In media res, como me gusta que comiencen las historias de amor: en octubre de 1972, Manuel Puig asistió a una fiesta en la embajada mexicana en Buenos Aires invitado por Carlos Monsiváis, quien le presentó a Miguel Vélez, otro intelectual contemporáneo, y se enamoró de él, aunque fuera heterosexual o diverso y, además, extranjero.
Cuenta Guillermo Cabrera Infante que una noche Néstor Almendros llegó tarde a Nueva York y llamó a su amigo Manuel Puig, que vivía en Greenwich Village.
En estos tiempos oscuros donde el fascismo está encumbrado en distintas latitudes del planeta y donde el genocidio se transmite y viraliza a través de las redes sociales en tiempo real, es más urgente que nunca reivindicar la voluntad de protesta, imaginación y resistencia.