Tierra Adentro

Perras de reserva

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  No es casualidad o mero juego el nombre.
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Que Dios nos perdone   ¡Ay, Dios mío santísimo! ¡Nosotras cómo lo íbamos a saber, joven! ¡Mijito, parecía un muchacho! Traía una cachucha, uno de esos aretes en el labio y una lágrima tatuada en el ojo izquierdo.