Este jueves 8 de mayo, a partir de las 19:30, inicia la quinta edición de La Feria del Libro Independiente en el Centro Cultural Bella Época. Aquí los detalles.
Para celebrar su primer lustro, la Feria del Libro Independiente ha decidido ampliar su catálogo editorial (ochenta casas) y sus actividades culturales (casi setenta), entre las cuales cabe mencionar la nueva serie de mesas de debate, talleres y diálogos entre autores y asistentes que se extenderá a lo largo de veinte.
Al festejo se suman el ya octogenario Fondo de Cultura Económica, LOM Ediciones (dirigida por Paulo Slachevsky, la primera editorial extranjera que participa en la FLI) y un amplio número de escritores reconocido, entre ellos Mario Bellatin, Tedi López Mills, Francisco Hinojosa y Sandra Lorenzano.
Bajo el lema de “Lo marginal al centro”, esta edición de la Feria del Libro Independiente busca dirigir la atención del público hacia casas editoriales perimétricas y divergentes. Sirva de ejemplo la presencia de la editorial Eloísa Cartonera, presidida por el poeta argentino Santiago Vega (alias Washington Cucurto).
Pueden checar el calendario de actividades por acá:
La casa donde supuestamente habitó Shakespeare en Stratford-upon-Avon. Fotografía: Wikimedia Commons
Dos vendedores de libros antiguos de Nueva York creen que han encontrado el diccionario que utilizó William Shakespeare para escribir sus obras. De ser cierta esta historia, el diccionario, una copia de An Alvearie or Quadruple Dictionarie de John Baret contendría anotaciones en los márgenes del propio Shakespeare, que George Koppelman y Daniel Wechsler compraron e-bay. No obstante, hay una buena cantidad de escepticismo entre la comunidad académica, sobre si el ejemplar sería auténtico o no. Se trate de un gran hallazgo o simplemente una treta muy bien armada, el diccionario puede ordenarse y adquirirse en línea.
Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927), escritor, novelista, cuentista y periodista, Premio Nobel de Literatura, falleció hoy en la Ciudad de México.
García Márquez escribió obras fundamentales para la literatura del siglo XX, entre ellas Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera. Sus novelas, cuentos y textos periodísticos han influenciado profundamente a varias generaciones de jóvenes escritores en todo el mundo.
En la mesa de redacción de Tierra Adentro lamentamos profundamente su deceso.
En Tierra Adentro celebramos el evento “Poesía por Primavera”, que organizan Hostería La Bota y Mantarraya Ediciones —bajo el auspicio del Gobierno del Distrito Federal y el Fideicomiso Centro Histórico—, y que tendrá lugar este sábado 12 y domingo 13 de abril, a partir de las 11:30. Con más de cincuenta escritores y casi setenta casas editoriales, el festival promete convertirse en verdadero desfile de colores y figuras. Al festival podrán acudir, de manera gratuita, ciudadanos y turistas; curiosos y amantes de la literatura.
A diferencia de ediciones anteriores, la duración del evento se extenderá a dos días. Antonio Calera-Grobet, editor y director del festival, explicó que unas cuantas horas no bastan para dar el debido espacio a un acontecimiento que va cobrando mayor auge dentro de la vida literaria y cultural capitalina. De ahí también que el domingo el festival dé lugar a “La Gran Comilona”, una especie de día de campo multitudinario entre los asistentes, para intercambiar y compartir alimentos y experiencias.
Nada mejor que esta nueva versión extendida de “Poesía por Primavera” para celebrar el centenario de escritores como Efraín Huerta y José Revueltas, pero sin olvidar nuestras más recientes y lamentables pérdidas: Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Sergio Loo. No dejen de escuchar a varios de nuestros amigos, colaboradores y autores.
El programa:
Imagen de portada de El cazador de grietas, de Luigi Amara (finalista del Premio Anagrama de Ensayo)
En la redacción de Tierra Adentro nos da gusto anunciar que el día de hoy se dio la noticia de que Sergio González Rodríguez (Distrito Federal, 1956) ganó el Premio Anagrama de Ensayo 2014. El galardón, que reconoce cada año desde 1973 a un libro de ensayos de tema libre, consiste en la publicación del título bajo el sello de Anagrama, además de 8 mil euros.
En esta ocasión, el fallo fue para Campo de guerra, presentado bajo el seudónimo El Becario, un análisis de la tendencia geopolítica encabezada por Estados Unidos y que, con el pretexto de combatir el terrorismo, ha impuesto control y vigilancia. Así, González Rodríguez competa una trilogía dedicada al estudio de situaciones violentas, que comenzó con Huesos en el desierto (2002) y El hombre sin cabeza (2009).
Una de las peculiaridades de los Premios Anagarama es que también se da a conocer al finalista, que esta vez le tocó al, también mexicano, Luigi Amara. Extendemos una felicitación y un saludo al autor de El cazador de grietas (FETA, Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1998), quien obtuvo el honor con Historia descabellada de la peluca.
El jurado del Premio Anagrama de Ensayo estuvo compuesto por Salvador Clotas, Román Gubern, Xavier Rubert de Ventós, Fernando Savater, Vicente Verdú y Jorge Herralde.
Los zanates son aves de mal agüero. No como los tecolotes, de quienes solían decir cuando el tecolote canta, el indio muere. Altamirano retrató esta creencia en El zarco, esa novela increíble, al ser tan prototípica, de principios del siglo XX. A Altamirano también le gustaban los refranes, por ahí anda un breve compendio que hizo y que mucho tiempo después publicó Andrés Henestrosa en edición facsimilar. No es bueno que un zanate entre a tu casa, por ejemplo, posee la belleza azulada del puma, el misterio del cuervo.
En realidad, los zanates molestan sobre todo a campesinos, cuyas cosechas suelen quedar destruidas a su paso. Comparten su fama con las palomas en catedrales y zócalos. A mí me gustan por escandalosos, porque aquí en Oaxaca no puedes caminar mientras anochece sin escuchar sus gritos. Porque no cantan, gritan, se quejan alborotados, y cuando amanece salen como abejas de los laureles a quién sabe dónde, a esos lugares a donde van los pájaros cuando son libres. Los zanates fueron también el tema de la instalación que a continuación les comentaré.
A finales de marzo, en el patio posterior del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) se inauguró la instalación sonora Zanate de luz. El uno-todo que estalla, obra realizada específicamente para este espacio y que inicia así el programa Le Stí Bi (Eco del viento), un ciclo de instalaciones que girarán en torno a la ciudad de Oaxaca. Los autores son Roberto Morales Manzanares y Karina Álvarez, quien además realizó esta pieza como parte de su tesis doctoral. Cada obra se expondrá durante dos meses.
La instalación consta de 100 pájaros de metal con alas de espejo colocados a distintas alturas bajo una malla de metal, juntos parecen una parvada robótica. Cada uno de loa zanates contiene una pequeña bocina que emite un sonido particular. No obstante, no se trata de una grabación repetida al infinito sino que está programada para generar distintas composiciones en todo momento. Lo que escuchamos simula el carácter aleatorio e impredecible de la naturaleza; hay un orden, pero no el que suponemos. Además de cantos de zanates modificados, los sonidos utilizados provienen de modelos físicos obtenidos de la radiación solar estimada para los meses de abril y mayo del 2014.
Roberto Morales Manzanares es músico y compositor. Trabaja principalmente con piano y flauta pero también crea aleaciones, puentes, entre las artes visuales y la música. Arte sonoro, para ser exactos.
He visto algunas instalaciones de este tipo, recuerdo una en especial donde el espectador entraba en una jaula y desde ahí observaba las distintas tonalidades que adquirían las paredes mientras en el fondo se escuchaban gritos y sonidos selváticos. Había una cámara dentro de la jaula que proyectaba el rostro del espectador en estas membranas. Se trataba de una versión propia del cuento “El alienista”, de Machado de Assis, donde un loco, un ser solitario y poético, cuestiona la cordura de los habitantes de un pequeño pueblo. La pieza se convertía así en una metáfora sobre la locura: ¿ante los ojos de quién podemos decir que el otro está loco?
Karina Álvarez es artista visual. Tiene trabajos interesantes que exploran la relación entre el espacio geográfico y el estético. Una de sus instalaciones consiste en proyectar paisajes de La Rumorosa, una zona fronteriza de Baja California, sobre parabrisas suspendidos. Nos habla así de las fronteras, pero de aquellas establecidas entre el espectador y el paisaje, entre el cuerpo y el pensamiento. La rumorosa es una carretera que serpentea sobre desfiladeros y donde muchos viajeros han perdido la vida en accidentes, se dice que es la carretera más peligrosa de México. Karina trabaja sobre los límites en distintos niveles, incluso en términos filosóficos: entre el sujeto y el mundo hay un vacío.
Los sonidos viajan. Cuando miramos, iniciamos también un viaje que no termina al dormir. Quizás es ahí, en el sueño, donde la mente puede por fin liberarse y caer en sus infinitas espirales, en las brechas, tal vez, de lo que llamamos realidad. El ser viaja. Somos esa trayectoria inconclusa, un instante de luz, un segundo en el tiempo de la Tierra.
Zanate de luz propone restablecer esa continuidad perdida entre quien mira y la naturaleza. Nos recuerda que como todos los demás seres estamos insertos en una dinámica mucho más grande que nosotros mismos: el todo es el uno que estalla. Descontextualizando el hábitat de los zanates, extrayéndolos de su espacio natural para convertirlos en representación, la instalación rompe la estructura del pensamiento de quien observa.
En Nostalgia (1983), de Andrei Tarkovsky, hay una escena magnífica, icónica: el protagonista, un tipo que vive en una casa derruida, poblada de goteras y fantasmas, como su memoria, grita desde lo alto de la estatua de una plaza pública: “qué clase de mundo es este si un loco les dice que deben de estar avergonzados”, para después inmolarse ante los rostros inexpresivos de los habitantes de la ciudad. Todos observan ese sacrificio.
Algo así pasa ahora. Vemos tranquilos desde nuestras casas, desde la oficina o la calle, en los bares a donde asistimos para celebrar la vida -porque la vida tiene que celebrarse, claro que sí- cómo vamos alterando peligrosamente el orden natural de las cosas. Poco nos importa que el modo de vida que hemos elegido haya vuelto este planeta tan caliente que permite el crecimiento desmedido de plagas que acaban con bosques enteros, por ejemplo. O que la siembra desmedida de agave tenga un impacto negativo, a la larga, en la tierra. O Monsanto y sus consecuencias catastróficas.
¿Para qué emular zanates con metal y espejos, cantos de zanates con beats en un museo? Porque afuera ya no los vemos, porque están ahí, todavía, cumpliendo un ciclo que otras especies ya no tienen. Nuestro grado de desinterés en torno a la naturaleza se nota sobre todo en el lenguaje: desconocemos nombres de plantas, de árboles o pájaros.
Me preocupa este mundo, me preocupa que el respeto a la vida en todas sus formas sea casi nulo. Zanate de luz protesta ante estas circunstancias, hace visible la problemática. Espero que los zanates sigan haciendo ruido, uno distinto al rumor de los autos, para recordarnos que no estamos solos, que nunca lo hemos estado, sólo basta encontrar el punto de la trayectoria donde nos perdimos, donde olvidamos que nada nos pertenece, que estamos aquí por un instante compartido.
Esta experimentación sonora se encuentra en el Patio C del MACO, ubicado en Alcalá 202, Centro Histórico, Oaxaca, la entrada es libre.
TRILCE EDICIONES Y CONACULTA INVITAN A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO Viajes al este de la ciudad Una crónica de la guerra contra el narco en Tijuana
OMAR MILLÁN
Este jueves 3 de abril se presenta el libro Viajes al este de la ciudad, de Omar Millán, publicado por Trilce Ediciones y CONACULTA. Participarán en el evento el escritor Elmer Mendoza, la periodista Magali Tercero, el investigador Alejandro Vélez y el autor. La cita es en el Centro Cultural Bella Época (Librería Rosario Castellanos), Calle Tamaulipas núm. 202, Colonia Hipódromo Condesa, a las 19:00 horas.
En nuestro país hay tres espacios para ver cine: las salas comerciales, cuyo lema es la rentabilidad; espacios destinados al “cine de arte” (signifique lo que signifique), en los cuales la bandera que se iza es la novedad y los cineclubes. La diferencia entre estos tres niveles es la intención con la que se va a ver una película. Las salas comerciales son divertimento y distracción; a los espacios de “cine de arte” asiste un público ávido del fenómeno cinematográfico (pero, al fin y al cabo, consumidor pasivo); los cineclubes son la mirada crítica necesaria para terminar de comprender el cine y en donde el espectador tiene, por fin, un papel activo.
El espectador real (todos nosotros) asiste a los tres espacios.
Cada quien su cine
1. Salas comerciales (Cinemex, Cinépolis, Cinemark y similares)
A las salas comerciales no se va a ver una película sino a relajarse. Es un paseo equivalente a ir a tomar un helado en Chapultepec o pasear en Coyoacán. La entrada sale cara, la oferta cinematográfica es más bien pobre (con el blockbuster del momento en seis o siete salas) y se pregunta uno si no se están convirtiendo en restaurantes de comida rápida con película. Las palomitas pasaron de ser un acompañante secundario a uno central: Icee, hotdogs Oscar Meyer, dulces y “paquete amigos” opacan al filme cada vez más.
Una gran ventaja de estos lugares es la comodidad de las instalaciones y la perfección en que (supuestamente) proyectan. Se debe respetar el diseño sonoro, hay 3D (y 4DX), la proyección no se suspende por ningún motivo (el chiflido al cácaro está totalmente justificado si la entrada valió $150). Las personas asisten a las salas comerciales para ver Avatar en tercera dimensión o para escuchar DTS-HD Master Audio 5.1 Surround de Shine a light. “Domingueable” es la palabra que resume este espacio. Uno va allí para distraerse de la presión de la semana, para no tener que hablar en la primera cita o para perder el tiempo entre clases.
2. Foros de “cine de arte”(Cineteca nacional, Cinemas Lumiére)
Un público más exigente visita estos espacios, no va con una actitud de “a ver qué hay en cartelera”, sino que llega con una idea de lo que quiere ver (la de tal director, la que fue bien reseñada en tal suplemento cultural, a ver tal festival, etcétera). En estos espacios se exhibe la última obra de François Ozon, la última de Wong Kar-Wai o cualquier otra cinta que, por su naturaleza de no ser sólo un producto de entretenimiento, no tiene mucho lugar en las salas comerciales.
El asistente de estos espacios es más específico y guía lo que quiere ver según otras directrices que las de la pasividad de las salas comerciales: se asiste porque hay una retrospectiva de Chris Marker o porque es época del FICUNAM.
Estas salas no compiten con aquellas comerciales, simplemente es otra oferta (a mí juicio, mucho más interesante) que, como bien han visto las grandes cadenas, es rentable. Ahora, Cinépolis o Cinemex tienen “salas de arte”, en donde se proyectan los filmes de la Muestra de Cine Alemán, el Ciclo de Cine Francés o Ambulante. Si se cuestiona si deja dinero o no, habría que ver la apuesta de la Cineteca Nacional: hace cinco años era impensable no alcanzar boleto para una función, ahora, hay que llegar unos quince minutos antes o hasta una hora si es una función especial.
3. Cineclubes
El asistente a un cineclub es, por un lado, el más permisivo: si se detiene la película o el audio es de mala calidad no protesta; pero, por otro, el más exigente, quiere descubrir de qué se trata esto que un grupo de personas se junte a ver películas y a comentarlas, y por qué vale la pena ir a algo así.
Antaño, cuando el acceso a los productos cinematográficos era mucho más complicado que ahora, el cineclub tenía como función proyectar “el cine invisible”. ¿Cómo poder haber visto una película de Trouffaut en los sesentas en México si no fuera por los cineclubes universitarios? Hoy, con acceso a las descargas de casi cualquier película, con Netflix y con la televisión por cable (desde los ochenta, con el auge del Beta y el VHS) el cineclub ha perdido esa función. Ya no se define por lo que exhibe, sino por cómo lo exhibe.
Dos elementos son sus pilares: el ciclo y el cinedebate.
El ciclo se refiere a la forma de ordenación: un cineclub no pasa películas “así nada más”, sino que las aglutina según las relaciones o ecos que hacen entre sí las películas. La duración más común de uno, es mensual. El ciclo engarza las películas según un eje, ya sea temático, ya sea porque todas son de un mismo director, porque su protagonista es el mismo, porque conmemoran el aniversario de un hecho histórico, porque se quiere dar una perspectiva de una corriente fílmica, etcétera.
El cinedebate hace referencia a la charla que se tiene después del filme, en donde se comentan gustos, opiniones e interpretaciones de lo que se acaba de ver. Cierto es que no todas las personas hablan, que muchísimas se retiran al momento en que acaba la película o hay otros que permanecen callados durante esta sesión de debate (aquí y aquí pueden verse dos reflexiones sobre el cinedebate).
La suma de los dos pilares da como resultado un asistente activo en dos niveles: primero, en la selección: como en las “salas de arte”, el espectador no va a “ver qué pasan”, sino que planea su tiempo, si le interesa una película asiste, pero si le interesa mucho, asiste a todo el ciclo; segundo, en la participación del cinedebate: en el momento en que un espectador habla sobre la película, sobre las asociaciones que hace a partir de ella, de otras películas similares, de su interpretación, se convierte en un “co-creador”; es decir, pasa a ser un cinéfilo activo, pues una película no está completa hasta que alguien la ve, luego alguien opina sobre ella y, por último, contrasta su opinión con la de otros.
Fotografía: Pixabay
Los tres niveles no son exclusivos
Sería complicado encontrar “espectadores puros” de cada uno de estos niveles. Por lo general, el asistente a cineclubes es también uno que está al tanto de la programación de festivales o de qué está pasando en la Cineteca. Aquel que asiste con regularidad al CCU a ver una película tiene en mente uno que otro cineclub y su programación. También, aunque uno sea un ávido de “películas distintas”, va a ver la última de Avengers al Cinépolis más cercano.
Estos niveles no se borran mutuamente. La apuesta es tratar de ser espectador en los tres espacios y tener la capacidad para participar de todos ellos. Ser un espectador pasivo cuando no se tengan ganas más que de relajarse, pero también poder ir a un cineclub y expresar una opinión personalísima.
¿Qué proyecta un cineclub?
Lo que sea. Mientras esté enmarcado por los dos pilares que mencioné, cualquier película entra en juego. El cineclub tiene una ventaja sobre los otros dos espacios por ser más plástico. A causa del cinedebate y de los ciclos, se puede exhibir Diez cosas que odio de ti al lado de Casablanca. Esto será posible sólo si la planeación es correcta. Por ejemplo, los dos casos anteriores podrían hilarse en un ciclo que tratase sobre la transformación del galán en el siglo XX. Será tarea de quien guíe el cinedebate encontrar puntos de contacto y contraste entre Rick Blaine (Humphrey Bogard) y Patrick Verona (Heath Ledger), presentarlos a los asistentes y dejar que la conversación fluya con la mayor libertad posible.