Luza Alvarado construye aquí, en un estilo inscrito en la tradición poética urdida por autoras originarias del sur del continente –como Marosa Di Giorgio–, un discurso acerca de la soledad, la insatisfacción, y la imposibilidad para relacionarse, pero también, del valor de saber reconstruirse, a partir de un diálogo (quizá, una batalla) con la Cándida.