{"id":59206,"date":"2026-02-25T07:00:00","date_gmt":"2026-02-25T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57782"},"modified":"2026-10-27T12:13:25","modified_gmt":"2026-10-27T18:13:25","slug":"quieres-hacer-el-favor-de-leer-a-carver-por-favor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59206","title":{"rendered":"\u00bfQUIERES HACER EL FAVOR DE LEER A CARVER, POR FAVOR?"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>\u2026 la visi\u00f3n que siempre habr\u00eda de recordar, la que m\u00e1s lo perturbaba, no ten\u00eda nada que ver con M\u00e9xico.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Raymond Carver&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">I<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conozco pocas cartas tan desoladoras como aquella que le mand\u00f3 Raymond Carver a su editor, Gordon Lish, tras una noche de insomnio la ma\u00f1ana del 8 de julio de 1980. \u201cQuerido Gordon\u201d, comienza Carver, quien acaba de descubrir las desmedidas modificaciones que ha hecho su editor en el manuscrito de su segundo libro de cuentos (o tercero, si contamos <em>Fourious Seasons<\/em>)<em>, <\/em>\u201ctengo que sacarme esto de encima. Por favor, esc\u00fachame. Llevo toda la noche d\u00e1ndole vueltas exclusivamente a este asunto, solo a esto, as\u00ed que ay\u00fadame\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lish recort\u00f3 m\u00e1s de 55% del contenido de su libro, le cambi\u00f3 el t\u00edtulo por <em>What We Talk About When We Talk About Love<\/em> (1982) \u2014atendiendo al publicitario ojo carveriano de repetir embriagadamente palabras de uso com\u00fan\u2014, intercambi\u00f3 los nombres de muchos personajes, suprimi\u00f3 otros y tachone\u00f3 la mayor\u00eda de sus finales. Distra\u00eddo por un viaje a Alaska que hizo con su pareja, la escritora Tess Gallagher, el autor firm\u00f3 el contrato sin revisar la nueva versi\u00f3n del manuscrito, y se arrepinti\u00f3 demasiado tarde.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cPor favor ay\u00fadame con esto, Gordon\u201d, le escribe Carver desesperado, \u201csiento que este es el dilema m\u00e1s importante de mi vida, te lo juro. Te pido que me entiendas\u201d. Lish y Carver se conocieron a principios de los a\u00f1os sesenta cuando trabajaron juntos como correctores de libros de texto en California. Lish, quien se apodaba a s\u00ed mismo Capit\u00e1n Ficci\u00f3n, ayud\u00f3 a Carver a publicar un cuento en la revista <em>Squire<\/em>, lo que para \u00e9l, en su momento, fue el mayor logro de su vida (\u201cdespu\u00e9s de esto ya puedo morirme en paz\u201d), y tambi\u00e9n convenci\u00f3 a la editorial McGraw-Hill Book, un sello especializado en no ficci\u00f3n, de apostar por un autor pr\u00e1cticamente desconocido, y ni siquiera con una novela, sino con un conjunto de cuentos que no eran in\u00e9ditos: <em>Will You Please Be Quiet, Please? <\/em>(1976);libro que hoy celebra cincuenta a\u00f1os y es considerado por algunos un cl\u00e1sico del cuento universal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante el proceso de edici\u00f3n de ese primer libro, Carver se la pasaba borracho o internado en cl\u00ednicas de rehabilitaci\u00f3n, por lo que le dio rienda suelta a su editor para que cambiara lo que le diera la gana. La diferencia es que estos textos ya hab\u00edan aparecido en revistas desde hac\u00eda una d\u00e9cada, y aunque Lish tambi\u00e9n elimin\u00f3 algunas frases y alter\u00f3 un par de t\u00edtulos, a Carver le maravill\u00f3 el resultado: \u201cCreo que hiciste un espl\u00e9ndido trabajo recortando y puliendo mis relatos\u201d. La imagen de Carver en esa \u00e9poca coincide con la que venenosamente le recuerda el personaje de Edward Norton al de Michael Keaton en la pel\u00edcula <em>Birdman <\/em>de I\u00f1\u00e1rritu, cuando Keaton le confiesa que quiere adaptar la obra de Raymond Carver porque el autor lo vio en una obra de teatro escolar y le escribi\u00f3 en un portavasos que hab\u00eda hecho una gran actuaci\u00f3n. \u201cTe lo dijo en el portavasos de un bar\u201d, le replica el personaje de Edward Norton, \u201cclaramente estaba borracho y ni sab\u00eda lo que dec\u00eda\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1977, Carver dej\u00f3 el alcohol, pero el 7 de julio de 1980, al descubrir sus cuentos agresivamente transfigurados por Lish, temi\u00f3 una reca\u00edda. \u00c9l cre\u00eda que esos cuentos eran cruciales para recuperarse de su alcoholismo. Carver intenta apelar al lado sentimental de su editor para convencerlo de cancelar la publicaci\u00f3n. Le dice que, despu\u00e9s de su esposa, y ahora de Tess, \u00e9l ha sido y es la persona m\u00e1s importante en su vida. Carver conoci\u00f3 a la escritora Tess Gallagher como compa\u00f1era de la beca Guggenheim en 1979. Se mudaron a El Paso y vivieron juntos por distintas ciudades hasta el d\u00eda de su muerte. Curiosamente, se casaron hasta 1988, once d\u00edas antes de que le detectaran a Carver c\u00e1ncer en el pulm\u00f3n derecho.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;\u201cNo quiero perder tu amor ni tu amistad por esto\u201d, sigue dici\u00e9ndole Carver a su editor, \u201coh dios, claro que no. Ser\u00eda como si muriera una parte de m\u00ed, de mi esp\u00edritu\u201d. A continuaci\u00f3n, trata de razonar por las buenas, suplic\u00e1ndole que no publique el libro as\u00ed, no porque sus soluciones no sean \u201cgeniales\u201d, sino porque \u00e9l es un ser fr\u00e1gil que no podr\u00eda vivir sabiendo que aquello que escribi\u00f3 con todo el dolor de su alcoholismo se presentar\u00e1 incompleto, demacrado. Le concede a Lysh que sin duda \u201csu versi\u00f3n es m\u00e1s art\u00edstica y refinada\u201d, pero aunque la sigan leyendo en cincuenta a\u00f1os, \u201cigual ser\u00e1 mi ruina\u201d. Porque ese libro no es \u00e9l, al menos, no enteramente. Durante cinco p\u00e1ginas, Carver ruega, negocia, sugiere cambios m\u00ednimos, lo adula, le advierte que esa alteraci\u00f3n implicar\u00e1 tal traici\u00f3n a sus palabras que posiblemente nunca m\u00e1s vuelva escribir despu\u00e9s. Trata incluso de sobornarlo, dice que le pagar\u00e1 cada centavo por el tiempo que pas\u00f3 trabajando en el manuscrito con tal de que no publique su libro trasquilado; le propone incluso que un cuento, al que Lish le recort\u00f3 75% del contenido (\u201cMr.Coffee and Mr. Fixit\u201d), de plano lo suprima: \u201cPor favor haz lo necesario para detener esta publicaci\u00f3n. Por favor trata de perdonarme, perdona este incumplimiento. Ray\u201d. As\u00ed cierra la dolorosa carta firmada con ese tierno ap\u00f3cope que jam\u00e1s relacionar\u00edamos con lo que hoy se conoce como lo \u201ccarveriano\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gordon Lysh ignor\u00f3 la carta, forz\u00f3 la legalidad del contrato e hizo cuanto estuvo en su poder para que el libro se distribuyera inmediatamente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por supuesto, a diferencia de <em>Will You Please Be Quiet, Please?<\/em>, que tuvo muy pocas aunque favorables cr\u00edticas, <em>What We Talk About When We Talk About Love<\/em> fue un rotundo \u00e9xito que le abri\u00f3 a Carver la puertas doradas de la literatura estadounidense. En 1982, el productor Carlo Ponti contrat\u00f3 a Carver y a Gallagher para que reescribieran ungui\u00f3n sobre la vida de Dostoievski; la pel\u00edcula nunca lleg\u00f3 a realizarse, pero con el dinero se compraron un coche al que Tess llamaba \u201cel mercedes que nos compr\u00f3 Dostoievski\u201d. Al a\u00f1o siguiente, Carver public\u00f3 <em>Cathedral<\/em> (1983), otra vez bajo el cuidado editorial de Gordon Lish en la editorial Knopf, pero en esta ocasi\u00f3n \u00e9l se aferr\u00f3 a que apareciera sin distorsiones uno de sus cuentos m\u00e1s largos \u201cA Small, Good Thing\u201d, que ten\u00eda 11\u2005000 palabras y en la colecci\u00f3n anterior Lish lo redujo a 2\u2005500, cambiando su t\u00edtulo por \u201cThe Bath\u201d (con el que, por cierto, gan\u00f3 el Carlos Fuentes Fiction Award) y le advirti\u00f3 con seriedad a su editor confianzudo: \u201cNo hace falta que te recuerde que para m\u00ed es fundamental que no anden cambi\u00e1ndome los t\u00edtulos ni el texto\u201d. Lish, a rega\u00f1adientes, se limit\u00f3 a hacer cambios m\u00ednimos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPero cu\u00e1l es el mejor Carver, o la esencia de Carver?, podr\u00eda preguntarme como lo hizo Alessandro Baricco en su espl\u00e9ndido ensayo \u201cEl hombre que reescrib\u00eda a Carver\u201d:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2026La curiosidad no es la de entender si es m\u00e1s bello el cuento como lo escribi\u00f3 Carver o como sali\u00f3 de la tijera de Gordon Lish. Lo interesante es descubrir, bajo las correcciones, el mundo original de Carver. Es como llevar a la luz un cuadro sobre el cual alguien ha pintado despu\u00e9s otra cosa. Usas un solvente y descubres mundos ocultos [\u2026] Pero otro es el punto que me parece m\u00e1s interesante. Descubrir que uno de los m\u00e1ximos modelos de la cultura narrativa contempor\u00e1nea es un modelo artificial. Nacido en laboratorio. Y sobre todo: descubrir que el mismo Carver no estaba capacitado para mantener aquella mirada impasible sobre el mundo que sus cuentos ostentan. [\u2026] Gordon Lish tuvo que intuir, por el contrario, que la visi\u00f3n pura y simple de aquellos desiertos helados era lo que aquel hombre ten\u00eda de revolucionario. Y era lo que los lectores ten\u00edan ganas de que se les narrara. Borr\u00f3 minuciosamente todo lo que pod\u00eda calentar aquellos paisajes y, cuando era necesario, a\u00f1ad\u00eda a\u00fan m\u00e1s hielo. Desde un punto de vista editorial \u00e9l ten\u00eda la raz\u00f3n: construy\u00f3 la fuerza de un verdadero y propio modelo in\u00e9dito. \u00bfPero el punto de vista editorial es el mejor punto de vista?<\/p>\n<\/blockquote>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta \u00faltima pregunta que se hac\u00eda Baricco en 1999 sigue vigente en un mundo donde los corporativos editoriales, basados en estudios de mercado, modas y tendencias de redes, dictan la tiran\u00eda tem\u00e1tica sobre la que un escritor tiene o no permiso de escribir. Por eso yo no me puedo quedar con el Raymond Carver de <em>What We Talk About When We Talk About Love<\/em> adulterado por Gordon Lish, porque eso significar\u00eda ponerse de parte del editor todopoderoso, pero tampoco me quedo con el Carver p\u00f3stumo de Beginners, esas versiones originales quiz\u00e1 demasiado extensas que, seg\u00fan su viuda, horrorizaron a su traductor al japon\u00e9s, Haruki Murakami, no porque fueran malas sino porque \u201csent\u00eda tan dentro de s\u00ed la presencia de Carver que le horrorizaba concluir la edici\u00f3n de sus obras completas\u201d. Junto con tres cuentos que hallaron en un caj\u00f3n, eso era lo \u00faltimo que quedaba por descubrir de la poderosa y extraordinaria voz de Raymond Carver, por lo que resulta muy dif\u00edcil juzgar su calidad sin la nostalgia de lo p\u00f3stumo y el coraje que da la tijera impiadosa de su editor. Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 no quedarnos mejor con la juventud de ambos? Donde autor y editor no eran tan prepotentes ni tan mercantilmente racionales, y donde intuitiva o et\u00edlicamente conjuntaron uno de los m\u00e1s grandiosos libros de cuentos de las letras universales: <em>Will You Please Be Quiet, Please?<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">II<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una reciente entrevista que le hizo Soto Ivars al traductor espa\u00f1ol Enrique Murillo \u2014a quien debemos la publicaci\u00f3n en nuestra lengua de cl\u00e1sicos modernos como <em>La conjura de los necios<\/em> de John Kennedy Toole o la obra de Truman Capote\u2014, ese adorable y sabio octogenario confes\u00f3 que cuando Jorge Herralde lo consult\u00f3 sobre si era id\u00f3neo publicar la obra de Carver en Anagrama, \u00e9l lo desaconsej\u00f3. Ni su primer libro ni el segundo le llenaron el ojo. Su renuencia se justifica si consideramos que Murillo tradujo magistralmente la obra de autores artesanales que hibridan discursos acad\u00e9micos complejos como Nabokov, Barnes o Amis, por lo que quiz\u00e1s el realismo minimalista y g\u00e9lido de Carver le result\u00f3 demasiado mundano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los veinte a\u00f1os, Carver recibi\u00f3 un consejo de su primer mentor, John Gardner, quien en <em>El arte de la ficci\u00f3n<\/em> despotric\u00f3 contra los escritores ambiguos o demasiado herm\u00e9ticos: \u201cEscribe en el idioma com\u00fan, el que usamos a diario para comunicarnos, nada de brumas ni vaguedades, ni palabras empa\u00f1adas\u201d. Carver, que nunca hab\u00eda conocido a alguien que hubiera escrito o publicado un libro, y cuyos cuentistas de cabecera eran, con la salvedad de Chejov, modelos inusuales, como Frank O. Connor, V. S. Prichett, o Isaac Babel \u2014de este copiaba sus mejores frases en todas sus libretas\u2014, asumi\u00f3 el consejo llev\u00e1ndolo a su m\u00e1xima exageraci\u00f3n reiterando su famoso <em>dijo<\/em>, como clave de tensi\u00f3n dial\u00f3gica, hasta cincuenta veces en todos sus relatos; algo que cualquier tallerista en la actualidad suprimir\u00eda de tajo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien Carver es un escritor transparente a nivel idiom\u00e1tico \u2014leerlo en su lengua original con un nivel b\u00e1sico de ingl\u00e9s es mucho m\u00e1s sencillo que tratar de descifrar los gachupinismos de Anagrama\u2014 las capas de profundidad de su prosa cincelan atm\u00f3sferas que siempre contagian una sensaci\u00f3n de enigma. No porque sus conflictos nos resulten ajenos, al contrario, Carver tiene una asombrosa capacidad \u2014como esas series perspicaces e intemporales, estilo Seinfield, que cuentan con un cap\u00edtulo para explicar cada problema de la vida cotidiana\u2014 de evocar los sinsentidos m\u00e1s neur\u00f3ticos del mundo occidental.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos amigos me cuentan que sus vecinos se fueron de vacaciones y les pidieron cuidar su departamento y regar sus plantas. Me dijeron que al entrar ah\u00ed sintieron como si fueran otras personas y hubieran reinventado su relaci\u00f3n amorosa en un espacio dom\u00e9stico paralelo. Ese es uno de mis cuentos favoritos de Raymond Carver, les digo, se titula \u201cNeighbors\u201d y ha sido homenajeado en numerosas pel\u00edculas y comedias televisivas. A Carver se le ocurri\u00f3 la idea en Tel Aviv, donde lo invitaron a dar un curso universitario en el que no se sinti\u00f3 nada c\u00f3modo, por lo que se hosped\u00f3 unos d\u00edas en la casa vac\u00eda de unos amigos. Le pareci\u00f3 tan poderosa la sensaci\u00f3n de reinventar su personalidad en otra escenograf\u00eda, que estuvo dos a\u00f1os obsesionado con su significado y escribi\u00f3 decenas de p\u00e1ginas que, al final, en acuerdo con Gordon Lish, redujeron a la mitad, por lo que Carver tem\u00eda que \u201chubiera quedado demasiado corto, demasiado el\u00edptico, sutil o inhumano\u201d. En el verano de 1971, la mancuerna traz\u00f3 con ese cuento los primeros cimientos de lo que hoy llamamos \u201clo carveriano\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y el otro d\u00eda, hablando de esa obsesi\u00f3n que tiene el presidente de EUA de invadir Groenlandia, coment\u00e9 que si lo que quer\u00edan los yanquis era una posici\u00f3n estrat\u00e9gica en el \u00c1rtico ya ten\u00edan Alaska. A lo que un colega, con toda naturalidad me pregunto: \u00bfQu\u00e9 hay en Alaska? Y otra vez pens\u00e9 que estaba en un cuento de Carver. Record\u00e9 ese c\u00f3mico episodio de <em>Stranger Things<\/em> que lo homenajea, donde Winona Ryder finge un viaje a Alaska para rescatar al polic\u00eda que se qued\u00f3 atrapado en el mundo al rev\u00e9s y su hijo se pasa todo el cap\u00edtulo fumando marihuana pregunt\u00e1ndose: \u201c\u00bfQu\u00e9 hay en Alaska?\u201d, t\u00edtulo de uno de los cuentos mejor logrados a nivel atmosf\u00e9rico en <em>Will you Please Be Quiet, Please<\/em>?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces tengo ganas de contestarle a estas personas: \u00bfQuieren hacer el favor de leer a Raymond Carver, por favor? Una novia que estaba haciendo una dieta vegetariana sol\u00eda reclamarme cada vez que me ve\u00eda comer grasas cal\u00f3ricas; como si ella, por \u00f3smosis o absorci\u00f3n visual de prote\u00ednas, engordara solo con verme deshuesar unas costillas BBQ. \u201cEs el cuento \u2018Fat\u2019 \u2014le dije con la cara manchada de salsa agridulce\u2014, primer relato del libro y uno de los peorcitos de Carver\u201d. As\u00ed voy por la vida, como esos seres fastidiosos que derivan cualquier dilema cotidiano en un chiste de <em>Los Simpsons<\/em>, del mismo modo yo traduzco cada enigma de mi c\u00edrculo social en tramas carverianas: beb\u00e9s que no se parecen a sus padres, amigos que tienen citas con gente que les llam\u00f3 azarosamente por tel\u00e9fono, novias que no te dejan dormir hablando del fin del mundo, vendedores de aspiradoras que no aceptan un no por respuesta, adolescentes que se vuelan las clases para ir a pelearse con otros chicos, divorciados que se infantilizan al retornar a la casa materna, se\u00f1ores decr\u00e9pitos que quieren asegurarse de que sus esposas se vean guapas pero que no las piropeen en el trabajo. Matrimonios rotos. Hijos estorbosos. Celos retrospectivos. Todos los que me bombardean con sus perogrulladas melodram\u00e1ticas, \u00bfquieren hacer favor de leer a Carver, por favor?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los veintid\u00f3s cuentos de este libro, que apareci\u00f3 en 1976 pero fueron publicados en revistas desde 1963, son una radiograf\u00eda ic\u00f3nica del auge y ca\u00edda del sue\u00f1o americano de los a\u00f1os sesenta; y, espec\u00edficamente, del hombre de mediana edad desidealizado en todo su patetismo, algo que han reflejado magistralmente series que tanto le deben a Carver, como BoJack Horseman o Mad Men.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed llegamos al \u00faltimo cuento, que intitula el conjunto, quiz\u00e1 el m\u00e1s chejoviano de Carver junto con el tard\u00edo \u201c<em>Errand<\/em>\u201d (1987) \u2014que trata espec\u00edficamente de la muerte de Chejov\u2014, \u201c<em>Will You Please Be Quiet, Please?<\/em>\u201d. Este hermoso relato, como \u201cLa dama del perrito\u201d, como \u201cPor un bistec\u201d o \u201cEl Sur\u201d, es un cuento con un argumento sumamente simple, pero su tratamiento desprende interrogantes infinitamente complejas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un hombre descubre en una charla casual con su esposa, que esta le fue infiel tres a\u00f1os atr\u00e1s. Antes ya hab\u00eda captado algo peculiar en ella, durante su luna de miel en Guadalajara, donde compar\u00f3 a su esposa con la fotog\u00e9nica actriz de una pel\u00edcula a la que \u00e9l no pertenec\u00eda. En M\u00e9xico se le revela \u201cun instante de hondo dramatismo al que Marian pod\u00eda pertenecer, pero \u00e9l no\u201d. Ese min\u00fasculo y devastador detalle, y la casual charla que ocurrir\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s, obliga a este hombre a replantearse su vida entera a trav\u00e9s de gestos y mutismos en una noche s\u00f3rdida donde termina compartiendo su historia con unos apostadores en un bar, y como en el cuento <em>La tristeza<\/em> de Chejov, nadie le hace caso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al salir del bar, un negro le da una paliza y el hombre, maltrecho y humillado, vuelve a casa al amanecer, donde se encuentra con sus hijos peque\u00f1os que le piden, en\u00e9rgicos y traviesos, que les cuente una historia. \u201cEs muy temprano para historias\u201d, le dice la mayor a su hermanito y el hombre desesperanzado opta por encerrarse en el ba\u00f1o, como bicho kafkiano, y desde ah\u00ed escucha a su esposa, preocupada, pidi\u00e9ndole que abra la puerta para curar sus heridas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfPuedes hacer el favor de callarte, por favor?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La repetici\u00f3n del <em>please<\/em> no es gratuita en la tradici\u00f3n del cuento el\u00edptico. Cualquier ojo avispado en el g\u00e9nero reconocer\u00eda uno de los cuentos m\u00e1s c\u00e9lebres de la literatura, <em>Colinas como elefantes blancos<\/em> de Ernst Hemingway, que hoy los talleristas predican con aires de superioridad para explicar la c\u00e9lebre Teor\u00eda del Iceberg: el cuento se construye a trav\u00e9s de lo que no se enuncia, el cuerpo g\u00e9lido del conflicto est\u00e1 oculto en las profundidades de un oc\u00e9ano de incertidumbre y \u2014estaba en boga el hundimiento del Titanic por ese entonces\u2013, solo la punta de los acontecimientos se manifiestan en la superficie. Carver, como los grandes escritores inspirados en un maestro (el suyo ser\u00eda Hemingway), se cuid\u00f3 de dinamitar desde sus inicios cualquier posible vaso comunicante con el autor de <em>Adi\u00f3s a las armas<\/em> en uno de los primeros cuentos que public\u00f3, <em>The Aficionados<\/em> (1963), donde hizo una corrosiva parodia de Hemingway y sus faenas toreras. Pero aun as\u00ed, a\u00f1os despu\u00e9s, se le qued\u00f3 grabado el repetido <em>please<\/em> como un grito de desesperaci\u00f3n que hace emerger el conflicto desde las profundidades de un esp\u00edritu roto. El cuento de Hemingway nos presenta una anodina charla entre dos mochileros gringos que viajan por Europa, la cual revela, por medio de implicaturas y ecos camuflados, una violenta discusi\u00f3n donde un hombre instiga pasiva-agresivamente a su pareja a abortar. El lector incauto no se entera de nada. La palabra <em>aborto<\/em> no se enuncia nunca, pero cuando la chica ya no puede m\u00e1s, le grita: \u201c<em>Would you please please please please please please please stop talking?<\/em>\u201d [\u00bfPuedes por favor por favor por favor por favor por favor por favor por favor dejar de hablar?]. Las siete reiteraciones del <em>please<\/em> le manifiestan al lector incauto que hay algo m\u00e1s all\u00e1 de las colinas que se parecen a elefantes blancos. El episodio en el cuento de Carver juega con esa intertextualidad impl\u00edcita y culmina con un hombre roto, \u201csentado en el borde de la tina, con un zapato en la mano, que mira los barcos que se abren paso a trav\u00e9s del salvaje mar azul en la cortina de la regadera\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Raymond Carver muri\u00f3 a los cincuenta a\u00f1os un martes 2 de agosto de 1988 a las 6:20 de la ma\u00f1ana, exactamente un mes y medio despu\u00e9s de que le diagnosticaran c\u00e1ncer en el pulm\u00f3n derecho. En su l\u00e1pida se lee el epitafio: \u201cPoeta, Cuentista, Ensayista\u201d. En ese orden.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">*<em>Todas las traducciones son m\u00edas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Bibliograf\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Carver, Raymond, <em>Collected Stories<\/em>, edici\u00f3n de William L. Stull y Maureen P. Carroll, The Library of America, Nueva York, 2009.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Baricco, Alessandro, \u201cEl hombre que reescrib\u00eda a Carver\u201d, <em>Confabulario<\/em>, <em>El Universal,<\/em> 4 agosto de 2025, <a href=\"https:\/\/confabulario.eluniversal.com.mx\/el-hombre-que-reescribia-a-carver\/?utm_source=chatgpt.com\">https:\/\/confabulario.eluniversal.com.mx\/el-hombre-que-reescribia-a-carver\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Carver, Raymond, <em>Todos los cuentos<\/em>, \u201cEp\u00edlogo\u201d de Tess Gallagher, Anagrama, Barcelona, 2024.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ernest Hemingway, \u201cHills Like White Elephants\u201d, en <em>Men Without Women<\/em>, Warbler Classics Annotated Edition, Warbler Classics, 2024.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2026 la visi\u00f3n que siempre habr\u00eda de recordar, la que m\u00e1s lo perturbaba, no ten\u00eda nada que ver con M\u00e9xico. Raymond Carver&nbsp; I Conozco pocas cartas tan desoladoras como aquella que le mand\u00f3 Raymond Carver a su editor, Gordon Lish, tras una noche de insomnio la ma\u00f1ana del 8 de julio de 1980. \u201cQuerido Gordon\u201d, &#8230; <a title=\"\u00bfQUIERES HACER EL FAVOR DE LEER A CARVER, POR FAVOR?\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59206\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre \u00bfQUIERES HACER EL FAVOR DE LEER A CARVER, POR FAVOR?\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59905,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6],"tags":[3427,72,479,3428,405,3429],"ppma_author":[2783],"class_list":["post-59206","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-editor","tag-ensayo","tag-escritor","tag-gordon-lish","tag-literatura","tag-raymond-carver","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2783,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"alejandro-espinosa-fuentes","display_name":"Alejandro Espinosa Fuentes","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Alejandro","last_name":"Espinosa Fuentes","user_url":"","job_title":"","description":"(Ciudad de M\u00e9xico, 1991) Narrador, poeta, editor, traductor y ensayista. Estudi\u00f3 la carrera de Letras Hisp\u00e1nicas en la UNAM, la maestr\u00eda en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid. Ha publicado los libros <em>Los designios del imaginero<\/em> (2012) y <em>Agenbite of inwit<\/em> (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela \u201cJos\u00e9 Revueltas\u201d por <em>Nuestro mismo idioma<\/em> (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento \u201cJulio Torri\u201d 2019 por <em>Son\u00e1mbulos<\/em>. En 2023 public\u00f3 su tercera novela <em>Mundo anclado<\/em> (NitroPress, pr\u00f3logo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antolog\u00edas como <em>Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia<\/em> (FCE, 2021) y <em>La lectura al centro: 55 autobiograf\u00edas lectoras<\/em> (UNAM, 2022), as\u00ed como en la revista <em>Quimera, Barcarola, El Universal, Exc\u00e9lsior,Tierra Adentro y Luvina<\/em>. Como editor ha elaborado las antolog\u00edas narrativas <em>Lo fant\u00e1stico no existe<\/em> (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2020), <em>De narcos a luchadores<\/em> (Contrabando, 2019) y <em>El misterio de los seres espaciales<\/em> (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores. 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