Tierra Adentro

Número 177

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Apareces tras el brazo tuyo tatuado Una calavera en un corazón en tu brazo A rape    oculta la cabeza rodeada por el brazo (antebrazo) (caracol) (codo) La construcción de tu identidad tapa tu rostro y prescindes de nombre    estás (eres) afuera (saliste) bañado de luz para revelar porosas sombras (no han sido fáciles estos años) (no sencillas estas tus cicatrices) Tu pose de lagartija en la grieta del muro oculta se manifiesta (por la luz sale) cubierto de referentes tatuajes sociales    tu resentimiento dice flash.

Historias de cronopios y de famas es un libro tetrágono o tetrápodo y sus cuato caras o pies son “Manual de instrucciones”, “Ocupaciones raras”, “Material plástico” y la homónima “Historias de cronopios y de famas”.
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Ablandado el ladrillo, la mujer de ensueño desfila descaradamente frente a las esferas verdes del deseo más inocente, al filo de la sombra de los famas.

Mira que traer bajo el brazo Historias de cronopios y de famas a los cuarenta y dos años requiere una sangre livianísima como de… cronopio, o que te hayan encargado en Tierra Adentro que cuentes tu experiencia cuando leíste por primera vez ese libro descocado, lo cual te hace releerlo cuando ya las canas… Y entonces lo cargas sintiéndote un poco fama, porque vas a cumplir con la tarea en lugar de confiar en el recuerdo de esa lectura a los dieciséis pero también el miedo al desencanto porque están los que dicen que Cortázar caduca pero esos no son ni famas ni esperanzas sino señores amargados que leen de Coetzee para arriba.

Lo primero que leí de Cortázar fue Rayuela.

Este 2012 Historias de cronopios y de famas cumple cincuenta años de su publicación, y me cuesta un trabajo hercúleo creerlo o aceptarlo —como me cuesta creer que Cortázar naciera en 1914 (antes que mi abuela y antes incluso que su madre), que fuera el menos joven de los autores del boom, que el espacio sea infinito y que no baste con estar vivo para ser inmortal.