Tierra Adentro

 

Antes de hablar de la película inspirada en la creación de Ricardo Ariel Velderrain Castro, alias Ricardo Cucamonga, quiero dejar en claro lo siguiente: no soy crítica de cine, soy poeta, y una poeta pop. Así que no soy tiquismiquis y puedo ver una peli dominguera sin problema alguno. Bueno, tengo mis reservas con ciertos productos que son, francamente, de mal gusto y pésima factura.

Estuve a punto de no ir al cine a ver Cindy la Regia, dirigida por Catalina Aguilar Mastretta y Santiago Limón con guion de María Hinojos, debido al estrés postraumático que me han generado las comedias mexicanas en general. Pienso en clásicos como la serie La risa en vacaciones, cuya objetificación del cuerpo femenino al ritmo de “Pasito tun tun” es un tema que no pienso ahondar aquí, o las comedias románticas, que son bien mochas.

La última comedia romántica que pude terminar de ver fue ¿Qué culpa tiene el niño?, una apología de la violación (con discurso provida. Vi esto y dije bye para siempre a ese Novísimo cine mexicano.

Cuando supe del lanzamiento de Cindy la Regia, sospeché que sería una comedia romántica más en la que las mujeres no son protagonistas o, si lo son, están supeditadas a los personajes varones. Pero mi gusto por la sátira de Cucamonga me convenció de darle una oportunidad a una película que parece tener dividido a México. La gente la ama o la odia… antes de verla.

 


 

El pasito perrón no tiene nada que ver con San Pedro Garza García, municipio de Nuevo León con uno de los Índices de Desarrollo Humano más alto de México. A pesar de ser una invención guanajuatense, el Pasito perrón es una muestra de los clichés del Norte más recurrentes: sombreros grandes, botas de punta, acordeón, rancho grande y un ritmo jocosamente desaforado.

La película ocurre en ese otro norte de San Pedro Garza García, en donde Cindy Garza es una chica popular de veintipocos años.

que, en la caricature de Cucamonga, es un vivo retrato del carácter eternamente aspiracional que tenemos los mexicanos (el Spanglish, el clasismo y el racismo destilados en el viboreo) y también de nuestra doble moral. Y esta Cindy, banal y orgullosa de su propia ignorancia, no es la que aparece por completo en la película. Tiene un poquito de la caricature pero, de entrada, no encontraremos su humor negro.

El personaje principal, que le queda como anillo al dedo a Cassandra Sánchez-Navarro, lo tiene todo. Vive en una burbuja y está rodeada de privilegios. Ha pasado toda su vida haciendo lo que se espera de ella: encontrar al príncipe azul, casarse con él y… pues ya. (Bueno, hay mucho shopping, club campestre y manipedis en ese futuro prometedor).

Cindy (Sánchez-Navarro) deja al “partidazo” (su novio de toda la vida) con ayuda de Mari, la empleada doméstica, con la que parece tener más cercanía que su mejor amiga que ama-odia (obvio porque “las mujeres competimos unas con las otras” ¿?). Total que Cindy llega a la HorribleYPeligrosísimaCDMX®, donde te pueden verlacara-robar-matar-abducir con su prima Angie, una lesbiana interpretada magistralmente por Regina Blandón, que vive con su pareja Rox (Nicolasa Ortíz Monasterio). Como es de esperarse su mommy (una señora señora conservadora) y su daddy (que es un luchón enriquecido) ponen el grito en el cielo y le cancelan las tarjetas para que ella solita salga adelante para aprender una lección. Cuando pierde momentáneamente sus privilegios, a Cindy (Sánchez-Navarro) se le prende el foco.

Las vicisitudes de la sampetrina incluyen no tener nada “tipo bien” y, al irse acercando a su prima, sus colegas hipsters o prospecto de galán, se da cuenta de que cada persona libra batallas desde una trinchera que está años luz de la suya, donde había vivido protegida en su mansión pensando en el qué dirán cuando lo más importante en esta vida no es lo material… (y no, no es como en Nosotros los nobles). Así se da cuenta de que las clases sociales no determinan el valor de una persona y Cindy (Sánchez-Navarro) decide ¡por fin! decidir.

 


 

Después de quince años de leer a Cindy, podemos ver “la niña más cool de México” en pantalla pero tengo mis peros. El sonorense Ricardo Cucamonga estudió mercadotecnia en el Tecnológico de Monterrey y, al inicio de su carrera professional, trabajó en agencias de publicidad. Fue, entonces, cuando “Cindy nació de las anecdotas de una amiga. A mí me hacía mucha gracia y después me di cuenta que ahí podia tomar las ansiedades sociales y desarmarlas, fui confeccionando al personaje (…) y fui sleccionando una serie de temas y situaciones que lo configuraron de una manera más orgánica”. Lo que más me atrae de Cindy en tira cómica es su incorrección política y eso no aparece en la pantalla grande. Me hicieron falta personajes como Tiffany, que es la hermana “rebelde” de Cindy y, como casi toda persona woke, se cree moralmente superior. Me hubiera encantado ver una escena inspirada en esto:

 

 

O ver a Cindy diciendo “gooey, oso mil” por el look emo de Tiffany:

 

Si bien Cindy sale de su zona de confort al enfrentarse a situaciones que la hacen cuestionarse acerca de lo que es verdaderamente importante en la vida (por ejemplo, tiene que ganarse el dinero con sus propias manos, se atreve a desmontar los mitos del amor romántico, aprende a aceptar y abrazar las diferencias de las personas que la rodean y no simplemente tolerarlas y, mucho menos, criticarlas). En pocas palabras, Cindy se entera que el éxito en la vida de una mujer no es casarse “tipo bien” y que los vínculos van más allá de tener miles de seguidores en Instagram.

Este despertar no ocurre, por ejemplo, con la versión caricaturizada de Martha Debayle, que me pareció de lo más chocante e innecesario pues escupe clasismo (aunque, al final, Cindy le da la vuelta al enseñarla a pronunciar correctamente “awkward”). En el caso de Mari, la trabajadora del hogar, hay un manejo de recursos fáciles que hemos visto incontables veces y que resultan ser, lamentablemente, clasistas (no sabe escribir correctamente, es tratada con condescendencia “pero es como de la familia” y parece salida de un telenovela de Televisa).

Estos dos peros son fuertes contrastes con el excelente (y apegado a la realidad) desarrollo de la historia parelela de amor de Angie y Rox (¡ver una pareja sana de lesbianas con sus altas y bajas donde no son modelos es casi inconcebible en un país como el nuestro!) o la presencia de la abuela paterna Mercedes (Isela Vega), que amé por completo, puesto que es una mujer que rompe con el molde impuesto en la época en la creció al tomar las riendas de su vida y ser libre.

Angie y Mercedes son las que también nos dejan una lección en esta película cuya agenda es claramente feminista. Extrañé mucho el sarcasmo y la ironía del cómic, sí, pero la Cindy encarnada es mucho más abierta que la de los dibujitos y eso permite que aprendamos también de y con ella. Me reí mucho y me emocioné porque ¡hay feminismos, hay diversidad, hay cunnilingus! Hay cuestionamiento y confrontación a lo que supuestamente debemos hacer como mujeres en México. Y eso se aplaude.