{"id":59219,"date":"2026-04-02T07:00:51","date_gmt":"2026-04-02T13:00:51","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58032"},"modified":"2026-09-23T10:18:09","modified_gmt":"2026-09-23T16:18:09","slug":"giuseppe-arcimboldo-y-la-forma-deformada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59219","title":{"rendered":"Giuseppe Arcimboldo y la forma deformada"},"content":{"rendered":"<h2>I.<\/h2>\n<h6>\u00a0<\/h6>\n<p>Sus inicios, por lo que sabemos, no parecen presagiar su fama posterior: pintaba murales para iglesias de pueblo, confeccionaba estandartes, insignias, escudos de armas y dise\u00f1os para taburetes. Nada de lo que hizo durante sus primeros a\u00f1os, en Lombard\u00eda, nos prepara realmente para la invenci\u00f3n de sus cuadros alucinantes, hermosos y horrendos como la carne que retratan, y que convoca lo mismo al deseo que al desastre.<\/p>\n<p>De chico trabaj\u00f3 el vidrio. Su padre, Biagio, era empleado en la f\u00e1brica del Duomo en Mil\u00e1n, donde produc\u00eda piezas para los vitrales. Imagino al ni\u00f1o limpi\u00e1ndose el sudor con el borde de la casaca, el rostro encandilado por las bocas ardientes de los hornos, correteando de un lado a otro para traer los alicates, los tubos de soplado, las lancetas. Un mundo de objetos y materias puras.<\/p>\n<p>All\u00ed conoci\u00f3 la luz y los colores: los destellos del esmaltado, la multiplicaci\u00f3n de los reflejos, el brillo hiriente del vidrio al rojo vivo, que emanaba sordamente con el poder de un sol. La melancol\u00eda de los azules y los morados, la alegr\u00eda de los amarillos. Conoci\u00f3 tambi\u00e9n las figuras \u2014aprendi\u00f3 la geometr\u00eda con el filo de los cristales\u2014 y la perspectiva \u2014los vitrales se hac\u00edan pieza por pieza, como un rompecabezas\u2014, pero sobre todo, conoci\u00f3 all\u00ed la materia, es decir, el tacto: el vidrio era primero una lava encendida que goteaba \u00falceras de plata; de pronto era una carne mullida, lodo espeso; finalmente, una pantalla s\u00f3lida y filosa, delgada como el ala de una mariposa.<\/p>\n<p>Nada nos prepara para lo que vino despu\u00e9s, y sin embargo, veo al ni\u00f1o asombrado: frente a \u00e9l, la materia se transforma, es transitoria, movediza, imprevisible, pura alquimia. Ofrecida a sus manos de ni\u00f1o, parece decirle al o\u00eddo: Todo puede ser otra cosa.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59824\" aria-describedby=\"caption-attachment-59824\" style=\"width: 514px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59824\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Arcimboldo_Librarian_Stokholm-441x600-1-221x300.jpg\" alt=\"&quot;El bibliotecario&quot;, Giuseppe Arcimboldo, 1566. Obra de dominio p\u00fablico.\" width=\"524\" height=\"711\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59824\" class=\"wp-caption-text\">&#8220;El bibliotecario&#8221;, Giuseppe Arcimboldo, 1566. Obra de dominio p\u00fablico.<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h2>II.<\/h2>\n<h6>\u00a0<\/h6>\n<p>Una pera es una nariz; las fauces de un lobo simulan un ojo; un martillo es una oreja; un tibur\u00f3n es una boca; una pila de libros compone un torso. En <em>Las cuatro estaciones, <\/em>los rostros se componen de frutas y verduras que crecen en cada una de esas estaciones. Las espigas de trigo forman el torso de <em>Verano<\/em>, y en <em>Los cuatro elementos<\/em>, aves, animales y criaturas acu\u00e1ticas construyen el Aire, la Tierra y el Agua, respectivamente, mientras que el Fuego arde con rasgos creados a partir de llamas. Las figuras de un cocinero y un <em>sumiller<\/em> est\u00e1n igualmente compuestas por objetos relacionados con sus actividades: ollas, sartenes, un barril de vino. Un mont\u00f3n de libros apilados representan al bibliotecario y al jurista. <em>Flora<\/em> est\u00e1 hecha de flores, y <em>Vertumno<\/em>, de frutas de todas las estaciones.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59826\" aria-describedby=\"caption-attachment-59826\" style=\"width: 502px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59826\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Giuseppe_Arcimboldo_-_The_Jurist_-_WGA00837-470x600-1-235x300.jpg\" alt=\"&quot;El jurista&quot;, Giuseppe Arcimboldo, 1566. Obra de dominio p\u00fablico.\" width=\"512\" height=\"654\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Giuseppe_Arcimboldo_-_The_Jurist_-_WGA00837-470x600-1-235x300.jpg 235w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Giuseppe_Arcimboldo_-_The_Jurist_-_WGA00837-470x600-1.jpg 470w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59826\" class=\"wp-caption-text\">&#8220;El jurista&#8221;, Giuseppe Arcimboldo, 1566. Obra de dominio p\u00fablico.<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los cuadros de Arcimboldo recuerdan algunos versos cl\u00e1sicos de la poes\u00eda amorosa, que el tiempo ha hecho palidecer hasta el extremo de la verg\u00fcenza ajena, y que hoy son cursiler\u00eda pura: <em>Tus labios de rosa y tus ojos como el mar. Tus cabellos, dorados como los rayos del sol, y tus dientes, perlas luminosas y perfectas.<\/em> Las figuras de esta larga tradici\u00f3n literaria, que por siglos sell\u00f3 matrimonios y encumbr\u00f3 poetas, aparecen sin embargo invertidas. Podemos pensar en poemas visuales, en sentido estricto, pero son algo m\u00e1s: no hay equivalencia en sus met\u00e1foras, sino simultaneidad, enloquecen al s\u00edmbolo, lo presentan en su ambig\u00fcedad m\u00e1s desnuda. Aquel hombre tiene<em> realmente <\/em>los dientes de corcho; tiene<em> realmente<\/em> nariz de cerdo: la piel de la muchacha <em>es<\/em> de marfil, y sus mejillas, cuando se sonroja, <em>son <\/em>dos rosas. Podr\u00eda decirse que, como Kafka, Arcimboldo expresa literalmente lo que, por lo general, s\u00f3lo decimos figuradamente.<\/p>\n<p>El procedimiento funciona en varios niveles. En un inicio, el espectador es obligado a utilizar su imaginaci\u00f3n para obtener el retrato metaf\u00f3rico de alg\u00fan personaje, s\u00f3lo muy puntualmente cre\u00edble, a trav\u00e9s de la descomposici\u00f3n y el amontonamiento de cuerpos o elementos org\u00e1nicos. Ante la abundancia de acontecimientos visuales, sin embargo, se presenta una elecci\u00f3n reconocer y descifrar, o no hacerlo, o lo que es lo mismo, mirar de cerca o mirar de lejos. Tal elecci\u00f3n permite ver un cuerpo, un rostro o tan solo sus partes. Desde entonces, se instaura el reino de la ambig\u00fcedad, porque aqu\u00ed se oculta y se muestra al mismo tiempo, pero en sentidos opuestos: la mirada se desv\u00eda del significado total por el significado del detalle y viceversa. Participamos activamente en la creaci\u00f3n de la figura, como en las formas y caras que vemos en las nubes.<\/p>\n<p>Ahora veo frutos y animales amontonados. Ahora veo el rostro de un emperador. Elijo: Cercan\u00eda o lejan\u00eda, las partes o el todo. Lo realmente asombroso no es la proeza t\u00e9cnica por s\u00ed misma, ni tampoco el absurdo de unir cosas que normalmente no se unen, sino algo que compete m\u00e1s bien al concepto: la identidad de los dos objetos no depende de la simultaneidad de la percepci\u00f3n, sino de la rotaci\u00f3n de la imagen y de la actitud del espectador frente al cuadro. El todo tiene un efecto diferente al de la suma de las partes.<\/p>\n<p>Cualquier cosa puede adquirir un significado opuesto, dicen las pinturas de Arcimboldo. Todo tiene un significado, seg\u00fan el sentido en que se mire, pero este significado nunca es el mismo.<\/p>\n<p>La lectura oscila continuamente y, como se\u00f1ala Barthes, s\u00f3lo el t\u00edtulo logra detenerla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h2>III.<\/h2>\n<h6>\u00a0<\/h6>\n<p>Sus primeros motivos son representaciones naturales, animales ex\u00f3ticos y plantas, a\u00fan bajo la influencia lombarda de da Vinci. Tras una primera etapa plagada de querubines delicados, inocentes <em>putti<\/em> y cupidos amorosos, abandona la timidez y se arroja. En 1562 se traslada a la corte de los Habsburgo. All\u00ed, durante m\u00e1s de un cuarto de siglo, sirve como pintor imperial de Fernando I, Maximiliano II y, finalmente, Rodolfo II.<\/p>\n<p>Reconozco en su periodo cortesano a dos Arcimboldos distintos, cada uno a la espalda del otro. La corte, como cualquier espacio de poder, obliga a la escisi\u00f3n de la personalidad. As\u00ed, como en una de sus cl\u00e1sicas ilusiones pict\u00f3ricas, el primer Arcimboldo aparece inmediatamente, se ofrece a los ojos en todo su lustre, est\u00e1 \u00e1vido por acaparar las miradas. Es erudito, audaz, de finos modales y amante del fasto. Y se dedica, sobre todo, al juego: dirige representaciones de teatro, torneos de invierno, proyecta ceremonias de coronaci\u00f3n y de boda, idea m\u00e1quinas y artilugios para navegar, dise\u00f1a blasones e incluso un m\u00e9todo de transcripci\u00f3n musical a partir del color. Pr\u00edncipes y condes celebran su capacidad para idear cifrados y encontrar formas de cruzar r\u00e1pidamente los r\u00edos. Pero sobre todo, pinta: cabezas compuestas, retratos jocosos, juegos e ilusiones florales. Es, al parecer, un gran buf\u00f3n: hace re\u00edr, \u00e9l mismo r\u00ede con frecuencia.<\/p>\n<p>El segundo aparece \u00fanicamente al voltear la imagen. Es el reverso negro del h\u00e9roe: un Arcimboldo ambicioso, conspirador, desclasado. No bien llegado a la corte, se esfuerza por crear para s\u00ed una genealog\u00eda inexistente: asegura descender, por parte de su padre, de la distinguida familia noble Arcimboldo que, entre otros antepasados, hab\u00eda dado dos arzobispos en Mil\u00e1n. Este arribismo, m\u00e1s bien comprensible, se junta sin embargo con otros gestos peque\u00f1os pero delatores: a sus explosiones de gozo les sobrevienen, de un momento a otro, ataques de ira, celos inexplicables, rabietas de ni\u00f1o. Es el temperamento voluble y atormentado del h\u00e9roe neur\u00f3tico: va de la egolatr\u00eda a la vacilaci\u00f3n, de la bilis amarilla a la negra, del gozo al desamparo.<\/p>\n<p>Est\u00e1n, adem\u00e1s, las pinturas: acostumbrados a la inocencia de sus juegos con frutas, flores y verduras, condestables, doncellas y pajes palidecen de pronto ante la <em>Cabeza de Herodes<\/em>, donde el rey de Judea que mand\u00f3 degollar a los reci\u00e9n nacidos est\u00e1 compuesto por los cuerpos de sus v\u00edctimas, como si lo atacara una enfermedad purulenta, o frente a <em>El cocinero<\/em>, donde un lech\u00f3n, un ave y otras viandas conforman el rostro torcido y putrefacto de un leproso. Parecer\u00eda que, entre sus trabajos m\u00e1s festivos, aparecen de pronto destellos de una fuerza ominosa, pesadillesca, como una cuerda desafinada en medio de un acorde.<\/p>\n<p>En el m\u00e1s famoso de sus autorretratos se le mira serio, casi agresivo: las cejas maduras, cernidas sobre sus ojos vidriosos; la boca, fruncida alrededor de una barba como un bosque, estilizada al modo de magos y los profetas. M\u00e1s que un pintor parece un viejo panadero, un ciclista de largas distancias. Algo tiene de mat\u00f3n y de insolente: nos reta con la mirada torva de los que aman el vino y la pendencia. Todo all\u00ed desentona con su fama de chistoso, de bromista hiperactivo y ni\u00f1o eterno. Quiz\u00e1s por la pretensi\u00f3n de aparecer en la tela como genio nacido bajo el signo de Saturno, o quiz\u00e1s porque, como todos los verdaderos bromistas, es un melanc\u00f3lico, y la broma es para \u00e9l una revancha de tristezas metaf\u00edsicas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h2>IV.<\/h2>\n<h6>\u00a0<\/h6>\n<p>Las colecciones del emperador Rodolfo eran las m\u00e1s impresionantes de Europa. Pinturas, esculturas, espadas ceremoniales, relojes, fuentes, instrumentos musicales, astrolabios, br\u00fajulas, telescopios, animales ex\u00f3ticos y jardines bot\u00e1nicos asombraban a los visitantes de su castillo en Praga, donde se permit\u00eda que un le\u00f3n y un tigre vagaran por los pasillos, como se lee en los libros de cuentas, que registran las indemnizaciones pagadas a los supervivientes de los ataques o a los familiares de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Como se sabe por sus cartas, el monarca era sombr\u00edo y meditabundo. En sus retratos aparece con el semblante enfermizo, t\u00e9trico de tanta reclusi\u00f3n: bajo la frente severa frunce unas cejas como aves a la distancia, los ojos son demasiado redondos y en ellos la mirada es fr\u00eda, c\u00ednica y defensiva, propia de los que fueron fr\u00e1giles en la infancia. La barba abundante no logra maquillar y m\u00e1s bien pronuncia su prognatismo. Ten\u00eda, sin duda, el sello mis\u00e1ntropo propio de los verdaderos coleccionistas: los otros siempre pueden ser un incordio; s\u00f3lo las cosas ofrecen una compa\u00f1\u00eda sumisa.<\/p>\n<p>Las colecciones estimulan, excitan: son el placer repetido. Por eso tienden al infinito, no hay colecciones completas. Su destino es la adici\u00f3n infinita; n + 1 es la ecuaci\u00f3n de toda colecci\u00f3n. Tampoco hay, por cierto, colecciones \u00fanicas: el acto de coleccionar es promiscuo. Como dice Sontag: \u201ccoleccionar es una sucesi\u00f3n de deseos\u201d. El aut\u00e9ntico coleccionista no est\u00e1 atado a lo que colecciona, sino al hecho de coleccionar.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en este sentido es posible entender la perla del castillo de Rodolfo: la <em>Wunderkammer<\/em>, el gabinete de curiosidades m\u00e1s grande de Europa, que inclu\u00eda \u201clos tres reinos de la naturaleza y las obras del hombre\u201d. Un mundo en miniatura donde cab\u00edan todos los seres y las cosas, sin distinci\u00f3n: la cuerda con la que se ahorc\u00f3 Judas, pianos para gatos, varitas m\u00e1gicas, mandr\u00e1goras y rarezas chinas. Fue en esos muros, entre accidentes de la naturaleza, efigies de enanos, de gigantes, de hombres y mujeres hirsutos, que se dispusieron obras del propio Arcimboldo.<\/p>\n<p>En un primer momento, la elecci\u00f3n debi\u00f3 haber parecido racional, incluso obvia. La <em>Wunderkammer<\/em>, como los cuadros de Arcimboldo, era un microcosmos, el reflejo del mundo y sus jerarqu\u00edas. Curada por Boetius de Boodt, gem\u00f3logo y m\u00e9dico, contaba con un arreglo enciclop\u00e9dico de los objetos, se divid\u00eda en grupos, g\u00e9neros y conjuntos. Un gesto est\u00e9tico y filos\u00f3fico, pero sobre todo pol\u00edtico: clasificar el caos del mundo era la expresi\u00f3n del orden de Dios, pues en la colecci\u00f3n, Rodolfo gobernaba los \u00f3rdenes del mundo; en los retratos, gobernaba los elementos.<\/p>\n<p>Fue quiz\u00e1s este deseo de sistematizaci\u00f3n por parte del monarca el mismo que lo rindi\u00f3 ante Arcimboldo: cre\u00eda encontrar en sus cuadros la misma armon\u00eda, la misma estabilidad del orden, bajo la premisa de que las partes del universo son paralelas entre s\u00ed, est\u00e1n vinculadas.<\/p>\n<p>Por otro lado, no puede ser menos que una paradoja, o una iron\u00eda. Tal vez, como toda iron\u00eda, corroe el coraz\u00f3n de toda jerarqu\u00eda. Pues aunque los cuadros de Arcimboldo, en la superficie, representan un orden, es un orden en proceso de delirio. Lo monstruoso, como lo maravilloso, es esencialmente lo que transgrede la separaci\u00f3n de los reinos: mezcla lo animal y lo vegetal, lo animal y lo humano; es exceso, en la medida en que cambia la calidad de las cosas a las que Dios ha asignado un nombre.<\/p>\n<p>Los \u00f3rdenes se derrumban unos en otros.<\/p>\n<p>La pesadilla del coleccionista.<\/p>\n<p>La pesadilla del rey, del enciclopedista, la pesadilla de dios.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h2>V.<\/h2>\n<h6>\u00a0<\/h6>\n<p>En 1590, pinta al emperador Rodolfo II como un mont\u00f3n de frutas y vegetales: nabos, coles, zanahorias, pepinos, peras, cerezas y moras. El monarca aparece con el traje del dios romano Vertumno, personificaci\u00f3n de las estaciones y la renovaci\u00f3n de la naturaleza. Hay aqu\u00ed mucha t\u00e9cnica y tambi\u00e9n mucha broma, pero sobre todo, hay sagacidad pol\u00edtica: la imagen proyectada de Rodolfo es la de un gobernante que domina los elementos y sus poderes, es la fertilidad y el comercio, la d\u00e1diva de la naturaleza, la circularidad de un poder que no deja de renacer.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59828\" aria-describedby=\"caption-attachment-59828\" style=\"width: 604px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59828\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Vertumnus_a\u030arstidernas_gud_ma\u030alad_av_Giuseppe_Arcimboldo_1591_-_Skoklosters_slott_-_91503-484x600-1-242x300.jpg\" alt=\"Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno&quot;, Giuseppe Arcimboldo, 1591. 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Ha regresado a Mil\u00e1n con el permiso del monarca, quien lo ennoblece, a la v\u00edspera de su partida en Praga, con honores inesperados, casi imposibles para un mero retratista: elevado al rango de conde palatino, se le da permiso de trabajar desde su hogar con sueldo vitalicio.<\/p>\n<p>Imagino una vejez acomodada, reflexiva, en extremo consciente de un final que ya le hace gui\u00f1os desde el horizonte. Despu\u00e9s de todo, para la \u00e9poca es un anciano: podemos verlo ya sin dientes, vacilante en el paso, hirsuto y canoso, y con el rostro como tallado por una gubia. Lentamente, parece transformarse en uno de sus cuadros. Sin embargo, a pesar de que sus contempor\u00e1neos lombardos lo idolatran en poemas, biograf\u00edas y tratados art\u00edsticos, la suya no es una vejez consumada.<\/p>\n<p>Bien podr\u00eda dedicarse a mirar atr\u00e1s: divertir en las tertulias con alguna an\u00e9cdota de la corte, dar largos paseos nost\u00e1lgicos por el canal, alimentando a los patos, corregir con amabilidad de padre a uno de sus estudiantes. Pero es demasiado eg\u00f3latra, demasiado fogoso. Se sabe demasiado genio: el silencio no le viene bien. A\u00fan le queda un \u00faltimo golpe, a la vez testamento y epitafio. Pintar\u00e1 hasta el final de sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Sus \u00faltimos cuatro trabajos <strong>\u00a0<\/strong>\u2014<em>Flora<\/em>, <em>El Jardinero<\/em>, <em>Los vegetales,<\/em>\u00a0<em>Vertumno<\/em>\u2014 comparten un motivo com\u00fan: el mundo vegetal. Son cuadros coloridos, vivaces, casi melosos: en una primera mirada, creemos advertir en ellos al viejo enamorado de las flores; tierno y paternal, llora con el vuelo de las palomas y regala manzanas a los chiquillos. Victoria cursi del anciano: despu\u00e9s de a\u00f1os de tranzar con las oscuridades del mundo, se ha ganado por fin el derecho de conquistar la belleza simple de los jardines.<\/p>\n<p>Casi olvidamos, por un momento, que los \u00faltimos cuadros de Arcimboldo, como en la tradici\u00f3n de las naturalezas muertas, son portadores de un recordatorio m\u00e1s bien oscuro: su tema es el fruto, y el fruto es la carne condenada a la putrefacci\u00f3n. En un parpadeo las rosas se habr\u00e1n marchitado, ser\u00e1n un c\u00famulo de hojas resecas; la ciruela habr\u00e1 soltado su jugo oscuro, que servir\u00e1 de fest\u00edn para las moscas; pronto crecer\u00e1 en el coraz\u00f3n de la manzana el musgo verdoso de los hongos, lo corromper\u00e1n las larvas de gusanos p\u00e1lidos.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s apropiado para un pintor, al final de su vida, que mostrar el malestar propio de la carne, la podredumbre de la sustancia. Puesto que la idea misma de pintar hace del artista alguien en extremo consciente de la transitoriedad de los elementos, de la fugacidad intr\u00ednseca del mundo. El pintor est\u00e1 abocado al instante. Todo est\u00e1 cerca del umbral de la vida, pero todo est\u00e1 a punto de morir. Es este el verdadero juego de las formas, su desaparici\u00f3n ineludible: al final se combinan todos los \u00f3rdenes, puesto que se vuelven polvo.<\/p>\n<p>Vitalidad y abundancia. Pero tambi\u00e9n: sobra, desperdicio, desecho.<\/p>\n<p>Exceso. Es decir, decadencia. Es decir, muerte.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h2>VI.<\/h2>\n<h6>\u00a0<\/h6>\n<p>Lo que quiero decir de la pintura de Arcimboldo es algo obvio, <em>evidente<\/em> en el sentido etimol\u00f3gico de la palabra. Es decir, se trata de algo que est\u00e1 ofrecido a la vista. Sin embargo, me cuesta mucho escribirlo. Quiz\u00e1s se trate de una cosa de vocabulario, quiz\u00e1s es algo m\u00e1s profundo. Quiz\u00e1s haga falta una nueva forma de nombrarlo.<\/p>\n<p>Las \u201ccabezas compuestas\u201d de Arcimboldo est\u00e1n hechas de cosas. Libros. Frutas. Flores. Vegetales. Instrumentos: cuchillos, azadones, trinches, ribetes. Pedazos de carne y de pez. Aves de caza, barriles, ollas, piedras, canastos, platos, rollos de pergaminos. Cosas que pululan y proliferan, que se propagan, se amontonan, que se suman unas a otras, se a\u00f1aden, borbotean y supuran, como una infecci\u00f3n. Cosas que se multiplican hasta el delirio.<\/p>\n<p>Mi experiencia al mirar estos cuadros es de una tumescencia mental. Por eso, al describirlos mi primer impulso es hacer listas. La propia lista es ya un gesto de sublimaci\u00f3n: poseo las cosas al pensarlas as\u00ed, ordenadamente; consigo, por un momento, domesticar el exceso en una serie de afinidades y semejanzas.<\/p>\n<p>Lo cierto es que me desconciertan. Tambi\u00e9n me divierten, me atraen y, en otro sentido, me dan asco. Si pudiera definir este estado, dir\u00eda que se trata de la combinaci\u00f3n de dos placeres. El primero es sensorial: lo siento en los ojos, en la punta de los dedos, incluso en la lengua. Es como si descubriera, por primera vez, que <em>me gustan las<\/em> <em>cosas<\/em>: siento su peso, su consistencia y su textura. Las cosas me salen al paso, me tocan, puedo tocarlas: siento, de pronto, el tacto del mundo. Es una sensaci\u00f3n, o casi. Algo a medio camino entre la sensaci\u00f3n y el adjetivo.<\/p>\n<p>Pienso entonces en algunas palabras: <em>delicioso<\/em>, <em>puntiagudo<\/em>, <em>rugoso<\/em>, <em>suculento<\/em>, <em>brillante<\/em>, <em>suave<\/em>, <em>resbaloso<\/em>. La vista es promiscua, como el lenguaje: su divisa b\u00e1sica es el deseo. Quisiera envolver esas cosas con las manos, pasarles la yema del \u00edndice, apretarlas, pincharlas, darles una mascada. En este momento me digo que no debo olvidar un dato decisivo: Arcimboldo pintaba al \u00f3leo, y el \u00f3leo, m\u00e1s que ninguna otra t\u00e9cnica pict\u00f3rica, posee una potencia de ilusi\u00f3n, es decir, de verosimilitud. Sus objetos, aunque son puramente visuales, apelan al sentido del tacto. En palabras de John Berger: \u201cdefinen lo real como aquello que uno podr\u00eda tener entre las manos\u201d.<\/p>\n<p>El segundo es un placer intelectual, cerebral. Pero no: es algo antes que eso. Un placer, sobre todo, espacial: el de volver, por un instante angustioso y lleno de asombro, a la parcela infinita de donde surgen, por primera vez, las clasificaciones, los grupos, los g\u00e9neros. Esa s\u00e1bana primigenia que se extiende bajo el mundo, y donde \u00e9ste se posa y se delimita. La sensaci\u00f3n tiene algo de primitivo: refiere a un <em>puro espacio<\/em>, parad\u00f3jicamente, sin cosas, o m\u00e1s bien, donde esas cosas aparecen <em>como<\/em> <em>cosas<\/em>. Pues los objetos de Arcimboldo no proceden de un espacio familiar y cotidiano. Su \u00fanico contexto es el de estar all\u00ed juntos, unos con otros. Habitan un espacio com\u00fan, pero imaginario, absurdo: son una cabeza, un rostro, el busto de un emperador. Una cabeza hecha de peces. Un rostro de verduras apiladas. Dos mejillas de durazno. Un libro abierto como una cabellera.<\/p>\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo escribirlo, pero es en esta bifurcaci\u00f3n, en este cruce de dos placeres, donde los cuadros de Arcimboldo me empujan a un l\u00edmite, agotan mis herramientas, me encierran en una paradoja sin soluci\u00f3n posible: se rompe toda l\u00f3gica, se la dinamita desde dentro, porque, como el hombre que tira de su propia barba, el espacio de estos cuadros se sostiene s\u00f3lo en s\u00ed mismo. Es irracional, pero visible.<\/p>\n<p>Todo conocimiento est\u00e1 vinculado a un orden clasificatorio. Toda comprensi\u00f3n, toda cordura, toda civilizaci\u00f3n, toda paz, se sostiene en este precario equilibrio: que las cosas se mantengan en su lugar, que no dejen de ser, de pronto, en un gesto incomprensible, lo que ellas son.<\/p>\n<p>El mundo est\u00e1 loco, dicen estos cuadros. La vida es absurda, si la miras un poco m\u00e1s de cerca, o de m\u00e1s lejos. Cualquier cosa puede transformarse en otra, todo puede ser algo m\u00e1s, algo menos, todo puede ser bello, horrible, asqueroso, deseable. Un objeto se puede hacer de cualquier cosa. Cualquier forma se puede deformar.<\/p>\n<p>\u00c9sta es la cuesti\u00f3n para la que hay que encontrar un nuevo nombre.<\/p>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. \u00a0 Sus inicios, por lo que sabemos, no parecen presagiar su fama posterior: pintaba murales para iglesias de pueblo, confeccionaba estandartes, insignias, escudos de armas y dise\u00f1os para taburetes. Nada de lo que hizo durante sus primeros a\u00f1os, en Lombard\u00eda, nos prepara realmente para la invenci\u00f3n de sus cuadros alucinantes, hermosos y horrendos como &#8230; <a title=\"Giuseppe Arcimboldo y la forma deformada\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59219\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Giuseppe Arcimboldo y la forma deformada\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59822,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6],"tags":[234,72,32,3506,3507,3389,3508,3509],"ppma_author":[3505],"class_list":["post-59219","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-animales","tag-ensayo","tag-flores","tag-frutas","tag-giuseppe-arcimboldo","tag-objetos","tag-pintor-italiano","tag-vegetales","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":3505,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"emiliano-cassigoli","display_name":"Emiliano Cassigoli","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"","last_name":"","user_url":"","job_title":"","description":"(Santiago de Chile, 1995). 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Es miembro fundador de la compa\u00f1\u00eda teatral Vincent Company, y su actuaci\u00f3n en el mon\u00f3logo <em>Y la guerra sigue<\/em> fue meritoria del reconocimiento a Mejor actuaci\u00f3n masculina en el XXVI Festival Internacional de Teatro Universitario."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59219","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=59219"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59219\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":59830,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59219\/revisions\/59830"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/59822"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=59219"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=59219"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=59219"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=59219"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}