Tierra Adentro
Subversión (ciber)feminista por Ray Patiño
Subversión (ciber)feminista por Ray Patiño

>> Fotograma del performance de Literatura Expandida Jam Textualidades en Contingencia. Texto, Daniela Tarazona. Intervención digital, Marianne Teixido. Casa del Lago UNAM, junio 2020. <<

>> Fotograma del performance de Literatura Expandida Jam Textualidades en Contingencia. Texto, Daniela Tarazona. Intervención digital, Marianne Teixido. Casa del Lago UNAM, junio 2020. <<

Redes, hilos, cuerpo, hardware, territorio. Parecía que la pandemia paralizaría al movimiento feminista, ese que en marzo hervía de ira, rabia, que gritaba justicia al tiempo que destruía la propiedad pública y cimbraba las estructuras machistas de poder, para hacer oír nuestras exigencias mientras lo quemábamos todo. Tuvimos que parar de tajo y parecía que se había apagado. Pero desde el resguardo seguimos tejiendo redes, conversando, compartiendo, creando, organizándonos, manifestándonos, problematizando. Resistiendo cada una, desde nuestras trincheras.

Internet, como territorio, está ocupado por las mineras de datos, que excavan en nuestras cuerpas virtuales y tienen como objetivo saquear nuestra información. Decía Guiomar Rovira en un stream de Luchadoras: “yo no creo en los horizontes distópicos porque me ponen triste y la tristeza es impotencia y la impotencia es imposibilidad política”. Para el ciberfeminismo la utopía y la distopía han sido un parteaguas desde que surge como propuesta en relación a la idea de cyborg y ciberespacio. ¿Es la tecnología, entendida en su forma más burda, un medio para la emancipación o es un instrumento del poder y violencia que hay que evitar? La respuesta no es dicotómica. Como menciona Sadie Plant, los unos y ceros componen universos, micro, macro, públicos e íntimos. La dicotomía bien – mal, cierto – falso, positivo – negativo, onlineoffline, vacío – lleno, blanco – negro, hombre – mujer, al combinarse se anulan y multiplican las posibilidades de entender el mundo. La realidad que enfrentamos no debe de reducirse a una u otra. Concuerdo con Guimar, respecto a una perspectiva alentadora, que nos llena de fuerza y vigor para afrontar, desde el autocuidado, personal y colectivo, las violencias a nuestros cuerpos, digitales, físicos, híbridos. Sin embargo, no hay que perder de vista la distopía. Las distopías nos dan objetivos y nos plantea retos.

Los monstruos de las redes digitales, centralizadas, autoritarias, hegemónicas y patriarcales, son cuna para la violencia machista, lejos ya queda la ingenuidad de la esperanza en las redes; aunque se mantiene la indignación. En la vida cotidiana, el acoso cibernético acecha nuestro cuerpo. Saltan de lo offline al online. De la cámara de un policía, sin escrúpulos, que ve el feminicidio como un espectáculo y al cuerpo sin vida de Ingrid como mercancía a intercambiar con un periodista, igual de deleznable, con nula preocupación ética por su oficio, trabajador de un medio que se beneficia económicamente con la perpetuación de la violencia encarnada en una imagen, cuyo público está ávido de devorar imágenes cada vez más sangrientas que comparte y normaliza, mientras se burla y halaga las violencias, cerrando así el círculo de violencia. Esas redes hegemónicas, son entonces, un terreno de lucha, contra bots y trolls machistas, digitales y de carne. Les hacemos frente desde el acompañamiento, nos respaldamos con lo que tenemos a la mano; con hashtags, con robotæ viajeras del ciberespacio que con poesías maquínicas infinitas dan luz, “bits de esperanza” y resistencia. Y sí, pese a todo, perdura la esperanza.

Este resguardo, potencia nuestra creatividad. Hackeamos pugnando por redes distribuidas y descentralizadas, codeando, ficcionando, cuidando, aconsejando, tejiendo redes y redes de redes. Para compartir, visibilizar nuestro arte, pugnando por la construcción nuestros espacios virtuales, fuera de las lógicas de acumulación de datos, rastreo y vigilancia. Muestra de ello es todo el ecosistema sonoro de cartografías, archivos y repositorios feministas como AOIRUsted no está aquí, Audiomapa de Mujeres en la Música, female:pressure, Musexplats, GEXLAT, ORIS, Híbridas y Quimeras o LILA I : Livecoderas Latinoaméricanas, entre muchos más.

>> Teixido, M. Deconstrucción textual en RiTa.js <<

>> Teixido, M. Deconstrucción textual en RiTa.js <<

Las tecnologías, como instrumentos y/o software, son medio para la praxis política, agentes con los que nos hibridamos para defender nuestro cuerpo territorio con el que existimos en internet. La música hecha por mujeres, lesbianas, trans, intersex, personas de género fluido y otras disidencias que experimentan con sonido en Latinoamérica son un caldo de cultivo donde, desde la colectividad, generamos nuestros antídotos. El sonido, como vehículo de estas redes, forma nodos descentralizados y autónomos, que conforman un tejido sonoro y sororo.

En mi práctica con código, escribir ha sido la forma de condensar reflexiones que vienen de lo social y se subliman en el acto performático de programar al vuelo. La escritura de código, más allá de su cualidad performática al momento de live codear, funge como un hilo conductor que enlaza con otras prácticas que trabajan con sonido y con expresiones artísticas como la literatura.  El editor de código es un telar, y la sintaxis de los lenguajes son hilos; algunos más gruesos, otros más lustrosos, otros son tan delgados que con facilidad se enredan y hay que detenerse a debuggear. Para tejer los lenguajes, hay que encontrar los intersticios entre el lenguaje natural y los lenguajes de programación para parsear a sonido e imagen, en un primer momento, y a partir de ahí, problematizar la realidad social desde nuestros conocimientos situados.

Pese a tejer con código, con un sentido artístico y académico, he optado por la no ficción como micropolítica de creación. Aun así, considero a la literatura de ficción, un mundo por explorar del cual apenas voy leyendo la punta del iceberg.

 

Hace poco, me preguntaba, además de Donna Haraway, Úrsula K. Le Guin o Mary Shelley, qué otras mujeres problematizan desde el feminismo y la ciencia ficción las condiciones que nos atraviesan en lo social. Teniendo en cuenta, las diferencias de clase, sexo, raza, lengua, etnia, región, contexto histórico y cultural. Me resultaba frustrante no tener un nombre de la literatura latinoamericana al cual mirar desde la teoría cyborg. Me conflictuaba no tener un referente inmediato a la ciencia ficción más allá de las referencias a hombres cis blancos.

Esto, me remite al libro de Dina Comisarenco Eclipse de siete lunas, compendio que hace justicia a la deuda histórica con las mujeres muralistas mexicanas. A Fanny Rabel, Aurora Reyes, María Izquierdo, Rina Lazo, Elena  Huera, Olga Costa, Lilia Carrillo, Elvira Gascón, y muchas más. Así como en la ciencia ficción latinoamericana escrita por mujeres, el problema que surge de preguntarse ¿quiénes son las mujeres que hicieron o están haciendo muralismo? en la literatura, programación y casi cualquier práctica, socialmente construida como “masculina” el problema es el mismo. Viene desde las editoriales, y en general, de las estructuras sociales que delimitan las preferencias del público construidas mediáticamente que optan por reproducir, publicar, referir o dar difusión a obras de Rivera, K. Dick, Siqueiros, Bradbury, Orozco o Asimov. El heteropatriarcado, omite e invisibiliza.

Dado lo cual, fue grata mi sorpresa coincidir con Daniela Tarazona, novelista mexicana de ciencia ficción. Ella me mostró un panorama inmenso que gira sobre el cuerpo literario teniendo como eje la naturaleza, instanciado en su obra y en la de cyborgs latinoamericanas como Finisia Fideli, Marta Aponte Alsina y Eugenia Prado. Daniela compartió conmigo el mundo cyborg de Hipólita Thompson e Irma, protagonistas de sus novelas El beso de la liebre y El animal sobre la piedra, respectivamente. En ambas, la identidad sexual, atravesada por la metamorfosis corporal, cuestiona los roles de género. En lo particular la historia de Irma me voló la cabeza, ya que la transformación a un animal ovíparo nos hizo converger desde el xenofeminismo, al salir del naturalismo esencialista poniendo sobre el papel-pantalla las posibilidades no naturales de las normas biológicas expresadas en la historia de Irma. El cambio de Irma pone en cuestión la maternidad femenina, en un primer momento, a partir de la hibridación corporal que despoja a la mujer de su sentido reproductivo al disociar el nacimiento del cuerpo femenino, por tratarse de reproducción ovípara. Y esto no implica negar la sexualidad, sino reinventar las formas del cuerpo poniendo en tela de juicio los roles de género.

>> Fotograma del Jam Textualidades en Contingencia. Texto e intervención digital por M. Teixido. Casa del Lago UNAM, junio 2020. <<

>> Fotograma del Jam Textualidades en Contingencia. Texto e intervención digital por M. Teixido. Casa del Lago UNAM, junio 2020. <<

Conocernos, compartir nuestros códigos sintácticos para generar una narrativa en tiempo real, Daniela desde el lenguaje natural y yo en los lenguajes de programación, hizo patente la función de la palabra como tecnología, las ficciones del cuerpo que retoman a la naturaleza como punto de partida para la metamorfosis. La creación artística y tecnopolítica enlaza a la colectividad desde la cual, mujeres, personas disidentes de género y/o queers componemos lo político colectivo con el pensamiento teórico para ensamblar nuestras interfaces que responden a nuestros intereses e inquietudes, desde las cuales resistimos al poder que está en guerra con nosotras, nosotres y nuestras cuerpas.