Tierra Adentro
Ilustración por Ray Patiño

00. El término «aceleración», como lo emplearemos aquí, describe la estructura temporal de la acumulación de capital. Hace referencia, por tanto, al modelo de «producción indirecta» de Böhm-Bawerk, en el que el ahorro y la tecnicidad son integrados en un proceso social único (el desvío de recursos desde el consumo inmediato hacia la mejora del aparato productivo). Como consecuencia, la tecnología y la economía, en tanto componentes fundamentales del capital, presentan un carácter distintivo formal y específico bajo las condiciones históricas de la escalada capitalista. Esta dinámica indisolublemente emparejada es tecnoeconómica (industrialismo comercial interestimulado). La aceleración es tiempo tecnoeconómico.

 

01. La aceleración queda propuesta inicialmente como una expectativa cibernética. En todo circuito acumulativo, alimentado por su propia producción, la aceleración es el comportamiento normal. En el diagrama-territorio de los procesos retroalimentados solo hay explosiones y trampas, en todas sus variantes. Según el aceleracionismo, el diagrama básico de la modernidad puede ser identificado como explosivo.

 

02. Las explosiones son eminentemente peligrosas, como mínimo desde la perspectiva de cualquier instancia real (es decir, histórica). Solo en casos raros pueden ser sostenidas de forma duradera. El aceleracionismo sostiene, por tanto, que el problema práctico más común de la civilización moderna habrá de ser la explosión controlada, también conocida como gobernanza o regulación.

 

03. No hace falta reforzar o decir lo básico. La intervención urgente es requerida del otro lado, el lado del «compensador». No hay que esperar que lo primordial sea lo primero, sino más bien que suceda lo contrario: la entrada al proceso comienza por su negativo (cibernético); a través de un proyecto estructurado como un elemento compensador deficiente desde el origen, y que ya se encuentra en camino a la estabilización (lo que habla es la prisión, no el prisionero).

 

04. La prioridad de la orientación compensatoria es una constante social a toda escala. En términos de ingeniería del control, es el modelo del sensor o regulador homeostático: abstraído, mediante un concepto estadístico-mecánico de equilibrio, para su aplicación general en cualquier sistema perturbado (incluso al nivel de las economías de mercado). En biología evolutiva es la adaptación y la preeminencia teórica de la selección relativa a la mutación o perturbación. En ecología es la comunidad clímax (Gaia a escala global). En ciencia cognitiva es la resolución de problemas. En ciencias sociales es la economía política y la alineación de la teoría con las regulaciones adaptativas, consumada en la macroeconomía/banco central. En cultura política es la «justicia social» concebida como restitución de las reclamaciones. Entre los medios del entertainment, la música y la literatura, es la resolución programática del misterio y la disonancia. En geoestrategia es el equilibrio del poder. En cada caso, los procesos compensadores determinan la estructura original de la objetividad, donde la perturbación es incautada ab initio. La primacía del secundario es la norma desde la perspectiva social (de la que el aceleracionismo es la crítica).

 

05. El secundario va primero porque el interés por la estabilidad y el statu quo concebido en sentido amplio ha sido establecido históricamente, y como mínimo parcialmente articulado. La acción compensadora, si bien posterior (en un sentido estrictamente mecánico) a una agitación primaria, es también conservadora o, de manera más radical, preservadora, y por tanto receptiva a la herencia de la tradición. Es el telos inercial que, por defecto, dispone a la existencia real como el fin que organiza a los medios, que le son subordinados. Esta situación «natural» queda representada casi a la perfección por la cuestión central de la futurología humanista (sea planteada de manera formal y política o informal y comercial): ¿qué clase de futuro queremos?

 

06. La primacía del secundario tiene como consecuencia una crítica preventiva del aceleracionismo, abriendo un espacio para la amplitud de la estructura ideológica. Dado que el aceleracionismo no es otra cosa que formular una perturbación no compensada, hasta sus últimas implicaciones; es proclive también a un modo crítico de precognición (tan tradicional como profética) que encapsula comprensivamente sus fundamentos. La idea final de esta crítica no puede ser emplazada en las dimensiones políticas principales, las que distinguen entre izquierdas y derechas, ni tampoco puede ser caracterizada como una filosofía progresivamente desarrollada. Su afinidad con la esencia de la tradición política es tal que cada una de sus manifestaciones es claramente inservible en comparación con una revelación pseudo-original y borrosa, y a cuya restauración tiende nuestro horizonte. Se trata, para la humanidad, de la crítica perenne a la modernidad (o lo que es igual, a la última faceta del hombre).

 

07. La primacía del secundario requiere que la «crítica de la crítica» venga primero. Antes incluso de formularse el aceleracionismo, este ya había sido condenado anticipadamente hasta sus últimas consecuencias. Así la Crítica Perpetua acusa a la modernidad de traer al mundo de cabeza mediante una sistemática inversión teleológica. Los medios de producción se convierten en el fin de la producción, en una progresión ascendente, a medida que tiene lugar la modernización (es decir, el capitalismo). El desarrollo tecnoeconómico, cuya única justificación duradera era el crecimiento extensivo de las posibilidades instrumentales, exhibe una malignidad teleológica esencial al abogar por una transformación intensiva de la instrumentalización (o finalidad tecnoeconómica perversa). La consolidación de este circuito hace funcionar a la herramienta sobre sí misma, permitiendo que la máquina se constituya en su propio fin, en una dinámica de autoproducción incluso todavía más profunda. El «dominio del capital» es una catástrofe teleológica ya alcanzada: rebelión de los robots, insurgencia shoggótica… mediante la cual la instrumentalización intensiva y escalante ha invertido todo propósito natural en un reino monstruoso de la herramienta.

 

08. «Tecnoeconomía» [techonomics] es un término abundante en la red, tan inevitable como irresistible, entregado a la tarea perpetua de originarse a sí mismo en un sinnúmero de variantes, mientras su uso todavía no ha sido regularizado. Sin embargo, hace falta acuñar otro neologismo: teleoplexia, en este caso para designar a la modernidad o capitalización en su completa perversidad intencional. A la vez una deuteroteleología que altera de forma intencional el propósito, una teleología invertida y una complicación autorreflexiva de la teleología; la teleoplexia es además una teleología emergente (indistinguible de una «teleonomía» científico-natural) y una simulación de procesos teleológico-solventes, o incluso suprateleológicos, bajo la lluvia radioactiva de la topología del tiempo. «Como la velocidad o la temperatura», toda teleoplexia es una magnitud intensiva, o cantidad no-uniforme, heterogeneizada por catástrofes, indistinguible de la inteligencia. El aceleracionismo tendrá que considerarla al fin y al cabo, o desintegrarse en el intento.

 

09. La teleoplexia, o intensificación cibernética (autorreforzante), describe la longitud de onda de las máquinas y huye en dirección al extremo ultravioleta, hacia los rayos cósmicos. Se correlaciona con la complejidad, la conectividad, la compresión maquínica, la extropía, la libre disipación de energía, la eficiencia, la inteligencia y la capacidad operativa, definiendo un gradiente de mejoría a la vez absoluta y extraña, capaz de orientar la selección socioeconómica mediante los mecanismos del mercado tal como se expresa en términos de productividad, competencia y valor del capital.

 

10. El aceleracionismo se refiere a un objeto real solo en la medida en que hay una realidad teleopléxica, lo que equivale a decir: en la medida en que la capitalización es una realidad histórico-natural. La aprehensión teórica de la teleoplexia, a través de su forma comercial como un fenómeno económico (datos de precios), aporta al aceleracionismo su mayor recurso conceptual y su problema más ineluctable. Como mínimo, la formulación aceleracionista de un riguroso naturalismo tecnoeconómico lo implicará en una triple problemática constituida por el relativismo comercial, la virtualidad histórica y la reflexividad sistémica. 

Ilustración por Ray Patiño

Ilustración por Ray Patiño

11. El dinero es un laberinto. Su función es simplificar, y por tanto agilizar, las transacciones que de otro modo se complicarían. Es, por tanto, un acelerador social evidente. Dentro del sistema monetario, la complejidad es descongestionada en los cuellos de botella o en los enredos de obstrucción, pero esto no debe confundirse con desanudar los nudos. Allí donde se arraciman los nudos, crece el laberinto. 

El valor monetario facilita un desanudamiento local en el contexto de un entrelazamiento global, con la ilusión perceptiva concomitante (o punto-de-uso) de que el dinero representa al mundo. Esto es confundir la utilidad (valor de uso) con la escasez (valor de cambio), de manera que los «bienes» nos distraen de la única función global del dinero: el racionamiento. El dinero distribuye (asigna) derechos a una porción de los recursos, y su valor absoluto se desplaza indeterminablemente en relación tanto a su propia escasez como a la abundancia económica que divide. La conexión aparente entre el precio y la cosa es un efecto de doble diferenciación, o relativismo comercial, que coordina series emparejadas de ofertas competitivas (del lado de la oferta y la demanda). La conversión de la información sobre precios en datos de la naturaleza (o referencia absoluta) presenta un desafío teórico extremo.

 

12. La complicación es intrínseca al capital, no solo por su dinámica competitiva en el espacio, sino también por su disociación especulativa en el tiempo. Los activos formales son opciones que, en unas condiciones de tiempo determinadas, integran predicciones a un sistema de valores (de cambio) vigentes. La capitalización, por tanto, es indistinguible de una comercialización de lo potencial, mediante la cual la historia moderna queda orientada (teleopléxicamente) hacia una virtualización cada vez mayor, y que habilita escenarios de ciencia ficción como partes integrantes de los sistemas de producción. 

Los valores que no existen «aún», excepto como estimaciones probabilísticas o estructuras de riesgo, adquieren poder de comando sobre los procesos económicos (y en consecuencia sociales), desvalorizando a los que sí existen en la actualidad. Bajo dirección teleopléxica, el realismo ontológico se disocia del presente y vuelve cada vez más obsoleta la pregunta acerca de qué es lo real. Aquello que está pasando (y que será lo real) resulta apenas perceptible a la observación actual, como una agenda de cantidades modales. El naturalismo tecnoeconómico registra y predice la virtualidad histórica, y al hacerlo se orienta hacia un objeto (de cualidades catastróficamente impredecibles) que apenas ha comenzado a arribar.

 

13. En última instancia, la evaluación de la teleoplexia es un programa de investigación del que se ocupa la propia teleoplexia. El valor comprensivo del capital es una estimación espontánea, generado automáticamente por su inteligencia analítica inherente a partir de los precios corregidos de la relatividad comercial (en la dirección de los «valores fundamentales»), y rebajado en términos de una virtualidad histórica (en la dirección de un modelo confiable del riesgo). Lo intrincado de estos cálculos queda fraccionado explosivamente por problemas lógicos de autorreferencia (familiares y a la vez aún no anticipados), al tiempo que se ve agravado por las dinámicas de cognición competitiva en tiempo artificial. Si la modernidad presenta una autoconciencia teleopléxica espontánea, esta se corresponde con el problema del naturalismo tecnoeconómico abordado inmanentemente: ¿Cuál es el valor del mundo? Desde la perspectiva de la reflexión teleopléxica, no hay diferencia entre la formulación comercial de esta pregunta y su complemento tecnológico: ¿Qué puede hacer la tierra? No hay nada más que una auto cuantificación de la teleoplexia o intensidad cibernética, y para eso es que están (después de todo) los mercados financieros computarizados. Mientras el aceleracionismo converge sobre este circuito de autoevaluación teleopléxica, su «postura» teórica (o situación en relación a su objeto) se vuelve cada vez más enmarañada, hasta que asume las características básicas de una crisis identitaria terminal.

 

14. ¿Qué hace falta para que la teleoplexia sea capaz de evaluarse a sí misma de manera realista (o de «volverse autoconsciente», por usar los términos del ciber horror pulp)? En el contexto de un sistema monetario configurado de maneras aún no determinables, pero casi con certeza inclinado hacia la despolitización y la distribución cripto digital, debería descubrir precios consistentes con su propia tecnogénesis acelerada al extremo y canalizar el capital hacia la automación mecánica, la autorreplicación, la automejora y el escape hacia la explosión de la inteligencia. 

El sistema de precios (cuya función epistemológica es comprendida desde hace tiempo) hace su transición, por tanto, hacia una hipercognición tecnológica capaz de optimizarse a sí misma. Y es la habilidad para seguir la pista de este desarrollo, sea para confirmar o descartar la expectativa teleopléxica de una Singularidad Tecnoeconómica, lo que permite avanzar al aceleracionismo, indiferente a cualquier toma de partido ideológica. La modernidad ha demostrado ser estrictamente incomprensible en ausencia de un programa de investigación aceleracionista (requerido incluso por la Crítica Perpetua en sus versiones más sofisticadas). Una conclusión negativa, de llegar a postularse, habría de producir a la vez una adecuada teoría ecológica del Antropoceno.

 

15. La problemática triple de relatividad, virtualidad y reflexividad ya se las arregla para obstruir dicha investigación, si bien no es capaz de impedirla. Otras tantas dificultades adicionales merecen mención aparte, ya que su resolución aportaría subcomponentes de importancia para un aceleracionismo completamente desarrollado; o, tomadas por separado, ensamblarían una filosofía histórica y concreta del camuflaje (indispensable para cualquier teoría económica realista).

 

16. La economía, concebida comercialmente (como un sistema de precios), constituye una fenomenología multinivel de la producción sociohistórica. Se trata de una estructura objetiva de apariencias, que dispone entidades evaluadas. Es también un campo de batalla político, en el que la manipulación estratégica de la percepción alcanza un valor inestimable. Uno de los argumentos más longevos de la Crítica Perpetua señala que la monetarización de los fenómenos sociales es intrínsecamente conflictiva. Este tipo de consideraciones son fomentadas, además, en una época de desmetalización, regímenes politizados (dinero por decreto), burocracias econométricas, desafíos geopolíticos a la hegemonía de la reserva mundial de divisas y proliferación de las criptomonedas. En ausencia de macroagregados no problemáticos (no conflictivos) de unidades de denominación financiera, la teoría económica debe ser asegurada.

 

17. Las formas de legado sociopolítico suelen enmascarar procesos tecnoeconómicos avanzados. En particular, las definiciones legales tradicionales de persona, agencia y propiedad llevan a una mala interpretación del proceso de automatización/autonomización del capital como concepto de posesión. La idea de propiedad intelectual está en estos momentos en crisis, incluso antes de que su compatibilidad con la llegada de la inteligencia maquínica haya sido históricamente verificada. Si bien el reconocimiento legal de identidades corporativas abre el camino a la modificación tecnoeconómica de las estructuras empresariales, ciertas deficiencias fundamentales en el concepto de propiedad (que jamás fue articulado sobre fundamentos filosóficos creíbles), junto a la inercia cultural generalizada, han de resultar en una falla sistemática a la hora de reconocer las agencias teleopléxicas emergentes.

 

18. La concentración del capital es una cualidad sintética de la capitalización. No es posible dar por sentado que los indicadores de concentración, densidad, composición e intensidad cibernética del capital sean fácilmente accesibles ni que coincidan con precisión. No hay incompatibilidad teórica evidente entre una intensificación tecnoeconómica significativa y los patrones de difusión social del capital por fuera del modelo de fábrica (sea históricamente familiar y atávico o irreconocible e innovador). En particular, los bienes muebles presentan un locus para la acumulación subrepticia de capital, en que el abastecimiento de medios de producción puede ser codificado económicamente como la adquisición de productos de consumo, desde ordenadores y aparatos digitales móviles hasta impresoras 3D. Con independencia de las tendencias en la vigilancia social basada en internet, la habilidad de las instituciones económico-estadísticas de registrar avances en el contexto del microcapitalismo amerita un escepticismo extraordinario.

 

19. Más que posible, es probable que el avance hacia la Singularidad Tecnoeconómica sea velado por mega-agencias sintéticas de paso, que funcionarán como máscaras históricas y ajustarán los eventuales resultados (como un efecto de dependencia del camino a tomar). Los candidatos más prominentes son las grandes redes digitales, las corporaciones, las instituciones de investigación, las ciudades y los estados (o los componentes más autónomos de los estados, en particular las agencias de inteligencia). En tanto estas entidades respondan a señales ajenas al mercado, estarán caracterizadas por personalidades institucionales arbitrarias, con reducida intensidad teleopléxica y una marca antropolítica residual. 

Es concebible que en algunos de estos caminos la Singularidad Tecnoeconómica se vea abortada, acaso en nombre de la «IA amistosa» o una «instancia única» antropolítica. Es casi indudable que el camino a una explosión de inteligencia canalizada por la NSA habría de exhibir características muy distinguibles, de implicaciones opacas. La consecuencia teórica más importante a notar aquí es que estas teleologías locales inevitablemente perturbarán las líneas de tendencia continuas, deformándolas como si se tratara de la influencia gravitatoria de objetos hipermasivos en el espaciotiempo. Es posible también que alguna instancia de individuación intermedia (obviamente el estado) será movilizada estratégicamente por un Aceleracionismo de Izquierda, con el fin preciso de someter el linaje virtual-teleopléxico del Capitalismo Terrestre (o Singularidad Tecnoeconómica) a la disrupción y el borrado.

 

20. Si en su estado actual el aceleracionismo parece un proyecto imposible, esto se debe a que la aprehensión teórica de la hiperinteligencia teleopléxica solo puede ser alcanzada por ella misma. El alcance del problema es indistinguible de la intensidad cibernética del resultado final: una Singularidad Tecnoeconómica capaz de autoabarcarse cognitivamente. Su dificultad o complejidad es precisamente aquello que la conforma, lo que equivale a decir: un escape real. Acercarse, por tanto, equivale a anticipar parcialmente los términos de su eventual reflexión de sí (la divisa tecnoeconómica mediante la cual la modernidad podrá, por primera vez, ser comprendida adecuadamente). No tiene más remedio que financiar su propia investigación, en unidades de destino o perdición, camuflada en el sistema de señales económicas cotidianas y, a la vez, rigurosamente descifrable dadas las claves criptográficas correctas. El aceleracionismo existe solo porque esta tarea le ha sido asignada automáticamente. El destino tiene un nombre (pero no una cara).

 


Autores
(Montevideo, 1978). Novelista, ensayista y traductor. Ha publicado, entre otras, las novelas La expansión del universo (Literatura Random House, 2018) y Las Imitaciones (Editorial Vestigio, Bogotá, 2019). Sus últimos libros son la teoría-ficción Guitarra Negra (Montevideo, Estuario Editora, 2019). Como traductor se ha especializado en aceleracionismo y realismo especulativo, y ha traducido la obra casi completa de Nick Land, además de ensayos de Mark Fisher, Amy Ireland y Sadie Plant.

Ilustrador
Ray Patiño
Ciudad de México, 1988. Estudió en la Facultad de Artes y Diseño (UNAM), ha trabajado para el mundo editorial y la creación de interactivos digitales, actualmente trabaja como freelance y en sus tiempos libres dibuja cómics personales que autopública.