Santiago de Baney, Guinea Ecuatorial, 2012. Fotografía de Opoelresdente. Recuperada de Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0
Latido caliente
Bailando sentía tu cuerpo
abrazado al mío en el viento.
La noche me absorbía
envuelto en su manto de
soledad.
Mi pensamiento fluía
en el aroma de tus
recuerdos. El corazón me
latía caliente; te extrañaba.
Oía la nube azul de la luna
que tiene el color de tu corazón,
porque un corazón distante crea soledad.
Tu hermosura esclaviza mis ojos.
Grito tu nombre como grita
la próxima primavera.
Mas no quiero flores marchitadas
como tus ojos no quisiera ver verter lágrimas
sobre el cristal de tus mejillas.
Sobre piedras y barro
La alfombra de mi tierra
lo forman piedras y
barro. Así, en mi edad
inicial, edad cuando el
sol
enciende los farolas de la vida,
caminé lo que pude buscando
dónde concluyen los caminos
por si de verdad final tienen.
Anduve sobre piedras que marcaron mis pies
en mi primer sendero al nacer.
Así dibujado estaba mi pueblo, Baney,
lugar alfombrado de piedras y barro.
Aún niño, mis pies se curtieron
con el beso raso de la piedra y el barro
por carecer de aquella cosa llamada zapato.
Así estaban los caminos donde quiera que fuese,
alfombras de piedras y barro:
A la escuela
Al río
A la iglesia
A la finca
Al terreno llamado campo de juego
donde el balón era una naranja
o cualquier cosa redonda.
Todo era igual
La alfombra era la misma
Piedras y barro.
El premio de todo
era la felicidad que aportaba
la inocencia de la niñez.
Así vivo hoy mis recuerdos de sencillo pasado
pintado sobre alfombra de piedras y barro
desde duro exilio no pretendido ni deseado.