horas consecutivas. 
  2. Tendencia compulsiva a la naturalización sistémica. Racionalización automática de cualquier manifestación del capital (desigualdad, pobreza, guerras) como “natural”, “inevitable” o “parte de la naturaleza humana”. Incluye la patologización sistemática del fracaso sistémico como deficiencia personal, utilizando narrativas de autoayuda para responsabilizar individualmente a las víctimas del sistema (“los pobres tienen mentalidad de escasez”, “si no tienes éxito es por tu vibra negativa”, “la depresión se cura con gratitud y pensamiento positivo”).
  3. Atrofia significativa de la capacidad de indignación ante injusticias sistémicas medible mediante la Escala de Indignación Residual (EIR < 3 puntos en una escala de 0-10).
  4. Automatización del pensamiento neoliberal: uso compulsivo e irreflexivo de frases predeterminadas como respuesta a cualquier cuestionamiento como: “hay que ser realistas”, “así es la vida”, “siempre ha sido así”. Uso de un “lenguaje robótico e impregnado de clichés”, cuyo estilo tiende a ser “plano, sin matices y sin uso de metáforas”.6
  5. Incapacidad para imaginar alternativas (Síndrome TINA: “There is no alternative”) al presente. Incapacidad de emplear metáforas y de jugar.7

Criterios emocionales

Se requieren al menos 2 de los siguientes 4 síntomas:

  1. Goce perverso documentado ante el sufrimiento ajeno cuando está “justificado sistémicamente”.8
  2. Anestesia empática selectiva hacia víctimas del sistema, acompañada de hiperempatía hacia símbolos del éxito capitalista (emprendedores, influencers, historias de éxito).
  3. Euforia patológica ante indicadores macroeconómicos de crecimiento (PIB, bolsa de valores) independientemente de su impacto social real, con incapacidad para procesar otros datos.
  4. Anclaje robótico en el presente. Le preocupan únicamente las actividades diarias. Se conforma a las reglas sin entender la ley subyacente. No rompe las reglas por miedo a las sanciones.9

Criterios de comportamiento

Se requieren al menos 2 de los siguientes 3 síntomas:

  1. Participación compulsiva en rituales de consumo sin capacidad de reflexión crítica. Acumulación de objetos como si fueran parte de su personalidad. Valoración de objetos como una extensión de sí mismo.10
  2. Agresividad e incomprensión ante individuos que manifiesten resistencia sistémica. Hostilidad automática ante los “inadaptados” al orden establecido.
  3. Automatización de comportamientos productivistas. Trabajar constantemente sin experimentar malestar consciente o experimentando malestar, pero racionalizándolo como virtud personal.

Criterios temporales y contextuales

  1. Los síntomas de los criterios A, B y C deben estar presentes durante al menos 6 meses consecutivos.
  2. Inicio típico en la adolescencia tardía o adultez temprana, frecuentemente coincidiendo con: 
  • entrada al mercado laboral formal
  • obtención del primer crédito en el banco
  • exposición intensiva a la cultura corporativa
  • exceso de videos de superación personal
  • comportamientos adictivos a las redes sociales

3. Los síntomas deben causar deterioro significativo en:

  • capacidad de experimentar empatía genuina
  • pensamiento crítico independiente
  • capacidad de imaginar futuros alternativos
  • relaciones interpersonales no mediadas por la lógica de mercado

Criterios de exclusión

1. Los síntomas no se explican mejor por:

  • Normosis: Condición en la cual el individuo sufre conscientemente por su adaptación al sistema, pero mantiene diferencia subjetiva con respecto al mismo. Los normóticos “mantienen su diferencia con respecto al sistema, debiendo adaptarse a él y tan sólo consiguiéndolo parcialmente al sufrir las más dolorosas lesiones, afectaciones, perturbaciones y alteraciones en su esfera subjetiva”.11 A diferencia del normópata que goza, el normótico “tiende a sentirse culpable, fracasado o internamente desgarrado”. 
  • Efectos fisiológicos directos de sustancias u otra condición médica.

Especificadores

F69.421 Normopatía Leve:

  • Conserva alguna capacidad de duda ocasional
  • Periodos esporádicos de malestar ante contradicciones evidentes
  • Insight parcial preservado

F69.422 Normopatía Moderada:

  • Automatización completa de respuestas sistémicas
  • Insight ocasional sin capacidad de cambio conductual
  • Racionalización eficiente de contradicciones

F69.423 Normopatía Grave:

  • Fusión psicótica total con el sistema
  • Identificación completa con los intereses del capital
  • Pérdida total de insight y capacidad autocrítica
  • Agresividad severa ante cualquier cuestionamiento
  • Goce perverso y creencia incuestionable en su capacidad mesiánica

Especificadores de Características:

F69.424 Con características melancólicas: Nostalgia persistente por un pasado idealizado en el que “todo era mejor” que nunca existió

F69.425 Con características psicóticas: Delirios sistémicos de meritocracia (“cualquiera puede ser millonario si se lo propone”)

F69.426 Con especificaciones de goce perverso

Códigos relacionados

F69.425 Normosis (Adaptación Sistémica con Sufrimiento Consciente)

F69.426 Síndrome de Resistencia Antisocial (para patologizar la crítica)

  1. Sigmund Freud, Análisis terminable e interminable en Obras completas, volumen 23, Buenos Aires, Paidós, p. 237.
  2. La primera edición es de 1952. El primer intento sistemático mundial de clasificación de las enfermedades psiquiátricas y psicopatológicas fue de parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948, cuando las incluyeron en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-6). Pero poco después los estadounidenses reemplazaron este sistema con su propio modelo basado en el DSM que, a través de la mercadotecnia farmacológica lograron exportar e imponer en el resto del mundo.
  3. Néstor Braunstein, Clasificar en psiquiatría, México, Siglo XXI, p. 6.
  4. David Pavón Cuellar, “Normosis y normopatía: patologías de la normalidad en el capitalismo”. 25 marzo 2022. El presente texto nació y se inspira enteramente en un par de textos de David Pavón Cuellar, uno de los mejores pensadores que entreveran el marxismo y el psicoanálisis para potenciar una mirada nueva de la psicología crítica. Este ensayo existe gracias a sus intuiciones y se inspira en su tono crítico.
  5. Paul Verhaeghe, On Being Normal and Other Disorders, A Manual for Clinical Psychodiagnostics. Trad. Sigi Jottkandt, Londres, Karnac, 2008, p. 19. Mi traducción.
  6. Joyce McDougall, Plea for a Measure of Abnormality, New York, Brunner/Mazel, 1992, p. 217.
  7.  Joyce McDougall, Plea for a Measure of Abnormality, New York, Brunner/Mazel, 1992, p. 217.
  8. “Los normópatas gozan perversamente de los papeles que desempeñan, como los de político genocida, soldado sanguinario, jefe sádico, burócrata desalmado, funcionario corrupto, empresario ávido y despiadado.” David Pavón Cuellar, “Normosis y normopatía: patologías de la normalidad en el capitalismo”. 25 marzo 2022.
  9.  Joyce McDougall, Plea for a Measure of Abnormality, New York, Brunner/Mazel, 1992, p. 230.
  10. Christopher Bollas, The Shadow of the Object, Psychoanalysis of the Unthought Known, London, Routledge, 2018, p. 89. Mi traducción.
  11. David Pavón Cuellar, “Normosis y normopatía: patologías de la normalidad en el capitalismo”. 25 marzo 2022.