La década de 1980 a 1990 puede considerarse históricamente como la etapa en la que la población negra comenzó a despuntar en España y cuando inició el proceso de ruptura de nuestra invisibilidad social y de la marginación estructural de la que somos víctimas desde el siglo XV, cuando nuestra presencia emergió a consecuencia del tráfico y la esclavización racializada de personas negras, promovida por el Reino de Portugal y el antiguo Reino de Castilla, actual Reino de España.