Tierra Adentro

Edgar Allan Poe

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El castillo, al cual mi criado se había aventurado a entrar por la fuerza, para no permitir que yo, que me encontraba gravemente herido, pasara la noche al aire libre, era uno de esos edificios que combinan melancolía con grandeza y que por mucho tiempo se han mantenido erguidos en los Apeninos, no menos reales que en la imaginación de la señora Radcliffe.
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      A media noche, aterrado, débil y ponderando extraños tomos de vetusto folclor olvidado—  se mecía mi cabeza, casi en siesta, cuando una aldabada sonó, como de alguien llamando a la puerta de mi habitación.