{"id":59255,"date":"2026-07-20T07:00:57","date_gmt":"2026-07-20T13:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58567"},"modified":"2026-10-27T11:53:55","modified_gmt":"2026-10-27T17:53:55","slug":"paso-a-paso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59255","title":{"rendered":"Paso a paso"},"content":{"rendered":"<p>Ayer, durante una sesi\u00f3n de <em>zapping<\/em> (Viaje alrededor de mi se\u00f1al de televisi\u00f3n, si no le molesta a usted, se\u00f1or Xavier de Maistre), me encontr\u00e9 con un documental sobre el estrecho de Bering. Un grupo de cavern\u00edcolas bastante estilizados (no era dif\u00edcil identificar, bajo la consabida piel artificial de tigre de Bengala y la peluca hirsuta del hombre promedio de las cavernas versi\u00f3n televisiva, al t\u00edpico modelo de Dolce &amp; Gabbana), avanzaban entre una tormenta de nieve que m\u00e1s ten\u00eda de lluvia de copitos de unicel que de agua congelada. \u201cSin duda, un largo paseo\u201d, dijo la voz en <em>off<\/em>, para despu\u00e9s hacer hincapi\u00e9 (valga la expresi\u00f3n) en los kil\u00f3metros recorridos por aquellos n\u00f3madas. \u201cEnteramente a pie, caminando\u201d, recalc\u00f3 (un hincapi\u00e9 detr\u00e1s del otro: aquello ya ol\u00eda a paseo). Aclarado el asunto de que ninguna parte del viaje se realiz\u00f3 a lomo de Pterod\u00e1ctilo (el creador de <em>Los Picapiedra<\/em> nos ha mentido todos estos a\u00f1os), el narrador procedi\u00f3 a contar otras cosas que ya no recuerdo.<\/p>\n<p>Antes de cambiar de canal, pens\u00e9 que en realidad el t\u00e9rmino que hab\u00edan usado para el viaje aquel no era del todo correcto: no fue un paseo, a pesar de que el ingrediente principal de la traves\u00eda, claro est\u00e1, fueron los pasos. Sin embargo, esto no nos dice mucho: el paso tambi\u00e9n est\u00e1 presente en la danza, en la baraja y el domin\u00f3 (\u201cpaso\u201d, decimos cuando nos dejan sin jugada). De igual manera, por obra y gracia de la metonimia, se\u00f1ala el lugar por donde podemos atravesar los peatones en una carretera (paso de cebra) o el lugar por el que salvamos una ruta peligrosa (paso a desnivel). Y si cambiamos la \u201co\u201d final por una \u201ce\u201d, las posibilidades se multiplican por montones. Pero vamos paso a paso.<\/p>\n<p>Minutos despu\u00e9s, a la mitad del <em>zapping<\/em> (un paseo televisivo en el que la meta no existe o en todo caso es el viaje mismo), me puse a pensar por qu\u00e9 me atrev\u00ed a decir que el cruzar el estrecho de Bering no fue justamente lo que aquel narrador dijo: un paseo. Y dado a la cuesti\u00f3n (o ya encarrerado el rat\u00f3n, para mala fortuna de la mam\u00e1 del gato), me puse a analizar, paso a paso, por qu\u00e9 aquello no fue paseo.<\/p>\n<p>El paseo, primo cercano del fraseo y del copeo, es de etiquetado franco y denuncia desde su nombre su ingrediente principal. De apellido patron\u00edmico, se caracteriza porque, al igual que sus parientes ya mencionados, carece de una meta: se hace s\u00f3lo porque s\u00ed y sin rumbo fijo; a mayor domesticaci\u00f3n, menor belleza presenta (pensemos, si no, en esas reuniones de copas planeadas con antelaci\u00f3n, asc\u00e9ticas y ordenadas, que terminan por ser pases de lista de las metas logradas hasta el momento por el grupo de amigos, y contrast\u00e9moslas con las reuniones espont\u00e1neas, esas que terminan por ser memorables). Adem\u00e1s, el paseo implica siempre un retorno: m\u00e1s que flecha es bumerang.<\/p>\n<p>Un ejemplo: cierta mujer madura, jubilada, compra una caminadora que ve anunciada en la televisi\u00f3n (vaya usted a saber si durante el <em>zapping<\/em> o no). D\u00edas despu\u00e9s, y luego de una herida salvaje en la tarjeta de cr\u00e9dito, un grupo de mudanzas lleva el aparato y lo instala, a petici\u00f3n de ella, frente a la tele. La mujer, todas las tardes, mientras ve la telenovela en turno, enciende la m\u00e1quina y sube para dar aproximadamente 5000 pasos, siempre uno delante del otro (hay una sintaxis de la caminata, un pie siempre delante del otro, porque si se impulsan los dos al mismo tiempo aquello deja de ser un paso y se convierte en un salto) hasta que se cansa y apaga el aparato.<\/p>\n<p>La mujer, cuando habla por tel\u00e9fono con los conocidos, dice que se ejercita con la caminadora, pero jam\u00e1s se le ocurre decir que pasea (aunque lo que hace lleve como ingrediente principal el paso): s\u00f3lo dice eso, que se ejercita con la caminadora. Entonces, si todas las tardes suma pasos, \u00bfpor qu\u00e9 no dice que pasea?, \u00bfpor qu\u00e9 nosotros mismos no consideramos aquello como un paseo? (y cuando digo nosotros me refiero a un peque\u00f1o grupo de amigos y familiares a quienes he interrogado sobre el paseo, usando este mismo caso como ejemplo). Porque la t\u00f3nica del paseo, el elemento definitorio, adem\u00e1s del paso (hasta ahora) es el espacio abierto. Voy a salir a pasear, es la frase com\u00fan, que indica, de m\u00e1s est\u00e1 decirlo, abandonar cualquier interior. El paseo, como ciertas aves, no sabe vivir en cautiverio.<\/p>\n<p>Ayer me asom\u00e9 por la ventana a las 5:50 de la ma\u00f1ana (una especie de <em>zapping<\/em> en la siempre cambiante programaci\u00f3n de los exteriores). La calle, a oscuras, parec\u00eda ser otra. Vi pasar a mucha gente, la mayor\u00eda de ellos adultos j\u00f3venes que se dirig\u00edan a sus trabajos o, al menos, eso me pareci\u00f3. O pudo ser otra cosa, pero de algo estoy seguro: no paseaban. Y no tiene nada que ver con la hora, o la ropa que llevaban puesta, o sus edades, sino con la velocidad a la que hilaban los pasos, esas cuentas en el largo rosario del andar. Hay, me parece, un elemento que casi todos reconocemos en el paseo, aunque no reparemos en ello: el ritmo. Entendemos, as\u00ed lo acordamos (la lengua humana es un c\u00famulo de signos arbitrarios) que el paseo se caracteriza por una suma de pasos en el exterior, s\u00ed, pero que lleva un ritmo. Danza extendida en horizontal, alfombra roja para la gala de nuestros pensamientos, el paseo es paso dado con ritmo, con lentitud menor a la que se emplea s\u00f3lo para cubrir distancias. Si para Gilberto Owen narrar es caminar y hacer poes\u00eda es bailar, afirmemos que el ensayo es pasear. No lo digo yo, lo afirman otros a quienes, pasito a pasito, llegaremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Recuerdo que hace a\u00f1os, muchos ya, mi abuela se ofreci\u00f3 a llevarme a la primaria; yo asist\u00eda al turno matutino. Se nos hab\u00eda hecho tarde y, frente a nosotros, iban m\u00e1s personas a las que, muy conscientes de las reglas del tr\u00e1nsito pedestre, rebasamos por la izquierda. \u201cParece que van en la Alameda\u201d, dijo mi abuela, y tiempo despu\u00e9s supe que se refer\u00eda al ritmo lento que adquieren las personas cuando, precisamente, van a pasear a ese lugar. El paseo, entonces, no s\u00f3lo es la suma de pasos en el exterior, sino que adem\u00e1s debe llevar el ingrediente del ritmo espec\u00edfico, calmo, desenfadado; dicho ritmo tiene, digamos, un l\u00edmite de velocidad. Pero, adem\u00e1s, el paseo se marca, se define tambi\u00e9n, por el terreno sobre el que se ejecuta.<\/p>\n<p>Quien haya paseado sobre las v\u00edas del tren me entender\u00e1. Si se camina sobre los durmientes de madera, de los que cada vez hay menos, se adquiere, inconscientemente, un trote de corte\u00a0 y\u00e1mbico; si se camina por los modernos, los que est\u00e1n hechos de concreto, el ritmo aumenta, hay una taquicardia en los pasos; las v\u00edas son una orden, impl\u00edcita, de tener cierto ritmo y direcci\u00f3n en el paseo. Una vez que nos separamos de las v\u00edas, el paseo recobra un poco de la soltura que perdi\u00f3 al ir sobre estas. A pesar de que el cuerpo del paseo es flexible (es agua, que adquiere la forma del recipiente que la contiene, o en todo caso es aire, que cambia de direcci\u00f3n y tono sin previo aviso) corre el riesgo de romperse, y ser, de pronto, algo m\u00e1s. Pero estas v\u00edas, las f\u00edsicas, a veces corren paralelas a las otras v\u00edas presentes en el paseo: aquellas por donde corre, libre, el tren de pensamiento, cuyo combustible son los pasos.<\/p>\n<p>Un hombre comienza su paseo en la sala de su casa (no me atrevo a decir cu\u00e1l de sus pasos es el primer paso del paseo) y termina en Roma, viendo c\u00f3mo unos leones devoran cristianos, justo como los mandriles, a veces, devoran monos m\u00e1s peque\u00f1os, como esos que en ocasiones llevan en el hombro los cilindreros de las caricaturas de los domingos, cuando no hay trabajo en la oficina, donde bajo el escritorio se qued\u00f3 un billete de 50 pesos que, ojal\u00e1, la se\u00f1ora del aseo, la misma que tiene una hija enferma, le guarde. Por cada paso que da el cuerpo, la mente da tres, aunque no en la misma direcci\u00f3n. Cuerpo y mente parecen hermanarse y as\u00ed formar una rosa de los vientos de la consciencia y del pensamiento: el cuerpo avanza horizontalmente, mientras que la mente lo hace de manera vertical, cayendo \u2014o elev\u00e1ndose\u2014 a los espacios m\u00e1s insospechados del pensamiento y del recuerdo.<\/p>\n<p>Pasear es una cosa peligrosa, m\u00e1s all\u00e1 de los riesgos que conlleve andar por las calles. Ya Neruda, en <em>Walking around<\/em>, advert\u00eda de los peligros del paseo: un hombre se cansa de ser hombre, cosa grave, y todo parece indicar que se dio cuenta de ello a ra\u00edz de dar un paseo, porque en esta actividad, que generalmente asociamos con las piernas, se usa mucho m\u00e1s la mente. Cuando tenemos una ruta fija (que tambi\u00e9n se compone, a veces, de pasos) no reparamos en las cosas alrededor, ni en lo que estas producen en nosotros, sino que pensamos en la meta, en la llegada. En el paseo, por el contrario, al no tener una meta, el camino en s\u00ed mismo es la meta (<em>zapping<\/em> de las distancias, al fin y al cabo), lo que conlleva, en ocasiones, observaci\u00f3n, un reparar en detalles que normalmente no apreciar\u00edamos; andar es a caminar lo que observar es a ver. La vista pierde la rigidez horizontal que normalmente le damos, y entonces se notan, por ejemplo, los techos de las casas, o la punta de los edificios, donde descubrimos academias de baile, cortinas que no sabemos si alguna vez estuvieron abiertas, o ruinas que alguna vez estuvieron habitadas: es el placer andariego del que hablaba Novo, aquel que lleva, si se ejecuta bien, a disipar la costumbre de los sitios ya vistos hasta el hartazgo, \u201cel placer doble cuya sorpresa se nutr\u00eda en mis recuerdos, y su contento en la comprobaci\u00f3n de su prosperidad\u201d.<\/p>\n<p>Ahora que hablo de la punta de los edificios, me vienen a la mente estos autobuses para turistas que circulan, a diario, por la Ciudad de M\u00e9xico, los llamados Turib\u00fas. En ellos, por una cantidad de dinero \u2014que ser\u00e1 m\u00f3dica, o no, seg\u00fan el bolsillo\u2014 uno puede dar vueltas por la ciudad para observar los puntos m\u00e1s representativos de esta; uno puede \u201cpasear\u201d en un Turib\u00fas, aunque no se d\u00e9 ning\u00fan paso. Estamos, entonces, frente a dos fen\u00f3menos: la resignificaci\u00f3n de la palabra paseo (que, como vemos, hace ya m\u00e1s referencia al acto de despejarse, de dar vueltas con un fin recreativo que a la suma de pasos) y frente a la domesticaci\u00f3n del paseo mismo. Una actividad que comenz\u00f3 siendo espont\u00e1nea, solitaria (como lo se\u00f1ala Hazlitt en su ensayo sobre el paseo) tiene ahora una estructura fija, determinada, y es, al menos en este tipo, una actividad grupal, que puede siempre conservar, no obstante, la calidad de solitaria. Uno puede ir en solitario, aun rodeado de gente, en este paseo inorg\u00e1nico, en cierta medida, y dejarse afectar por la ciudad y las historias del gu\u00eda. Se pasea en quietud, con la vista.<\/p>\n<p>Ahora que menciono la vista, quisiera decir que a mi consideraci\u00f3n est\u00e1 sobrevalorada cuando se trata de pasear (aunque sigue siendo vital: no he aprendido a pasear con los ojos cerrados). Pensemos en el paseo de los perros (\u00bftienen ruta los perros?, \u00bfhay un camino del cual se desv\u00edan, o lo que hagan, para donde se dirijan, \u00e9se es su camino?) que se gu\u00eda, m\u00e1s que por la vista, por el olfato. Si como ya dijimos, la finalidad del paseo es simplemente dar pasos, acumularlos (estirar las piernas como dicen algunos, aunque en realidad se estiran m\u00e1s las piernas al estar acostado) entonces no importa el camino. \u00bfPor qu\u00e9 no, entonces, un paseo donde el sentido gu\u00eda sea el olfato?<\/p>\n<p>Un amigo afirmaba que \u00e9l, cuando asist\u00eda a ferias de pueblo, o a los mercados, en el \u00e1rea de comida, se guiaba por el olfato y no por la vista. \u00bfNo era esto, en cierto modo, un paseo tambi\u00e9n? Y pensemos, tambi\u00e9n, en un caso donde pasear con la vista no es, simple y sencillamente, una opci\u00f3n: el paseo de los ciegos. Francamente, nunca he hablado con un ciego durante mucho tiempo, lo suficiente como para llegar al tema del paseo pero, me pregunto: \u00bfno pondr\u00e1n ellos atenci\u00f3n especial al paso en s\u00ed mismo? Al depender de los sentidos restantes, supongo, quiero creer, que el sentido predominante es el tacto, y es, tambi\u00e9n, un tacto diferente al del citadino promedio, ya que se trata del tacto en los pies al igual que el de las manos. Lo suyo podr\u00eda considerarse, entonces, como un paseo concentrado, porque se realza la importancia del paso, lo que los debe llevar, sin duda, a diferentes canales de pensamiento que aquellos que nos invaden a los que podemos ver.<\/p>\n<p>Bien, hasta ahora hemos logrado identificar algunas de las caracter\u00edsticas del paseo: es una suma de pasos, se realiza en exteriores, tiene un cierto ritmo y l\u00edmite de velocidad; carece, \u00a0la mayor\u00eda de las veces, de una meta fija, y ello le inyecta cierto aire de futilidad. El paseo, adem\u00e1s, parece activar el insospechado engranaje que existe entre las piernas y la mente (hablo de las piernas propias, porque siempre hay un mecanismo invisible que corre de la mente a alg\u00fan par de piernas). Aunque hasta ahora todo parece se\u00f1alar una linealidad del paseo, tambi\u00e9n existen los paseos de formas infinitas, circulares; un ur\u00f3boros de pasos. Estos, generalmente, tienen lugar en los parques (un lugar que parece haber sido inventado para los paseos, por los innumerables recorridos que traman sus jardineras y \u00e1reas verdes; recorridos casi tan numerosos como los posibles movimientos en un juego de ajedrez).<\/p>\n<p>Cuando hablo del paseo en el parque, me resulta inevitable pensar en que el paseo es, tambi\u00e9n, una actividad que se realiza en parejas, o en grupos un poco m\u00e1s numerosos. Pero, a pesar de realizarse ocasionalmente en grupos, el paseo no puede deshacerse del todo de ese halo de soledad, de introspecci\u00f3n que lo acompa\u00f1a. Por ejemplo, en el cuento <em>Los cr\u00edmenes de la calle Morgue<\/em>, de Edgar Allan Poe, se narra c\u00f3mo el protagonista y su mejor amigo sal\u00edan a pasear constantemente para, simple y sencillamente, entregar la imaginaci\u00f3n al aire, para activar el tren de pensamiento. Y aunque ahora ya los hombres no paseen tomados del brazo, como se narra en el mismo cuento, s\u00ed se puede ver a dos paseantes en el parque, atados uno al otro por apenas una ligera brizna de conversaci\u00f3n, a veces hecha de monos\u00edlabos, mientras la mente de cada uno, por separado, flota libre.<\/p>\n<p>El paseo, como un ser casi org\u00e1nico, ha evolucionado a lo largo del tiempo. Si bien en un principio se compuso de pasos, ahora ha extendido su abanico de posibilidades y existen los paseos a caballo, en bicicleta o en un autom\u00f3vil. Si bien en estos m\u00e9todos los pasos quedan en segundo t\u00e9rmino, el principio de distracci\u00f3n, de esparcimiento, de espacio de reflexi\u00f3n, sigue intacto. Entonces se puede creer, es tentador creerlo as\u00ed, que el rasgo definitorio del paseo, su elemento clave, es el vagar, el establecer, con cada paso, un durmiente para el tren de pensamiento, no importa si se establecen de madera o de concreto, con el consecuente ritmo que inyecta cada uno.<\/p>\n<p>Me viene a la mente un pasaje de <em>Fahrenheit 451<\/em>, de Ray Bradbury, donde dice que los anuncios al lado de las carreteras (los llamados \u201cespectaculares\u201d) son, en esa distop\u00eda planteada por el autor, de hasta 60 metros de largo, para que pudieran ser apreciados a\u00fan a esas velocidades. Quiz\u00e1s lo mismo ocurra con los paseos: a mayor tama\u00f1o o extensi\u00f3n del pensamiento, m\u00e1s largo debe ser el paseo, para tener el tiempo suficiente de digerirlo, de neutralizarlo; como una reacci\u00f3n qu\u00edmica, donde se obtiene sal y agua si se mezclan adecuadamente \u00e1cidos y bases (en el paseo, en el humano, el agua y la sal aparecen en forma de l\u00e1grimas o sudor, lo que se\u00f1alar\u00e1, muy probablemente, un paseo provechoso).<\/p>\n<p>Recuerdo ahora que en el mencionado libro de Bradbury, Montag, el protagonista, adquiere la costumbre del paseo nocturno, lo que lo hace mirar dentro de s\u00ed, con resultados no siempre agradables. En ese mismo libro, o mejor dicho, en la historia planteada, los libros est\u00e1n prohibidos y, por ello, impl\u00edcitamente, algunas calles del pensamiento est\u00e1n vedadas. No s\u00e9 si sea pr\u00e1ctica com\u00fan, pero al menos a m\u00ed, en ocasiones, se me da el pasear a trav\u00e9s de un libro. La lectura, en ese sentido, re\u00fane las mismas caracter\u00edsticas del paseo: es una suma de pasos (que se dan con los ojos, de palabra en palabra, como poner un pie y luego otro sobre los adoquines de una calle) que, no necesariamente nos lleva a alg\u00fan lado sino que, en ocasiones, se puede transitar circularmente, en forma de espiral, digamos, y comenzar en el mismo lado que comenzamos, aunque siendo distintos. Pienso en esto a ra\u00edz del comentario de un amigo, que nos habl\u00f3 de un poema circular, en espiral, que termina como inicia \u2014o inicia como termina\u2014aunque \u00e9l, como lector (como paseante) no era el mismo al volver. Y cuando hablo de mi paseo en los libros, no necesariamente hablo de una lectura sesuda, o siquiera donde pueda comprender algo: muchos libros que he le\u00eddo de principio a fin no los he comprendido ni en lo m\u00e1s m\u00ednimo, pero me llevaron a calles paralelas del pensamiento, y empec\u00e9, claro, en las calles que nacen entre una l\u00ednea y otra.<\/p>\n<p>Pero dejemos de lado las calles, por un momento, y pensemos en los paseos en el campo, que tambi\u00e9n suelen darse, aunque con menor frecuencia para todos los que vivimos en una ciudad o al menos en un \u00e1rea conurbada. Del ensayo <em>Salir de paseo<\/em>, de William Hazlitt, podemos pensar en el paseo a campo traviesa, el paseo en su estado m\u00e1s salvaje y, por ello, quiz\u00e1s m\u00e1s peligroso (recordemos que un paseo puede comenzar a la puerta de la casa y terminar con un pensamiento casi suicida) porque, a diferencia del paseo por la ciudad, o por las calles, conocidas o no, en el paseo por el campo los pensamientos pueden correr de forma m\u00e1s veloz, porque no hay nada, o casi nada, que los detenga en su lugar (a diferencia de la ciudad, en el campo no hay muchas cosas que detengan la ca\u00edda abrupta de los ojos desde el cielo hasta el piso, y puede uno acabar mirando dentro de s\u00ed, aunque no se quiera). En este tipo de paseo, a veces, se prefiere el uso de la bicicleta (o quienes as\u00ed lo puedan hacer, del caballo) y entonces se reafirma el desprendimiento del paseo de su semilla, el paso y, por ello, del pie. Es casi un ser vivo, un ente que, adem\u00e1s de mutar, tiene sombra, tiene eco, y es la vuelta, el retorno.<\/p>\n<p>El regreso, el retorno es, seg\u00fan yo, un residuo del paseo que, no obstante, no pertenece a este. Contiene elementos similares a \u00e9l, s\u00ed, pero esta vez tenemos una meta fija, un punto de vuelta. A veces, cuando sal\u00eda a caminar con un amigo, es decir, pase\u00e1bamos, el regreso era totalmente distinto del paseo en s\u00ed. Permanec\u00edamos callados por lapsos m\u00e1s largos (aunque esto a algunos, a Hazlitt, por ejemplo, le parezca m\u00e1s grato) y el ritmo de los pasos era distinto porque el paseo, seg\u00fan entend\u00edamos, aunque no se mencionara, ya hab\u00eda terminado. En esos paseos, como dije, no hab\u00eda meta, volv\u00edamos siempre, pero nunca los mismos, y a veces no habl\u00e1bamos, s\u00f3lo se nos iba el pensamiento hacia lados distintos que, a veces, se juntaban ante la presencia de cierto objeto, lugar o persona que ten\u00eda un significado en com\u00fan. Por ejemplo, al pasar frente a la secundaria donde hab\u00edamos estudiado, el pensamiento de ambos se juntaba, converg\u00eda por segundos y luego volv\u00eda, cada uno, a su cauce natural. A ese amigo, al que recuerdo m\u00e1s como \u201cel otro en el paseo\u201d que como un individuo, no lo he vuelto a ver. Supongo, como dice De Quincey, que a veces nos hemos visto, o hemos estado cerca en alg\u00fan lugar, pero que una sola calle, sobre todo en las ciudades, basta para separar a dos personas para siempre.<\/p>\n<p>Y si las calles, o al menos una, pueden separar para siempre a dos personas, pensemos entonces en el Aqueronte como la calle que nos separa siempre de los que terminaron el paseo por este mundo, ya que, como dijo Nezahualc\u00f3yotl, s\u00f3lo estamos aqu\u00ed \u201cde paso\u201d. Despu\u00e9s de todo, creo, la vida es similar al paseo, en el que a veces no sabemos hacia d\u00f3nde vamos o c\u00f3mo llegaremos, y simplemente gastamos los a\u00f1os en salir a estirar la sombra por las calles, o salimos de la tierra a hilar pasos, uno tras otro, hasta que es tiempo de volver, distintos de como salimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ayer, durante una sesi\u00f3n de zapping (Viaje alrededor de mi se\u00f1al de televisi\u00f3n, si no le molesta a usted, se\u00f1or Xavier de Maistre), me encontr\u00e9 con un documental sobre el estrecho de Bering. Un grupo de cavern\u00edcolas bastante estilizados (no era dif\u00edcil identificar, bajo la consabida piel artificial de tigre de Bengala y la peluca &#8230; <a title=\"Paso a paso\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59255\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Paso a paso\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59650,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6],"tags":[3794,2263,3795,3796,3797,364,78,3798,878,3799],"ppma_author":[2883],"class_list":["post-59255","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-camino","tag-ciudad","tag-estrecho-de-bering","tag-movimiento","tag-paseo","tag-recuerdos","tag-reflexion","tag-television","tag-viaje","tag-zapping","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2883,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"aldo-rosales-velazquez","display_name":"Aldo Rosales Vel\u00e1zquez","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Aldo","last_name":"Rosales Vel\u00e1zquez","user_url":"","job_title":"","description":"(Ciudad de M\u00e9xico, 1986). Coordinador del Taller de Creaci\u00f3n Literaria del FARO Indios Verdes. Autor de los libros de cuento Luego, tal vez, seguir andando (R\u00edo arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (FETA, 2014), La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Abismos, 2016), Sombra-Reflejo (BUAP, 2017), Los panes y los pescados (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2018), Tiempo arrasado (Revarena ediciones, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020), Foley (Fondo Editorial del Estado de M\u00e9xico, 2020, menci\u00f3n honor\u00edfica en el Certamen Literario Laura M\u00e9ndez de cuenca 2018) y Especies carism\u00e1ticas (Premio Nacional  de Cuento Juan Jos\u00e9 Arreola 2023). Tambi\u00e9n es autor de los libros de cr\u00f3nica Tren suburbano (Malpa\u00eds, 2019) y Linde faz (FETA, 2018) con el que obtuvo el Premio Nacional de Cr\u00f3nica Joven Ricardo Garibay. Obtuvo menci\u00f3n honorifica en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2018 por la cr\u00f3nica Big Tony Bang. De igual manera, es autor de Nanda (Nitro Press-Ediciones La Rana, XIX Premio Nacional de Novela Jorge Ibarg\u00fcengoitia) y del libro de ensayos <em>Basado en hechos reales<\/em> (Casa Bons\u00e1i, 2025). \n\nBecario del FONCA (en los periodos 2016 y 2021) y del PECDA Estado de M\u00e9xico (2018) en el \u00e1rea de cuento. En su faceta como jurado, cuenta con participaciones en el comit\u00e9 de premiaci\u00f3n del Premio Nacional de Cr\u00f3nica Joven Ricardo Garibay 2020, as\u00ed como en los comit\u00e9s de selecci\u00f3n de est\u00edmulos del PECDA de Jalisco (2017), Chiapas (2019) y Tamaulipas (2024), donde actualmente se desarrolla como tutor.\n\nHa publicado cuento, poes\u00eda, cr\u00f3nica, ensayo, rese\u00f1a y dramaturgia en medios como La Jornada, El Universal, Casa del Tiempo, Tierra adentro, entre otras, as\u00ed como en las antolog\u00edas De narcos a luchadores (Contrabando, Espa\u00f1a, 2019), Cecilia y el Vampiro (Editores Mexicanos Unidos, 2021, compilaci\u00f3n de Bernardo Barrientos Dom\u00ednguez). Ni una sola palabra (UANL, 2021), Covid-19 (FCE, Tierra Adentro, 2021) y Liminales II (Casa Futura ediciones, 2023), por mencionar algunas. Fue seleccionado para el n\u00famero especial Nueve ensayistas (1985-1995) de Punto de partida y  el n\u00famero especial sobre cr\u00f3nica: La cr\u00f3nica, el arte de narrar, de La Jornada.  Es egresado de la Licenciatura en ense\u00f1anza de ingl\u00e9s, de la UNAM."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59255","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=59255"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59255\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":62173,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59255\/revisions\/62173"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/59650"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=59255"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=59255"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=59255"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=59255"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}