Hay conflictos que no surgen de la ambición ni del hambre, ni de la frustración ni del deseo, sino de la rivalidad de dos órdenes que pretenden, cada uno, ser el último.
Apenas despuntaba la comunidad cristiana en las principales ciudades del imperio romano cuando las diferencias doctrinales se hicieron a tal punto enconadas que fue necesaria la intervención de los apóstoles.