Tres movimientos de distancia
DELANTE DE MÍ ESTÁ LA PISTA DE CORRER y el viento que desciende de las copas más altas de esos árboles variaciones de tonos verdes movimientos luz comienzo las primeras pisadas pensando en mi respiración que debe llevar la carrera la mente en mi cuerpo mis piernas endurecen en el esfuerzo por subir las pendientes jadeo otros jadeos pienso que es el último kilómetro en la colina desciendo siento el golpe del pecho mi corazón la sangre correr por mi cara caen las primeras gotas que se resbalan hacia la espalda pero quedan atrapadas en el círculo que forma mi playera en el cuello suave se junta un charquito a momentos frío cuando el aire lo pega a mi piel me asombro de estas piernas que avanzan a este cuerpo me pregunto hasta dónde podrán llevarme y pienso el día que subí una montaña desde antes del amanecer para ver el cielo la luna después los primeros tonos del sol encendiéndome un aire fresco casi frío sobre mi cara seguir caminando un placer primero en la respiración el sonido de los pasos la sangre saliva el viento quedito hasta que pasan las horas el dolor insoportable y el cuerpo casi comienza a desaparecer
DISPARO CON PISTOLA DE AIRE COMPRIMIDO
Los juegos olímpicos de París me trajeron a Kim Ye-ji
y ahora imagino que soy Hervé Joncour, y ella
la muchacha
(en este poema)
con ojos de sesgo oriental frente a mí
escuchando la historia de mi vida
sin despegar la mirada hasta que el agua
tibia en una taza al borde de mi boca
nos suspende la contemplación
en el silencio que en seguida corto aún
en la dulzura de mis labios humedecidos.
Ella alarga su mano hacia la taza que gira
a la altura de sus ojos
buscando mis labios para beber en los suyos
también
que luego me envía una carta escrita en coreano
hilos de seda haciendo las pisadas de todos los pájaros del mundo
como tributo a nuestro amor
pero también canto a lo imposible
(como mirlo extraviado en el desierto)
cuando intenta recordar algunos versos de Song of Everlasting Regret de Bai Juyi
un poema triste sobre los amantes
(la princesa Yang y el emperador Xuanzong de Tang)
que no pueden estar juntos
y somos nosotras
ella en un barco que atraviesa el mar Amarillo para regresar a casa
y yo en esta carta
a la otra orilla del mar
con el mismo deseo de la princesa:
que el mundo se apague para ser pájaros y volar juntas.
Un cielo de aves que pasa por la ventana es lo que nos espera
entrando al sueño
y verla de cerca con su gorra al revés
lentes futuristas
mirada sostenida en dos pequeñísimos lunares
una mano en el bolso y la otra
a punto de jalar el gatillo
que la convertirá en el personaje de ciencia ficción de los olímpicos
o en la chica de rasgos orientales
que me disparó al corazón
a diez metros de distancia.
COMO ABRIR UNA BOLSA DE PAPITAS
Cuando bajé del avión el aire
se me pegó al cuerpo como calca de los looney tunes
la única estampilla que recuerdo
de la infancia.
La encontraba de a una
o con suerte de a dos o tres
en la bolsa de papas.
Luego la ponía en el nintendo que llegó a casa
y era de segunda
pero justo por eso entrañable y lo quería hermoso
porque aunque viejo tapizado de cinta canela
funcionaba.
Así, Rebeca,
cuando llegué a la ciudad donde vives
recordé la época
cuando esperaba la fortuna de que en la bolsa de papitas
hubiera más de una calcomanía para lucir
bello
radiante
como mi nintendo que además
tenía pistola para cazar patos.




