Mientras el escalofriante sonido de la fresa tallaba los dientes de su padre, Ara, una niña de ocho años, permanecía pegada al ventanal del consultorio de la calle Indiana en la colonia Nápoles, de la Ciudad de México.
“El futbol es otra homosexualidad tapada”
(Pedro Lemebel, “Hablo por mi diferencia”, 1986)
Un balón arcoíris rueda en la cancha a toda velocidad, el cañonazo lo impulsa directo hacia la portería.