El atractivo social, estético y político del rap atrajo en los años noventa la mirada de intelectuales y artistas ajenos a la experiencia afroamericana para tratar de entender y luego explicar la idiosincrasia de una manifestación creativa fundamentalmente identitaria.
Conforme leía las más de mil páginas de Infinite Jest, la autora de este ensayo atestiguaba cómo la única persona con la que podría hablar de la novela que convirtió a David Foster Wallace en celebridad se encaminaba en la misma dirección de aquel que el 12 de septiembre de 2008 terminó con su vida.