Tierra Adentro
Mesa de diálogo (FIL Oaxaca, 2014). Fotografía: Nidia Rosales.

En Oaxaca, la Feria Internacional del Libro es organizada por la Proveedora Escolar, una librería que, desde hace décadas, funciona como principal punto de venta en la ciudad. Aquí todavía no llegan las grandes librerías, a excepción de una pobremente surtida Porrúa —lo cual me parecería bien, de no ser por el acaparador intento que sabemos tienen casi todas las empresas en algún punto de su trayectoria—. Esta pequeña ciudad, este espacio desigual y conflictivo, ha sido territorio fértil para empresarios cuya destacada labor se ensombrece por navegar con doble bandera. Vemos así, que la Proveedora Escolar cuenta con cuatro sucursales, un sello editorial y esta Feria del libro.

Este año la FIL tuvo como país invitado a Colombia, una dinámica que les ha funcionado bastante bien a sus organizadores, al traer año tras año a escritores reconocidos. Sin embargo, este trabajo se ve opacado cuando percibimos que en sus stands se ofrecen los mismos libros y sellos editoriales que en las sucursales de la Proveedora. Por supuesto, uno encuentra muchísimos títulos de Almadía—editorial de esta misma empresa—, que, a pesar de contar con diseños de calidad, no ha mantenido una línea de publicaciones congruente; como sucede con Sexto Piso, donde la elección de textos demuestra un interés por ofrecer al lector palabras desde la periferia del mundo.

En el marco de esta expo-venta se presentaron libros de autores colombianos, mesas de diálogo con editores de la misma procedencia y de revistas oaxaqueñas con diversas propuestas para un público mayormente joven. Éste fue el caso de las revistas Yagular, Avispero, El Comején y Trama. Se trató de un intento exitoso —poco frecuente en Oaxaca— de promover el diálogo entre revistas que circulan de manera frecuente en la ciudad y que se enfrentan a los mismos obstáculos. Las editoriales independientes suelen tener problemas similares en un espacio dominado por otras formas de comunicación.

Yagulares una publicación variable que ofrece contenidos especializados en arte contemporáneo del país. Cada número gira en torno a una palabra: “juguetes”, “piedras”, “izquierda”, “lubina”, “pozo”, “humo”. Comenzó como un complemento literario de El Jolgorio cultural, revista recientemente extinta de la Fundación Alfredo Harp Helú, otro de los magnates culturales en Oaxaca, que con seis años de publicaciones mensuales ininterrumpidas marcó un parteaguas en el estado.

Avispero es una revista bimestral que nació de un taller de creación literaria impartido por el escritor Leonardo da Jandra en la biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), desde hace poco más de dos años. El taller surgió ante la nula oferta educativa en las áreas de literatura y creación en Oaxaca. Cada número indaga en la literatura de un país, y ante el buen acervo del IAGO, Instituto creado por Francisco Toledo para aminorar las lagunas que el Estado deja con cada administración, es posible que los talleristas lean casi por completo la obra de un autor. Como en todos los espacios formativos, Avispero trata de compartir una perspectiva de análisis, una forma de leer y de acercarnos a lo dicho, a través de escritores jóvenes, quienes, hasta cierto punto, deben defender su propia voz y cometer un parricidio metafórico.

Recientemente El Comején publicó el primer número de su tercera época, a cargo de la Biblioteca Pública Central. La publicación pretende enlazar las diferentes bibliotecas del estado, difundir sus acervos, promover la lectura y dar a conocer una breve muestra del trabajo de artistas emergentes. En esta ocasión, publicaron algunos grabados de Alan Altamirano (MK Kabrito), artista plástico integrante del taller de gráfica La Chicharra.

Trama es una revista digital centrada en el diálogo entre arte y moda. En esta ciudad, donde el público está acostumbrado a conseguir las publicaciones antes mencionadas de manera gratuita, Trama se presenta como un intento por descentralizar las formas del discurso. Paradójicamente, la mayoría de sus colaboradores son egresados recientes de alguna universidad en la ciudad de México que escriben sobre el arte y la moda de la capital y de otras latitudes mundiales. Esta perspectiva me parece necesaria en un nivel informativo, pero sería mucho más interesante si esos análisis indagaran igualmente en aquello que se escapa del poder adquisitivo de las élites y abarcaran otros aspectos como la producción, los problemas éticos y de responsabilidad compartida en cada pieza, así como distintas alternativas, ancladas a nuestra historia en la producción de textiles.

El panorama de publicaciones periódicas en Oaxaca se encuentra saludable, como mencionó en la mesa de diálogo Juan Pablo Ruiz Núñez, editor de Yagular. Nunca antes había existido tanta oferta en esta ciudad que se caracteriza por su multiculturalidad, pero donde también resultan frecuentes los cacicazgos, la apropiación de la cultura y de la voz del otro en beneficio propio, un beneficio usualmente económico.

Cuando escribimos tenemos la responsabilidad ética de generar movimiento mas no apropiación. El lenguaje es una puerta hacia aquello que de otra forma no podríamos nunca llegar a conocer, y  es por eso que nunca se trata de uno mismo sino del otro, del, a veces, misterio compartido.


Autores
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.
Ilustración de Rocío Montoya Uribe.

Es difícil pensar en un escritor mexicano más interesado por la sociedad que José Revueltas, quien, a menudo, veía comprometido su quehacer literario por su activismo político. José Manuel Mateo nos introduce a la obra política de Revueltas, desde los textos panfletarios que publicó a sus veinte años hasta el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, para después mostrarnos la evolución de su pensamiento.

 

¿Cuál habría sido la tarea más importante del proletariado? La pregunta, escrita de esta forma, concede por ahora que el término resulta anacrónico, y probablemente lo sea para una jerga propia del análisis que se concentra en las vicisitudes del sistema de partidos vigente en México, o para quienes se colocan a buen resguardo de sus antiguas afinidades doctrinarias. Pero la pregunta, anacrónica e inoportuna, brinda la ocasión de asomarnos a los ensayos de un José Revueltas que desde los veintitantos años tuvo un punto de vista excéntrico a la hora de “pensar el proletariado”, de configurarlo a partir de los elementos que la historia y la realidad aportan.

Casi de manera automática se antoja decir que las tareas proletarias consistieron en demandar mayores salarios, menor jornada de trabajo, contratos colectivos que frenaran los abusos patronales, y eventualmente se agregaría a la serie la lucha por la independencia del país frente a las potencias extranjeras o la solidaridad con los reclamos campesinos. Sin embargo, tales aspiraciones y propósitos no generan la expresión de un interés propio (como diría Jacques Rancière) y sólo corresponden al programa provisional de esa identidad poliédrica asociada al trabajo fabril y urbano. En oposición a la enumeración previa, el proletariado tiene ante sí, de acuerdo con Revueltas, la “importantísima tarea de trazarse un punto de vista teórico sobre sí mismo”. El desarrollo cabal de esta postura se encuentra en el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, de 1962; sin embargo, desde 1939, en “La Revolución Mexicana y el proletariado” y “La independencia nacional, un proceso en marcha”, Revueltas sugiere que la primera gran tarea proletaria es de carácter intelectual. Habría que remitirnos primero al Ensayo.

En el Ensayo, Revueltas dice que el proletariado se define a sí mismo por oposición: es una clase negativa que busca tomar distancia de la propiedad privada y oponerse a ella porque el proletario percibe que esa forma de la posesión desplaza lo humano del centro de interés, de modo que el cuerpo y todo lo que en él se preserva queda relevado o pospuesto indefinidamente. El primer impulso consiste por ello en recuperar la “condición humana” que la propiedad niega o esconde. Es verdad que si actúa contra la propiedad (cuando destruye las máquinas o los bienes), el proletario expresa su voluntad de recuperarse, de volver visible su existencia como sujeto; sin embargo, esta acción directa es “puramente instintiva”, no por falta de razón (motivos le sobran), sino porque de ese modo sólo incide en la superficie de la circunstancia y no “en la situación histórica en que se encuentra la clase en su conjunto” (y por situación habrá que entender una localización que es diacrónica, paradigmática y compleja por la pluralidad de sus relaciones).

Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.

Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.

Ser consciente de la deshumanización que la propiedad opera sobre el cuerpo “no es la conciencia completa”, aunque representa “las premisas ‘naturales’ de lo que es la conciencia verdadera, histórica del proletariado”, a saber, la conciencia teórica, el “despliegue científico” o cognoscitivo de lo que en principio es sólo conciencia puramente instintiva. De lo que se trata, pues, no es de actuar de inmediato sobre la circunstancia de opresión y negación de la condición humana, sino de pensarla y desplegarla teóricamente como situación no individual ni efímera. Cuando Marx adjudica al proletariado la potencialidad de anunciar la disolución del orden prevaleciente “no hace otra cosa”, apunta Revueltas, que formular “aquello que está implícito, pero no visible” en la situación proletaria. Vale decir entonces que nombrar el estado de las cosas, definirlo, compararlo, sopesarlo, ponerlo en duda, confirmarlo, negarlo, repensarlo, en suma, volverlo visible mediante la palabra, es la tarea y el interés que el proletariado debe formular “dentro de su propia cabeza”, sea que ese continente se halle en el cuerpo de Marx, de Lenin o de Ricardo Flores Magón, pensadores multicitados en Ensayo.

Desde luego, Revueltas no pretende que será un grupo de esclarecidos el encargado de iluminar la ruta proletaria. Sí sugiere, en cambio, que la democracia habrá de ser principalmente una acción cognoscitiva, una política basada en la acción teórica generalizada. La sugerencia lleva a pensar que no es la educación (como se insiste hasta la saciedad) lo que cambiará el rostro del país, sino la actividad intelectual la que puede colocarnos en una situación política inédita. No se trata de incitar una acción deslavada de su condición de clase, sino de insistir en que esa actividad debe hallarse marcada por su origen, por esa situación que vuelve invisible el desplazamiento de lo humano en favor de la propiedad. Visto así el problema, los intelectuales no son los únicos encargados de pensar, sino que cada vez un número mayor de sujetos encontrarán que esa es su tarea, mas no de un modo general o neutro, sino que será necesario “pensar con la clase, es decir, con la racionalidad histórica que conduce a la clase obrera a la conquista de sus fines”. Se puede objetar lo anterior como un mero intento de homogeneización o de totalitarismo encubierto, pero eso sería negarse a reconocer que lo que se postula es la necesidad de actuar con el “arma espiritual” de la filosofía en contra de un orden que una y otra vez “pretende ‘corregir’ los aspectos más irracionales e inhumanos del sistema capitalista, pero no la inhumanidad e irracionalidad mismas en que tal sistema se funda”. Se entiende que los fines del proletariado no sean los de la burguesía, pues mientras la segunda sólo corrige o pretende corregir la deshumanización, la conciencia proletaria busca anularla. Puede así suscribirse la proposición de Revueltas (quien a su vez parafrasea a Lenin) cuando señala que sólo el proletariado es un luchador consecuente por la democracia. Habría que agregar que es un luchador que piensa y escribe.

Si trazarse un punto de vista teórico es la tarea del proletariado, extrañará menos que los dos primeros escritos publicados por José Revueltas de manera independiente correspondan al terreno del ensayo. Volvemos a 1939, cuando aparecieron como folletos “La Revolución Mexicana y el proletariado” y “La independencia nacional, un proceso en marcha”. El primero (cuyo manuscrito está fechado en mayo de 1938) no llevaba pie de imprenta, pero según un anuncio de La Voz de México (9 de febrero de 1939) lo auspició la editorial Popular. No sólo se trata, como indican Andrea Revueltas y Philippe Cheron, del primer trabajo teórico-político importante del autor, sino de una de sus primeras publicaciones, anterior incluso a cualquier obra literaria; al menos así lo recuerda el propio Revueltas en una entrevista realizada por Norma Castro Quiteño (El Gallo Ilustrado [suplemento de El Día], núm. 286, 17 de diciembre de 1967) y la memoria del escritor no falta a la verdad si consideramos que la única publicación previa, “Foreign Club” (El Nacional, núm. 451, 23 de enero de 1938) no es independiente ni fue recogida en Dios en la tierra (1944). El segundo ensayo apareció primero en El Popular (16 de septiembre de 1939) y más tarde como folleto; del cuadernillo se extrajo un fragmento que se difundió en el mismo periódico tres años después. (Estos escritos tempranos y otros que marcan un lapso de más de tres décadas se encuentran en José Revueltas, Ensayos sobre México, prólogo, recopilación y notas de Andrea Revueltas y Philippe Cheron, México, Era, 1985).

Un año antes de dar a la imprenta sus folletos, Revueltas se sentía “plenamente alegre, eufórico” y repartía su tiempo de la siguiente forma, según puede leerse en una serie de cartas enviadas a Olivia Peralta, con quien se había casado el año anterior: estudia por las mañanas, trabaja en actividades de la Juventudes Socialistas Unificadas de México, da clases de historia en una secundaria federal de Mérida, descansa y come a las doce (“flojeo un poco”, dice él); por las tardes y las noches da clases “en la escuela del partido”, y escribe sus artículos o estudia hasta las dos o tres de la mañana. Es en ese mes cuando ya trabaja en “La Revolución Mexicana y el proletariado”. También termina por entonces el primer capítulo de lo que será Los muros de agua. Envía artículos para El Machete y comienza su colaboración en El Popular, periódico dirigido por Vicente Lombardo Toledano. Lee mucho y de autores diversos, pero lo impresiona vivamente La montaña mágica. Se mantiene en contacto con Efraín Huerta y Octavio Paz, y a Olivia le pide que si tiene dificultades para cobrar los artículos publicados en El Popular, acuda a “Octavio” o a Enrique Ramírez y Ramírez. De este año son también sus cuentos: “Foreign Club”, “El abismo”, “El hijo tonto” y “Una mujer en la tierra”, y el tercer capítulo de una novela inconclusa: Esto también era el mundo, que tal vez comenzó a escribir a finales de 1937. Ya para el último trimestre del año está de vuelta en el Distrito Federal.

En los ensayos de aquel eufórico Revueltas encontramos una claridad sobre la historia de México y la manera de historiar que a la postre será reconocida (hasta cierto punto) por Cosío Villegas, Enrique Krauze y Javier Garciadiego. Pero por ahora importa señalar un par de proposiciones que se mantendrán constantes en el pensamiento literario del escritor. Una de ellas se refiere a la actitud que asume ante la teoría: “desde el punto de vista de la más estricta dialéctica” (dirá en “La Revolución Mexicana y el proletariado”), ningún principio teórico “puede aplicarse a cualquier situación dada”. Por obvio que parezca, cabe traer a cuento lo anterior y reiterarlo, porque la afirmación tiene implicaciones para una estética y una política que buscan ensayar de otra manera el mundo: no hay principios teóricos aplicables a cualquier situación sino situaciones que exigen extraer de ellas el método que les resulta necesario. No a otra cosa se refiere Revueltas cuando habla del lado moridor de la realidad en su emblemático prólogo a la segunda edición (1961) de Los muros de agua (1941). La realidad, dice ahí, tiene un “movimiento interno propio que no es ese torbellino que se nos muestra en su apariencia inmediata”; dicho movimiento o dirección de lo real tiene, además, “su modo, tiene su método, para decirlo con la palabra exacta. (Su ‘lado moridor’, como dice el pueblo)”. De Marx a Lenin en un lado del mundo, y de Flores Magón a Revueltas por este contorno del planeta, se despliega un modo de pensar que es propio “del pueblo” y sin duda el que nace dentro del proletariado: a cada cosa, su método; a cada torbellino de lo real (en donde “todo parece tirar en mil direcciones a la vez”), su lado moridor: el principio teórico inmanente al problema. Se entiende así que la primera tarea proletaria sea de carácter cognoscitivo: esclarecer la dirección de lo real.

La segunda proposición que interesa señalar se engarza con lo anterior y se refiere al establecimiento de los ascendentes del pensamiento proletario en México. El joven que nació en 1914 se muestra optimista en 1938, pues, según considera en “La independencia nacional, un proceso en marcha”, después de veinticinco años la Revolución toma “su verdadero cauce”: con la reforma agraria —dice— el general Cárdenas “cumple el programa” de Morelos y Zapata, mientras que con la expropiación petrolera consuma “una segunda independencia nacional” al arrebatar a las compañías petroleras extranjeras “el usufructo de tal riqueza” que no corresponde sino a la nación (a despecho sin duda de la legislación reciente). Y si Morelos y Zapata son la cabeza del afán indígena y agrario, Ricardo Flores Magón es para Revueltas el hombre “representativo” de esa “nueva clase social, revolucionaria por excelencia” que se “incubó” durante la paz porfiriana; pero además de ser distintivo, Flores Magón encarna también al “líder del proletariado”. Las implicaciones que esta afirmación tiene para la historia intelectual de México y para abordar el peso del comunismo y el anarquismo sindical en la revolución quedan sin seguimiento en estas páginas, y más vale remitir nuevamente al Ensayo sobre un proletariado sin cabeza para observar que Revueltas encuentra en el artífice principal de Regeneración y en el magonismo, “la más genuina corriente ideológica proletaria” y “los antecedentes contemporáneos de una conciencia socialista, propia, nacional, de la clase obrera mexicana”.

Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.

Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.

Precisamente en el año que sigue a la expropiación cardenista y no obstante su optimismo, el joven Revueltas señala que el proletariado mexicano “tiene ante sí la tarea importantísima de trazar desde el punto de vista teórico los caminos sobre los cuales se desenvuelve la revolución”; no se trata de “poseer conocimientos teóricos generales” sino de elaborar “la teoría propia, los métodos propios, el camino propio” que la revolución sigue. La tarea encuentra sentido no sólo dentro de la clase trabajadora sino que se extiende ampliamente, porque los proletarios deben “‘adelantarse a todos en la formulación’ de las consignas democráticas y con esto llevar la cabeza en la lucha democrática general del pueblo”. Revueltas parafrasea a Lenin y dirige su llamado en especial a “todos los grupos marxistas”, ya sea que estén dentro o fuera del partido, de acuerdo con la tendencia integradora vigente en una parte del comunismo de la época (la llamada táctica de frente popular). Sin embargo, no sólo Marx y Lenin se encuentran en el horizonte del joven: si algo caracteriza los ensayos de Revueltas es un arduo trabajo de lectura y anotación de fuentes: Luis Cabrera, Andrés Molina Enríquez, Lucio Mendieta y Núñez, Luis González Obregón, José C. Valadés, A. Teja Zabre y Luis Chávez Orozco forman la nómina explícita de donde el joven escritor toma datos, cifras, informaciones y balances sobre la economía y la sociedad mexicana. Tal ejercicio no parece digno de llamar la atención, pero habría que sopesarlo a la luz del momento: de acuerdo con Javier Garciadiego, la historia científica comenzó a escribirse en México en los años cuarenta y fue precisamente la incorporación de los aspectos económicos y sociales en el análisis una práctica que gozó de enorme vigor en todas las historiografías del mundo en la segunda mitad del siglo XX. Antes de que Cosío Villegas asumiera “esa actitud radicalmente innovadora” para historiar la vida de la nación que identifica Garciadiego, Revueltas ya hacía lo propio.

Pero ser un adelantado no siempre es visto con buenos ojos: desde finales de 1938 y hasta principios de 1939, Revueltas sostuvo una polémica con José Alcorta sobre la táctica de frente popular en La Voz de México, el órgano del PCM (noviembre-diciembre de 1938; enero de 1939). Como en sus ensayos sobre la revolución y el proletariado, y la independencia como proceso incompleto, el escritor insistía en que la clase obrera debía volverse hegemónica en la lucha democrática y aceptaba que en ese curso cabía la alianza con Cárdenas y el ala reformista del movimiento obrero (encabezado por Lombardo Toledano). A causa de la serie de artículos incluidos en La Voz de México y del folleto “La Revolución Mexicana y el proletariado”, José Revueltas fue investigado informalmente por la comisión de inspección y disciplina del partido achacándole “actividades trotskistas”, calificativo que por entonces era tanto como un anatema. Por mi parte, en aquella convocatoria del joven Revueltas observo, por encima de la circunstancia (pero sin obliterarla), que en la elaboración verbal se juega, más que una concepción del mundo, el destino entero de un hábitat propicio para la vida. Pensar el proletariado ya es una forma del ser proletario, es decir, de asumir una actitud teórica y verbal para imaginar una democracia donde la propiedad no sea la necesaria negación de la condición humana. Y si hubo un escritor capaz de pensar el mundo para ensayar de otra forma la vida, ése fue y será José Revueltas.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Distrito Federal, 1970) es poeta y ensayista. Ha escrito sobre lírica tradicional, literatura popular y poesía mexicana. Preparó la Iconografía de José Revueltas y El propósito ciego, volumen que reúne los poemas de Revueltas, para el Fondo de Cultura Económica.
Ilustración de Humberto Duque.

La poesía de José Revueltas suele pasar inadvertida por la relevancia que tiene su obra en prosa, sean los ensayos o sus novelas. Sin embargo, eso es sólo una excusa para analizar con énfasis la importancia del corpus poético, corto pero constante, de Revueltas. Eduardo Martín del Campo pregunta: ¿cuáles son los temas que conviven en toda su obra? ¿Hay una inquietud por contar la historia? ¿Cómo analizar la estética en una obra donde el mensaje político tiene más visibilidad?

 

La cuestión

Después de treinta y tres años de su publicación en las Obras Completas (1981), todo el corpus lírico existente (treinta y un poemas, publicados e inéditos) de José Revueltas parece no haber despertado mayor atención ni inquietud crítica, al contrario del resto de su obra (narrativa y ensayística). A cien años del nacimiento de Revueltas, sus poemas permanecen para nosotros en una distendida dimensión histórica. Treinta y un poemas distanciados por meses, años, décadas; poemas que dentro de la particular coincidencia de darse en primavera u otoño, se adhirieron, mediando las prótesis de las fechas, a su propia “singularidad temporal”. ¿Y no es esa la necesidad de ponerle un nombre a algo inusual, de ponerle una fecha, de colgársela como si fuera un cascabel? ¿No es la propia necesidad por hacer lo inusual? El texto poético suele componer dentro de sus categorías espaciotemporales, aptitudes históricas que emanan de la misma poesía. Para mí es inevitable y necesario hacer uso de cierto juego de lentes tallados en su obra no escrita en verso. Pues si bien una actitud histórica puede ya ser adivinable en un texto de José Revueltas, ¿cuáles son entonces las membranas históricas que aún suenan en los versos? ¿Sería también adivinable que estas membranas siguieran vibrando acordemente con algo, ahora, en nosotros?

A mi parecer, junto al factor militante presente en toda la obra de Revueltas, existe la posibilidad de que se haya ignorado un hecho puramente estético en su poesía, aunque para el mismo autor esto sería éticamente imposible. Nunca hubo una resolución estética que empatara su obra lírica con su narrativa, por ejemplo. Además del cuidado y edición de José Manuel Mateo de la antología El propósito ciego, sólo la lectura de Elba Sánchez Rolón destaca por su profundidad. Mateo y Sánchez Rolón coinciden en que la poesía de Revueltas es particularmente reflexiva, cualitativamente trágica. Esta reflexión trágica es quizá una manera menos rígida de referirse a un proceso lógico intelectual (y emocional) que no podría ejemplificarse mejor que en el espejo. Revueltas nos promete, el proceso es determinable: es el método dialéctico.

 

Por una perspectiva estética y dialéctica de los versos

La poética de Revueltas coincide con una función fundamental para su propia ética; es poseedora de un “secreto” propio —además que común a toda la poesía—. Para revelar tal secreto uno debe comparar la tradición externa y la ética literaria de Revueltas. Esta revelación se lograría describir luego, partiendo del análisis comparativo del que se consideraría un poema clave para este procedimiento, “Nocturno de la noche”. Me valgo de la apelación de este poema hacia la fantasmagórica tradición del nocturno; compare entonces el lector con esta lupa, la dinámica dialéctica de los poemas revueltianos con la dinámica de la mencionada tradición. Lo que trataríamos de imaginar es verlas empalmadas en una coincidencia ético-estética entre el propio nocturno y la preceptiva dialéctica de Revueltas.

No me parece posible que un escritor como Revueltas se permitiera ignorar las formas de la tradición, no con esa conciencia histórica tan determinante en su militancia como en su obra escrita. De esta coincidencia se deriva algo que con poca resistencia simplifiqué como un “secreto” que revela la noche: el tiempo. El problema implícito en este acercamiento es evitar ir en contra de la materialidad necesaria.

El poema es “Nocturno de la noche”. El inicio es la anáfora espaciotemporal de las primeras coordenadas, el tiempo-espacio idóneo para el poema:

Cuando la noche;

cuando los espejos reciben el asombro culpable de los adulterios

y las sillas saben de las torpes pisadas;

[…]

cuando los libros se quedan abiertos como una película de pronto detenida

[…]

cuando la noche;

cuando las pistolas de aire y la soldadura autógena

 

Los versos finales colman esta tensión temporal y particular del poema:

Cuando la noche.

Cuando la angustia.

Cuando las lágrimas.

Para la voz poética se desprende una materialidad incierta que veremos descrita en el transcurso del poema. Es el tiempo la presencia anafóricamente remarcada. El lector pronto se da cuenta de que algo más que simples imágenes y figuras, de las que yo destacaría el modo del oxímoron, se le presentan en fragmentos de pequeñas historias nocturnas. El “asombro culpable” hace síntesis en “el espejo” (un yo adúltero). Los objetos son usados con oscuras intenciones: “las sillas saben de las torpes pisadas”; y la acumulación de síntesis comparativas elevará al final la tensión temporal (“cuando… cuando…”), donde el espacio-tiempo de la noche es plasmado al unísono con la mirada materialista de Revueltas.

Una coincidencia formal, la precisa anáfora de tiempo, la encontramos en el “Nocturno eterno” de Villaurrutia:

Cuando los hombres alzan los hombros y pasan

o cuando dejan caer sus nombres

hasta que la sombra se asombra

 

Cuando un polvo más fino aún que el humo

se adhiere a los cristales de la voz

y a la piel de los rostros de las cosas 

Otras críticas resaltan que el carácter reflexivo de los poemas de Revueltas sobresale del puramente plástico y que la imagen no es el soporte vertebral de los mismos; en este caso creo que el escenario descrito en los versos de Revueltas va más allá de la paisajística naturalista de cualquier temática romanticista o parecidas. Tampoco se puede pasar por alto esos elementos adverbiales que vemos por todas partes y que, si bien no hacen resaltar al verso o a la imagen, refuerzan la doble vertiente espacio-temporal de los elementos nocturnos aquí presentados:

cuando los números Palmer del mediocre joven meritorio

son un feroz y enloquecidamente acariciado anhelo de abrazarse por sorpresa

a la Amparito o a la Chole

en un mentido vuelco aéreo del Luna Park;

[…]

cuando la gringa en lo alto de un hotel lleno de cafiaspirina

bebe el horroroso brandy desesperadamente sin parar

con el triste frenesí salvaje que cuenta Duhamel;

El registro bajo de los adverbios largos es una tensión del acento que se rompe en “anhelo”, “sorpresa”, “sin parar”. Del verso, la rítmica acentual se da con tan armónica simetría, que poco dudaría de una plástica certera trabajando aquí: es un canto grave y ceremonioso. Es entre otras cosas también, eminentemente, un nocturno citadino… Cuando, por cierto, la anáfora inicial recibe por fin una respuesta:

entonces oigo torrentes furiosos de semen que corre por las

calles

como entre caños de sombra e injurias:

[…]

destilado en las esquinas oscuras, en los pasillos de los cines

y en los mingitorios.

[…]

 

en el cuarto del hotel donde la joven pareja se ha sepultad para siempre.

Los elementos de la noche están disimulados en una visión decadente de un mundo en el cual se descubre por doquier una falsa percepción de los propios elementos del mundo descrito. El proceso dialéctico se comienza a hacer notorio.

El tono primordial del poema, en una dialéctica de modos temporales, lo podríamos derivar de la anáfora: es en cierto sentido condicional. Quizá gerundio, en una larga tensión de historias llevándose a cabo. El modo condicional produce la tensión desenlazada con el choque, la resolución mecánica contra su propia fuerza condicionante; será el más cercano al imperativo, que es, a propósito, el modo concluyente del poema en cuestión: la concluyente afirmación-negación:

Es preciso, es preciso, es preciso que se caigan los muros,

que cesen los venablos de angustia

que nos han atravesado, que quede nada más un grito clamando, herido eternamente,

y una sobrehumana colérica voluntad como ramas de un árbol furioso

para golpear hasta el polvo y el aniquilamiento.

Los versos finales sostienen la hipótesis de lectura y diálogo descrita aquí: el secreto poético y expresivo, aquel que la escenografía reflexiva y dialéctica de la noche pudieron haber revelado, en el imaginario caso, para el poeta Revueltas: es el tiempo (donde además se ven conjuradas todas sus necesidades de desahogo, en medio de una indignación producida por una historia impune) sobreviviente al polvo, golpeador del aniquilamiento.

La puerta de la noche es sin duda la más amplia, a la que el propio poeta Revueltas pudo haber entrado, en plena conciencia histórica, o no, de su palabra escrita, al escribir un nocturno. Aunque la literatura no es asunto de datos inmediatos, leer los versos de José Revueltas no debe ser menos extenuante. Hay una poética particular, remarcable y ubicable en la función del tiempo dentro de los versos de José Revueltas. Esta función coincide, además, con sus intenciones ético-estéticas, y genera una crítica dialéctica inversa de la historia y el tiempo.

Esta supuesta poética temporal de los versos de José Revueltas revela su propio “secreto”, similar a una mirada poética, en vez de una voz. Gracias a lo que llamo “secreto del tiempo” reconozco las virtudes ideológicas, sociológicas, históricas y culturales que José Revueltas usó como arma contra la deshumanización y la falsa democratización: reconozco su actitud histórica y literaria. ¿Y cuál sería entonces esta derivación crítica dialéctica? Pues bien, este grito de guerra histórico por el espíritu está primordialmente cargado de indignación; “un grito herido, clamando eternamente”; “árbol furioso” de exaltación del sacrificio. Habría que comparar subsecuentes impresiones críticas de los versos en adelante. Sobre todo del lector, así, en general, quien recogerá la efectiva expresividad de estos versos.

Es cierto, el tiempo no es una categoría de acceso inmediatamente plástico pero, ¿qué es más plástico que el mismo tiempo y los órganos con que lo percibimos?

 

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Guanajuato, 1986) es escritor y editor. Aparece en el Anuario de poesía mexicana 2007 (Fondo de Cultura Económica). Actualmente estudia la licenciatura en Letras españolas en la Universidad de Guanajuato.
Still de Chuppan Chupai (Munir y Kahn, 2013).

La primera vez que supe de los hijras fue por el cuento “El ojo Silva”, de Roberto Bolaño: en él, un fotógrafo viaja a la India con la tarea de ilustrar un reportaje sobre la prostitución en aquel subcontinente; en una de sus andanzas, entra a un prostíbulo donde le ofrecen dos niños capados. El fotógrafo se escapa con ellos y viven juntos, en una estricta relación filial, durante año y medio.

Hijra es una palabra que designa a los “hombres transgénero” del subcontinente asiático (con toda la fuerza de las comillas). Muchos, a causa de la falta de apertura laboral, se dedica a prostituirse; sin embargo, y a pesar de Bolaño, pocos están emasculados.

Chuppan Chupai (Munir y Kahn, 2013) es un documental pakistaní que sigue la vida de cuatro personas: Neeli, una luchadora social y líder del único grupo hijra reconocido en Pakistán; Wassen, un campesino tímido; Kami, fiestera celebridad; y Jenny, estudiante de derecho.

El documental trata de la sobrevivencia en un país fuertemente patriarcal. Por ejemplo, Neeli relata la muerte de una de sus compañeras a manos de policías; Kami es arrestada por su activismo; los productores no pueden contactar a Waddi después de la filmación; y Jenny teme que su familia se entere de su vida porque tendría que dejar la escuela.

El paralelo entre los hijras  y los muxes es evidente.

Muxes: auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro (Islas, 2005)  narra la historia de un colectivo de muxes que se encarga de organizar la Vela de las intrépidas, de concientizar sobre el sida y sobre la discriminación a la que son sometidos.

Muxes: auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro (Islas, 2005).

Muxes: auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro (Islas, 2005).

El objetivo de ambos es capturar una diversidad sexual que, por más que se interprete con términos como “travesti”, “homosexual” o “transexual”, no alcanza a ser tipificada por las clasificaciones occidentales

Un muxe o un hijra se consideran un tercer sexo; no son ni hombres ni mujeres.

La cuestión es que Occidente, como describió Derrida, piensa el mundo según parejas, que entre más definidas y menos porosas, mejor. Así, hombre-mujer, bien-mal, activo-pasivo, izquierda-derecha son polaridades que permiten mantener el orden a costa de eliminar el espectro intermedio.

Identidades sexuales como la muxe o la hijra cuestionan la frontera entre esos extremos. Muchos muxes se consideran hombres, pero visten como mujeres y tienen funciones sociales femeninas tradicionales (cuidar a los padres, cocinar, hacer vestidos); otros conceptualizan su corporalidad como equivocada (piensan que debieron nacer mujeres); algunos hijras consideran que el cuerpo deben ser terreno de expresión de un “yo” que no se corresponde con los esquemas bipartitos sociales, etcétera.

Muxes y hijras fueron considerados actores sociales importantes de sus respectivas culturas. El problema surgió, en los primeros, con la llegada de los españoles y la moral católica; en el segundo, con la de los ingleses y el esquema del mundo anglicano.

Ambas corrientes de pensamiento soportan sólo una visión estrictamente dual del ser humano —aunque una cierta interpretación del segundo libro del Génesis complicaría este discurso simplista— y se escudan en la supuesta supremacía de la continuación de la especie. Únicamente la relación sexual heterosexual (y sus consecuencias sociales) puede ser válida porque es fecunda.

Desde estas posturas, todo aquello que no sea fecundo, debe ser elidido (véase la masturbación o el uso de anticonceptivos).

Los documentales muestran que muxes y hijras adoptan bastantes roles de lo femenino, como pasividad sexual (ser penetrados), ir al mercado o maquillarse. Sin embargo, lo que se puede comprobar es que el espacio creado histórica y socialmente por muxes y hijras es otro aspecto denunciado por Derrida. Es una tercera vía que, más que tratar de destruir el orden, pugna por crear otro que permita la inclusión de los intermedios.

Muxes y hijras son la bomba de la libertad que mina las bases de la sociedad occidental, pues cuestionar una de las parejas tradicionales (hombre-mujer) es cuestionar el matrimonio, el concepto de amor, de coito, de roles sociales.

Fotografía tomada de Muxes: auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro (Islas, 2005).

Fotografía tomada de Muxes: auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro (Islas, 2005).

Desde la hipercodificación a la que han sido sometidos los muxes y hijras (que no son nada heterogéneos, pues la forma de ejercer su sexualidad rompe hasta los mismos moldes que ellos se atribuyen) se puede cuestionar todo rol tradicional: ¿quién atribuyó a lo masculino lo activo y a lo femenino lo pasivo? ¿Quién dijo que sólo existen dos géneros? ¿Por qué no son válidas formas de familia que salgan del esquema doble heterosexual?

A pesar de todos los alcances que ha tenido un movimiento como el LGBT —que a últimas y a falta de representación de ciertos grupos ha tenido que recurrir a la suma de más consonantes como T(transgénero), I(intersexual) o Q(ueer)—, tal vez la clave de la aceptación del mundo como una tremenda escala de grises no sólo se encuentra en un futuro y en una sociedad gay friendly (que también), sino en un pasado cuando el mundo no era un contraste extremo.

El mejor momento de Chuppan Chupai es cuando Jenny habla sobre su emasculación y el arrepentimiento que tiene frente a ese acto. Extirpó su pene, testículos y escroto y, el mismo día que salió del hospital, se arrepintió de haberlo hecho. Aquí la cuestión se vuelve espinosa, porque se podría creer que más bien a Jenny le ganó la imposición social y siente que ha “pecado”. Pero lo interesante es el concepto del error: no existe posibilidad real de la libertad sin éste. Sin la consciencia de que uno se puede equivocar no es posible entender el acierto; la voluntad implica, de manera necesaria, ambas posibilidades. De no ser así, se estaría en el contexto del destino y la predestinación.

Mientras que todos los actores de Muxes: auténticas, intrépidas, buscadoras de peligro terminan en una especie de éxtasis de felicidad y aceptación (el que la película termine con una escena rarísima de los protagonistas que llevan la bandera del arcoíris gay por la playa es síntoma de esto) Chuppan Chupai, con la apertura a un melodrama, plantea una visión más interesante: la condición humana, por desgracia, es irresoluble.

Aunque esto último podría ser desalentador, Chuppan Chupai también implica que, frente a la no solución de la vida, lo que queda —casi como Ficino y su Discurso sobre la dignidad del hombre— es pugnar por la libertad propia y por la apertura social para que ésta dé cabida a la mayoría de mundos posible.

Muxes y hijras son un par de testimonios del inacabable trabajo de crear lo humano.

Hijras in Bangalore, fotografía de Johanan Ottensooser, tomada de Flickr.

Hijras in Bangalore, fotografía de Johanan Ottensooser, tomada de Flickr.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.
Fotografía de José Revueltas, tomada del Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.

Para conmemorar el centenario de José Revueltas, esbozamos diferentes facetas del escritor cuya obra es imprescindible para leer el México de hoy. En esta Conversación abierta, “Tres rostros de Revueltas”, escritores e ilustradores arrojan luz sobre la poesía y los ensayos políticos del autor de Los errores. Iniciamos este ejercicio multidisciplinario con una conversación entre Elena Poniatowska y Vicente Alfonso, compilador de El vicio de vivir (FETA, 2014), libro de ensayos sobre el escritor duranguense.

 

Durante su discurso de recepción del Premio Cervantes, Elena Poniatowska evocó a tres autores mexicanos que debieron recibir ese galardón: María Luisa Puga, Rosario Castellanos y José Revueltas. La mención del duranguense era apenas necesaria, pues durante décadas ha estado presente en la obra de la escritora: no sólo porque aparece como personaje en al menos cinco de sus libros, sino porque le debemos a Poniatowska tres entrevistas que nos permiten trazar un vívido perfil del escritor y militante. Para abrir la charla le pregunto sobre esas entrevistas, publicadas entre 1970 y 1976 en La Cultura en México. Resulta evidente el cuidado con el que la escritora y periodista preparaba sus entrevistas: “Lo entrevisté en su casa, que estaba en la avenida Insurgentes, con su mujer, Emma Barrón, que era una maravilla”, me cuenta, y después evoca la forma en que Revueltas solía beber vino blanco en una taza. “Yo leía sus novelas, sobre todo El luto humano, y a partir de ahí comenzaba a hacer preguntas”.

 

Personaje de novela

Leyendo La piel del cielo, novela que le valió a Poniatowska el Premio Alfaguara en el año 2000, nos encontramos con un Revueltas joven que acaba de perder el borrador de su primera novela y que está escribiendo Los muros de agua. “Soy un inconforme, un aguafiestas, un acérrimo enemigo del gobierno”, dice Revueltas al protagonista, Lorenzo de Tena, alter ego del astrofísico Guillermo Haro. No obstante su juventud, Revueltas ya fue llevado a las Islas Marías y durmió en calabozos. Según la misma novela es un voluntario incansable que “dormía tranquilo en la banca de cualquier parte, y que aguantaba hasta cuatro días sin comer”.

De esa manera lo recuerda: “Así era Revueltas. Siempre fue un hombre que se maltrataba, maltrataba su cuerpo. Había días en que no comía, que dormía en una banca, a veces no tenía ni siquiera para pagar el autobús. En dos de mis libros, La piel del cielo y El universo o nada, aparecen los viajes de Guillermo Haro con José Revueltas. Cuando era muy joven, Haro se acercó al Partido Comunista y desarrolló una enorme admiración por Narciso Bassols, quien lo invitó a repartir en los pueblos más distantes la revista Combate, labor que hacía con Revueltas”. Revueltas también aparece en Paseo de la Reforma como uno de los intelectuales que visitan la casa de Ashby, un millonario cuya visión del mundo cambia a raíz de un accidente. Cuando leo en voz alta ese fragmento, la autora dice: “Lo metí simplemente como un homenaje para no olvidarlo, porque él nunca estuvo en el campanario. Él luchó siempre desde el margen, desde las orillas, nunca tuvo un papel protagónico”.

 

Tlatelolco y Lecumberri

Entre preguntas y respuestas, arribamos a un tema clave en la vida del país: 1968. En La noche de Tlatelolco, Revueltas es mencionado varias veces. No podría ser de otra manera, pues para nadie es un secreto que el duranguense, aprehendido el 16 de noviembre de aquel año, era considerado por el gobierno el principal ideólogo del movimiento. Poniatowska insiste en que “en 1968 se echó la culpa de lo que pasó en el movimiento. Era un hombre que quería correr la misma suerte que todos, que pasaba tiempo con los muchachos, que jamás buscó tener un papel especial ni una situación de privilegio”.

Tras su arresto, Revueltas fue recluido en Lecumberri. Para entonces la prisión no resultaba un sitio ajeno para la periodista, quien conocía el lugar desde 1959, cuando a sus veinticinco años comenzó a visitar el Palacio Negro para entrevistar a los huelguistas ferrocarrileros que ese año, encabezados por Demetrio Vallejo, paralizaron el país (de ahí nace El tren pasa primero). La autora volvió para visitar a Álvaro Mutis, para entrevistar a David Alfaro Siqueiros y, por supuesto, para conversar con José Revueltas. “En Lecumberri lo fui a ver sólo a él unas tres o cuatro veces”; fue con Guillermo Haro después de que apareciera La noche de Tlatelolco. Rememora también que en los días de visita “las restricciones para las mujeres eran mucho mayores: no usar pantalones, no llevar bolsa de mano… para las mujeres más pobres que iban a ver a sus hijos la situación era más humillante, porque a ellas les hacían revisiones, las examinaban para ver si no llevaban droga en la matriz. Era muy injusto”.

Señala que en una celda de Lecumberri, Revueltas escribió El apando, un testimonio de que el rigor en la prisión se extendía a los visitantes: “Como a todo el mundo, El apando me parece una obra maestra, una pequeña joya”.

Precisamente en La noche de Tlatelolco, Poniatowska consigna un episodio brutal ocurrido en la prisión de Lecumberri: el primero de enero de 1970, un grupo de presos por delitos del fuero común irrumpió en la crujía de los presos políticos, donde un grupo de intelectuales llevaba veinticuatro días en huelga de hambre. Varios de los manifestantes fueron heridos con navajas, tubos y varillas. Además confiscaron, entre otras cosas, los manuscritos y los libros que Revueltas guardaba en su celda.

En otra crónica, escrita diez años después de aquellos hechos e incluida en Fuerte es el silencio, Poniatowska escribe que el mayor acierto de José Revueltas fue pertenecer al movimiento del 68, pues los jóvenes son quienes pueden cambiar este país. Le pregunto si para ella sigue siendo cierta esta premisa: “Claro, tengo muchísima fe en los jóvenes. Siempre he ligado a los jóvenes al progreso, siempre los he convertido, al menos en mis libros y en mi imaginación, en salvadores de México. Está el ejemplo del #YoSoy132: ahí hay una esperanza de que va a haber crítica al gobierno y rechazo a la corrupción”.

 

Más Paz y más Revueltas

En este año de conmemoraciones, imprescindible hacer referencia a otro autor que, junto a José Revueltas y Efraín Huerta, celebra su centenario: Octavio Paz. Le pregunto qué opina del mensaje que circuló hace unos meses en las redes sociales, aquello de Menos Paz y más Revueltas: “Es una visión muy simplista de las cosas. Hay que recordar que en ‘Posdata a El Laberinto de la Soledad’, Octavio Paz llamó a Revueltas ‘uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más puros de México’”.

Después añade: “Un día, Octavio Paz me dijo que quería ver a Revueltas. Le conté cómo había que ir, qué llevar, cuáles eran las restricciones que había para pasar”. Y efectivamente, Paz lo visitó. “Creo que no coincidía con sus planteamientos, creo que pensaba que Revueltas se la jugaba, que se sacrificaba demasiado por esta cuestión de la que hablábamos hace un momento: que en vez de entregarse a su propia obra, se entregaba a todas las causas de la izquierda en México; además exponía su salud, incluso a su matrimonio y a sus hijos”.

 

Víctima del ninguneo

Desde los años sesenta, varios escritores como José Agustín, Gerardo de la Torre, Vicente Leñero y Carlos Monsiváis señalaron que había una especie de “veto literario” contra Revueltas. Pareciera que, para muchos, las inquietudes del militante eclipsaban los méritos del escritor. A casi cuarenta años de la muerte de Revueltas, Elena Poniatowska considera que el veto sigue: “Siempre hay una actitud de desprecio hacia los militantes. Pero además hay que considerar otra cosa: con las inquietudes que tenía, era muy fácil perder la concentración en su propia obra”.

Añade que las impugnaciones, los ataques y el ninguneo se debieron también a la izquierda indignada por los cuestionamientos que el duranguense lanzaba contra los comunistas dogmáticos, ciegos, sobre todo en Los días terrenales y en Los errores: “A Revueltas todo el tiempo lo juzgaban, estaba en el asiento del culpable, ya de por sí tenía una tendencia a sentirse culpable de todos los males de esta tierra”.

 

La herencia de Revueltas

Cuando le pregunto cuáles serían las enseñanzas literarias que le dejó Revueltas, responde de inmediato: “Primero, esta inclinación hacia los hombres y las mujeres que están fuera de la bonanza de México, un poco los condenados de la tierra, como les llamaba el sociólogo Frantz Fanon. Inclinarse hacia gente que en general no tenía ninguna oportunidad en la vida. Este era un aspecto de la literatura mexicana que José Revueltas abrió… Creo que él tuvo también mucha influencia en Juan Rulfo, porque Rulfo también escribió sobre esas personas de las que nadie quiere saber cómo piensan ni cómo son. Claro que ahí está Azuela con Los de abajo; igual se puede decir que eso hizo en su momento Rosario Castellanos, aunque a ella no le gustaba que le llamaran indigenista, que le pusieran etiquetas a su literatura. Y también lo hizo Elena Garro”.

Aunque no lo menciona, esta preferencia por los que no tienen oportunidades, los que viven situaciones desesperadas, también es un rasgo esencial en lo que escribe Elena Poniatowska: mucho antes de que se pusiera de moda defender los derechos de la mujer, ella estaba involucrada en esas luchas. Recibía en su casa a las mujeres que andaban tocando puertas en busca de sus hijos desaparecidos durante el periodo conocido como la “guerra sucia”.

Otro rasgo por el que desde muy joven ha destacado la más reciente ganadora del premio Cervantes es su capacidad para mezclar dos ámbitos de la palabra escrita: la literatura y el periodismo. Su obra nos recuerda que estas dos esferas no son agua y aceite. En busca de material para sus novelas, Elena Poniatowska se adentraba en las vecindades del Distrito Federal, concretamente en las calles de Morazán y Ferrocarril Cintura, para entrevistar a Josefina Bórquez, una mujer que lavaba ropa y que se transfiguró, por las astucias de la literatura, en Jesusa Palancares, la protagonista de Hasta no verte Jesús mío: “Escribo de lo que veo, de lo que oigo y de lo que me dicen. Escribo con una inclinación natural hacia todo lo que es distinto a mi vida. Me interesa contar las historias de los que no tienen, que no han tenido oportunidades ni privilegios. Tengo más curiosidad por esas historias que me sacan de mí misma y de mi medio social, porque al final, nadie me ha dado lo que me dio Jesusa Palancares”.

Fotografía de José Revueltas, tomada del Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.

Fotografía de José Revueltas, tomada del Archivo General de la Nación, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 7533.1.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
es narrador. Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas. Con Partitura para mujer muerta (2008) obtuvo el Premio Nacional de Novela Policíaca.
Ilustración de Sebastián Ospina.

Apenas se dobla el día a la mitad, aparece una gavilla de prietas subiendo la cuesta. Los jueves vienen de visita las mujeres de los prisioneros. Parecen sombras huérfanas de cuerpo. Su andar es a la par atolondrado y urgente, como esos sueños en los que uno corre pero no avanza. Cargan a los hijos del bandido, cargan canastos con pan negro y guisos y tortillas duras, cargan una lona doblada y los palos y varillas con los que armarán el tinglado que les servirá de íntimo cubil. Llegan sudadas y con 6ytlos pies hinchados. Vienen desde diferentes tipos de lejos. La prisión las recibe desde su majestuosidad de trono en la punta del paisaje. Trono de monarca ultimado. Todas han sentido alguna vez que están ingresando, literalmente, a un hocico. Algunas vienen acompañadas de niños que ya saben caminar. Los han educado para no llorar.

Los prisioneros no pueden verlas aproximarse. Las huelen. Desde temprano apañan una parcela de patio, sienten la sangre de su cuerpo atorándose dentro de sus colgajos; se codean conciliatoriamente, sonríen como mazorcas. ¡Ya es jueves, dios mediante! Dios no tiene nada que ver con la orgía de los reclusos. Dios no pasa revista en aquel claustro de sicarios. Se cuentan por cientos: laberinto de humanos desposeídos y enjutos, mugrosos y bravos. Son cientos y sus erecciones. Hay algunos que se masturban varias veces a lo largo del día para quedarse ya sin una sola gota de leche y así asegurar dureza por más tiempo adentro de mujer, adentro de tripa. Otros realizan ejercicios a lo largo de la semana, gimnasias para retener el chorro seminal. Habrá alguno que se hechice antes chupándole la juventud a las piedras o aquel que unta papilla de insectos en la empuñadura de su genital.

Llegan las mujeres. No se miran entre sí; son como estrellas distantes cuyo único anhelo es formar parte de una constelación. Cruzan el punto de chequeo por turnos. Las mujeres centinelas las manosean fríamente; quizás a alguna esto le parezca odioso, quizás a alguna le entusiasme. Entran al patio central y sienten el fantasma de un dedo aún escudriñando el centro del universo entre las piernas. Ubican al marido entre tanto pellejo de hombre. Reina la penumbra. Y eso que apenas es mediodía. Aquí el sol es ficción, jamás ha lamido rincón alguno de este patio arenoso que hiede a sitio en el que muchos hombres han eyaculado.

Mariano está en la cárcel por haber matado al amante de su mujer. Ni siquiera los cachó, fue el mejor amigo quien se lo reveló entre broma y buches. Ni hablar, compadre, le respondió Mariano, fue detrás del mostrador y sustrajo el arma. Dos balazos en el pecho.

Juliana, infiel, acababa de cumplir veintiún años cuando el drama. Han pasado cuatro de los trece que durará la condena. Cuatro años y sus inminentes jueves. Si fuera feliz además sería bonita. Retiene en sus facciones algo de inocencia frutal, una esquina del mundo esperando a que le quiten tanta telaraña. Su piel está castigada por viruelas rascadas sin censura. Sus ojos enemistados entre sí. Alta pero baja: como las sillas para niños de los restaurantes donde se mete a vender su mercancía. Llaveros cuyos brillos parecen de otra galaxia.

Mariano levanta el brazo y ella se acerca sintiendo las miradas de los demás reos palpándola ya. No tienes dinero para comer pero sí para pintarte las greñas, le dice él como bienvenida. Ella se cuelga de su brazo, le responde algo indescifrable estremeciendo los labios. Juntos dan la impresión de una bandera que, luego de errar sin rumbo, de pronto hallara un asta donde sostenerse.

Alrededor de ellos, las mujeres comienzan a armar las casas de campaña. En cuestión de minutos aquel patio yermo se transforma en un campamento. No hay un método común en la construcción de esas edificaciones del placer, cada una es un prodigio de la improvisación; todas tienen algo de íntimo, de digno. Las hay fuertes y bien asidas, las hay tembleques y diminutas. Algunas, las menos, son de tela.

Los niños que ya saben caminar juegan alrededor de los hogares. Juliana levanta el local sin tanta prisa, maquinalmente. Luego pone una manta en el suelo.

Mariano recuesta y desnuda a su mujer prácticamente de un soplo. Qué demacrada luce: puede vérsele la osamenta debajo de su piel color centavito. Le busca huellas y rastros de otro hombre. ¿Por qué tienes las rodillas raspadas? ¿Para quién te rasuras las axilas? Reclamos que ella amortigua introduciendo al homicida en la tibieza de su regazo. Vestida de sombras, le ofrece uno de sus inmensos pezones, el que está del lado del corazón. En ese momento se borran todos los hombres libres de la faz de la tierra. ¡Jueves, dios mediante! Él hace. Ella recibe, acoplándose talones, cadera y vientre. Se besan. Parches mal cosidos permiten la entrada de polizones de luz, moteándoles el cuerpo. Ella no gime, él sí. Quisiera colocarla encima pero la habitación no da para tanto. Llega él al momento más enorme, la respiración se demora. Es como si entre cada embestida hubieran pasado miles de años. Escasos cinco minutos. Se te ve muy cabrón el cabello así, le dice; incorporándose. Mi güerita.

Se sube el pantalón. Evita mirarle el sexo lleno de miasmas. Ella se limpia con su falda.

Estás muy flaca, ¿qué no comes?

Ella no responde.

Algunas parejas aprovechan la hora y media de visita conyugal para charlar y reincidir en el ayuntamiento carnal cuantas veces sea posible. No todos hacen lo que Mariano:

Sale de la choza. Ahí afuera ya está conformada una desordenada hilera de presidiarios. Él los mide de reojo, calculando su imperio. Depositan dinero o gramos de chingadera en la mano del dueño y se meten adonde Juliana los va recibiendo uno por uno, piernas abiertas. Las reglas: sin mordidas y con prisa. No son reglas establecidas, se dan por hecho estando la morena tan guapa y la clientela tan impaciente.

El primero en la fila es un bruto que asesinó a alguien. Su basuco está adulterado con polvo de ladrillo que raspó de su celda.

Mariano observa a su alrededor las casuchas dispuestas irregularmente. El murmullo sexual es como un concierto de grillos: un gemido por allá, un grito contenido bajo la palma de una mano, el choque de dos cuerpos tenazmente humedecidos. Una mujer embarazada camina en puntas de pie huyendo del patio y con el rostro lleno de lágrimas. Los niños corren levantando una nata de polvo y ensoñación.

Sale el hombre, saciado. Entra el cliente sucesivo. Un alboroto. Los niños juegan a que son gatos. En los balcones vigilan varios guardias, botados de la risa. El viento suda. Los prisioneros más ancianos no participan del recreo, intentan espiar por entre los huecos de las lonas. Se ríen a carcajadas y rara vez tienen dientes.

Sale el hombre, inmediatamente entra otro. Uno que abrió el gas para que todos los de su edificio murieran.

Los niños juegan a que son gatos que son tigres. Mariano respira hondo, siente comezón en la ingle. Se truena cada uno de los dedos. Piensa en el exterior. Recuerda que era necesario sintonizar los canales de televisión con una perilla, recuerda que había un semáforo a la misma altura de la ventana de la casa en que creció, recuerda el culo de una vecina, recuerda a los perros bañándose en la fuente.

Sale el hombre, entra otro. Y después de ese, otro más. Y luego otro. Mariano pierde la cuenta. O tal vez nunca se aprendió bien los números. Todos asesinos: aquel mató a su hermano, aquel a su patrón empleador, este otro ahorcó a su madre con una agujeta de zapato.

Ese no pasa, le dice Mariano al próximo cliente. Es un joven que va de la mano de su padre.

Es mi hijo. Ya está en edad.

Que se vaya a jugar con los otros chamacos, exclama Mariano, aquí nomás aceptamos presos.

Se miran fijamente. Ojos inyectados de sangre, puños comprimidos, dientes recién afilados. Los tres hombres que aún forman fila comienzan a quejarse exigiendo turno. Los tres tienen metida una mano debajo del pantalón mientras se empujan con la otra. Chiflan aceleradamente.

El joven se esconde detrás de su padre; parece niña, bien peinado, con ambas mejillas sonrosadas y una explosión de pecas negras en todo su rostro de fruta. Le tiembla la barbilla, sus ojos son dos gemas.

Que pase, dice una voz trémula desde el fondo de la casa de campaña.

Ilustración de Sebastián Ospina.

Ilustración de Sebastián Ospina.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1980) ha publicado el libro de cuentos El demonio perfecto (BUAP, 2008), las novelas Balas en los ojos (Ediciones B-Zeta bolsillo, 2011) y El siglo de las mujeres (Ediciones B, 2012). Fue ganador del Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí con el libro Perros sin nombre. Es autor de Niños tristes (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2013).
Mommy (Xavier Dolan, 2014).

La 57 Muestra entra en su última etapa con las siguientes películas. Las cuales he podido ver en las proyecciones anticipadas para poder compartirlas con los lectores de Tierra Adentro:

 

Tan negro como el carbón (2014), de Diao Yi’Nan, ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín. Es un film noir sobre un agente policíaco alcohólico que cinco años antes atestiguó la desaparición de dos amigos. Ahora, con el caso sin resolver, volverá a la carga hasta dar con el homicida y la primera sospechosa es una mujer aparentemente inocente, callada y trabajadora en una lavandería. Aunque tiene momentos de originalidad estética, en lo particular, esta cinta fue una de las pocas que no me logró atrapar.

 Tan negro como el carbón

Mommy (2014) es el quinto largometraje del joven director de cine quebequense Xavier Dolan. Premiada en la pasada edición del Festival de Cannes con el Premio del Jurado, en esta cinta Dolan vuelve a la relación entre madre e hijo, como en su primera película Yo maté a mi madre. En el caso de Mommy, el hijo tiene problemas sicológicos y carga con el trauma de la muerte de su padre; la madre, por su parte, debe enfrentar la responsabilidad de hacerse cargo de su hijo, luego de que éste sale de un hospital mental, luchando por mejorar su situación por medio de varios trabajos temporales. A ellos se unirá una vecina que es maestra, tartamuda debido a un suceso traumático, quien mediará para que la relación entre madre e hijo no acabe peor. Lo primero que llama la atención de la nueva cinta de Dolan es que la pantalla es de un encuadre muy cerrado y que, aunque la historia sucede en 2015, la música es muy noventera (Dido, Oasis…).

Mommy

Fuerza mayor (2014), del sueco Ruben Östlund, trata sobre una familia que emprende unas vacaciones de invierno a los Alpes, lugar donde ocurrirá un incidente que romperá con la estabilidad familiar hasta convertirla en un drama y casi una tragedia. Además, es una cinta que cuestiona el instinto de sobrevivencia, distinto en una mujer (preocupada por salvar a su familia) y en un hombre (más preocupado por salvarse a sí mismo). Paulatinamente, pues el ritmo de la película así lo propone, el espectador podrá ver cómo los roles en la pareja se intercambian. Un magnífico largometraje para cerrar esta edición de la Muestra.

Fuerza mayor

Con esas tres películas la 57 Muestra Internacional de Cine llegará a su final. Si te perdiste algunas de las primeras cintas que se proyectaron en la Cineteca aún puedes encontrarlas en sus últimas funciones que estarán programadas en algunos Cinemex, el Centro Cultural Carranza, el IPN, el Chopo, el CCU-Tlatelolco y la sala Julio Bracho de la UNAM, consulta la programación aquí o en las redes sociales de la Cineteca Nacional.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Cartel de Co.Relato; Aves 1.0, tomado del Facebook de Foro el Bicho.

Cuando se habla de nuevos dramaturgos es importante distinguir entre aquellos que están en formación, los cuales se la pasan escribiendo y aprendiendo de la prueba y el error, y los que se conocen porque se habla de ellos en los talleres literarios o en pláticas entre amigos que se dedican al teatro; los que tienen una o dos obras publicadas o montadas y aquellos y que a corta edad ya comienzan a tener una carrera sólida.

¿Cómo se sabe cuándo un artista realmente tiene talento? Con el tiempo; el tiempo, como sabemos, coloca  a cada uno en su lugar.

Existen en el mundo del Teatro personas muy talentosas que poco a poco se van abriendo paso en esta disciplina, al mismo tiempo que van creando su propio estilo, lo cual siempre loables y motivo de festejo. Un ejemplo de esta labor es el trabajo del dramaturgo Alejandro García, egresado de La Casa del Teatro en el 2007, quien además es director de la compañía Teatro H. El también maestro fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas por dos periodos y actualmente presenta la obra Co.Relato; Aves 1.0, en el Foro el Bicho, hasta el 7 de diciembre.

A continuación compartimos una escena de Co.Relato; Aves 1.0.

 

Co.Relato; Aves 1.0  

ESCENA UNO

Nina es una actriz en sus años veinte, luego en sus treinta. Greta, amiga de Nina y Edvig, fue madre de dos hijos, divorciada. Edvig es una mujer en transición, tiene por mascota a un pato salvaje. La acción se desarrolla en la casa de alguna de las mujeres.

 

NINA: Al final…

GRETA: No, Nina, no. En el final no, estamos aquí. Esto es el principio.

EDVIG: Aquí empieza todo. No quiero empezar esto.

NINA: Es una forma de hablar.

GRETA: Pues sé más clara.

NINA: Si dejas de interrumpirme.

GRETA: Qué horror.

NINA: La verdad. ¿Qué es la verdad?

GRETA: No, no, no. Por favor.

NINA: Sí, tenemos que preguntarnos eso también. ¿Qué es la verdad? Otra vez, necesitamos saberlo otra vez. Y yo les pregunto, ¿qué es la verdad?

EDVIG: No creo que la verdad exista, es una idea.

NINA: Con base en eso, Greta, qué es la verdad, la verdad de lo que pasó. Porque parece que nos estamos preocupando mucho por eso.

EDVIG: No importa.

NINA: Ahora dices que no importa.

EDVIG: Sólo a ti te importa, a mí no, a ella tampoco.

NINA: ¿Somos amigas?

EDVIG: Más.

GRETA: Ya, Nina, te haces daño tratando de desentrañar cosas que no son.

EDVIG: ¿Por qué te haces esto, bonita? Precisamente hoy.

NINA: No importa. Hay cosas que valen más.

GRETA: Sabemos que no te gusta tu cumpleaños. Pero queremos festejarte.

EDVIG: Queremos una fiesta, Nina.

NINA: Pues yo no. Quiero largarme de aquí.

EDVIG: No entiendes. (Pausa.) No entiende.

NINA: Es mi cumpleaños, carajo.

GRETA: Sí, pero si estás sola, qué sentido tienen cumplir años, una y otra vez, qué sentido tienen las cosas si las haces sólo para ti. No seas estúpida, Nina, por favor.

EDVIG: Ya no te escucha.

GRETA: Está descontrolada.

EDVIG: Nina, Nina.

NINA: No estoy aquí. Decido no estar aquí. No estoy aquí.

EDVIG: ¿Te vas a encerrar en el baño? (Pausa. Nina no contesta.)

GRETA: No sé qué quiere. De cualquier modo hay que hacer algo, ¿no? Para eso estamos aquí.

EDVIG: ¿Y si…? ¿Si la asustamos?

GRETA: ¿Asustarla?

EDVIG: ¿No…? Bueno: sorprenderla pero con buen ánimo.

GRETA: Después de hoy, tú sabes cómo es. Hoy, que se ponga así…HOY.

EDVIG: No sé.

GRETA: Siempre con tu no sé. No sé, no sé. Podrías decir otra cosa, para variar.

EDVIG: Bueno, cálmate, por favor. Sólo es eso y ya. No me gusta que se ponga así. Además pareciera que es de la nada. ¿Sabes? La verdad, su eterna búsqueda por la verdad. No le basta que las cosas sean, además tiene que saber por qué son.

NINA: Las estoy escuchando.

EDVIG: ¿Qué?

NINA: Aquí estoy. Ya sé que quisieran librarse de mí, pero aquí estoy.

GRETA: (Ruidos en la casa.) Espérate Nina, escuché algo.

EDVIG: Algo como…

NINA: ¿Qué?

GRETA: Silencio, silencio…

EDVIG: Me asustas, Greta.

GRETA: No. Calla…

NINA: ¿En serio escuchaste algo?

GRETA: (Greta percibe algo que pasa frente a ella.) Miren, ¿lo ven? ¿Lo ven?

EDVIG: Mira la cara que pones. ¿Qué pasa? Eres tú, ya no juegues conmigo.

GRETA: (Pausa. La presencia se va.) Como quieras. Ya, no pasa nada. (Transición.) Así decía mi mamá. A veces.

EDVIG: ¿Como quieras?

GRETA: No, lo de asustar. Ella decía que yo le asustaba.

EDVIG: Pues sí.

NINA: Eso ya lo dijiste, siempre lo dices.

GRETA: ¿Lo escuchaste?

EDVIG: Yo no.

GRETA: Fue buena, y yo fui buena. Pero llegaba el día…

NINA: “Llegaba el día en que nos decíamos cosas”. Ya lo dijiste…

GRETA: Ella se asustaba de mí. No era miedo, era un susto. Podíamos estar en el mismo cuarto y nada pasaba, pero me miraba y decía…

NINA: Quita esa cara, qué te pasa, me asustas.

GRETA: No sabía por qué me decía eso. Nunca supe. Y mucha gente me lo dice, eh.

EDVIG: Que asustas.

GRETA: A veces. A veces, asusto. (Silencio breve.) Hoy no desayuné. ¿Creen que sea eso? A lo mejor hoy las cosas no son lo que parecen, ni tú, ni yo, ni ella, ni nadie.

NINA: Quizá. Es triste. (Pausa.)

GRETA: ¡Tengo hambre! Sólo tomé café, en un vaso de unicel, qué horror.

NINA: (Transición.) ¡Está bien! Vamos a festejar de una vez. Es mi cumpleaños, carajo.

GRETA: ¿Qué? (A Edvig.) Está enferma ¿Te das cuenta de lo rara que es?

EDVIG: Hoy es…

GRETA: ¿Hoy es qué?

EDVIG: Su cumpleaños.

GRETA: Claro que sí. Qué raras están las dos.

NINA: (Va por una botella de vino.) Bueno, este es un vino delicioso. ¿Quieren?

EDVIG: Yo sabía que hoy era tu cumpleaños, pero de pronto me olvidé. ¿Sabía o no sabía?

GRETA: Sabías. Nina, ¿cómo vino? Ni siquiera hemos desayunado.

NINA: Claro que sabías. ¿Vino? ¿Alguien?

GRETA: Ay, bueno, sí. Yo sí quiero.

EDVIG: No me acordaba. Ahora sí.

NINA: Es normal en ti. Yo me acuerdo siempre de sus cumpleaños. Del mío, no.

GRETA: Te acuerdas de todo, ¿no? Menos de tu propio cumpleaños.

NINA: Hay personas que no soportan sus cumpleaños y quizá yo soy de esas. A veces no soporto nada. Quisiera irme lejos, volar como una gaviota y empezar todo de nuevo. Una vez, cuando todavía tenía un hilo de esperanza decidí que quería ser actriz.

GRETA: Eres actriz, Nina.

NINA: Y tuve un novio, bueno, no éramos del todo novios. Nos gustábamos. Él me gustaba y yo le gustaba a él. Una vez me dijo…

EDVIG: Tú eres Nina y descubriste Rusia el día que Rusia te descubrió a ti.

NINA: Sí.

GRETA: Ya nos lo habías contado, querida.

NINA: Tengo cierto poder sobre las personas. Sé que me desean, me piensan y por eso sé que un día llegaré a ser buena actriz. (Pausa.) No sabes lo horrible que se siente salir al escenario y darte cuenta de que tu actuación es horrible.

GRETA: Es una clase de desprecio.

NINA: No eres tú a la que alguien más desprecia. Tú te desprecias a ti misma.

GRETA: Si no te quieres, cómo vas a querer a otro… y peor, si ese otro es de ficción.

EDVIG: Tengo que ir a darle de comer.

NINA: ¿Cómo?

EDVIG: A mi pato. Es tiempo de darle de comer. Adiós, chicas.

GRETA: Si no vas tampoco pasa nada. Nina, ya deja ese vino, por favor.

NINA: Es la primera copa. Además hoy es mi cumpleaños. ¿No deberíamos brindar?

EDVIG: Descansemos.

GRETA: Sí. Sólo un momento.

Cartel de Co.Relato; Aves 1.0, tomado del Facebook de Foro el Bicho.

Cartel de Co.Relato; Aves 1.0, tomado del Facebook de Foro el Bicho.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.