Tierra Adentro
Fotografía de Peter Rivera. Condones en exhibición, Amsterdam.

Un muchacho de catorce años llega a una farmacia y toca el timbre. Sale el vendedor, un estudiante gordo de farmacología con el rostro lacerado de granos.

—¿Sí?

El muchacho de catorce años mira sus granos.

—¿Qué vas a comprar?

—¿Te-ten-tendrá preservativos? —dice mirando la vitrina que exhibe todos los condones.

—Sí.

—Dos. Sí. Dos, por favor. Los más baratos.

 

El estudiante gordo de farmacología va por los preservativos, se mete de nuevo al almacén y, luego de un minuto, vuelve cargando una bolsita blanca.

—Toma.

—Una pregunta: ¿y los preservativos de la vitri…?

—Son de exhibición y están con llave.

—Ah.

—Toma.

—¿Cuánto es? —pregunta apurado.

—¿Tu primera vez? —pregunta el gordo estudiante.

El muchacho de catorce años piensa.

—Sí —le sonríe tímido y el gordo asiente.

—Entonces te sale gratis.

—¿Qué?

—Que es gratis. La primera vez debe ser especial desde el inicio, ¿no? Ahora toma —dice pasándole la bolsa por la reja. Me cuentas qué tal te va.

El muchacho de catorce años asiente enérgico, coge la bolsa y se retira sonriendo. Feliz por el regalo del gordo, feliz por su primera vez. Decidido a encontrarse con María que estará sola en casa.

El estudiante gordo de farmacología regresa al almacén, se sienta, muerde su pan, saca otro puñado de condones y son una aguja sigue su trabajo.