Tierra Adentro

 

Ciruelo

El árbol había resistido la sequía,
el casi eterno vendaval
y aquella plaga
que lo despojó de toda grandeza.
Pese a ello y con obstinación de roble
permaneció en pie.

Vivió como un barco encallado,
una casa de juegos
para la niña que fui.
Quizá por ello mi madre
—en contra de su obsesión
por llenar el patio sólo de árboles
majestuosos, fuertes y sanos—
le concedió más vida.

Por meses creí
que ella premiaría la perseverancia
del ciruelo,
su voluntad para seguir anclado
a este mundo.
Pero me equivocaba,
la prórroga llegó a su fin:
A veces la voluntad no es suficiente,
la escuché decir,
mientras el árbol era derribado.

Nadie supo en casa
por qué no protesté, ni pude llorar,
como tampoco supieron
que por años odié al ciruelo,
lo desprecié
por no haber resistido
la mano de mi madre,
por ser árbol
y no quedarse.

 

Cama individual para dos

Acomodamos nuestros cuerpos
de tal forma que ese espacio
fuera suficiente para ambos.

Pensamos que embonarnos frente a frente
y respirar el mismo aire
era la seguridad de jamás separarnos,
de permanecer.
En 90 centímetros
no podrían caber dudas
ni miedos.

«Ya cómprense una cama matrimonial»
nos decían y nosotros necios:
estábamos seguros
que más espacio
nos separaría,
que la lejanía iba a destruirnos.

Nos bastaba algo pequeño.

Si yo hubiera sabido que todo iba a terminar,
habría comprado una cama grande
—que fuera de los dos
donde pudiéramos recorrernos libremente
y donde nuestras preguntas también tuvieran espacio
e incluso los miedos, las inseguridades.

Después de todo,
y lo pienso ahora que es de noche
y hace frío,
ahora que duermo sola
en mi propia cama individual
y aunque me duele tener espacio para moverme.

Después de todo

una cama individual

jamás es para dos.


Autores
Poeta bilingüe (tu´un savi-español) promotora cultural y tallerista. Ha participado en distintos recitales, talleres y festivales tanto en México, India, Colombia, Estados Unidos, Guatemala, Puerto Rico, Venezuela y Cuba. Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía del 2015 al 2017. En 2017 Recibió el Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Cenzontle, en 2018 obtuvo el Premio Nacional de la Juventud, en 2019 el Premio Juventud Ciudad de México, en 2020 el Premio CaSa de Literatura para Niños, así como mención honorífica en el Premio Antonio García Cubas en la categoría de Libro Infantil, en 2021 el Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón. Desde 2018 es miembro de Latin American Studies Association (LASA). Autora de los poemarios Ñu´ú Vixo /Tierra mojada, Pluralia Ediciones, México, 2018, Tikuxi Kaa/El Tren, Almadia, México, 2019, Isu ichi/ El camino del venado, UNAM, México, 2020 y Las formas de la lluvia/ বৃষ্টিধারার নানা রূপ, JOLDHI, Bangladesh, 2021. Su obra ha sido traducida al árabe, inglés, francés, bengalí, hindi y catalán.