Tierra Adentro
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Hay música para escuchar en carretera y está Bob Dylan. Desde que comencé a viajar de la Ciudad de México a Iguala y de vuelta supe entender la diferencia y proveerme de playlist según mi ánimo, porque si quería dormirme en el viaje no podía escuchar a Dylan. Porque Dylan es todo menos música de fondo, o música para platicar o hacer el aseo y lavar los trastes para esos menesteres domésticos tenemos la cumbia, la salsa y el reggaetón.

A Bob Dylan lo escuchamos cuando toda nuestra atención está puesta en su música, en los acordes, en la contemplación de las armonías y en las emociones. Porque escuchar a Dylan es algo más, es contemplar la poesía en una de sus formas más sublimes y especiales. Escucharlo es también remitirse a los tiempos en los que la música y la literatura eran la misma cosa. Las letras escritas por Dylan, cuyo nombre de nacimiento es en realidad Robert Allen Zimmerman, han sido estudiadas en diversas facultades de literatura de universidades de alto renombre.

Homónimo, el primer álbum del músico estadunidense cumple, este año, sesenta años de haberse lanzado. Un disco compuesto en su mayoría de canciones folk de la tradición estadounidense, de por artistas clásicos, a excepción de dos canciones propias, “Talkin’ New York” y “Song to Woody”.

A pesar de la gran fama que goza Bob Dylan hoy en día, cabe decir que el lanzamiento de su primer disco no tuvo mucha popularidad como se esperaba ni causó un gran impacto. El primer año vendió solamente cinco mil ejemplares, aunque para finales de 1970, dado el éxito de sus sucesivos discos, este álbum llegaría a las 200.000 copias vendidas.

Grabado en tan solo dos días en Nueva York, para ser exactos 20 y 22 de noviembre de 1961, y producido por compañía discográfica Columbia Records en marzo del siguiente año, Bob Dylan no formo parte de ninguna lista de mejores vendidos ese año y no tuvo atención de la prensa como sucedería con sus siguientes trabajos.

La selección de canciones que componen el primer disco de Bob Dylan, dejan ver a un cantante y un artista versátil, con una inmensa capacidad de mimetizarse con letras y melodías icónicas dentro de la tradición del folk, que incluye la habilidad de incorporar lo ajeno a lo propio para hacerlo crecer y que eso se adhiera a su sello personal tan peculiar, es decir, adueñarse de lo clásico e incorporarlo a su música, no como un novato que copia sino como un alumno aplicado que aprende de los maestros.

Bob Dylan fue una gran prueba para su autor, una prueba de fuego totalmente directa para un artista joven cuyos únicos recursos posibles eran una guitarra y una armónica tocadas por él y, por supuesto, su voz tan peculiar.

“Talkin’ New York”

La segunda canción en el orden del álbum es una crónica de los primeros días en los que Bob Dylan estuvo Nueva York. Esta canción comienza con una situación muy común de cualquier persona que se muda del campo a la ciudad y quiere conseguir trabajo sin lograrlo, pues no conoce a nadie y su nombre todavía no suena nada. Dylan también describe a las personas entrando al subterráneo, yendo y viniendo de grandes edificios, el invierno frío de la gran ciudad y el viento gélido soplando por las calles:

“’Till I come into New York town

People going down to the ground

Buildings going up to the sky

Wintertime in New York town

The wind blowing snow around

Walk around with nowhere to go

Somebody could freeze right to the bone

I froze right to the bone”

Es un blues hablado muy a la manera del artista, en el que nos cuenta un poco sus dificultades para conseguir trabajo, al menos como cantante, y las trabas que enfrenta en Greenwich Village en el que lo tachan de tener un aire campesino y le dicen que quieren verdaderos cantantes de folk:

Come back some other day

You sound like a hillbilly

We want folk singers here,

Una crónica de lo que es ser un artista buscando una oportunidad en la gran ciudad, a la manera de tantos y tantos que salieron de sus lugares de origen y emigraron al centro de todo para hacerse un nombre y de una trayectoria.

“Song to Woody”

Otra de las dos canciones compuestas por Dylan en este primer álbum es “Song to Woody”, inspirada y dedicada para el músico y cantautor de folk estadounidense, Woody Guthrie. El original de esta canción dice de puño y letra que fue escrita por Bob Dylan en el bar Mills de la calle Bleaker de Nueva York el 14 de febrero. Esta composición está dedicada a un mentor, pero es también una canción de carretera, en el que se relata el inicio de algo, de un viaje que bien puede ser el de un artista que va comenzando sus búsquedas personales, apoyándose el camino que trazaron los que estuvieron antes que él:

I’m out of here

A thousand miles from my home

Walkin’ a road

Other men have gone down

Los versos siguientes de “Song to Woody” parecen un reclamo a su interlocutor, son duros y contrastantes con el tono bucólico y optimista del joven artista que aún cree en sus ideales:

I’m seein’ your world of people and things

Your paupers and peasants

And princes and kings.

Y paradójicamente dentro de sus metáforas, cómo se vislumbra toda la poética que maneja en sus canciones venideras, interpela a Woody pero también a grandes de la música folk como Cisco Houston, Sonny Terry o Leadbelly, a quienes también re conoce como compañeros en ese viaje artístico que está emprendiendo, comprendiéndolo como colectivo y colaborativo entre todos los que han marcado su formación musical.

Here’s to Cisco an’ Sonny An’ Leadbelly too

That traveled with you Here’s to the hearts

And the hands of the men That come with the dust

And are gone with the wind.

La cancion termina de un modo tan bello, con el deseo puesto en el camino y en la carretera, algo muy cararterístico del cantautor que ya deja ver su espíritu:

I’m a-leavin’ tomorrow

But I could leave today

Somewhere down the road Someday;

the very last thing That I’d want to do

Is to say I ́ve been hittin’

Some hard travelin’ too.

A pesar de que vemos muy poco en este primer álbum de Bob Dylan, sólo dos canciones propias, existen maneras de adivinar y sentir una buena parte de sus reflexiones de entonces: un joven cantautor idealista —consciente de la tradición de la que viene pero también con motivaciones propias para romper estos esquemas establecidos—, se presenta someramente pero con la fuerza que lo ha caracterizado toda su vida y durante todo su trabajo, lo que lo ha llevado ser uno de los íconos no solamente musicales sino literarios más importantes de nuestros tiempos. Tal fue el caso que en 2016, la academia sueca del Premio Nobel le otorgaba el de literatura por “haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”.


Autores
(Guerrero, 1988), poeta. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el periodo 2014-2015, y del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca, en el periodo 2017-2018. Ganadora del Premio Nacional de Poesía Tijuana 2018, es autora de los libros Una jacaranda en medio del patio (2018), Cosas comunes (2019) y La arista que no se toca (2019).

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.