Fotografía de Luciano Rizzello, 2008. Recuperada de Flickr.
CC BY-NC-SA 2.0
Canto final
¡Anda, se desvanece el día
Llega la noche, y aún no se hizo nada!
Dice la mujer a un marido
Sumido en melancólico silencio
De años de privación.
Así es Guinea Ecuatorial
Donde no pasa nada y todo sucede rápido.
Se fue el día, y bien se fue.
No hubo asesinato
Ni se violó mujer alguna.
Demos gracias a Dios
Que contuvo la ira de los lobos.
Hoy comimos igual que ayer:
Un poco de malanga, aceite de palma y sal
Mañana decidirá el destino.
Porfiemos de la suerte.
Próximos están los nombramientos,
Dice el marido
Que arriba te llevan al cielo
Y abajo a los infiernos
Apostilla la mujer.
Vivir en abundancia o vivir en la miseria
No hay suerte para el pobre
Que tropieza en la misma pobreza
Flor de barro
Lágrimas duras
vertería si de mi
camino
te apartaras.
Los fuegos devorarían
mi cuerpo
pero no mi corazón
aunque en él quedarían
las huellas del dolor.
Amarte fue sentir la dulzura
del amor creado al alba de los días
que la niebla y los mares robaron
con olas chillonas.
Tu boca era flor con barro
que los besos volvían ambrosía
Tus ojos brillaban como estrellas
que la belleza purificaba de luz sin fin.
Mas oírte cantar quería
diosa del paraíso de mis sueños
mientras tu corazón fuese morada
del mío inundado de pesar
por tu larga ausencia.