Se trata de un juego bien simple: dos hombres miden la fuerza de sus brazos derechos, asida la mano, con los codos en la mesa, para ver quién de ellos tiene más pulso al tratar de doblegar el brazo del oponente.
Sin motivo de efeméride alguna y con el único pretexto de que dos de sus libros acaban de ser reeditados por Fondo de Cultura Económica a finales de 2012, escribo sobre Paul Bénichou.