{"id":59224,"date":"2026-04-21T07:00:47","date_gmt":"2026-04-21T13:00:47","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58130"},"modified":"2026-10-28T12:04:06","modified_gmt":"2026-10-28T18:04:06","slug":"carne-fosil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59224","title":{"rendered":"Carne f\u00f3sil"},"content":{"rendered":"<h2>ANINA Y LA TORMENTA<\/h2>\n<p>La fascinaci\u00f3n de Anina por la tolvanera nos llev\u00f3 a vivir una temporada en los confines de la comarca. Instalamos una casa de acampar y dormimos cobijados por el silencio de la estepa. No brillaron las estrellas por la tormenta de polvo que opac\u00f3 el cielo semanas atr\u00e1s. Las nubes sosten\u00edan el desierto para que no se nos cayera encima. Ella se hab\u00eda enamorado de una r\u00e1faga que le levant\u00f3 la falda aquel verano. Yo la ve\u00eda acariciar el viento con los dedos todas las noches. Entre ambos se abri\u00f3 una zanja con las dimensiones de un gran ca\u00f1\u00f3n. Ninguno de los dos caminaba con arn\u00e9s o tomando de la mano al otro. Cuando por fin apareci\u00f3 el torbellino anhelado, Anina no lo dud\u00f3. Se fue montando al polvo.<\/p>\n<p>La vi elevarse como un copo de algod\u00f3n. Las puntas de sus botas de exploradora apuntaban al suelo. Ten\u00eda los ojos en trance. Volaba divina. Se despeg\u00f3 del piso como una planta sagrada. Yo no pude hacer nada con mis manos. Batall\u00e9 con los brazos contra el viento, pero la r\u00e1faga me volte\u00f3 la cara y no supe ad\u00f3nde se la llev\u00f3. Anina desapareci\u00f3 con el vendaval. Me qued\u00e9 con la casa de acampar patas arriba. El terreno escupi\u00f3 las estacas y yo mord\u00eda el polvo con mis pu\u00f1os buscando el mazo. En la mirada, una brisa me velaba el horizonte. Finalmente,\u00a0el torbellino me venci\u00f3. Lo \u00faltimo que pude ver fueron sus botitas pataleando entre las nubes.<\/p>\n<p>Dej\u00e9 el campamento abandonado y busqu\u00e9 el rostro de Anina en el paisaje, pero s\u00f3lo encontr\u00e9 desolaci\u00f3n. Manej\u00e9 todav\u00eda con la mirada turbia. Por el camino de vuelta confirm\u00e9 la manera en la que la ciudad fue devorada por la corrosi\u00f3n. El polvo ya lo hab\u00eda derruido todo. Se acumularon monta\u00f1as de arena en las banquetas de la colonia. Los vecinos me observaron llegar solo. Todos estaban encerrados. Yo esperaba que ella reconociera la clave en el toctoctoc y me abriera la puerta, pero eso no sucedi\u00f3. Tuve que desenterrar la llave de emergencia. Romp\u00ed mis u\u00f1as rascando la tierra. Una vez que abr\u00ed la cerradura, Anina no estaba dentro de la casa. El viento no la hab\u00eda devuelto a nuestro verdadero hogar.<\/p>\n<p>Hurgu\u00e9 entre sus cosas en busca de alguna pista. Revolv\u00ed todos los cajones, desarm\u00e9 cada gabinete del ba\u00f1o, hasta romp\u00ed el forro del sof\u00e1. El ombligo de la casa estaba en el aire cuando encontr\u00e9 una nota que dec\u00eda \u201cCachiripa\u201d. Su \u00faltimo deseo encarnaba una antigua profec\u00eda. Yo me qued\u00e9 parado frente a nuestra cama y record\u00e9 todas las veces que hicimos el amor. Anina siempre supo c\u00f3mo funcionaba la magia. Puse su pijama en el otro lado del colch\u00f3n y me dorm\u00ed pensando en las palabras que inventamos juntos.<\/p>\n<p>Por la ma\u00f1ana me despert\u00f3 un toctoctoc inigualable. En la presi\u00f3n de los golpes sent\u00ed la anatom\u00eda de Anina. La cama me expuls\u00f3 como una resortera y me estamp\u00e9 en la pared con la frente. Su nombre pal\u00edndromo me escaldaba la lengua. Mi mente repet\u00eda la secuencia como si no supiera de memoria el exacto paralelo de cada letra. Me temblaba el paladar en el remate de la boca. Era la puntual precisi\u00f3n del espejo. Ten\u00eda que ser Anina y nadie\u00a0m\u00e1s. S\u00f3lo ella y yo conocemos el lenguaje secreto. Lo construimos junto con esta casa.<\/p>\n<p>En el momento que abr\u00ed la puerta, no llevaba los pantalones puestos. Me orin\u00e9 sobre la pijama prestada de Anina. Ella estaba frente a m\u00ed con el cabello alborotado. Yo limpi\u00e9 el charco de sus l\u00e1grimas con mis besos. La mitad de su cara se hab\u00eda quedado reseca.<\/p>\n<p>Anina entr\u00f3 en la casa como una exploradora. No reconoc\u00eda el tama\u00f1o de sus pasos ni la distancia precisa hasta nuestra rec\u00e1mara. Yo pensaba en la partici\u00f3n de su rostro. En c\u00f3mo la tormenta le marc\u00f3 la cara. Jam\u00e1s me cont\u00f3 qu\u00e9 fue lo que pas\u00f3. S\u00f3lo se dedic\u00f3 a guardar silencio para siempre. La observ\u00e9 vivir su esencia vegetal. Ella se plant\u00f3 en medio de la sala y ya no se volvi\u00f3 a mover. Se pudri\u00f3 con la tierra de su propia maceta. La mitad de mi amor se esfum\u00f3 casi de inmediato; la otra permaneci\u00f3 conmigo hasta que Anina se comenz\u00f3 a secar.<\/p>\n<p>Ninguno de los dos ten\u00eda saliva suficiente para remojar las grietas<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">y con eso empapar el barro<br \/>\ny luego masajear el lodo<br \/>\ny entonces construir adobes<br \/>\ny as\u00ed erigir de nuevo nuestra casa.<\/p>\n<p>El fragmento marchito carcom\u00eda poco a poco la otra porci\u00f3n. Su cuerpo dej\u00f3 de comunicarse con el m\u00edo. Empez\u00f3 a desprenderse de s\u00ed misma y se arranc\u00f3 retazos de piel como corteza rancia. El cabello le ca\u00eda como hojas resecas en las ra\u00edces de los pies. Ten\u00eda ramas puntiagudas en las costillas. El polvo momific\u00f3 su lengua. Yo guardaba la \u00faltima palabra de Anina en un frasco al fondo del refrigerador. Cuando logr\u00f3 articular sonidos, su voz de \u00e1rbol me sobresalt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Cachiripa \u2014dijo.<\/p>\n<p>Afuera, el remolino de tierra se estrellaba en las ventanas como si conociera la clave secreta. Escuchaba en\u00a0el toctoctoc la incomparable voz del viento. Me susurraba la combinaci\u00f3n correcta. As\u00ed es como funcionamos la mayor\u00eda de los seres humanos. Otros habitantes de la Tierra poseen aldabas meramente decorativas. Anina pertenec\u00eda a una especie distinta. Ella hablaba el idioma de las nubes. Yo la observ\u00e9 por la mirilla, pero su cerradura no estaba hecha de palabras. La tormenta entr\u00f3 hasta el \u00faltimo rinc\u00f3n. Nos comprimi\u00f3 entre el polvo y levant\u00f3 nuestros cuerpos del piso. Anina flotaba en el fondo de la estancia, erecta como un tallo. A m\u00ed la tierra no me quer\u00eda.<\/p>\n<p>Yo no asimilaba ese lenguaje, pero s\u00ed aquel polvo. Era pr\u00e1cticamente <em>lo \u00fanico<\/em> que conoc\u00eda. <em>Polvo<\/em>. Me hab\u00eda carcomido la retina desde el d\u00eda en que nac\u00ed. Todo a mi alrededor siempre fue del mismo tono pardusco. Mi cara y los colores del campo. En medio del torbellino, entre los copos de tierra se form\u00f3 el rostro de Anina con los m\u00fasculos faciales relajados y el pelo negro y liso. Sus ojos me traspasaron. Incluso se parec\u00eda a la Anina que yo recordaba o a la que quer\u00eda cerca de m\u00ed.<\/p>\n<p>Estir\u00f3 uno de sus brazos y me toc\u00f3 la boca. Sent\u00ed en los labios el desmoronamiento de su piel. Percib\u00ed el crujido de la arena cuando apret\u00e9 mis muelas. Nunca antes hab\u00eda sabido con tanta exactitud qu\u00e9 era lo que ten\u00eda que decir.<\/p>\n<p>La tormenta hab\u00eda ra\u00eddo todas las fotograf\u00edas en las que aparec\u00edamos juntos. El polvo ca\u00eda sin parar y se apoltron\u00f3 a mi alrededor. Me engull\u00f3 como una pira de tierra. Sent\u00eda la cosquilla mineral rascarme la tripa. Anina estaba ce\u00f1ida a la borrasca. En las r\u00e1fagas de viento planeaban pelos, cut\u00edcula y otras c\u00e9lulas muertas. Las escamas de nuestros cuerpos nos envolv\u00edan como serpentinas.<\/p>\n<p>En el instante que pronunci\u00e9 la palabra sagrada, la tolvanera se desvaneci\u00f3 y chorre\u00f3 en finos espirales hacia el suelo. Me convert\u00ed en mito. Deambul\u00e9 por lo que\u00a0quedaba de la casa y reconoc\u00ed los muebles por el tacto. Aspir\u00e9 el aire caliente y suspir\u00e9 en la bruma.<\/p>\n<p><em>El polvo me palpaba la cara y te nombraba y se re\u00eda y se re\u00eda y se re\u00eda mientras yo me carcajeaba&#8230;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>AMIGO PIEDRA<\/h2>\n<p>Ten\u00edas la ma\u00f1a de pasearte en la noche por la casa sin decir palabra, s\u00f3lo para crispar los nervios de tu madre. Arrastrabas los pies deliberadamente. Bisbiseabas. Le escondiste los cigarros, intercambiaste todas las pastillas y, desde hace alg\u00fan tiempo, comenzaste a frotar en la pared una moneda a la altura de la cenefa. Ya hasta hab\u00edas abierto un surco que iba de tu cuarto al de las gemelas. Cuando viste que el cobre descascaraba la primera capa de pintura y luego el yeso, y finalmente tocaba el concreto, decidiste agujerear tambi\u00e9n el muro de tu habitaci\u00f3n, pues era la \u00fanica que no ten\u00eda ventanas.<\/p>\n<p>Quer\u00edas sentir el viento del que todos hablaban, experimentar en carne propia el escozor del cielo. Pero aquello nada tuvo que ver con el polvo ni la densa bruma.<\/p>\n<p>Nunca lograste excavar por completo las paredes de tu cuarto. Antes achataste cada cubierto de la alacena. Chupaste las miasmas que exudaban los ladrillos. Te encerraste en la habitaci\u00f3n para no escuchar todas las voces de tu madre y la respiraci\u00f3n artificial de un par de ni\u00f1as repetidas. La familia pas\u00f3 noches enteras apartando escombro para encontrar tu cara. Yo tampoco mencionaba tu nombre cuando acudieron a m\u00ed para que les recordara un rostro.<\/p>\n<p>Sin embargo, escarb\u00e9 y escarb\u00e9 y escarb\u00e9&#8230; hasta que\u00a0vi la punta de tu nariz en medio de las vigas del techo derrumbado, Piedra.<\/p>\n<p>Era la noche de cualquier d\u00eda. No te hubiera reconocido sin el grito agudo de las ni\u00f1as. Te encontramos incrustado entre las ruinas. Ellas intentaron cerrar tus ojos, pero ten\u00edas los p\u00e1rpados marchitos y acartonados. No llev\u00e1bamos morralla para cubrirte las pupilas. Parte a parte fuimos exhumando tu cad\u00e1ver fracturado, el cuerpo roto por la intemperie y la ventisca. Se atoraba la carne entre el metal, la tierra y el concreto. Nosotros no te cortamos, pero tuvimos que sacarte cercenado por todos lados.<\/p>\n<p>Cuando por fin descubrimos tu torso, Piedra, en el pecho hab\u00eda una concavidad ocupada \u00fanicamente con un cubierto de plata.<\/p>\n<p>Te hab\u00edas extirpado el coraz\u00f3n a cucharadas.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, encontr\u00e9 a las ni\u00f1as restreg\u00e1ndose las frentes mutuamente con un risco. Tu mam\u00e1 friccionaba entre sus manos dos rocas buscando el fuego. Yo pateaba guijarros como cuando \u00e9ramos ni\u00f1os. Todos nos sent\u00edamos culpables. Ellas me exigieron que les contara historias en las que fuiste feliz, s\u00f3lo para recordar c\u00f3mo sonre\u00edas. Les describ\u00ed la sensaci\u00f3n del moho sobre la acequia, tus pies atascados junto a los m\u00edos cuando nos met\u00edamos a ba\u00f1ar en la corriente. Todo esto antes de que el barrio se apelmazara de lodo y de que la can\u00edcula se extendiera hasta el d\u00eda de mi santo. Nunca volvimos a escuchar tu voz.<\/p>\n<p>El fondo de la tierra te hab\u00eda reclamado para s\u00ed desde mucho antes.<\/p>\n<p>No les cont\u00e9 mis hip\u00f3tesis al respecto:<\/p>\n<p>a) que, sencillamente, el techo no soport\u00f3 el tama\u00f1o de tus sue\u00f1os y se derrumb\u00f3 a s\u00ed mismo \u2014sin pensarlo tanto como t\u00fa\u2014, y entonces el cemento te invadi\u00f3 el cerebro;<\/p>\n<p>b) que t\u00fa no ten\u00edas enemigos, pero que tu mirada se perdi\u00f3 en la nada caliza, en tu yo rocoso, en tu inamovible disposici\u00f3n de piedra;<\/p>\n<p>c) que ya no quer\u00edas platicar conmigo, porque yo siempre hablo del pasado, y eso pesa m\u00e1s que cualquier loza de concreto.<\/p>\n<p><em>\u00bfEst\u00e1s ah\u00ed, amigo Piedra?<\/em><\/p>\n<p>Lamento informarte que todos te dieron la espalda en tu funeral. Cuando me asom\u00e9 al esqueleto de m\u00e1rmol que te conten\u00eda, intent\u00e9 no mostrarme efusivo. Habl\u00e9 con rimas y ecuaciones. Procur\u00e9 ocultar todo mi encono, apretado dentro de mi garganta como un grueso nudo de c\u00e1\u00f1amo. No \u00edbamos a envejecer juntos. Por fin hab\u00edas cumplido tu cometido. Nos hab\u00edas abandonado en la cat\u00e1strofe. Justo cuando necesit\u00e1bamos m\u00e1s manos para rascar la entra\u00f1a del planeta. No soportaste la picaz\u00f3n del \u00e9ter. Aprendiste a cavar y te agujereaste el pecho. Yo ya ten\u00eda los labios rotos por la nicotina cuando comenc\u00e9 a contar esta historia en la que el mundo se hab\u00eda abierto y te trag\u00f3 incompleto,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">y c\u00f3mo jam\u00e1s te escupi\u00f3 en el rostro,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">y luego la ciudad se aneg\u00f3 de tierra, y<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">las plantas que sembraste se pudrieron en cuesti\u00f3n de horas,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">se llenaron de peste y epidemia, y<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">nosotros nunca supimos<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">d\u00f3nde enterraste tu coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>UN VAQUERO DE VERDAD<\/h2>\n<p>El cuerpo me apesta todav\u00eda a tabaco y cerveza caliente. Estoy desnudo. Amanec\u00ed vivo, empapado de sangre cuajada y reseco de semen que no sabe ni huele como el m\u00edo. Un desconocido est\u00e1 acostado junto a m\u00ed. Se durmi\u00f3 con los ojos abiertos antes de rajarse el cuello. No me di cuenta de nada. Lo \u00fanico que lleva puesto son sus botas vaqueras. Fue por eso que pude acordarme de todo, hasta de los detalles m\u00e1s insignificantes:<\/p>\n<p><em>Uno<\/em>. Era un vaquero como todos los dem\u00e1s: muy, muy hombre; muy, muy macho. Llevaba toda la vida en la monta, adorando a Dios, a su santa madre y a su difunta esposa. Hasta que me conoci\u00f3 a m\u00ed. Aunque \u2014seg\u00fan \u00e9l\u2014 yo tuve la culpa de todo y \u00e9l nada tuvo que ver; s\u00f3lo estaba ah\u00ed, con el culo babeando en una esquina del sal\u00f3n. Vi que me miraba. Lo \u00fanico que \u00e9l tuvo que hacer fue dejarse arrastrar por m\u00ed hasta no dejar en su cuerpo un rastro de cincuenta y cuatro a\u00f1os de devoci\u00f3n ranchera.<\/p>\n<p><em>Dos<\/em>. Fui yo quien lo invit\u00f3 a bailar, por mucho que \u00e9l jure y perjure lo contrario. Fui yo quien se acerc\u00f3 a \u00e9l en un sal\u00f3n <em>atarrascado<\/em> de gente y con el piso pegajoso de gargajos y charcos de cheve barata. La polvareda era tan espesa que las parejas en medio de la pista se deslizaban\u00a0lent\u00edsimas, algunas muy enamoradas. Muchos se frotaban las barbas por debajo de sus texanas de cuero, llevaban los pantalones ajustad\u00edsimos, embarrados en las piernas, y todos usaban botas picudas. Puros hombres. Cuando yo llegu\u00e9 a la barra, \u00e9l ya estaba arremangado en la cantina. No tengo idea de cu\u00e1nto tiempo llevaba ah\u00ed ni de cu\u00e1ntos otros vaqueros hab\u00edan intentado seducirlo antes que yo, ni con qu\u00e9 artima\u00f1as. Nada m\u00e1s de ver el caminito de ceniza que sub\u00eda desde sus dedos, era m\u00e1s que evidente que yo no era el primero.<\/p>\n<p><em>Tres<\/em>. Me llev\u00f3 en su camioneta a un motel en la orilla de la carretera. El cuarto ten\u00eda lo estrictamente necesario para pasar la noche (una cama, un ba\u00f1o, agua caliente), pero de todos modos no pod\u00edamos quedarnos mucho tiempo. Supongo que cada uno ten\u00eda algo importante que hacer en la ma\u00f1ana. En el espejo, lustroso y manchado de granos, se acical\u00f3 el bigote reci\u00e9n perfilado, que \u00e9l consideraba su gran atractivo frente a los dem\u00e1s vaqueros. Para m\u00ed no era m\u00e1s que una cosquilla en el labio inferior. Al pasar sus dedos por los pelos que le sal\u00edan encima de la boca, dejaba a la vista una fila de dientes un poco manchados, pero grandes y derechitos. Lo m\u00e1s llamativo era que con la otra mano se acariciaba la verga, y que el caballo de su hebilla parec\u00eda relinchar enfurecido con cada palpitaci\u00f3n de su cuerpo campesino.<\/p>\n<p><em>Cuatro<\/em>. Entre empuje y empuje, \u00e9l lloraba con la cabeza sumida en la almohada, creyendo que yo no lo ve\u00eda. Pero, en una habitaci\u00f3n de motel de carretera como la nuestra, cada fluido se ve, se siente en la piel y, casi siempre, se huele escondido en el aromatizante. Tras varias horas pujando en silencio quedamos agotados; sobre todo yo, estrangulado por s\u00e1banas mojadas con sudor de hombre.\u00a0Su aliento me picaba en la parte rugosa del paladar, sent\u00eda c\u00f3mo palpitaba su miembro al contacto con el m\u00edo. Y entonces el humor que exhalaba su cuerpo me convenci\u00f3 para animarlo, y me puse a hacerle rollitos con los pelos que le crec\u00edan en el pecho. Hasta le limpi\u00e9 discretamente las l\u00e1grimas. Acarici\u00e9 su bigote con mis dedos y luego lo bes\u00e9 con ternura. Creo que incluso consegu\u00ed hacerlo re\u00edr.<\/p>\n<p><em>Cinco<\/em>. Claro que nos prometimos cosas de lo nuestro y el futuro. Que despertar\u00edamos juntos por la ma\u00f1ana y yo cuidar\u00eda de \u00e9l. Que \u00e9l me elegir\u00eda a m\u00ed y renunciar\u00eda a todos los dem\u00e1s vaqueros. Que no era cierto que se hab\u00eda enamorado de su esposa muerta. Que juntos tendr\u00edamos el rancho m\u00e1s bonito de todo el pueblo, y que vivir\u00edamos rodeados de vacas y olor a establo. Que esto era el comienzo de algo maravilloso, el amor que nunca sinti\u00f3 y, sobre todo, el deseo. Que \u00e9l quer\u00eda que yo fuera su vaquerita. Que la historia del sal\u00f3n de baile y esta an\u00e9cdota de c\u00f3mo nos conocimos nos har\u00edan re\u00edr durante a\u00f1os, y que las recordar\u00edamos para siempre. Morir\u00edamos de felicidad, porque al fin nos hab\u00edamos encontrado, nosotros que no \u00e9ramos m\u00e1s que dos llaneros solitarios en la vereda. Por primera vez, aquella noche me pregunt\u00f3 c\u00f3mo estaba y qui\u00e9n era. Me pidi\u00f3 que le contara algo de m\u00ed, lo que fuera, que \u00e9l de todos modos me creer\u00eda. Y entonces yo por fin comenc\u00e9 a hablar, pero en voz muy baja para que \u00e9l se tuviera que acercar mucho a m\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Ya no recuerdo hace cu\u00e1nto, pero yo todav\u00eda era muy joven el d\u00eda que encontr\u00e9 tirado en el llano un cuaderno ru\u00f1ido y amarillento, sus hojas como las del peri\u00f3dico. El color desdibujado en unas vi\u00f1etas que de inmediato captaron mi atenci\u00f3n. Lo hoje\u00e9 mientras mi padre pateaba un bal\u00f3n en una cancha de tierra punteada por crestas de zacate reseco. <em>El libro vaquero<\/em>, \u2018Los gemidos del pistolero\u2019,\u00a0a\u00f1o XXVIII, n\u00famero 1214. En la portada dos hombres, dos hombres de verdad, con barbas y bigotes y sombreros, coloreados en tonos pasteles, el uno besuque\u00e1ndole el cuello al otro, montados en el mismo caballo. Y este deseo que naci\u00f3 en m\u00ed justo ese d\u00eda y que me inst\u00f3 a escabullirme temprano de la carne asada del domingo para encerrarme en mi cuarto, jarioso, cautivado por el nuevo mundo que acababa de descubrir, aquel donde los vaqueros montan y se montan, con barbas y bigotes y sombreros, hombres de verdad. Esa tarde que mi padre me llev\u00f3 a comprar mis primeras botas vaqueras, pens\u00e9 que en el granero de la boter\u00eda cab\u00edan todas las botas del mundo. Y yo, en medio de todos aquellos anaqueles de ropa <em>western<\/em> y m\u00fasica\u00a0<em>country<\/em>, escog\u00ed las botas que me hac\u00edan sentir m\u00e1s hombre, m\u00e1s macho y m\u00e1s vaquero, m\u00e1s parecido a mi pap\u00e1. Y mi viejo que sac\u00f3 un fajo de billetes arrequint\u00e1ndose el pantal\u00f3n al estilo ranchero, espulg\u00f3 la morralla en la palma de su mano y pag\u00f3 con feria. Despu\u00e9s, la escuela de jinetes, la silla de montar, la carne del caballo por debajo de la m\u00eda y el roce del galope en la mezclilla. Cu\u00e1nto me apret\u00f3 los muslos con sus manos el vaquero que me ense\u00f1\u00f3 a ser un buen jinete, c\u00f3mo sent\u00ed al cuaco de la escuelita embestirme el cuerpo con furia, por eso nunca quise que se terminara la clase de monta. Luego aquella tarde en el rodeo, la plaza llena, las miradas de la gente en la polvareda de la arena, los jinetes y sus montas, m\u00fasica norte\u00f1a con bajo sexto y tarola. Las correas de la montura que se me encarnaron en las piernas, el caballo manso, manso; y yo, casi a punto de salir a la faena, pens\u00e9 en los vaqueros que montan y se montan, y cabalgu\u00e9, cabalgu\u00e9 como un hombre de verdad, y as\u00ed ha sido desde entonces.<\/p>\n<p><em>\u00daltimo<\/em>. Cuando lleg\u00f3 la polic\u00eda, yo todav\u00eda no me lavaba los dientes. \u00c9l llevaba ya varias horas desangrado. Antes\u00a0de rajarse el cuello, hab\u00eda dejado en el espejo del ba\u00f1o frases escritas con mi colorete rojo y sin faltas de ortograf\u00eda. Lo ten\u00eda todo planeado. Luego vino a la cama conmigo y se me meti\u00f3 muy adentro. Cabalgamos juntos, como hombres de verdad. Y todo con el \u00fanico objetivo de ensuciarme la consciencia para siempre, aun sabiendo que nunca podr\u00eda borrar de mi cuerpo el misterio que representaba un vaquero como \u00e9l.<\/p>\n<p>Un vaquero de verdad.<\/p>\n<figure id=\"attachment_58131\" aria-describedby=\"caption-attachment-58131\" style=\"width: 932px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-58131\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/portada_carnefosil.png\" alt=\"\" width=\"942\" height=\"1652\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-58131\" class=\"wp-caption-text\">Portada de &#8220;Carne f\u00f3sil&#8221;, Jorge Mart\u00ednez. Colecci\u00f3n Tierra Adentro, FCE, 2025.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ANINA Y LA TORMENTA La fascinaci\u00f3n de Anina por la tolvanera nos llev\u00f3 a vivir una temporada en los confines de la comarca. Instalamos una casa de acampar y dormimos cobijados por el silencio de la estepa. No brillaron las estrellas por la tormenta de polvo que opac\u00f3 el cielo semanas atr\u00e1s. Las nubes sosten\u00edan &#8230; <a title=\"Carne f\u00f3sil\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59224\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Carne f\u00f3sil\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59802,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[282],"tags":[3545,20,2758,859,3546,3547,3548,3549],"ppma_author":[2837],"class_list":["post-59224","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-adelanto","tag-caballos","tag-cuento","tag-derrumbe","tag-desierto","tag-norte","tag-polvo","tag-vaqueros","tag-viento","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2837,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"jorge-martinez","display_name":"Jorge Mart\u00ednez","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Jorge","last_name":"Mart\u00ednez","user_url":"","job_title":"","description":" (Torre\u00f3n, 1994), hispanista por la UNAM y lector. 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