Tierra Adentro

Para escondernos del color azul fuimos al desierto. El día era una máscara de la noche, el cielo —lo sabemos incoloro— nos respiraba como a los restos de algo perdido.

Aprendimos a ser cóncavos para contener el cauce de la arena. Entretuve tu pensamiento en mi pensamiento, qué manera tenías de contar la respiración y los anillos de las serpientes.

Una formación de ceros, hormigas negras del cálculo, camina hacia el Este, horizonte rojo prendido con alfileres de la idea del azul.

Aprendimos a ser cóncavos para reflejar los espejismos.

Rodamos como animalitos, haciendo surcos en la arena. La memoria necesita girar para desvanecerse:


Autores
(Mérida, 1982) ha publicado dos libros: Adentro no se abre el silencio (La Ceibita, 2010) y Octubre. Hay un cielo que baja y es el cielo (Textofilia, 2014). Ha sido becaria del FONCA y de la Fundación para las Letras Mexicanas.
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