Vehemente dios de una raza de acero,
Automóvil ebbrrrio de espacio,
Que piafas y te estrrremeces de angustia
Tocando el freno con estridentes dientes…
Filippo Tommaso Marinetti
Conservo buenos recuerdos de los automóviles que he tenido: la primera vez que cruce la frontera de los 200 kilómetros por hora –en un Chevy—; la primera vez que tuve sexo estacionado en una calle desierta —en un Jetta—, o aquel viaje a Estación Catorce para conocer el peyote —en un Mazda 3—.