Tierra Adentro
Ilustración de Eduardo Ramón Trejo

 

Es fácil hacer un cubo de hielo:

basta comprimir las partículas

hasta que no quede espacio entre ellas.

 

El resultado sirve para transportar

carne en los trenes

que van de Kansas City

al resto del mundo.

 

Basta una ventana

para que la ventisca

conserve las cosas en su punto helado.

 

En la carnicería aventarán los tajos

en una cama de escarcha.

 

Yo me fijaré en su color

rojo

y púrpura.

 

La llevaremos a casa

y al tocar, por fin,

algo suave

sabremos si la carne

sigue viva.

 

La verdad yo quería que se rompiera.

Cuando tienes algo entre las manos

quieres conocer su naturaleza

rota

mucho antes de caerse.

 

Frágil es chocar nuestras copas

en una fiesta. Queremos que duela,

probar que en el fondo somos iguales.

 

El problema es no verse a los ojos.

Alguien recoge los vidrios

como si fuera una pena

haber sido tan torpes,

como si una copa rota

lastimara lo demás.

 

Nadie quiere ver

que aquello que escondemos

en la bolsa de basura

es lo que nos une con los otros.

 

Cuento los días que faltan

para soñar que somos desconocidos.

 

Cuento las horas con la boca

y vuelvo a ser una niña.

 

Papá,

¿ya vamos a llegar?

 

El asiento incómodo,

paisajes que desaparecen,

lugares a los que nunca iremos.

 

Veo la montaña

con su sombrero nevado,

el frío acumulándose en la cabeza.

 

Me cubro con guantes

y entre toda esa nieve,

no te encuentro.

 

Tan sólo escucho mis pasos,

huellas quemándose tras de mí.


Autores
(Ciudad de México, 1989). Estudió Antropología en University College London. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2018-2020) y directora de la revista Opción ITAM (2012- 2013). Ha escrito cuentos infantiles para Cambridge University Press y sus poemas han sido publicados en Opción, Este País y la antología Novísimas, Reunión de poetas mexicanas (1989-1999).