Tierra Adentro

Líquidaciones de Eduardo Sabugal se presenta el 24 de octubre en Córdoba, Veracruz.

Para leer Liquidaciones, mucho tuvo que ver ese señor oscuro que siempre nos queda a deber, y que conocemos algunos llaman destino.

Primero porque tuve que esperar para hacerme del libro. Después de todo, según el propio Sabugal, nuestro tiempo está compuesto de puras esperas. Un collar de esperas.

Esperar fue la decisión correcta, aunque parezca lo contrario, porque justo al día siguiente, cuando viajaba en el camión rumbo al trabajo (uno de los peores lugares para leer, pero no hay de otra) fui asaltado por segunda ocasión en dos meses.

Cuando vi al Negro (así le decía su compinche) por segunda vez luego de que en nuestro primer encuentro me quitara mi ipod, pensé: “en la madre, nomás falta que quiten el libro”. Pero alguno de los dioses de la literatura estaba de mi lado, porque a pesar de que el pinche Negro hijuesiete me basculeó y se llevó mi celular, cuando miró el libro blanco en mi mano, dijo:

—¿Y eso qué es?

—Pos un libro. Contesté.

Hizo cara de asco (una cara de asco que yo celebro) y se fue sólo con mi dinero y teléfono celular, el cual, a pesar de ser primo hermano de los tamagochis, me era muy útil porque en ese aparato le tocaba Bent Fabric a mi hijo para hacerlo reír. Sí, yo tampoco sabía quién era Bent Fabric, pero todo el mundo conoce sus canciones porque suenan y resuenan en los carritos que venden helados. Me gustan los helados. Sobre todo los de chocolate con ron.

Total que comencé Liquidaciones y creo que ese señor oscuro, prieto como el pinche Negro hijuesiete, hizo bien en traerme a esta cita. Porque estamos ante un libro poco común, que también exige lectores poco comunes.

Y cuando digo lectores poco comunes, me refiero a que si ustedes están acostumbrados a las historias precocidas, de esas que se meten al microondas y que se leen mientras se ve la tele o se habla por teléfono; si creen que invertir tiempo en historias de zombis o vampiros es tiempo bien invertido; si buscan autores que los hagan “reír y llorar” en un sólo libro; si están convencidos que la literatura los hará más inteligentes; entonces no están a la altura de Liquidaciones.

Sabugal pondrá a prueba su paciencia, su disposición al placer y su capacidad lectora.

Su paciencia porque los cuentos aquí reunidos no llevan prisa por contar. No se desbocan para deslumbrarnos. No. Eduardo cree en la persistencia del detalle. En lo infinito que puede convertirse un instante. En la importancia de narrar sin ver el reloj. Liquidaciones es un libro sosegado en esta época en que todo se hace contra el tiempo. Y sin embargo, jamás pierde el control, sigue a pie juntillas el consejo de Alex de la Iglesia en Perdita Durango: “en este mundo debes tener el control. Es lo que nos distingue de los animales”. Cada relato avanza pausadamente, pero sin abrumarnos.

Su disposición al placer empezará a cabrearse desde que nos damos cuenta que el libro se llama Liquidaciones y que las cinco historias que lo componen, tienen nombre de líquidos ingeribles que están relacionados con el placer: vino, pulque, té, café, leche y whisky. Sabugal crea imágenes lo mismo sórdidas, que fantásticas. A ratos entrañables y en otras, increíbles. Azuza las alas del pensamiento con sólo dos o tres palabras, con una prosa rica en metáforas y oficio narrativo. Borges dijo que la literatura es una forma de felicidad. Pero si no son capaces de estremecerse con Liquidaciones, entonces salgan corriendo al terapeuta, al centro comercial, a la cantina, o cualquier sitio que les prodigue cierto placer. Verifiquen que sus conectores internos trabajan al 100. Nadie puede andar por la calle con esa maquinaria averiada. Debería ser delito grave.

Su capacidad lectora se verá desafiada porque los cuentos aquí reunidos no son convencionales. Sabugal se olvida de esquemas de moda, de elementos indispensables y en ocasiones, prescinde de personajes simpáticos. Hasta pareciera que Sabugal sigue el consejo de Lars von Trier, en Melancolía: “jamás digas lo que sientes”. En Liquidaciones, las emociones no son explícitas. Hay que ir por ellas. Arrancarlas con nuestras uñas de las paredes donde Sabugal ha levantado un calabozo. Situarnos frente a estos retablos narrativos llenos de vida, de emociones, de aliento. No hay pirotecnia, lo cual se agradece. A cambio, Sabugal se exhibe como un escritor detallista. Ha pulido cada recoveco con la paciencia de un orfebre. No hay verbos huérfanos, adjetivos bastardos, ni anécdotas triviales.

A los 20 años, Franz Kafka, escribió: “Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? ¡Dios mío!, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos tener son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro”

Sabugal, orgulloso embajador de la hermana república de los chiles en nogada, consigue la premisa kafkiana. Su pico narrativo rompe el muro en el que hemos encerrado nuestras vidas. Ese muro construido de neuras.

Liquidaciones confirma a Sabugal como un escritor poco común, que no se cuelga de modas editoriales para buscar reflectores. Y eso, en estos tiempos de vampiros y narcos, es poco común. Y lo poco común es lo más valioso. Por suerte, eso no lo supo el pinche Negro hujuesiete.


Autores
Ciudad Victoria, Tamaulipas. Feo, fuerte y formal. Ha publicado Dos Caminos (UNAM, 2010), Flor de Capomo (Tierra Adentro, 2011) y Noches de yerba (Tarántula Dormida, 2011).

La droga de diseño favorita de Alex y sus Droogs (A Clockwork Orange, Kubrick, 1971) se llama Moloko Vellocet. Es un compuesto sintético mezclado con leche que se bebe en el Korova Milk Bar y que prepara el cuerpo para la ultraviolencia. No se sabe exactamente qué año es en el distópico Londres de Kubrick, pero tampoco importa: es aquí y ahora, pues Alex representa, el inconsciente humano en su estado puro, aquél bárbaro jadeante que se civiliza (un término tétrico bastante tétrico) por medio de la castración.

La película me parece inabarcable, lo mismo en un post que en una tesis doctoral, aunque quizás podemos hacer un close-up al detalle de la droga. Para mí, la Moloko Vellocet reina sobre todas las demás drogas de película. Se trata de la corrupción total, la inclusión de la blanca, pura y maternal leche en ese terreno abismal de donde sale el rapto y la violación satirizada. La Moloko es aún más siniestra si se tiene en cuenta que, de acuerdo al libro de Anthony Burguess, en el que se basa la película, el bar Korova ha dejado de vender bebidas alcohólicas para burlar la legislación y permitir la entrada a menores de edad. Es un bar que droga jovencitos a través de un vehículo puro y blanco como la leche. Punto para la civilización.

A Clockwork Orange, Kubrick

A Clockwork Orange, Kubrick

Kubrick entendía el lenguaje del color invertido, la extraña certeza de que el bien es el mal/es el bien/es el mal. El blanco se traga al negro. Para una historia donde el libre albedrío es un gran lavado de cerebro, la Moloko funciona como un elixir: se compone de barbitúricos (de efecto ansiolítico, hipnótico y sedante), opiáceos y algo de mezcalina. La Moloko produce algunas alucinaciones pero disminuye la angustia de ser y permite romper cabezas a batazos sin mayor culpa.

Kubrick dijo que su película exploraba la dificultad de reconciliar la libertad individual y el orden social, ya que Alex ejercita su libertad a través de sus actos criminales hasta que el Estado lo convierte en un zombie que ya no sabe la diferencia entre el bien y el mal, sólo la repetición de lo impuesto. ¿Podrá la maldad considerarse una libertad? Para alguien que vive en la sociedad del Korova Milk Bar, quizá sí. Se trata de un mundo −o un Estado− capaz de aplicar la técnica Ludovico (tortura conductista) a un criminal. Sus actos son terribles pese a las intenciones purificadoras. Así, tal cual, como la Moloko y la leche.

Cada sociedad tiene la droga que necesita. Si en 1971 se necesitaba aniquilar la moral con Moloko hoy vamos por el alma entera. El crack o más recientemente al Krokodil con su efecto come carne-zombieficador, lo demuestran. Soy de la opinión que deberíamos reconsiderar la Moloko Vellocet.


Autores
nació en un hospital público de Av. Toluca (ciudad de México, 1973) pero creció en la Calzada de Las Águilas, lo que supone una infancia feliz aunque cuesta arriba y llena de topes. Le da un poco de pena decir que estudió Comunicación (pero se la aguanta porque no hizo la tesis en balde). Ha escrito algunos guiones y dirigió un cortometraje premiado por IMCINE. Escribe en muchas revistas pero su comentario mensual sobre cine aparece en Chilango. Este año publicará su primera novela en una editorial catalana. En su cabeza revolotean cómics y canciones de los Flaming Lips todo el tiempo.

Para celebrar el Encuentro de Ensayistas de Tierra Adentro, que por primera vez se celebra en Aguascalientes, nuestro equipo de digitalización quiere mostrarles un adelanto del trabajo que han estado realizando estos últimos meses: la digitalización de toda la primera época de la Revista Tierra Adentro. En particular, queremos mostrarles el primer número de la Revista Tierra Adentro, correspondiente al otoño de 1974. Como podrán leer por ustedes mismos, aquel primer numero tenía una tirada de 1500 ejemplares y estuvo a cargo de Carmen Masip, Víctor Sandoval, José María Cundín y José María Pintado.

Portada de Tierra Adentro 1

Portada de Tierra Adentro 1


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

En los primeros segundos del plano secuencia de 13 minutos que abre Gravity se puede ver el perfil de México desde el espacio. Si se va a una sala de cine apropiada —desde ya hay que saber que la mejor forma de ver Gravity es en IMAX 3D el perfil se verá en tres dimensiones. Desde la aparición de Avatar de James Cameron flotaba en el aire la pregunta de que pasaría si se dieran las herramientas técnicas y los recursos de la nueva generación de efectos especiales a un cineasta. Alfonso Cuarón responde a esta cuestión con Gravity, una cinta que ha recibido el aplauso unánime de crítica y pública, donde la única discusión parece ser si se trata simplemente de “el espectáculo visual más grande del año”, como dice la reseña de The New Yorker o “una obra maestra que cambiará la forma de hacer cine” como reza la reseña de Forbes.

La trama de la cinta es engañosamente simple. Mientras realizan una tarea de mantenimiento en el telescopio espacial Hubble, la doctora Ryan Stone —Sandra Bullock, en el mejor papel de su carrera— y Matt Kowalski —George Clooney, pidiendo perdón por Solaris— deben escapar de los restos de un satélite ruso que viajan a 50,000 kilómetros por hora. Finalmente estos restos destruyen el transbordador en el que viajaban, y los obligará a buscar maneras cada vez más descabelladas de volver a la Tierra. Stone queda a la deriva en el espacio y pronto descubrimos el horror de un universo donde las leyes del movimiento son tal cual las que aprendimos en la escuela.

La destrucción silenciosa de la EEI. Fotograma promocional, © Warner Bros., 2013.

La destrucción silenciosa de la EEI. Fotograma promocional, © Warner Bros., 2013.

En el espacio no hay aire. No hay nada que propague el sonido. No hay resistencia que detenga tu movimiento. Mientras vemos a Stone luchar contra su propio instinto de supervivencia —que es totalmente inútil para la mecánica del espacio— Cuarón recuerda con solvencia como el virtuosismo técnico no está peleado con la expresión artística (por si Welles y Kubrick nos parecen ya demasiado lejanos). La cámara de Cuarón, que pensábamos ya había llegado al máximo en Children of Men se deleita de las posibilidades que le ofrece el espacio exterior, entrando un momento dentro del casco de la astronauta para adoptar su punto de vista, para un momento después, salir y obsequiarnos una majestuosa imagen panorámica del universo (entre otras cosas, Gravity le da un nuevo alcance la idea de profundidad de campo).

Ya desde Y tu mamá también, pero en especial en Children of men, Cuarón había experimentado con los planos secuencia no como un simple ejercicio de dificultad sino como una ética. La cámara de Cuarón es un ojo crítico que se cuestiona, explora, engaña y se conmueve. Este experimento llega a su culminación en Gravity donde, contra todas las leyes del 3D comercial, los desechos espaciales se lanzan directamente sobre nosotros, los espectadores y lo atraviesan para recordarle que en realidad no nos encontramos ahí, que sólo somos testigos privilegiados de un drama privado pero de proporciones cósmicas.

Mucho se ha comentado ya sobre el realismo de la cinta, que ha sido alabada lo mismo por el ya mencionado James Cameron como por Buzz Aldrin, del impresionante trabajo de fotografía de Emmanuel Lubezki y de la maestría del equipo de efectos especiales de Tim Webber, que con seguridad no tendrá oponente digno en la próxima entrega de los premios de la Academia. Pero todo este trabajo no valdría como arte de no ser por el cuidadoso guión de Alfonso y Jonás Cuarón, el cual presenta una multitud de significados, desde la historia de éxito y supervivencia en la superficie hasta un cuestionamiento profundo de cómo puede enfrentarse el hombre ante la verdad de un universo que es demasiado grande y demasiado extraño para él.

Si Gravity puede desbancar a 2001 como la mejor película en el espacio es cosa que los críticos podrán discutir en los años venideros. Lo seguro es que Gravity es mucho más amena y graciosa, y logra colar referencias a todas las grandes películas del espacio, desde 2001 a Star Wars, pasando por Apollo 13 y Solaris. No está de más repetirlo: vayan a ver Gravity, de preferencia en una sala IMAX 3D.

No puedes tener una vista mejor. Fotograma promocional, ©Warner Bros., 2013.

No puedes tener una vista mejor. Fotograma promocional, ©Warner Bros., 2013.

Queremos compartir con ustedes la portada del número 185, que recién acaba de llegar a las oficinas de la redacción de Tierra Adentro. Además de nuestro especial sobre las Fronteras de la literatura infantil, la revista incluye textos de Carlos Velázquez, Alejandro Merlín y Alejandro Badillo, entre otros.

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El Museo Universitario del Chopo invita al público en general a SONORAMA, Arte y tecnología del Hi Fi al MP3, exposición que explora algunos acontecimientos relacionados con los cambios culturales, acarreados por nuevas tecnologías de reproducción musical desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. La curaduría es de Esteban King Álvarez y Daniel Garza Usabiaga.

Participan Gustavo Artigas, Emilio Chapela, Tania Candiani, Ulises Carrión, Arcángel Constantini, Paola De Anda, Gerardo García de la Garza, Santiago Itzcóatl, Marco Antonio Lara, Lauro López Sánchez, Israel Martínez, Nuria Montiel, Quirarte y Ornelas, Guillermo Santamarina, Benito Salazar, Cynthia Yee, Kasuya Sakai, Melquiades Herrera, Álvaro Verduzo Juan Pablo Villegas y No Grupo.

La cita es el jueves 24 de octubre a las 19:00 horas en la Galería de las Rampas, Museo Universitario del Chopo (Dr. Enrique González Martínez 10,  Colonia Santa María la Ribera).

El inicio de la muestra está marcado por la introducción de la norma de alta fidelidad en la década de los cincuenta y concluye en la época actual con tecnologías como el iPpod, incluyendo dispositivos portátiles y estacionarios.

A la par de la exhibición de estos aparatos, se presentan varias obras que fueron comisionadas para la exhibición y que se ocupan de revisar algunas de las tecnologías de reproducción musical de estos años. Algunos de los artistas que produjeron obras ex profeso son Tania Candiani, Gerardo García de la Garza, Juan Pablo Villegas, Arcángel Constantini, Paola de Anda y Lauro López-Sánchez.

Finalmente, la muestra contempla la inclusión de piezas históricas y contemporáneas de distintos artistas que se relacionan con estas tecnologías y su impacto cultural. Con todo lo anterior, el proyecto busca ser una muestra de tecnología, una investigación sobre cultura visual y un ejercicio crítico que involucra al arte contemporáneo.


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Paulina Cortés Salgado. Sendero

Las primeras emisiones del Hay Xalapa fueron notables por la novedad y calidad de los presentes: Martin Amis, Richard Ford, Niall Ferguson, Michael Nyman en la primera edición; J. M. Le Clézio, Wole Soyinka, Enrique Vila-Matas, Jon Lee Anderson, en la segunda. La tercera edición 2013 tenía como atractivos a Derek Walcott y Jody Williams, premio Nobel de la Paz. Al no asistir Walcott podría decirse que el festival perdió parte de su atractivo. No fue la única ausencia, pero sí la más notable.

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Uno de los temas de discusión que suscita el Hay Festival y para el cual aún no se establece su correspondiente conversatorio es qué se entiende por visitantes y asistentes.  Desde su fundación los responsables arguyen el éxito por el número de visitantes. Sin embargo dado que nadie ha observado hordas de turistas por las callejuelas de Xalapa —ovnis sí se han observado, lo que indica que en Xalapa es más fácil entablar contactos del tercer tipo que atraer turistas culturales; se especula a qué se referirán con el concepto de visitantes. En consecuencia hay varias teorías. Se sabe que, ante la falta de sinónimos, turista o visitante se ha convertido en sinónimo de asistente. De modo que cuando escuchamos que al festival vienen miles de visitantes, entendemos que se refieren a los asistentes. De este modo el 60% de los miles de asistentes lo aportan los conciertos musicales. Ignoro si no han considerado un baile masivo, lo que incrementaría indudablemente el número de asistentes por reportar. Con todo, las autoridades continúan hablando del festival como un exitoso programa que convoca a miles de turistas en Xalapa durante la primera semana de octubre.

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De los misterios del Hay Festival: la ocupación. Los medios ya sentenciaron a través de la unanimidad: más de 30 000 visitantes en Xalapa, lleno total en la ocupación hotelera. Imposible desmentir tales cifras, sobre todo si los propios hoteleros avalan esa numeralia. Ya que en la nota de Radio Fórmula se habla que hay 5, 000 habitaciones en la región; ¿cómo hospedaron a los 30 000 visitantes?. He pasado varias tardes debatiendo con reconocidos expertos y unos aseguran que muchos turistas se regresan el mismo día y que otros comparten cama. Muchos vienen en pareja, me dicen. Otros aseguran que han visto a turistas pernoctando en tiendas de campana entre los vericuetos del parque Juárez para ser los primeros en comprar boletos cuando abren las taquillas.

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El Hay es un festival franquicia y las franquicias funcionan igual sean entes abstractas y creativas, como lo es el Hay Festival, o expendios de hamburguesas. Al Hay, como reseñamos, le interesaba no perder la plaza de México y no sólo afianzar la presencia en Latinoamérica sino evitar la pendiente húmeda en que se encontraba tras la pérdida de la sede en Granada por falta del principal patrocinador. De ahí que este festival, cuyo costo en Zacatecas rondaba el millón de dólares sólo en pago de derechos, según confía uno de los organizadores de aquel entonces, persiga ante todo quien adquiera la franquicia y la sustente. Y si es un negocio, la responsabilidad de obtener ganancias no es de quien vende la franquicia sino de quien instaura su changarro bajo tales insignias. No es al Hay Festival a quien le corresponde causar ganancias, ellos cumplen ofreciendo un programa semejante al que se presenta en las otras sedes, es a sus clientes a quienes les debe interesar obtenerlas. O bien costear las pérdidas si aporta algo más. El Hay es aunque sea una franquicia una entidad intangible y abstracta y como tal sus beneficios seguramente serán intangibles, abstractos y ya que nos ponemos conceptuales, hasta metafísicos. En México, según lo ha confesado la propia directora, el financiamiento del festival depende en un 70% de dinero del erario; en Europa, el financiamiento público apenas cubre un 40%.

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Converso con uno de los organizadores del primer Hay Festival en México. Asegura que su costo supera el millón de dólares por concepto de derechos, más lo que se suma por hospedaje, alimentos, promoción, todo lo cual corresponde al gobierno anfitrión. Salgo con una duda: ¿el festival es redituable? Y si no lo es, si no da dinero, entonces ¿qué ofrece?

Prestigio, nimba a quien lo soporta —anglicismo que elijo porque connota no sólo patrocinio sino un poco más; le imbuye por ósmosis las cualidades liberales de la palabra, la imaginación, la libertad. La buena ondez. Como xalapeño uno entiende la necesidad de contar con un festival de esta envergadura. La ciudad capital zozobra en la burocracia, en la recesión, la inseguridad y la falta de empleo. Carente de industria, su comercio medra a la a veces tupida, en muchas rala, fronda de la burocracia. Sin dinero de la hacienda pública es difícil si no imposible mover a esta ciudad. A diferencia de ciudades del Bajío y el norte no contamos con una feria ganadera ni agrícola ni industrial. Ni siquiera una feria del calzado, sex shops o dulces de leche. Había festivales pero la falta de promoción y de dinero los dejaron morir. Sería maravilloso que se lograra un gran festival nativo, aunque quizá ya lo tenemos y no lo hemos visto –el JazzUv. El proyecto de convertir a Xalapa en una ciudad próspera gracias al turismo cultural debe de ser el proyecto peor llevado pues esa intención y propuesta tiene más de quince años y Xalapa sigue sin explotar su potencial de ciudad culta.

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DEBEMOS VER finalmente al Hay Festival Xalapa como una exitosa transformación: de un festival de relevancia internacional a acontecimiento local. En las primeras emisiones interesó a la prensa extranjera. Ahora se logró que las notas fueron la mayor de las veces boletines. Todo un logro de gestión.


Autores
Poeta, ensayista y editor. Fundador y editor de varias revistas y publicaciones dedicadas a la literatura y la crítica del arte y la sociedad, la más conocida de ellas Graffiti (1989-2000). De su bibliografía mencionamos: La Construcción del Amor (ensayo; Tierra Adentro, FONCA, 1992; segunda edición, 2005); Vista envés de un cuerpo (poesía; Ficción, UV, 2000), Luz de viento (Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, 2006), Verano en la ciudad (Aldus/CNCA, La Torre Inclinada, 2006), La ciudad de los muertos (Fondo de Cultura Económica, Poesía, 2012). Dirige el periódico cultural Performance en Xalapa (segunda época).

Una de las mejores revistas culturales de México se hace en Hermosillo, Sonora, y se llama Pez Banana. Bajo la dirección de Iván Ballesteros y el ojo clínico de Franco Félix, Pez Banana es una publicación mensual que se edita y distribuye de manera gratuita desde Hermosillo al norte del país, con un tiraje de 3000 ejemplares. Actualmente la revista acaba de distribuir el número 9, con un especial dedicado a los nuevos miedos, una impresionante portada de Carlos Díaz, de su serie fotográfica The Child Side que ilustra el centro del número y una entrevista con Bernardo Esquinca.

Para los que no tenemos la fortuna de encontrar un ejemplar impreso, el número 9 de Pez Banana se puede consultar en Isuu, al igual que los ocho números anteriores. Pero no todo es miel sobre hojuelas. Editar una revista de este corte no es sencillo y requiere de una inversión considerable, que Pez Banana costea por medio de anunciantes. Dicen en la editorial de este número “Los que hacemos esta revista sentimos uno de los miedos más genuinos, el miedo a la desaparición”. Antes de que los editores se vean obligados a “cerrar el changarro” los invitamos a leer sus contenidos y, si así lo deciden, a enviar muestras de apoyo por medio del perfil de Pez Banana en Facebook, la cuenta de Pez Banana en Twitter o en PezBanana.net para convencerlos de que nos regalen muchos números más.


Autores
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