Tierra Adentro
Fotografía de Sebastian R., 2006. CC BY-NC-ND 2.0
Fotografía de Sebastian R., 2006. CC BY-NC-ND 2.0

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) presentan síntomas en la salud como la apariencia física desmejorada, la delgadez extrema o la pérdida de pigmentación. El reto es reconocerlos entre la ola de estereotipos en los que se promueven cuerpos esbeltos y tallas reducidas para las mujeres. A este obstáculo se enfrentó Abigail Roja, quien reconoce haber sido consciente de su condición demasiado tarde. 

“Me enteré hace apenas dos años, a la edad de 26 años, yo tengo anorexia y vigorexia”, admite Abigail. La mujer joven de expresión sobria en el rostro y voz calmada cuenta que los síntomas de su trastorno aparecieron desde hace varios años, cuando tenía 23, pero en aquel momento ignoraba que se trataba de anorexia. 

Hubo señales respecto a su deterioro. “Comía menos de los requerimientos para un adulto porque así podía mantenerme delgada, a veces, al comer más de lo que ‘debía’, me daban náuseas y me sentía mal conmigo misma”. La culpa es uno de los protagonistas en los TCA. 

Guadalupe Ramírez ha experimentado el mismo sentimiento, solo que desde una edad más temprana a la de Abigail. “A los ocho años”, recuerda Guadalupe, “me percaté de mi condición porque me hacían bullying en la escuela”. Ella es una mujer de 32 años, habla con agilidad y se mueve con rapidez, como si buscara sus memorias entre las paredes frente a ella. 

Con pesar en su voz, explica que recurre a dejar de comer o tomar mucha agua, en un intento desesperado por adelgazar. “Trataba de esconder mi panza”. En la actualidad, lidia con estos problemas. “Han sido procesos difíciles”, lanza estas palabras con un aire de resignación.

Una enfermedad grave en aumento

Los TCA, considerados enfermedades serias, se manifiestan en alteraciones importantes en los hábitos alimenticios. En algunos casos se registra una preocupación excesiva por bajar de peso o mantener un control riguroso sobre la forma corporal y los alimentos consumidos. Si se llega a consumir más de lo habitual, el sentimiento de culpa aparece, de acuerdo con el Instituto Nacional de la Salud Mental en Estados Unidos (NIH). 

La obsesión por mantener la delgadez es una señal de la presencia de un trastorno alimentario. La búsqueda constante de alcanzar estándares de belleza esbeltos o la perfección corporal a menudo caracterizan a los TCA, y las repercusiones de estos problemas suelen derivar en consecuencias tanto físicas como emocionales.

En México, los trastornos de la alimentación más comunes son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. La población en la cual se concentran con mayor frecuencia es en los adolescentes y los adultos jóvenes, con una prevalencia mayor en mujeres, de acuerdo con la Secretaría de Salud (SSA).

El trastorno por atracón es el más frecuente y está caracterizado por episodios de consumo excesivo de alimentos, sin conductas compensatorias como vómitos. A su vez, la anorexia nerviosa implica una restricción severa de alimentos y una percepción distorsionada del cuerpo, mientras que la bulimia nerviosa combina atracones con conductas compensatorias, como el vómito autoinducido.

La prevalencia de los TCA, especialmente la anorexia, es preocupante. Hay un aumento sobre todo en las zonas urbanas. Baja California destaca por concentrar 312 casos acumulados de 2024 a lo que va del 2025. La segunda entidad con mayor incidencia es la Ciudad de México, con 203 casos en el mismo periodo, conforme a los registros del Boletín Epidemiológico

Además, se ha observado que menos de 10% de los adolescentes afectados reciben tratamiento adecuado. Al respecto, la psicóloga Gabriela Aranda, investigadora de los Servicios de Atención Psiquiátrica (SAP), explica que el rango de edades más afectado por los TCA va de 12 a 30 años. Tan solo en 2023, se calculaba que 25% de los jóvenes presentaba algún TAC en diversos grados.

La bulimia, anorexia nerviosa y el trastorno por atracones son los problemas más prevalentes en México, pero el daño psicológico que causan podría desencadenar otras complicaciones. La especialista en nutrición deportiva Nancy Tafoya considera que la vigorexia podría ser una de esas consecuencias, aunque escapa a la categoría de TCA. “Es común en mujeres adolescentes y jóvenes adultas”. 

Las repercusiones psicológicas y emocionales podrían empeorar en las mujeres, al ser la población de mayor riesgo y la que tiene que lidiar con estándares de belleza inalcanzables. Las redes sociales y sus tendencias centradas en cuerpos delgados empeoran un panorama de por sí complejo. 

Los estereotipos causan problemas emocionales para las mujeres con TCA  

Los medios de comunicación suelen dictar cómo debería verse una mujer atractiva, y en redes sociales se sigue la misma lógica con tendencias que a menudo promueven estándares de blanquitud y delgadez extrema, pese a la relevancia del discurso body positive que busca la aceptación de la diversidad de cuerpos. 

Para una mujer con algún TCA, fallar en alcanzar ciertos estereotipos de belleza tiene consecuencias abrumadoras. Para Guadalupe, significa ansiedad y depresión. “Ejemplo: dejo de comer o bien me doy atracones de comida. Después busco todo para eliminar lo que me comí”, profundiza en sus momentos de mayor inestabilidad. 

Abigail comparte una experiencia similar. Comenta que padece de depresión severa y ansiedad generalizada, ¿la razón?, “por no poder verme como las modelos, a pesar de que hacía mucho ejercicio, comía poco y muy saludable”. Sobre los trastornos del estado de ánimo que mencionan las mujeres, Aranda explica que es una repercusión común. 

“Los TCA se acompañan de problemas de estrés, ansiedad, depresión e incluso, en algunos casos, se puede observar problemas de alcoholismo y consumo de drogas”, aclara la psicóloga. Además de estas complicaciones, existen otras señales de alerta que indican cuando una persona enfrenta un severo nivel de algún TCA. 

Tafoya advierte que cuando alguien se restringe de forma excesiva los alimentos es la principal alerta. Lo mismo sucede para el ejercicio que llegan a realizar. “Son personas que viven con miedo a subir de peso y tienden a la delgadez extrema”. 

Comenta que hay pérdida de cabello y dientes, piel reseca y ojos hundidos. Estos focos rojos podrían prevenirse con tratamientos especializados y con ayuda profesional. “Es necesario contar con un psicólogo y psiquiatra en su caso”. La ayuda debe ser integral, con la participación de un nutriólogo especializado en TCA.  

Un aspecto importante en la rehabilitación es incentivar al paciente a reconciliarse con la comida saludable. “Por último, las mujeres deben contar con un especialista por el tema del cambio hormonal”, agrega Tafoya. 

Aunado a las repercusiones psicológicas, hay tendencias en redes sociales que difunden consejos sin sustento científico para alcanzar la figura ideal, que resultan dañinas para la salud de quien decide seguirlas. 

Las tendencias en redes buscan delgadez extrema a costa de la salud 

En años recientes fue común observar tiktoks de influencers que explicaban cómo bajar de peso con dietas restrictivas o el uso de medicamentos con efectos secundarios peligrosos. La mayoría de estas personas carecía de conocimientos necesarios para sustentar sus recomendaciones, tampoco eran profesionales de la salud. 

El concepto de bienestar de los influencers se basaba en fines estéticos, sin promover un estilo de vida saludable con la ayuda de nutriólogos o especialistas. Los consejos que difundían eran peligrosos, y Guadalupe lo comprobó en un intento por bajar de peso.

“Usé ozempic por las redes sociales”, admite con el entrecejo fruncido. Su tono es más grave y contrasta con el afable de sus primeras respuestas. “Yo me lo automediqué. Me lo vendieron sin receta”. Las consecuencias de esa mala decisión afectaron su metabolismo y provocaron una fatiga frecuente, además de problemas gastrointestinales. 

El medicamento nunca ha sido aplicado en pacientes que deseen adelgazar, incluso los efectos secundarios de usarlo para esos fines siguen en proceso de investigación. Con frecuencia, las autoridades sanitarias de varios países advierten de daños severos al aparato digestivo, náuseas, diarrea y cansancio extremo.

Guadalupe entiende que su decisión estuvo moldeada por los estándares de belleza y la presión por seguirlos. “El bombardeo del cuerpo perfecto ha estado presente en mi vida desde que tengo ocho años donde los cuerpos eran muy flacos”; reconoce su contexto saturado de estereotipos.

“Después cuerpos atléticos, pero aun así delgados, y ahora con el supuesto body positive muestran a mujeres ‘gordas’ sin panza, sin brazos grandes, solo caderas, pechos y glúteos prominentes. O sea, siempre han dibujado cómo debe ser el cuerpo de una mujer”, lanza su crítica a los cuestionados discursos inclusivos de las redes sociales. 

Abigail concuerda con Guadalupe, aunque ella admite haberse comparado con las modelos e influencers de Instagram. Esto provocó que sus TCA se acentuaran. Recuerda que intentó bajar de peso a un nivel que afectó su salud física. Después desarrolló ansiedad y depresión, debido a los estándares que falló en cumplir, “por no verme como las redes sociales dicen que una se debe de ver”, concluye. A causa de su mala alimentación, experimentó problemas estomacales, como gastritis y colitis. 

Las tendencias de delgadez extrema han regresado con la nueva era de heroic girl. Las modelos son cada vez más esbeltas y ponen de moda el uso de la talla cero. Aranda considera que las redes sociales podrían hacer que algún TCA persista, porque los adolescentes y jóvenes adultos son los principales usuarios. Así, se acercan a discursos que promueven el uso de pastillas para adelgazar, por ejemplo. 

“Actualmente Ozempic es un medicamento que se usa para tratar a pacientes con diabetes”. Sin embargo, uno de los efectos es la pérdida de peso debido a su compuesto principal (semaglutide), “ya que mejora el control en la glucosa”, explica Aranda, y ahonda en el problema: “su uso en personas que lo usan para bajar de peso es la dosis en que se aplica, pues específicamente Ozempic está diseñado para pacientes con diabetes tipo dos”. 

Lo anterior significa que la dosis consumida por la gente que solo desea adelgazar es inadecuada. “Se estaría generando una contraindicación médica”. Aranda advierte que las autoridades sanitarias tendrían que fortalecer la seguridad sanitaria, para evitar vender el medicamento a personas con recetas falsas. 

Respecto a los consejos para llevar estilos de vida saludables, Aranda hace énfasis en que algunos influencers nunca consideran que las rutinas y la alimentación deben adecuarse a cada paciente según sus necesidades. 

Las dietas sin un valor nutricional personalizado son las que podrían resultar perjudiciales. Tafoya emite una serie de precauciones para identificar una dieta con potencial dañino. Cualquiera demasiado restrictiva puede ser peligrosa. 

Los discursos sobre los cuerpos en redes sociales pueden causar depresión 

El uso de Instagram ha ido en aumento entre los adultos jóvenes. La estética atractiva de los influencers suele ser el arma de doble filo en la plataforma. Por un lado, aumenta la cantidad de usuarios; aunque llega a causar frustraciones cuando se falla en seguir los estereotipos. Esa es una de las posibles razones por las cuales su uso podría causar depresión

Aranda identifica que los discursos dañinos en redes sociales promueven una relación desmedida entre el cuerpo y el consumo de alimentos. Para explicar lo anterior, habla de los consejos para bajar más rápido de peso “que restringen la ingesta calórica sin tener en cuenta primero cuánto necesita una persona”. 

En contraste, reconoce que el body positive visibiliza a los cuerpos con obesidad y sobrepeso, y fue un pretexto para abordar las diferentes causas por las que una persona no puede bajar de peso. También la tendencia logró poner en tela de juicio la supuesta salud que conlleva ser esbelto: “que una persona sea delgada, no significa que sea una persona sana”.

Abigail tiene una mirada un poco más suspicaz respecto al lado poco amable del body positive. Considera que, si bien es un avance para integrar a la diversidad de cuerpos, también existe un peligro subyacente de que se integran solo cierto tipo de modelos, que no resulta tan incómodo a los estereotipos.

“Es el caso de las ‘gordibuenas’, puedes tener sobrepeso y modelar siempre y cuando tengas busto, cadera, nalgas prominentes y una cintura estrecha”. Debido a lo anterior, se deduce que los estereotipos sobreviven pese a la diversidad de cuerpos. Guadalupe concuerda en esta última idea. Es tajante al afirmar que no existe el body positive, “porque no muestran cuerpos reales, tampoco buscan que lo primordial sea la salud sino la mercadotecnia y para sentirse inclusivos”. 

Las soluciones para atender algún TCA

En casos de TCA, conocer el diagnóstico es insuficiente. Se trata de un problema psicológico, por lo cual acudir con un especialista en salud mental es el primer paso hacia la rehabilitación. De lo contrario, la desesperación podría generar un estado de ánimo poco saludable. 

El caso de Guadalupe es prueba de ello: aún busca sin éxito una relación positiva con la comida. Además, su peso es una de sus principales preocupaciones. “Me he inyectado, he tomado laxantes, pastillas para bajar de peso, he estado en dietas restrictivas las cuales me orillaron a no comer frutas”.

La misma desesperanza fue la que afectó físicamente a Abigail. “Cuando me enteré no tuve una mejor relación con la comida, ni conmigo misma porque no quería aceptar que tenía un problema”, admite. La situación cambió hasta que llegó a una sala de urgencias debido a su mala alimentación. “Entonces comencé a tomar terapia para mejorar mi relación con la comida, con mi cuerpo, para subir de peso y mejorar mi salud física”, con esas palabras reconoce que el camino a la recuperación será largo.

Con el objetivo de brindar ayuda a estos casos, existen alternativas en el sector público. Desde el 2018, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrece atención en el área de psiquiatría para las personas con TCA. Con el mismo propósito, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) cuenta con centros comunitarios para atender esta condición en cinco alcaldías. 

En la opinión profesional de Aranda, se necesita un enfoque integral para evitar empeorar las repercusiones negativas de un TCA: “Acudir a profesionales de la salud para monitorear y acompañar una correcta disminución del peso”. 

Enfatiza en que visibilizar este tipo de problemáticas sociales permite que se abran espacios donde se pueda abordar el tema de los TAC de una manera accesible y segura. De igual manera, llama a evitar el consumo de información poco fidedigna o no avalada por un profesional de la salud.

Tanto Abigail como Guadalupe coinciden con Aranda respecto al debate de los TCA sin discriminación a quienes lo padecen. Agregan que es necesaria la inclusión de cuerpos realistas, sin el uso de filtros para ocultar la realidad del sobrepeso. De esa forma, se evitaría reproducir los estereotipos que afectan la autoestima de la gente. 

Tafoya complementa la recomendación de Aranda. Asegura que se debe contar con un tratamiento especializado para cada caso, en especial si se trata de mujeres que han dejado de menstruar o registran problemas graves a nivel hormonal.