{"id":59194,"date":"2026-02-20T13:44:44","date_gmt":"2026-02-20T19:44:44","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57766"},"modified":"2026-09-24T11:19:22","modified_gmt":"2026-09-24T17:19:22","slug":"therian-o-el-derecho-a-imaginar-en-tiempos-de-devastacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59194","title":{"rendered":"Therian o el derecho a imaginar en tiempos de devastaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Nuestra familia es modesta, mi madre es una vaca.<\/em><br>Leonora Carrington<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1994, en Ohio, comenzaron a circular testimonios de j\u00f3venes que se identificaban con animales. Un grupo que, a primera vista, podr\u00eda parecer una manada de diversas especies, en realidad expresaba una decisi\u00f3n que iba m\u00e1s all\u00e1 de la met\u00e1fora po\u00e9tica o de un gusto pasajero: afirmaban sentirse, de manera profunda, ligados a la experiencia interior de un lobo, un felino o un ave. Aquellos primeros espacios \u2014intensamente afectivos\u2014 fueron el germen de lo que hoy conocemos como el fen\u00f3meno <em>therian<\/em>. Un territorio simb\u00f3lico donde la identidad se expande m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la especie, pues pone en tensi\u00f3n el antropoceno y revela el derecho a elegir una forma de existencia que rompe con el eje binario y manifiesta el deseo de conexi\u00f3n con aquello que no hemos sabido comprender. Se convierte, as\u00ed, en una forma de resistencia afectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a las miradas incr\u00e9dulas que, desde sus sofocos, reproducen la violencia simb\u00f3lica y digital, la comunidad <em>therian <\/em>no \u201cfinge\u201d ser un animal: su sensibilidad le permite generar un lazo simb\u00f3lico y espiritual con aquellos seres que siempre han estado sujetos a los procesos de devastaci\u00f3n de especies, exacerbando el derecho colonial de apropiarse de todo cuanto el heteropatriarcado desea \u2014cuerpos, especies, recursos naturales\u2014 y un deseo de capital que no conoce l\u00edmites. Estas formas de comunidad afectiva descolocan profundamente el orden racionalista de Occidente; en su gesto se expone la violencia del r\u00e9gimen binario y, al mismo tiempo, la posibilidad del derecho a imaginar. Ante la raz\u00f3n necropol\u00edtica, nada que se sit\u00fae fuera de su frontera tiene derecho a existir: frente a la idea de crear un mundo distinto, solo ofrece la negaci\u00f3n de la vida. Desde aquellas primeras comunidades en Ohio hasta los actuales espacios digitales y sus propios contenidos, lo que se ha consolidado no es una extravagancia, sino una comunidad afectiva y simb\u00f3lica que busca sobrevivir a la devastaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vivimos un tiempo necropol\u00edtico en el que la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica se ha vuelto paisaje y no excepci\u00f3n. Nosotros mismos, como especie, nos hallamos sometidos a la l\u00f3gica de la muerte y el residuo. El mundo est\u00e1 en guerra y parece que nadie puede salvarse: bosques convertidos en polvo, mares saturados de pl\u00e1stico y radiaci\u00f3n, especies borradas del aire y del agua. Sus huellas apenas circulan en los m\u00e1rgenes del discurso; el peligro de extinci\u00f3n de cientos de especies parece no importar frente a las ganancias territoriales. En medio de esa muerte expandida, los <em>therian<\/em> emergen como una marea que defiende el derecho a imaginar otras formas de comunidad y de lazo afectivo. Su gesto no es balad\u00ed: es pol\u00edtico. Imaginarse desplazado, pensarse como otro ser vivo, habitarse desde el cuerpo de un animal, es una manera de resistir la l\u00f3gica que todo lo mercantiliza y violenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante las corporalidades que no se alinean al mandato heteropatriarcal, frente a las pedagog\u00edas de la crueldad y las cient\u00edficas formas de exterminio de nuestros pares, comunidades de adolescentes y j\u00f3venes resignifican la suya. Nos acercan no solo a met\u00e1foras que rompen los dualismos, sino a la posibilidad de reinterpretar lo poshumano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Donna Haraway propone, desde una mirada cr\u00edtica a la supremac\u00eda humana, recuperar las experiencias que nos permiten encontrar formas de frenar la devastaci\u00f3n. Su idea de lo poshumano confronta la experiencia antropoc\u00e9ntrica frente a las nuevas tecnolog\u00edas, pero al girar hacia el encuentro con otras realidades nos invita a mirar a las especies de compa\u00f1\u00eda como lugares donde reside el eco afectivo, la ternura y la paz que sentimos en el calor de nuestros cachorros multiespecie. En <em>Seguir con el problema<\/em> escribe<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi narraci\u00f3n multiespecies trata sobre la recuperaci\u00f3n en historias complejas tan llenas de muerte como de vida, tan llenas de finales \u2014y hasta de genocidios\u2014 como de principios. Ante el implacable y exorbitante sufrimiento hist\u00f3ricamente espec\u00edfico en los anudamientos de especies compa\u00f1eras, no me interesa la reconciliaci\u00f3n ni la restauraci\u00f3n; m\u00e1s bien, estoy profundamente comprometida con las posibilidades m\u00e1s modestas de la recuperaci\u00f3n parcial y el mutuo entendimiento (Haraway, 2019, p. 38).<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que esas posibilidades las encarne una comunidad cuya poblaci\u00f3n fluct\u00faa entre los doce y veinticinco a\u00f1os nos obliga a mirar lo que hemos hecho por nuestras infancias y juventudes. Son personas que vivieron su infancia en resguardo durante la crisis sanitaria y cuyos v\u00ednculos afectivos se generaron a trav\u00e9s de dispositivos y redes sociales. Perdieron el derecho a la calle, y aun antes de la pandemia ya habitaban un mundo de encierros: la violencia, la inseguridad, la guerra contra el narcotr\u00e1fico. M\u00e1s de una d\u00e9cada de guerra, una sobreexposici\u00f3n a la violencia, una existencia precarizada y la proyecci\u00f3n constante de la devastaci\u00f3n han configurado una vida dif\u00edcilmente habitable. En ese espacio hostil, el adultocentrismo y el miedo a la diferencia alimentan la crueldad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los <em>therian<\/em>, entonces, no exponen un capricho identitario: trazan un umbral ontol\u00f3gico en el que se entrelazan la sensibilidad, la memoria som\u00e1tica y la imaginaci\u00f3n como potencia pol\u00edtica. Su proceso identitario no se agota en la etiqueta ni en la est\u00e9tica performativa: implica una escucha atenta a los ritmos corporales, a los silencios que escapan al lenguaje humano, a una percepci\u00f3n ampliada de s\u00ed que se desplaza entre g\u00e9neros, alteridades y espejismos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta identidad se genera en comunidad. Hace m\u00e1s de tres d\u00e9cadas, ante la proliferaci\u00f3n de neoidentidades colectivas y los lazos afectivos que las sostienen, Michel Maffesoli sosten\u00eda que el fin de la modernidad no significaba la extinci\u00f3n de las formas de socializaci\u00f3n. En los intersticios de las grandes estructuras y las crisis, emergen nuevas formas de identidad que proponen otras maneras de existir:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gran inter\u00e9s que encierra la llamada de atenci\u00f3n lanzada m\u00e1s arriba: el hecho de que el dinamismo social no adopte ya los m\u00e9todos propios de la Modernidad no significa que haya dejado de existir. Y, siguiendo el trayecto antropol\u00f3gico que he indicado antes, podemos estar asimismo en condiciones de mostrar que hay una vida casi animal que recorre en profundidad las diversas manifestaciones de la socialidad (Maffesoli, 1990, p. 25).<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre los debates en torno al nacimiento de otras identidades y la proliferaci\u00f3n de violencia simb\u00f3lica en las redes, advertimos que el rechazo surge por no alinearse a los mecanismos institucionales. Las comunidades <em>therian<\/em>, al poner en tensi\u00f3n la idea misma de \u201cespecie humana\u201d, proponen otras formas de estar y de generar mundo. En sus v\u00ednculos aflora una \u00e9tica del cuidado y del acompa\u00f1amiento que contrasta con las formas neoliberales de sociabilidad l\u00edquida y desafecci\u00f3n. All\u00ed, la amistad no es un <em>like<\/em>: es una conversaci\u00f3n prolongada sobre umbrales de sentido y territorios interiores, cuerpo a cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el coraz\u00f3n de esta emergencia est\u00e9tica y simb\u00f3lica late una pregunta radical: \u00bfqui\u00e9n decide qu\u00e9 corporalidades merecen ser reconocidas, respetadas, escuchadas y amadas? Ante la devastaci\u00f3n ecol\u00f3gica \u2014esa necrosis de paisajes, especies y saberes\u2014 la comunidad <em>therian<\/em> propone que el derecho a imaginar es un derecho pol\u00edtico. Imaginar nuestra relaci\u00f3n con otros animales no es un capricho on\u00edrico, sino una apuesta \u00e9tica por recuperar fragmentos de un tejido com\u00fan que el capitalismo extractivo ha destrozado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta sensibilidad nos acompa\u00f1a desde Di\u00f3genes de S\u00ednope hasta el surrealismo y, por supuesto, la literatura latinoamericana. Encuentra ecos en Max Ernst, en sus <em>collages<\/em> donde los cuerpos humanos estallan en metamorfosis: p\u00e1jaros que piensan, mujeres con alas, bosques que respiran. En el caso de las pintoras surrealistas, Leonora Carrington y Remedios Varo so\u00f1aron con esa frontera diluida donde los animales proponen otras formas de sentir y de vincularse con el mundo material y el de los sue\u00f1os. Francisco Toledo extendi\u00f3 esa genealog\u00eda hacia lo pol\u00edtico: sus iguanas, jaguares, primates y ranas no son alegor\u00edas, sino compa\u00f1eros de lucha; seres que invocan el equilibrio roto entre la vida humana y la no humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser <em>therian<\/em>, en este sentido, es tambi\u00e9n continuar una tradici\u00f3n art\u00edstica que disloca la identidad y cruza los umbrales de lo posible. As\u00ed como Carrington pintaba su propio cuerpo metamorfoseado en caballo o en p\u00e1jaro para hablar del deseo y la libertad, tambi\u00e9n escribi\u00f3 relatos donde la animalidad prevalece ante la crueldad humana. Los j\u00f3venes <em>therian<\/em> encarnan esa imaginaci\u00f3n como herramienta de reparaci\u00f3n simb\u00f3lica: una apuesta por la ternura, por el llamado de la naturaleza y por formas de comunidad en espacios virtuales y p\u00fablicos. All\u00ed donde el necrocapitalismo global s\u00f3lo ve cuerpos para producir, ellos reinventan el cuerpo como espacio de v\u00ednculo, de reencuentro con lo animal, de refugio emocional frente a la cat\u00e1strofe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el siglo XX proclam\u00f3 la raz\u00f3n, el progreso y la productividad como dogmas \u2014y con ello la explotaci\u00f3n de las corporalidades femeninas y disidentes\u2014, el XXI parece llamado a reivindicar el derecho a imaginar. No huyen del mundo: inventan maneras de permanecer en \u00e9l. No buscan regresar a lo salvaje, sino volver a sentir que la vida, incluso en su forma m\u00e1s m\u00ednima, merece ser acompa\u00f1ada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa es la llamada de atenci\u00f3n, la urgencia que debemos asumir como sociedad: acompa\u00f1ar y comprender a quienes no nos deben un futuro, sino a quienes les debemos un presente. El <em>therianismo<\/em> no es una rareza digital, sino una forma contempor\u00e1nea de espiritualidad laica; un intento por habitar el presente desde la comuni\u00f3n con lo que a\u00fan queda vivo. Al escucharlos, al observar sus rituales cotidianos \u2014dibujos, nombres adoptados, comunidades de apoyo\u2014 comprendemos que en ellos hay una fuerza po\u00e9tica que el pensamiento racional no logra contener.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 lo que nos proponen, sin decirlo, es una nueva \u00e9tica de la sensibilidad: una est\u00e9tica m\u00e1s all\u00e1 del necrocapitalismo y, por supuesto, de los algoritmos. Cuidar, imaginar, acompa\u00f1ar. Ser con quienes habitamos, m\u00e1s all\u00e1 de lo que ha significado ser humano. En un mundo que insiste en despojarnos de la esperanza, los <em>therian<\/em> nos devuelven el impulso m\u00e1s humano que queda: la capacidad de imaginar un refugio y hacerlo habitable.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestra familia es modesta, mi madre es una vaca.Leonora Carrington En 1994, en Ohio, comenzaron a circular testimonios de j\u00f3venes que se identificaban con animales. 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