Tierra Adentro

AUTOGOL

Nací en Guadalajara. Mis primeros padres fueron Mamá Lupe y Papá Guille. Crecí como un trébol de jardín, como moneda de cinco centavos, como tortilla. Crecí con la realidad desmentida en los riñones,con cursilerías en el camarote del amor. Mi mamá lloraba en los resquicios con el encabronamiento a oscuras, con la violencia a tientas. Mi papá se moría mirándome a los ojos, muriéndose en la cámara lenta de los años, exigiéndole a la vida. Y luego la ceguez de mi abuelo, los hermanos, el desamparo sexual de mis primas, el barrio en sombras y luego yo, tan mirón, tan melodramático. Jamás he servido para nada. No he hecho sino cronometrar el aniquilamiento. Como alguien me lo dijo alguna vez: Valgo Madre.

EL GRAN SIMPÁTICO

La realidad es una broma que ya me está poniendo nervioso.Un armario con un payaso encerrado.No hay tiempo para hacernos guiños con los ojos,el asunto es grave, pesado:Todo hombre come un plato diario de confusión,las manos se desesperan en los cabellos,el alma se vuelve espalda.Huele a nocaut, a cuerpo amarrado al quirófanoy el dolor, cara de serio, es un charlatán.La realidad es un teléfono timbrando,un telegrama de certezas muy cortas. ¡Ojo picudo! la risa nos puede traicionar.

EL BESO NEGRO

Acabo de darle el beso de la buena suerte a una mujer, acabo de recordar con cariño a los paleteros y a los vendedores de jícamas ambulantes, y tengo ganas de ver lo que no puedo ver, de caminar sobre la matriz del círculo, quiero quitar los codos de la mesa y romperle la ventana a mi retrato porque soy un estúpido con las ojeras acentuadísimas, porque soy demasiado tranquilo. Ya no basta pisar el mosaico para estar en la tierra, no bastan las piernas para estar vivo.Uno es capaz de hacer cualquier cosa para librarse de la que- madura de la realidad, de hacer fintas, gambetas hasta con las orejas. Hay que tenerlo en cuenta:Besar una mujer y recordar la infancia entrañan una responsabilidad.

ODA A LAS GANAS

Orinar es la mayor obra de ingenieríapor lo que a drenajes toca. Además orinar es un placer, qué decir cuando uno hace chis, chis, en salud del amor y los amigos, cuando uno se derrama largamente en la garganta del mundo para recordarle que somos calientitos, para no desafinar. Todo esto es importante ahora que el mundo anda echando reparos, hipos de intoxicado. Porque es necesario orinarse, por puro amor a la vida, en las vajillas de plata, en los asientos de los coches deportivos, en las piscinas con luz artificial que valen, por cierto, 15 o 16 veces más que sus dueños. Orinar hasta que nos duela la garganta, hasta las últimas gotitas de sangre. Orinarse en los que creen que la vida es un vals, gritarles que viva la Cumbia, señores, todos a menear la cola hasta sacudirnos lo misterioso y lo pendejo. Y que viva también el Jarabe Zapateado porque la realidad está al fondo a la derecha donde no se puede llegar de frac. (La tuberculosis nunca se ha quitado con golpes de pecho.) Yo orino desde el pesebre de la vida, yo sólo quiero ser el meón más grande de la existencia, ay mamá por dios, el meón más grande de la existencia.


Agradecemos al Fondo de Cultura Económica y a Ricardo Castillo las facilidades para la reproducción de estos poemas tomados de El pobrecito señor X. La oruga, de Ricardo Castillo, 2ª reimpresión, Fondo de Cultura Económica, colección Letras Mexicanas, México, 1988.