{"id":59249,"date":"2026-06-25T07:00:18","date_gmt":"2026-06-25T13:00:18","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58472"},"modified":"2026-09-18T10:23:53","modified_gmt":"2026-09-18T16:23:53","slug":"noche-uroboro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59249","title":{"rendered":"Noche uroboro"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\"><i>Mar que arrastra despojos silenciosos,<\/i><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\"><i>olvidos olvidados y deseos,<\/i><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\"><i>s\u00edlabas de recuerdos y rencores.<\/i><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: right;\">Xavier Villaurrutia<\/p>\n<\/blockquote>\n<p class=\"p1\">Tom\u00e9 la carretera para ir a mi pueblo. El cielo parec\u00eda contener el pelaje de muchos borregos juntos. El calor del d\u00eda empezaba a cansarme y los reclamos de Marcela, mi hermana, no dejaban de hacer ruido en mi cabeza; hac\u00eda pocas horas hab\u00edamos discutido. Me detuve para dormir un rato.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">El ruido del tel\u00e9fono me despert\u00f3, era Marcela llam\u00e1ndome. No contest\u00e9, no estaba dispuesto a tener otra discusi\u00f3n antes de llegar a casa. Me mir\u00e9 en el espejo retrovisor: mi nariz era igual a la de mi padre: ancha, con algunas cicatrices por el acn\u00e9; mi cabello era como el de mi madre: muy crespo, tanto que a veces encontraba insectos muertos ah\u00ed. Mi piel negra era lo que m\u00e1s me gustaba de toda esa imagen.<\/p>\n<p class=\"p3\">Despu\u00e9s de varios minutos vi\u00e9ndome en el espejo, encend\u00ed el auto y retom\u00e9 el viaje. Cuando la carretera era una l\u00ednea recta, me concentraba en mirar la orilla del camino. Por momentos pensaba en lo que suceder\u00eda si soltara el volante, si cerrara los ojos y contuviera la respiraci\u00f3n por m\u00e1s de un minuto. Lo vi todo: el auto girando, el auto incendi\u00e1ndose, el auto y yo quemados hasta quedar irreconocibles. Faltaban unas horas de camino.<\/p>\n<p class=\"p3\">Dos d\u00edas antes, Marcela dijo que vio en Facebook la invitaci\u00f3n para la fiesta de quince a\u00f1os de la hija de Luis, ser\u00eda justo en el lugar donde nacimos, en la Costa Chica de Guerrero; eso aliment\u00f3 mi curiosidad por volver a casa y reaviv\u00f3 mi rencor despu\u00e9s de tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">Al llegar al pueblo un letrero me recibe, <i>Bienvenidos a La barra de Tecoanapa<\/i>; faltan pedazos de algunas letras y otras est\u00e1n pintadas con aerosol. A lo lejos alcanzo a ver la postal perfecta: el mar con un tono azul oscuro adornado por una fila de pe\u00f1ascos del lado derecho. El color del cielo me indica que aqu\u00ed es donde el tiempo se detuvo. La calle principal se mantiene casi igual que antes, tiene los mismos colores desde la \u00faltima vez que la transit\u00e9. Los a\u00f1os pasaron sobre los tejados. El quiosco no ha cambiado, fue ah\u00ed donde todos se arremolinaron para gritar mi nombre y burlarse de mi familia.<\/p>\n<p class=\"p3\">Me detengo, miro el lugar desde mi asiento.<\/p>\n<p class=\"p3\">Algunos recuerdos me absorben. Escucho la voz de los vecinos atac\u00e1ndome, acus\u00e1ndome como en aquella ocasi\u00f3n. Me vienen a la mente los golpes que me volvieron una llaga el cuerpo entero. Toco mi brazo derecho y encuentro la cicatriz cercana a mi codo. El calor de la tarde hace que el sudor me escurra por la cara y mi camisa se empape; aunque la asfixia poco a poco se adue\u00f1a de mis pulmones, no es suficiente como para hacerme salir del veh\u00edculo.<\/p>\n<p class=\"p3\">Recuerdo las amenazas. En ese mismo lugar vi a Donato por \u00faltima vez. \u00bfSeguir\u00e1 vivo? \u00bfSe habr\u00e1 casado? \u00bfD\u00f3nde estar\u00e1 su casa?<\/p>\n<p class=\"p3\">Luis tambi\u00e9n aparece en mis pensamientos; todav\u00eda le guardo rencor, \u00e9l dej\u00f3 esta marca sobre mi brazo, he aprendido a no mirarla, pero pienso en todo lo que pas\u00f3 aquella vez.<\/p>\n<p class=\"p3\">Supe que pronto estar\u00eda en el terreno que dej\u00f3 mi familia, porque las fachadas y las calles eran inconfundibles, s\u00f3lo estaban m\u00e1s viejas, maltratadas. Es como si el olvido se hubiera encargado de erosionar cada esquina de este pueblo.<\/p>\n<p class=\"p3\">Al llegar a casa encuentro un mont\u00f3n de basura en el patio; dos perros flacos juegan con los huesos de un animal. Aqu\u00ed nada sirve. Acomodo mis maletas en una de las rec\u00e1maras y busco el pozo de agua. La cocina se encuentra casi igual, como la \u00faltima tarde que com\u00ed en ella; ahora es el refugio de aves que se desplazan entre trastes viejos. Una parte de este lugar se ha quedado sin techo, los cocos de las palmeras lo derribaron. Faltan pocas horas para la celebraci\u00f3n. Lleno unas cubetas con agua fr\u00eda para ba\u00f1arme.<\/p>\n<p class=\"p3\">El ba\u00f1o se encuentra hasta el fondo del terreno, tres cortinas de tela ra\u00edda funcionan como protecci\u00f3n de la desnudez. Si miro hacia arriba puedo ver el cielo y las ramas de una <i>parota<\/i> que de tan pesadas han empezado a caer. Mi cuerpo resiente el fr\u00edo desde el primer jicarazo, los m\u00fasculos se entumen y todo se contrae; mientras dejo caer el agua sobre mi cuerpo, la respiraci\u00f3n se corta e intento jalar aire para salvarme. Pienso en detenerme, pero al levantar el brazo otra vez me convenzo de necesitarlo; huelo a horas de camino bajo el sol. Alcanzo a escuchar el canto de las aves que pasan sobre los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">Imagino mi casa como un cascar\u00f3n de huevo, uno en el que alg\u00fan feto de ave estuvo antes de ser destruido: imagino al feto tirado en el piso; imagino que llegan los perros de la calle y se lo comen; imagino que llegan animales marinos y se comen a los perros. Imagino que la noche se come todo lo que hay aqu\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">Cuando dejo la casa dirijo la mirada en todas direcciones, el cielo sigue cubierto por pelaje de borregos; algunas personas dicen que esas nubes anuncian el fr\u00edo, otras dicen que es aviso de peligro. La brisa marina se siente con fuerza. Camino cerca de la playa, pero no tanto como para ver las olas deshacerse en la arena; alcanzo a o\u00edr el sonido del mar: hoy es distinto, hay un ritmo particular en \u00e9l.<\/p>\n<p class=\"p3\">El tel\u00e9fono suena. Contesto; es Marcela, ella arrastra las letras al hablar. No puede formular bien una frase. Otra vez est\u00e1s bebiendo, le digo con desprecio. Cuelgo. No quiero saber qu\u00e9 le pasa.<\/p>\n<p class=\"p3\">Mientras camino, empieza a caer la noche. La oscuridad podr\u00eda comerse al pueblo, al feto de ave, a los perros de la calle que se comer\u00edan al cad\u00e1ver y a los animales marinos que imagin\u00e9 hace rato. Si eso pasara, s\u00f3lo quedar\u00eda la noche comi\u00e9ndose a s\u00ed misma, como esas culebras que se muerden la cola.<\/p>\n<p class=\"p3\">Poco antes de llegar a la fiesta, camino hasta el mar y meto los pies como lo hac\u00eda de ni\u00f1o; ahora las olas que revientan en la playa saben lo que siento. El sonido del agua movi\u00e9ndose no es como lo recuerdo, el oleaje es inquietante; una ola no termina de consumirse cuando otra viene detr\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"p3\">En muchas ocasiones mam\u00e1 me dijo que siempre deb\u00edamos mirar el mar, porque era como una persona enojada; las olas y la oscuridad de las aguas nos dir\u00edan su estado de \u00e1nimo. A m\u00e1s oscuro, m\u00e1s bravo, dec\u00eda ella, tambi\u00e9n dec\u00eda que el mar siempre le hace caso al dolor.<\/p>\n<p class=\"p3\">Camino. Algunos invitados pasan cerca de m\u00ed a toda prisa. El ruido de la fiesta es ensordecedor. Un hombre de los que pasan corriendo me saluda. Miro su texana color negro, la camisa, las botas y el pantal\u00f3n de mezclilla; debe estarse cocinando ah\u00ed dentro. El hombre pregunta si soy hijo de Carmen, el pescador. Despu\u00e9s de vivir tantos a\u00f1os en la ciudad, el nombre de mi padre me causa conflicto cuando lo escucho en boca de alguien m\u00e1s. Carmen era el nombre de mi padre; Carmen tambi\u00e9n era mi vecina de departamento en el edificio en el que tuve que refugiarme. Ella me cuid\u00f3 hasta que dej\u00e9 de llorar, despu\u00e9s no la volv\u00ed a ver.<\/p>\n<p class=\"p3\">De ni\u00f1o jugaba con mi hermana Marcela a los <i>wachos<\/i>. Ella tomaba una escoba y me disparaba. Me lanzaba piedras. Yo la atacaba como en las pel\u00edculas: brincaba sobre ella y simul\u00e1bamos una pelea cuerpo a cuerpo hasta que mi madre nos llamaba a gritos para volver a la casa. De noche pod\u00eda ver todas las estrellas en el cielo. Mientras crec\u00eda, los rumores sobre m\u00ed se hicieron m\u00e1s fuertes, tanto que una tarde tuve que huir de ac\u00e1. Marcela se fue del pueblo dos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Vivimos juntos en la ciudad. Ella tuvo un hijo: Sebasti\u00e1n. El ni\u00f1o falleci\u00f3 tres meses despu\u00e9s de haber nacido, muri\u00f3 mientras dorm\u00eda. Marcela empez\u00f3 a alcoholizarse desde ese momento.<\/p>\n<p class=\"p3\">Reconozco varias caras. \u00bfEres Ramiro?, me pregunta una mujer. Le digo que s\u00ed moviendo la cabeza porque el ruido me aturde. Me dice su nombre: Rosario. Ella me ayud\u00f3 a escapar de este lugar. Se\u00f1ala a unos ni\u00f1os, deben ser sus hijos. S\u00f3lo alcanzo a leer una frase en sus labios: Qu\u00e9 bueno que volviste. Mi cara se calienta en segundos. No los he perdonado, respondo. Ella asiente con la cabeza, pero s\u00e9 que no me ha escuchado.<\/p>\n<p class=\"p3\">Miro la fiesta a la distancia. Todos bailan en el centro del terreno. La noche se confunde con el color de nuestra piel. Busco a la quincea\u00f1era, pero no la encuentro. A lo lejos veo a Luis, levanto la mano para saludarlo, quiero que me vea. Recuerdo su cara de adolescente; su voz grit\u00e1ndome, llam\u00e1ndome \u201cmaric\u00f3n\u201d frente a todo el pueblo que deseaba despedazarme. \u201c\u00a1Eres p\u00e1jaro, maric\u00f3n, marica, enfermo, pecador!\u201d.<\/p>\n<p class=\"p3\">Tengo ganas de orinar. Camino hasta un lugar alejado. Bajo el cierre de mi pantal\u00f3n. Escucho el sonido del l\u00edquido caer y ahogarse en la arena. Un hombre se para cerca de m\u00ed. Qu\u00e9 hay, Ramiro, me dice mientras orina cerca de m\u00ed. Qu\u00e9 hay, respondo sin voltear la cara. Reconozco su voz; es Donato, de quien estuve enamorado. Sent\u00ed celos de mi hermana cuando me cont\u00f3 que \u00e9l le pregunt\u00f3 si quer\u00eda ser su novia. En cuanto termino, me doy la vuelta para verlo de espaldas. Te veo m\u00e1s tarde, le digo como intentando no irme de ah\u00ed, como esperando que me pida que no me vaya. Las ganas de abrazarlo me invaden. Miro al cielo, ahora es distinto; los borregos se han ido.<\/p>\n<p class=\"p3\">Pienso que el mundo podr\u00eda acabarse en este momento y me mantendr\u00eda en calma.<\/p>\n<p class=\"p3\">Reviso el tel\u00e9fono, tengo diez llamadas perdidas de mi hermana. Tambi\u00e9n hay una docena de mensajes. Siento que la playa est\u00e1 m\u00e1s lejos que hace rato; como si el mar hubiera decidido esconderse del fr\u00edo y del ruido. Llamo a Marcela, ella contesta de inmediato. Por el tono de su voz s\u00e9 que algo pasa. \u201c\u00bfEst\u00e1s bien?\u201d, pregunta como puede. \u201cSo\u00f1\u00e9 que cargabas a Sebasti\u00e1n porque el pueblo se estaba inundando\u201d, contin\u00faa torpemente. La comunicaci\u00f3n se interrumpe.<\/p>\n<p class=\"p3\">La noche es infinita oscuridad.<\/p>\n<p class=\"p3\">Veo pasar a Donato, admiro su piel morena, sus brazos gruesos y sus piernas fuertes; pienso en todas las ocasiones que trataba de mirarlo a escondidas, muchas veces le regal\u00e9 un gui\u00f1o a la distancia sabiendo que no me responder\u00eda. Recuerdo cuando lo ve\u00eda durmiendo bajo alg\u00fan \u00e1rbol y yo deseaba estar montado sobre \u00e9l. En una ocasi\u00f3n hice el rid\u00edculo para estar cerca de \u00e9l y acced\u00ed a jugar como portero en el llano con los otros hombres del pueblo. El bal\u00f3n estaba viejo y se sent\u00eda demasiado blando con cada patada; no fui capaz de parar la pelota ni una sola vez, pero mirar de cerca el cuerpo de Donato fue motivo suficiente como para no irme de la cancha, aunque me insultaran por ser un mal futbolista; yo no sab\u00eda hacer otra cosa que mirar a ese hombre y sentir su olor cuando se acercaba a decirme que no me apendejara.<\/p>\n<p class=\"p3\">Todo lo que ahora imagino me llev\u00f3 lejos de aqu\u00ed hace a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"p3\">Recuerdo a mis padres tratando de salvarme de la golpiza. Mi madre cur\u00e1ndome las heridas y mi hermana negando mi presencia a cualquier visitante. El silencio de mi padre al regresar de la pesca cada ma\u00f1ana. El autob\u00fas dejando la terminal del pueblo. Mi padre diciendo adi\u00f3s como si el brazo le estorbara. La mirada triste de mam\u00e1 al cerrar la puerta de la casa. Recuerdo las voces de los vecinos y el viento nocturno que s\u00f3lo alcanzaba a consolar el cuerpo por momentos. Los \u00e1rboles cerrando la vista cuando el autob\u00fas avanzaba hacia la carretera principal.<\/p>\n<p class=\"p3\">Recuerdo a Luis, con quien cog\u00ed durante varios d\u00edas antes de que me acusara con sus amigos. Lo recuerdo humill\u00e1ndome el d\u00eda de la golpiza, lo hizo hasta sentir que lavaba su culpa si me se\u00f1alaba. \u00c9l solt\u00f3 el primer golpe despu\u00e9s de habernos besado; cuando lo derrib\u00e9 empez\u00f3 a gritar y eso encendi\u00f3 el mundo a mi alrededor, todo el pueblo me persigui\u00f3 con los ojos llenos de lumbre mientras Luis disfrutaba vi\u00e9ndome pedir ayuda. En un momento brazos, piernas, manos, bocas estaban sobre m\u00ed y me arrancaban la ropa o me sosten\u00edan con tanta fuerza que pens\u00e9 que me romper\u00edan en muchos pedazos.<\/p>\n<p class=\"p3\">Mi rencor crece tanto que se podr\u00eda mezclar con la bravura del mar o con la infinitud de la noche.<\/p>\n<p class=\"p3\">La brisa marina es m\u00e1s fr\u00eda que hace unas horas; los borregos del cielo ya no est\u00e1n, pero ahora el viento corre con fuerza, como si la c\u00f3lera lo empujara; los \u00e1rboles se mecen y los animales se esconden, los escucho pasar cerca de m\u00ed.<\/p>\n<p class=\"p3\">Subo a un pe\u00f1asco e intento llamar a mi hermana. Todo puede verse desde aqu\u00ed, la distancia a\u00fan permite distinguir a las personas que est\u00e1n en la fiesta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\">Un feto de ave siendo comido por perros callejeros; los perros siendo comidos por animales marinos; los animales marinos siendo comidos por la noche; la noche comi\u00e9ndose a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p3\">Escucho un rugido que viene del fondo de la noche, del est\u00f3mago del mar y hace vibrar las palmeras que se encuentran frente a m\u00ed; las aves graznan como lo hacen al amanecer. Tambi\u00e9n escucho los gritos de la gente que se encontraba en la fiesta; ahora intentan correr lejos de la playa, como si la oscuridad estuviera a punto de comerse al mundo. Pienso en Donato corriendo entre la estampida; me hubiera gustado acariciar su cuerpo, aunque fuera solo una vez.<\/p>\n<p class=\"p3\">\u201cEl mar le hace caso al dolor\u201d, me digo mientras veo el agua comerse al pueblo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar que arrastra despojos silenciosos, olvidos olvidados y deseos, s\u00edlabas de recuerdos y rencores. Xavier Villaurrutia Tom\u00e9 la carretera para ir a mi pueblo. El cielo parec\u00eda contener el pelaje de muchos borregos juntos. 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