La tragedia y su consumo
¿Sabes? Dennis Rader y David Parker Ray
Están sentados juntos en el Infierno
Temblando, aterrados
De que algún día
De algún modo
Yo pueda cruzármelos
Lotta True Crime
Penelope Scott
Dice mucho de una cultura la forma en la que convive con la violencia. La nuestra está marcada por el pánico morboso: cada vez que consumimos el horror, lo hacemos con la expectativa de que nos resulte inédito. Que lo alarmante nos alarme más que ayer.
Nos dedicamos a escarbar toda la indignación posible de las historias escandalosas que miramos a diario. Copioso, el espanto que emana de las pantallas y los altavoces hace de la angustia una ocupación permanente. Encuentro macabro el hecho de hayamos reafirmado nuestra repulsión hacia la barbarie a través de la cercanía con ella: le abrimos las puertas de casa. Avecindados con ella, compartimos el espacio de las mañanas que le correspondería al desayuno y la limpieza. Esta vez hablo, más o menos, literalmente.
En plataformas de video sobran los canales que se especializan en el delirante rito del true crime digital. Las grabaciones, consumidas como si fuesen podcasts o noticieros, tienen formato variado; la mayoría de ellas se limita a mostrar una persona que realiza alguna minucia mientras narra a detalle asesinatos y violaciones.
El canal de YouTube AngelaEats —con cerca de 30 000 suscriptores— posee una sección entera en la que su creadora presenta incidentes criminales mientras come platillos abundantes (me siento imbécil buscando la forma de acomodar esta serie de palabras en una oración, pero el espectáculo de comer raciones excesivas en frente de una audiencia virtual no es nuevo, y recibe el nombre de mukbang). La chica tiene, por ejemplo, un video titulado Mexican Food Mukbang & True Crime, en el que se le puede observar comiendo arroz con pollo, totopos y queso durante más de media hora, mientras relata, en forma de chisme, un feminicidio.
Quien consulte el video podrá comprobar cómo Angela remoja su comida en salsas y se chupa los dedos al mismo tiempo que detalla el asesinato de Denise Leuthold a manos de su esposo, quien sostenía una relación extramarital con una menor que ambos habían conocido durante misiones religiosas. Ridícula, la escena que describo podría tomarse por una suerte de chiste de mal gusto. Pues no: los seguidores llenan la caja de comentarios con halagos al trabajo de Angela y le recomiendan nuevos casos.
El mercado es diverso. Y exitoso. Bailey Sarian fue la pionera en el género de Makeup & Murder, que consiste en arreglarse el rostro mientras se relata una historia criminal, de modo que el progreso de las dos tareas sea simultáneo. ¿Es una práctica de nicho, reservada a gente que no representa una fracción relevante del tráfico virtual? De nuevo, no: los videos de Bailey suman decenas de millones de visitas. El que le dedicó a Jeffrey Dahmer, por sí solo, cuenta con más de 27 millones hasta la fecha. Invito al desocupado lector a que constate cómo es que, en el minuto 39:40, la chica mira a la cámara con los ojos cubiertos con una sombra verde llena de glitter mientras narra, vocecita de gossip, la forma en la que Dahmer besó la cabeza decapitada de una de sus víctimas antes de arrancarle el corazón y trozos diversos de carne.
¿Conservamos la cordura necesaria para reconocer que estas prácticas de entretenimiento constituyen una banalización de la violencia? Con el cerebro frito por los formatos mínimos de video, muchos argumentan que la única forma en la que pueden consumir historias es a través de narraciones que logren entretenerlos visualmente con el despliegue de otra actividad (en estos casos, alguien poniéndose rímel o espolvoreando pimienta sobre un plato).
Temo que este desenfadado enquistamiento en la rutina termine por insensibilizar a las audiencias. Quienes producen materiales de esta naturaleza no suelen encargarse de matizar de forma crítica las condiciones estructurales que permitieron que los crímenes se perpetraran (el racismo y la incompetencia policial en el caso de Dahmer, por ejemplo). En esta clase de propuestas narrativas no hay espacio para la reflexión, solo para el escándalo momentáneo.
Siempre han existido (y siempre se les ha condenado) personas prestas a admirar a los asesinos famosos. Y a enamorarse de ellos. Ted Bundy tenía seguidoras que llegaron a asistir a su juicio vestidas como sus víctimas (pelo largo, raya en medio) y a desbordarlo de cartas una vez que entró a prisión; Carole Ann Boone, quien se casó con él, fue parte del grupo. Algo similar ocurrió con Richard Ramírez, The Night Stalker. Es probable que esta desafortunada dinámica se explique desde la forma en la que los medios suelen retratar a esta clase de criminales, convirtiéndolos en una suerte de antihéroes, de monstruos incomprendidos cuya psique merece nuestra atención. Se les asimila tanto en la cultura pop que es fácil hallar sus rostros en camisetas, posters, stickers y otras piezas de decoración.

Juego de uñas de gel inspiradas en Jeffrey Dahmer, ofertado en Etsy por el usuario Wigibudznails (consultado en marzo de 2025). https://www.etsy.com/es/listing/1355329827/juego-completo-de-20-unas-de-gel
Reside ahí, pues, el problema central: el foco se encuentra en el lugar incorrecto. Toda la industria construida alrededor del true crime ha moldeado irresponsablemente la figura de nuestros monstruos contemporáneos. En superproducciones, se les muestra perpetrando crímenes grotescos mientras se destaca su inteligencia, su ingenio, su encanto y otras excusas narrativas para convencernos de que su brutalidad es digna de devoción. Mientras tanto, quienes padecieron la violencia terminan convertidos en meros elementos argumentales, sombras al margen de una historia que jamás les concede protagonismo.
Antes de hurgar fascinación en la mente de los responsables de las atrocidades que han marcado nuestra cultura, sería pertinente que recordáramos el hueco irrecuperable dejado por sus víctimas. Cristina Rivera Garza lo expresó lúcidamente durante la aceptación del Premio Xavier Villaurrutia por El invencible verano de Liliana:
Yo creo que tenemos que verlas siempre a ellas, no a sus asesinos. Sus asesinos ya los vemos en todos lados, sus asesinos tienen demasiada prensa. Tenemos que verlas a ellas, tenemos que conocer sus nombres.
Referencias:
- AngelaEats, Mexican food mukbang & true cr!me, 2021. https://www.youtube.com/watch?v=wU18_KBj2WM&list=PL4FB8EoRd98LV6VNx6sorCEM9DV5DNAl0&index=3&ab_channel=AngelaEats
- Sarian, B., Jeffrey Dahmer. Inside his messed up mind & how he almost got away. Mystery & makeup, 2020. https://www.youtube.com/watch?v=gjySnrspD7E&t=2388s&ab_channel=BaileySarian
- Juego completo de 20 uñas de gel… (inspiradas) Jeff, Jeffry Dahmer… cualquier forma y largo, 2023. https://www.etsy.com/es/listing/1355329827/juego-completo-de-20-unas-de-gel




