{"id":61775,"date":"2026-10-19T07:00:01","date_gmt":"2026-10-19T13:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59105"},"modified":"2026-10-27T10:08:03","modified_gmt":"2026-10-27T16:08:03","slug":"los-pecados-de-los-padres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=61775","title":{"rendered":"Los pecados de los padres"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">Si a tus o\u00eddos llegan mis ruegos<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Mitiga el fuego de mi pasi\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Calma la pena que me consume<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Y da tu perfume a mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dios nunca muere, <\/em>canci\u00f3n tradicional oaxaque\u00f1a, versi\u00f3n de Lila Downs<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al principio apenas y not\u00f3 algo. Un reflejo oscuro por encima del hombro de Lorenzo. Algo casi normal. Hay presencias que se aferran a sus vivos, pero sin hacerles da\u00f1o. S\u00f3lo est\u00e1n ah\u00ed. Custodiando, protegiendo.<\/p>\n<p>Norah decidi\u00f3 dejar de verlas cuando ten\u00eda trece a\u00f1os. No se iba a prestar m\u00e1s ni a sus reclamos ni a sus ruegos. Quer\u00eda liberarse, salir a bailar, ir al cine con el chico que le gustaba, sin encontrarse con las presencias como la del chofer del autob\u00fas, que no era otra que su abuela llorando bajito por su anillo de boda que le quitaron antes del funeral. O como el padre de la panadera, un glot\u00f3n que la obligaba a devorar ansiosa los pastelitos de crema, mientras \u00e9l se alimentaba aspirando el sabor. O aquella jovencita atropellada, la sobrina de su profesora de tercer a\u00f1o, tratando de aferrarse a los peatones que cruzaban por la calle. Llamando a su madre entre sollozos. No sab\u00eda que hab\u00eda muerto.<\/p>\n<p>Cuando Norah se fue estudiar a Londres, casi hab\u00eda conseguido no percibir a las presencias. Aunque mam\u00e1 le recordaba que ese don nunca desaparecer\u00eda. \u201cCielo, naciste con el saco amni\u00f3tico intacto, la partera no pod\u00eda creerlo. Yo s\u00ed y tambi\u00e9n la abuela Alice. Tu destino ya estaba marcado porque nuestro linaje puede hablar con los muertos\u201d. Oh, s\u00ed, las creencias antiguas de las muir. Las que llevaron con ellas desde un pueblecito de la costa a uno de los barrios de clase media de Dubl\u00edn.<\/p>\n<p>En cierto modo, Norah segu\u00eda rodeada de muertos, aunque estos ten\u00edan varios siglos y eran bastante introvertidos. Se hab\u00eda especializado en historia del arte medieval. Los tapices, las tallas, inclusive las armaduras y los ropajes revelaban sus secretos de forma comedida. A veces, Norah se encontraba con presencias aferradas a objetos. La espada de un noble a\u00fan con vestigios de ira y dolor. Un collar de rub\u00edes cuya due\u00f1a no se despoj\u00f3 de \u00e9l hasta momentos antes de ser ejecutada.<\/p>\n<p>Lorenzo era muy pragm\u00e1tico. Un santo Tom\u00e1s del siglo XXI que adoraba escuchar las historias fant\u00e1sticas de esa irlandesa que hablaba un castellano casi perfecto con entonaci\u00f3n espa\u00f1ola. Cuando Norah era adolescente, un intercambio escolar con otra estudiante la mantuvo dos meses en Valencia. Pero esto fue lo \u00faltimo que Lorenzo not\u00f3 cuando la vio delante del Tapiz de Bayeux, en Normand\u00eda. Ese bordado en lino de casi setenta metros de largo que narra la conquista normanda de Inglaterra. Norah hab\u00eda aprovechado un viaje de trabajo catalogando una colecci\u00f3n privada. Lorenzo se despejaba admirando el mundo fuera de la lente de su c\u00e1mara.<\/p>\n<p>Conectaron bien desde el primer intercambio de sonrisas. \u00c9l ador\u00f3 su melena ondulada que parec\u00eda hecha de fuego. Ella su mirada profunda. Un flechazo en toda regla. Ahora cumpl\u00edan dos a\u00f1os juntos y varios planes por venir. Norah hab\u00eda conseguido mantener a raya a las presencias y apenas not\u00f3 una en Lorenzo. Pero le costaba identificar cu\u00e1l era su relaci\u00f3n. Desde que estaban juntos, parec\u00eda difusa y de sentimientos poco claros, hasta que llegaron a Nazareno Etla, una poblaci\u00f3n de Oaxaca. Lorenzo deb\u00eda cumplir con una petici\u00f3n de la t\u00eda que lo crio como si fuera su madre.<\/p>\n<p>Dalia huy\u00f3 de Oaxaca para proteger al hijo de su hermana, un peque\u00f1o de apenas dos a\u00f1os. Protegerlo de la p\u00e9rdida y de la tragedia. Crey\u00f3 que estando lejos nunca podr\u00eda alcanzarlo la maldici\u00f3n. Esa que hizo que su padre asesinara a su madre. Que una noche llegara a casa con la oscuridad cubri\u00e9ndole como un manto, ciego de rabia, sin motivo, sin raz\u00f3n. Sac\u00f3 a Arcadia de la habitaci\u00f3n de Lorenzo, la sujet\u00f3 contra \u00e9l y empez\u00f3 a apretar su cuello, tanto y tan fuerte&#8230; La solt\u00f3 hasta que dej\u00f3 de pelear por escapar. Aun as\u00ed, las l\u00e1grimas segu\u00edan corriendo por su rostro. Entonces, \u00e9l dio un alarido y se ech\u00f3 a correr hacia el monte. No ser\u00eda el primero que se perd\u00eda en la noche. No ser\u00eda el \u00faltimo que arrancar\u00eda vidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Existen varios momentos en que la frontera que divide el mundo de los vivos del de los muertos se vuelve tan difusa que unos y otros pueden cruzarla. Muchos entienden esto con respeto y hasta con temor. Otros se llenan \u00a0de alegr\u00eda y de esperanza por reencontrarse con sus difuntos. No era necesario tener un don como el de Norah. Bastaba con montar ofrendas de alimentos, flores coloridas, mucha luz y las almas de los difuntos volver\u00edan a disfrutar como en vida lo hicieron. Norah sab\u00eda que estas creencias tambi\u00e9n ten\u00edan un fondo muy retorcido que pocos pod\u00edan notar: esp\u00edritus que aprovechaban hacerse pasar por otros para venir a este lado y vengarse. As\u00ed que se mantuvo en guardia desde que baj\u00f3 del coche que Lorenzo hab\u00eda rentado en el aeropuerto. Era el primer d\u00eda de noviembre y los pobladores de Nazareno Etla no s\u00f3lo estaban atareados con las celebraciones de D\u00eda de Muertos, sino tambi\u00e9n con la muerteada.<\/p>\n<p>Hombres en zancos, maquillados como esqueletos y portando alas enormes, chiquillos con m\u00e1scaras de calavera jugando a las escondidas entre la gente, los diablos con sus trajes repletos de cascabeles brillantes, los espiritistas o resucitadores con mil pedacitos de espejo pegados a la cara y a la ropa. Las procesiones de gente disfrazada y con maquillaje de calavera llenaban las calles como si se tratara de un carnaval. Bandas de m\u00fasica con tamboras y tubas, trompetas y clarinetes, tocando todo el tiempo. Risotadas, conversaciones a gritos, gente bailando, y las botellas de mezcal pasaban de mano en mano. Los vivos invitaban a los difuntos a festejar.<\/p>\n<p>Lorenzo nunca regres\u00f3 al lugar donde hab\u00eda nacido. Parec\u00eda un turista m\u00e1s mirando todo con ojos nuevos, pero algo le oblig\u00f3 a no usar su c\u00e1mara fotogr\u00e1fica. A media tarde fue al cementerio municipal acompa\u00f1ado por Norah y algunas vecinas antiguas, para depositar las cenizas de t\u00eda Dalia en un peque\u00f1o mausoleo muy limpio y lleno de gladiolas, nubes y flores de cempas\u00fachil. La costumbre era enterrar a los difuntos en una tumba, mandar construir una l\u00e1pida con floreros incorporados y ponerla bonita en las fechas de cumplea\u00f1os, defunci\u00f3n, d\u00edas festivos y en D\u00eda de Muertos sobre todo. Pero t\u00eda Dalia hab\u00eda muerto lejos y ella misma decidi\u00f3 la cremaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Norah sent\u00eda la cabeza embotada. Las presencias de cada persona con la que se cruzaba pretend\u00edan llamar su atenci\u00f3n alargando sus manos difusas para tocarla, enred\u00e1ndose en su cabello como olas de viento, intentando susurrar todas al mismo tiempo en su o\u00eddo. La presencia que se manten\u00eda sujeta a la espalda de Lorenzo la mir\u00f3 con desprecio. Descubri\u00f3 poco a poco que se trataba de una mujer sin edad definida. Y conforme pasaban las horas se pod\u00eda percibir m\u00e1s, como si un peque\u00f1o haz de luz la traspasara.<\/p>\n<p>Odio y dolor. Esa mezcla poderosa se estrell\u00f3 contra su rostro y la hizo mirar hacia un grupo de mujeres con los rostros maquillados como calaveras y amapolas de color morado adornando sus cabezas. Luc\u00edan vestidos largos negros, iban descalzas, los brazos y manos tambi\u00e9n maquillados como si fueran esqueletos. Norah parpade\u00f3 varias veces. No hab\u00eda visto mujeres disfrazadas en las procesiones. S\u00f3lo a los hombres y a los ni\u00f1os. El grupo permanec\u00eda distanciado de la algarab\u00eda y la miraba fijamente.<\/p>\n<p>Un hombre un poco m\u00e1s alto que ella se acerc\u00f3, tanto, como para hablarle al o\u00eddo.<\/p>\n<p>\u2013Mire, gringuita, la muerteada se celebra desde hace mucho. Empez\u00f3 como una obrita de teatro donde a una se\u00f1ora se le muere el marido y le pide a su padre, un hombre poderoso, que la ayude a revivirlo. El padre manda traer a varios personajes, como un sacerdote y un doctor, pero todos fracasan. \u00a0El que lo resucita es un espiritista, uno de esos que pueden hablar con los muertos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s se\u00f1al\u00f3 a dos hombres que llevaban pedacitos de espejo pegados en toda la cara y en la ropa.<\/p>\n<p>\u2014Los espiritistas se visten as\u00ed porque seg\u00fan las antiguas creencias, los cristales representan ventanas al inframundo, portales por donde vuelven nuestros ancestros.<\/p>\n<p>El rostro de Lorenzo se reflej\u00f3 cientos de veces en los trajes de los espiritistas. Los rizos tan negros como el carb\u00f3n le ca\u00edan encima de la frente, daba tragos largos a una botella de mezcal y en su espalda, agazapada como un gato, permanec\u00eda su presencia. Era ella quien sujetaba la botella y lo obligaba a beber mientras dec\u00eda: \u201cTienes que pagar, hijo de puta, tienes que pagar\u201d.<\/p>\n<p>Norah sinti\u00f3 que iba a desmayarse. La m\u00fasica estruendosa la envolvi\u00f3 y mientras se dejaba caer, sentada en el suelo, pudo reconocer la melod\u00eda. Se rio desganada: <em>When all at once a mighty herd\/ Of red eyed cows he saw\/ Plowin&#8217; through the ragged skies\/ And up the cloudy draw&#8230; <\/em>Apoy\u00f3 la espalda en la pared. La melod\u00eda continuaba. Not\u00f3 a alguien acerc\u00e1ndose. <em>Their brands were still on fire\/ and their hooves were made of steel\/ Their horns were black and shiny\/ And their hot breath he could feel&#8230; <\/em>Varias manos empezaron a sujetarla. Manos suaves, manos peque\u00f1as. Norah entreabri\u00f3 los ojos y ah\u00ed, rode\u00e1ndola, estaban las mujeres vestidas de negro, con amapolas moradas en la cabeza, pero sin maquillaje. Sus rostros limpios y la mirada triste y furiosa. <em>A bolt of fear went through him\/ As they thundered through the sky\/ For he saw the riders coming hard\/ And he heard their mournful cry&#8230; <\/em><em>Ghost riders in the sky&#8230;<\/em><\/p>\n<p>\u2014Norah, ven con nosotras.<\/p>\n<p>Una voz femenina multiplicada por cien fue lo que escuch\u00f3. Y entre todas las mujeres la ayudaron a ponerse de pie. No le pareci\u00f3 que caminaran. Era como si flotaran. Pronto dejaron atr\u00e1s los gritos y la m\u00fasica. El ruido de las docenas de cascabeles que llevaban los diablos cosidos a sus trajes y que hac\u00edan sonar dando saltos y bailando.<\/p>\n<p>Llegaron a un campo llano donde s\u00f3lo hab\u00eda un encino. La brisa ligera mov\u00eda sus hojas y Norah descubri\u00f3 algo entre las ramas m\u00e1s bajas. Necesit\u00f3 abrir los ojos mucho m\u00e1s de lo normal&#8230; Como frutos del infierno, colgaban varios hombres, ahorcados con una soga al cuello, descalzos y a medio vestir con prendas de diferentes \u00e9pocas.<\/p>\n<p>\u2014Maldita tu estirpe, V\u00edctor Cabrera.<\/p>\n<p>Lo dijo ella, y la otra, y aquella&#8230; Todas las mujeres vestidas de negro. Todas v\u00edctimas de un Cabrera. Por un momento, Norah se percat\u00f3 que todas ten\u00edan la misma voz y el mismo rostro de manera intermitente. Todas observaban a los ahorcados con rabia. Eran presencias y tambi\u00e9n eran Sagrario, la mujer que no acept\u00f3 casarse con el hijo del hacendado. Sagrario cuyos restos mal descansaban al pie del encino. Sagrario que alcanz\u00f3 a maldecir a V\u00edctor con el \u00faltimo aliento que le quedaba antes de que su criado de confianza le disparara en la cabeza.<\/p>\n<p>Norah sent\u00eda un hueco en el coraz\u00f3n. Por Dios, \u00bfd\u00f3nde estaba Lorenzo?, \u00bfqu\u00e9 ten\u00eda que ver esto con ellos?<\/p>\n<p>Las mujeres vestidas de negro y con amapolas moradas en la cabeza llevaban a cuestas a Lorenzo casi inconsciente, con los brazos abiertos en cruz. De forma delicada lo depositaron muy cerca del encino y su presencia al fin surgi\u00f3 tan n\u00edtida como puede serlo un esp\u00edritu. Era t\u00eda Dalia. Norah la reconoci\u00f3. Acariciaba cari\u00f1osa los cabellos revueltos de Lorenzo sin dejar de llorar.<\/p>\n<p>A corta distancia, otra presencia se manifest\u00f3. Era de color turbio, llena de odio y venganza. Por momentos, su rostro se revelaba como el de Arcadia, la madre de Lorenzo. Otros, era Sagrario. Esa era la presencia que acechaba a Lorenzo desde que hab\u00edan llegado a Oaxaca.<\/p>\n<p>T\u00eda Dalia hizo un esfuerzo para poder hablar entre tantas l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2014Arcadia, es tu hijo. T\u00fa le diste la vida.<\/p>\n<p>\u2014Y por eso mismo yo voy a quit\u00e1rsela. Es el \u00faltimo de los Cabrera. Aqu\u00ed acaba todo. Mi dolor y el de mis hermanas.<\/p>\n<p>El fuego purifica. El fuego libera. Esto lo aprendi\u00f3 Norah cuando era peque\u00f1a. Hablamos con los muertos y as\u00ed como nos piden ayuda, nosotras tambi\u00e9n podemos pedirla, mencion\u00f3 una tarde la abuela Alice. Muchas presencias habitan los elementos naturales. Las m\u00e1s poderosas, claro, son las del fuego. \u201cCuando lo necesites, clava en la tierra el colgante de triqueta que te regal\u00e9 y pide ayuda con humildad, pero tambi\u00e9n con fuerza\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Que el fuego as\u00ed como arrebata, sea creador.<\/p>\n<p>Norah habl\u00f3 con voz clara y firme. Con ambas manos sujet\u00f3 el colgante y lo clav\u00f3 en la tierra. El cielo respondi\u00f3 con un estruendo. En segundos, el fuego empez\u00f3 a consumir al encino con voracidad. Los cad\u00e1veres semicalcinados de los ahorcados cayeron uno a uno al suelo y los absorbi\u00f3 la tierra.<\/p>\n<p>Las mujeres vestidas de negro fueron elev\u00e1ndose hacia la noche. Brillaban tanto que parec\u00edan meteoritos. Ahora eran libres.<\/p>\n<p>Pero Lorenzo no reaccionaba y t\u00eda Dalia hab\u00eda intentado protegerlo cuando Arcadia, o m\u00e1s bien Sagrario, quiso estrangularlo con sus manos. En el momento en que el fuego alcanz\u00f3 las ra\u00edces del encino y calcin\u00f3 los restos humanos que quedaban, la presencia turbia solt\u00f3 un grito desgarrador mientras sub\u00eda al cielo a buscar su lugar entre las estrellas.<\/p>\n<p>Norah acun\u00f3 entre sus brazos a Lorenzo. T\u00eda Dalia manten\u00eda una mano encima del coraz\u00f3n de su sobrino. Le costaba entender por qu\u00e9 los hijos deb\u00edan pagar por los pecados de sus padres. A Lorenzo le hab\u00eda salvado el amor de t\u00eda Dalia y el que sent\u00eda por Norah. Cuando abri\u00f3 los ojos y se encontr\u00f3 con los de ella, supo que estaba en paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si a tus o\u00eddos llegan mis ruegos Mitiga el fuego de mi pasi\u00f3n Calma la pena que me consume Y da tu perfume a mi coraz\u00f3n. Dios nunca muere, canci\u00f3n tradicional oaxaque\u00f1a, versi\u00f3n de Lila Downs &nbsp; Al principio apenas y not\u00f3 algo. Un reflejo oscuro por encima del hombro de Lorenzo. 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