{"id":59189,"date":"2026-01-20T07:00:00","date_gmt":"2026-01-20T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57534"},"modified":"2026-09-25T10:16:42","modified_gmt":"2026-09-25T16:16:42","slug":"cartografia-de-los-dinosaurios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59189","title":{"rendered":"Cartograf\u00eda de los dinosaurios"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Recuerdo y veo un parque oto\u00f1al. En sus anchas avenidas se amontonan y pudren las hojas y debajo palpitan t\u00edmidos sapos color musgo que llevan una coronita de oro en la cabeza. Porque nadie lo sabe, pero la verdad es que todos los sapos son pr\u00edncipes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><strong>Mar\u00eda Luisa Bombal<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">El problema es que las historias de los ni\u00f1os siempre llegan como revueltas, llenas de interferencias, casi tartamudeadas. Son historias de vidas tan devastadas y rotas, que a veces resulta imposible imponerles un orden narrativo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><strong>Valeria Luiselli<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Un mu\u00f1eco podrido bajo tierra en un jard\u00edn y las ciruelas perdiendo el gusto \u00e1cido en el agua. Tras las carcomidas lanzas de madera de una reja se le pegan los p\u00e9talos en los labios a un ni\u00f1o que muerde flores rojas. Y yo con mis grandes manos, desde lejos, comienzo a tocar el piano de juguete. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><strong>Gonzalo Mill\u00e1n<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Preciosa Soledad. Preciosos son. Son preciosos los ni\u00f1os aplastados sobre el maicillo como fruta madura. Son unos preciosos, pap\u00e1. Algunos son tan preciosos que me dan ganas de ganar este juego. Algunas tan preciosas que me dan ganas de enamorarme, de enamorarme y sufrir como sufren los adolescentes. Pero no me enamoro porque soy una peque\u00f1a y no se me antoja sufrir. Se me antoja, mejor, este juego y la risa descontrolada de la Meri, se me antoja el placer de los ni\u00f1os aplastados sobre el maicillo como fruta madura. Son preciosos, amoratados como un arco\u00edris. Se aplastan contra el horizonte como un atardecer. Se derraman. Arrebolados, arrebozados, ruborizados, rotulados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema no es la ca\u00edda ni mucho menos el cuadro precioso que de ella resulta. El problema es m\u00e1s bien que, una vez levantados del suelo, se los llevan a sus casas. A veces, dependiendo de qu\u00e9 tan dram\u00e1ticos son sus padres, no los dejan volver por un par de d\u00edas. Yo me desvelo intentando adivinar de qu\u00e9 color se han puesto sus pieles. A veces no vuelven a la plaza. Seguimos coreando su nombre en la ronda, pero nadie se entera del color precioso que pueden haber tomado sus pieles amoratadas. Jam\u00e1s. Seguimos coloreando su nombre en la ronda, coreando las pieles. Me los imagino marmolados, chirimoya alegre. Son preciosos, pap\u00e1, tan preciosos que me dan ganas de ganar este juego y que los dinosaurios agrieten el suelo de la plaza y broten con sus cuellos enormes como toboganes. Me dan ganas de ganar y que los dinosaurios crezcan y desentierren de entre el maicillo a todos los cuerpos amoratados de los ni\u00f1os aplastados que no pudieron volver a la plaza. Preciosos, que es una maravilla verlos, pap\u00e1, derramados por el suelo como un fresco. Preciosas que me dan ganas de enamorarme. Frescos como chirimoyas. Alegres como un frasco de moras. Preciosas que me dan ganas de amoratarme. Pero soy una peque\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">* * *<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un dos tres por m\u00ed. Dominica, te dije que no estamos jugando. S\u00ed estamos jugando, lo que pasa es que t\u00fa est\u00e1s perdiendo y no te gusta perder. Yo creo que a nadie le gusta perder. \u00bfA ti te gusta perder acaso? No me gusta perder, pero me gusta jugar y por eso juego igual. Y por eso yo gano y por eso t\u00fa pierdes. \u00bfY c\u00f3mo vas a ganar si no estamos jugando? T\u00fa no est\u00e1s jugando. Yo estoy jugando y estoy ganando. Y cuando juegan en la plaza, \u00bfqui\u00e9n gana? Cuando jugamos en la plaza todav\u00eda no ha ganado nadie, po\u2019, por eso seguimos jugando. Cuando jugamos en la plaza a veces gana la Meri, cuando alguien se pierde. A veces gana el Andr\u00e9s, pero muy pocas veces. Yo no gano nunca, porque si yo gano se termina el juego. Por eso seguimos jugando. Cuando jugamos en la plaza no podemos dejar de jugar porque reci\u00e9n empezamos a plantar los huevos y se demoran muchos d\u00edas en crecer los huevos. \u00bfCu\u00e1ntos d\u00edas se demoran? Muchos. Muchos, muchos. Como se demoran muchos d\u00edas, tenemos que seguir jugando para que crezcan. \u00bfY qu\u00e9 hacen cuando se van para la casa? \u00bfSe termina el juego? \u00bfEst\u00e1n en boli? No, no se termina el juego, no estamos en boli. Un dos tres por m\u00ed. Todav\u00eda estamos jugando, lo que pasa es que t\u00fa est\u00e1s perdiendo y no te gusta perder. \u00bfY entonces qu\u00e9 tengo que hacer yo para dejar de perder? T\u00fa puedes empollar los huevos. O, mejor, t\u00fa puedes ser de los pap\u00e1s. Cuando llegas hay que irse para la casa. \u00bfY entonces gano? No, si igual vas a perder. P\u00e1same el jab\u00f3n mejor ser\u00e1, que te vas a enfriar si no terminamos r\u00e1pido. No est\u00e1, lo enterr\u00e9 porque era un huevo. Ya, po\u2019, Dominica, ay\u00fadame un poquito que es tarde. No est\u00e1, lo enterr\u00e9 en el agua porque era un huevo y va a crecer grande y va a nacer un dinosaurio de jab\u00f3n y nos va a escupir burbujas. Dominica, si no terminamos r\u00e1pido te vas a tener que ir a la cama y no vamos a poder ver una pel\u00edcula. P\u00e1same el jab\u00f3n. No te lo puedo pasar porque est\u00e1 enterrado y ya empez\u00f3 a crecer. Ya, po\u2019, Dominica, p\u00e1same el jab\u00f3n que si no te quedas sin pel\u00edcula y no es juego. Un dos tres por m\u00ed. S\u00ed es juego, lo que pasa es que t\u00fa est\u00e1s perdiendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dominico ba\u00f1a a su hija todas las noches. Lo hace apurado: le jabona los brazos con desgano, con el gesto tibio y r\u00e1pido del ni\u00f1o que va obligado a saludar a los amigos de sus pap\u00e1s en su camino a la cocina. Sin embargo, lo hace todas las noches. Principalmente, porque tiene la sospecha de que esos peque\u00f1os ritos son las \u00fanicas marcas posibles para subrayar los l\u00edmites difusos entre ser un buen padre o ser un mal padre. Un padre err\u00e1tico y afectivamente torpe, que ba\u00f1a a su hija todas las noches, le parece a \u00e9l, no puede llegar a ser tan mal padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema es que no es cierto. Quiz\u00e1 s\u00ed se puede ba\u00f1ar a una hija tres veces al d\u00eda y ser igualmente un p\u00e9simo padre. Es posible decepcionar a una ni\u00f1a jabonosa y perfumada. Sin embargo, tiende a imaginarse conspirativamente la adolescencia como un periodo en donde los ni\u00f1os, simult\u00e1neamente, reniegan de sus padres y de la ducha. Prefiere creer que existe alguna relaci\u00f3n, aunque sea estad\u00edstica, entre los dos fen\u00f3menos. Por lo tanto, ba\u00f1a a su hija todas las noches. No lo hace bien, pero lo hace siempre. La Dominica, generalmente hacia la mitad del ba\u00f1o, toma con solemnidad un pu\u00f1ado de agua entre sus manos y unge la frente de su padre mientras este le lava el pelo. Con los ojos entrecerrados, recita algunas palabras inentendibles que ponen a Dominico un poco inc\u00f3modo. Le pide a su hija que deje de jugar. Ella se niega. \u00c9l no termina de entender bien qu\u00e9 parte es juego y qu\u00e9 parte no. Ella le recuerda que es un perdedor. Ella sonr\u00ede distra\u00edda. \u00c9l sonr\u00ede inc\u00f3modo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El resto de la noche suele depender del \u00e9xito relativo del ba\u00f1o. Si \u00e9l juzga que la hija se port\u00f3 bien, ella ve una pel\u00edcula mientras \u00e9l revisa algunas cosas en su computador. Si ocurre lo contrario, a Dominica no le quedan m\u00e1s opciones que irse a dormir. Antes de cerrar los ojos, ella suele contarle alguna historia improvisada y un poco impertinente. Dominico est\u00e1 consciente de que la din\u00e1mica deber\u00eda funcionar al rev\u00e9s, pero a \u00e9l no se le dan demasiado bien los cuentos. Le complica sobre todo la mirada expectante de su hija. Le hace preguntas como si quisiera sacar a la luz una mentira. Le pregunta como si quisiera cambiar el relato, como si censurara o como si exigiera. \u00bfY hab\u00eda dragones? \u00bfQu\u00e9 pasa si a \u00e9l no se le hab\u00eda ocurrido que hubiera dragones? \u00bfComplacer o no? Por eso prefiere dejar que ella lo arme todo. Si se va a quejar igual, mejor que lo haga solita. Le parece que ser padre y que te cuenten cuentos no tiene por qu\u00e9 ser contradictorio. Ella revuelve con las manos estiradas las arrugas de las s\u00e1banas, mientras mira el techo e inventa nombres largu\u00edsimos para sus personajes y para las mascotas de sus personajes. \u00c9l se queda pegado mirando las manos infantiles y trata de poner atenci\u00f3n a la historia, sin pensar en qu\u00e9 d\u00eda corresponde cambiar las s\u00e1banas. Las s\u00e1banas est\u00e1n ajadas y granulientas, ajadas y deste\u00f1idas, ajadas y arrugadas. A Dominica le gustan las s\u00e1banas con motivo de flores peque\u00f1as. Que le gusten no significa necesariamente que se duerma m\u00e1s r\u00e1pido, pero s\u00ed que se acuesta con mejor disposici\u00f3n. Revuelve con las manos estiradas las arrugas de las s\u00e1banas mientras mira el techo e inventa nombres largu\u00edsimos para los amores y amistades de las mascotas de sus personajes. S\u00e1banas ajadas y granulientas, granujientas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dominica entremezcla varias escenas con detalles poco importantes, en una suerte de <em>collage.<\/em> Para armar esas historias, colecciona peque\u00f1os retazos de d\u00eda, de memoria y de sue\u00f1o, de palabras que le suenan raro y le parecen preciosas. Las encuentra en la plaza del Gallo, cuando los dem\u00e1s ni\u00f1os repiten frases que escucharon en sus casas. Las encuentra cuando conversa con Dominico o cuando \u00e9l le lee cuentos. Las guarda con el mismo gesto con que guarda las conchitas de la playa. Las guarda con iguales partes de devoci\u00f3n y de morbo. Es una coleccionista de muchas cositas, entre ellas im\u00e1genes. Dominico, a pesar de no entender absolutamente nada, escucha siempre con esforzada atenci\u00f3n. Algunas veces la hija se duerme con el dedo de su pap\u00e1 tomado entre las manos. Esas veces, \u00e9l se desvela intentando idear maneras de liberar su dedo sin alterar el sue\u00f1o de la ni\u00f1a. A veces piensa en qu\u00e9 d\u00eda toca cambiar las s\u00e1banas. Piensa con bastante frecuencia que le provoca un miedo incontrolable la posibilidad de herirla, decepcionarla, alejarla de alguna manera. Generalmente, evita pensar que ella le provoca un poco de miedo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">* * *<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dominico va un d\u00eda a la feria y no es mucho lo que encuentra. Una se\u00f1ora que le cae simp\u00e1tica le vende tres kilos de frutillas. \u00c9l se las compra no porque las quiera, sino porque ella le cae simp\u00e1tica y, despu\u00e9s de tanta conversaci\u00f3n, le da algo de verg\u00fcenza irse con las manos vac\u00edas. Dominico no es muy bueno diciendo que no. Se lleva un caj\u00f3n de tres kilos de frutillas y tarda poco en notar que la fruta no est\u00e1 en buenas condiciones. Es un surtido de frutillones grandes y blanquecinos. Est\u00e1n \u00f1onchos, machucados, moteados de cosas extra\u00f1as. Las esquinas negruzcas tienen una consistencia gelatinosa. La fruta est\u00e1, por decirlo de manera gentil, madura. La \u00faltima Navidad su madre regal\u00f3 a Dominico un frutero de greda. Tiene forma ovalada y es de un color arcilla terroso. Alguien m\u00e1s debe de hab\u00e9rselo regalado a ella, que sin saber d\u00f3nde ponerlo, reutiliz\u00f3 el regalo. Dominico, que nunca supo bien qu\u00e9 hacer con \u00e9l, lo colma de tres kilos de frutillas y lo pone en la entrada. No va a ser el refrigerador el que le gane la carrera a la pudrici\u00f3n. La \u00fanica esperanza est\u00e1 en ubicarlo en un lugar donde cada persona que pase tenga que sacar una frutilla. Dominico no suele recibir muchos invitados. Dominico no siempre toma muy buenas decisiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">* * *<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un dos tres por m\u00ed. Un dos tres por m\u00ed, lo dije antes de que el Andr\u00e9s me tocara te lo juro, si no preg\u00fantale a la Meri. Te lo juro por el Caballo. Meri, diles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Meri no les dijo, no dijo nada, se ahorr\u00f3 todas las palabras porque, cuando jugaban al Caballo del \u00c1ngel, a veces se olvidaba que hablaba el espa\u00f1ol. A la Meri solo le gustaba hacer las rondas. Quiz\u00e1 tampoco entend\u00eda demasiado bien de qu\u00e9 se trataba eso de hacer las rondas. Lo cierto es que rondaba. Rondaba con los rulos enrulados y los ojos enojados, con la cinta celeste pegada al sudor de la frente como una especie de bozal mal puesto, riendo a carcajadas todo el tiempo y gritando para denunciar actos irregulares. Ya que casi todos los actos en el Caballo del \u00c1ngel eran bastante irregulares, la Meri era una figura ruidosa. Sin embargo, era la \u00fanica integrante del Pu\u00f1ado, cuya presencia resultaba indispensable para el juego. Apenas un par de semanas atr\u00e1s, Mambr\u00fa se hab\u00eda distanciado m\u00e1s all\u00e1 de los arbustos y no hab\u00eda encontrado el camino de regreso. Al reparar en su ausencia, los miembros del Pu\u00f1ado se sintieron tan dolidos como apenados. La Meri lo rastre\u00f3 fren\u00e9tica y lo empuj\u00f3 entre bramidos, con una vara, hasta dejarlo extenuado y tendido sobre el pozo de arena. Lo pastore\u00f3, lo correte\u00f3 por los bordes de la plaza y hasta los juegos, lo persigui\u00f3 entre gritos y risas. Lo llev\u00f3 como una pastora o como una ni\u00f1a que tira de la mano a su padre para mostrarle algo que se reh\u00fasa a ver. Lo dej\u00f3 tirado de espaldas sobre el pozo de arena, agotado, confundido entre el miedo de haberse perdido y la alegr\u00eda de haber sido encontrado, entre el miedo de la Meri y la alegr\u00eda de la Meri. Desde entonces, el Pu\u00f1ado se niega a iniciar cualquier juego sin que ella haga las rondas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">* * *<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las piedras echan ra\u00edces bajo el maicillo y reordenan retorcidamente los arbustos de los m\u00e1rgenes. Algunos juegos quedan suspendidos sobre otros como en una escultura moderna. Los ni\u00f1os los trepan con la misma naturalidad con que plantaron antes las piedras. Trepan con una naturalidad que hace pensar que son incapaces de notar que la nueva plaza del Gallo est\u00e1 retorcida, est\u00e1 enredada y desarmada hasta parecerse m\u00e1s a una ara\u00f1a que a una plaza. El resbal\u00edn est\u00e1 enroscado como si lo hubiesen calentado con un secador de pelo, y a los ni\u00f1os no les molesta ni preocupa. No es que no lo noten, trepan con un ansia que hace pensar que se fascinan silenciosamente en la torcedumbre. Trepan como si se torcieran m\u00e1s. De cualquier manera, trepan. Trepan de cualquier manera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Madres, padres y otros familiares orbitan los nuevos m\u00e1rgenes de la plaza del Gallo, con los pasos cortos de quien sospecha y espera una ca\u00edda inminente. Se reprochan mutuamente la desatenci\u00f3n de haber dejado que todo esto llegara a un punto tan exagerado. Se reprochan, mucho antes que el encaramamiento, los racimos de piedras sembradas en distintos espacios ocultos de la plaza, en cada esquina, debajo de cada arbusto, entre las bancas, bajo las matas secas del poco pasto que quedaba. Se reprochan haberles celebrado a sus hijos la obsesi\u00f3n est\u00fapida de las piedras, se cuestionan si alguna vez ellos mismos no hicieron alg\u00fan gesto o comentario de mierda sobre las piedras o sobre la plaza o sobre plantar como para que los ni\u00f1os se volvieran as\u00ed de locos. Se reprochan cada piedra. Se reprochan no haber cre\u00eddo sus propias sospechas, no haber considerado seriamente que la nueva actividad de sus hijos era extra\u00f1a y preocupante. Temen haber confundido el actuar err\u00e1tico y com\u00fanmente aleatorio de los ni\u00f1os con algo mucho m\u00e1s perverso, premeditado, alevoso, organizado y terrible. Las piedras, las piedras de mierda, plantadas debajo de las bancas en que ellos mismos se sientan a esperar o a conversar sobre el clima y sobre c\u00f3mo est\u00e1 tu familia escuch\u00e9 que tu pap\u00e1 est\u00e1 mejor pucha me alegro qu\u00e9 buena noticia me imagino que debe ser un alivio pa\u2019 todos en tu casa s\u00ed Domi preciosa la piedra pl\u00e1ntala nom\u00e1s. Se reprochan cada piedra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Temen que su mayor pecado pudo haber sido pensar que a los ni\u00f1os les gusta jugar y que solo los juegos pueden provocar el placer excitado que hace oscilar las pupilas de la Dominica, mientras, encaramada sobre el poste ladeado de un resbal\u00edn, tira la mano sudorosa de otra ni\u00f1a menuda, cuyo nombre nadie recuerda, para armar algo as\u00ed como una torre de vigilancia o la proa de un buque. Dame tu mano y danzaremos. Temen haberse equivocado al desconfiar del peque\u00f1o temor que siempre les provocaron sus ni\u00f1os. Nadie sabe qui\u00e9n puede ser el pap\u00e1 o la mam\u00e1 de esa ni\u00f1a. Dame tu mano y me amar\u00e1s. Los adultos se encaran mutuamente, sin atreverse a cruzar el l\u00edmite zigzagueante que los desperdigados arbustos delinean alrededor de los juegos, sin atreverse a pisar el terreno sagrado. Como una sola flor seremos. Los adultos se encaran y los ni\u00f1os se encaraman, con similar ansiedad, pero distinta disposici\u00f3n. Como una flor y nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dominica observa a la ni\u00f1a menuda a los ojos, con el brazo estirado, y su mirada es como el timbre con que se termina el recreo, un silencio enorme antes de que algo empiece o se termine. Ambas saben que el juego est\u00e1 lejos de terminar, pero la ni\u00f1a menuda se deja convencer con inocencia y curiosidad. Estira el brazo y le entrega la mano. La entrega como el pajarito herido que choc\u00f3 contra la ventana. Una vez un pajarito entr\u00f3 a la casa, choc\u00f3 entre ventana y ventana como si fuese el logo que rebota contra los bordes de la pantalla en los reproductores de DVD antiguos. Era una golondrina chiquitita y Dominico dijo que estaba asustada as\u00ed que no hab\u00eda que tocarla mucho ni apretarla ni jugar con ella, solo darle un poco de agua y llevarla hasta afuera para que se recuperara. Despacito, con cuidado, como si fuera un tesoro muy despacio para que no se asuste. Dominica, sin quitarle la mirada tremenda, le habla con voz tranquila a la ni\u00f1a menuda. Te llamas Rosa y yo Esperanza, pero tu nombre olvidar\u00e1s. Para cuando termina de hablar, ninguna de las dos ni\u00f1as mantiene la concentraci\u00f3n y se distraen. Se r\u00eden. Se confunden. Dominica sube a la ni\u00f1a Rosa, ex ni\u00f1a menuda, de un tir\u00f3n de brazo a la plataforma donde est\u00e1 acostada. Por un segundo, se las puede ver de pie, apoyadas la una en la otra, asomadas a espiar el mundo con la actitud de quien busca bajo su silla un l\u00e1piz ca\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay algo cinematogr\u00e1fico en su gesto. Eso, m\u00e1s que cualquier otra cosa, inquieta a los padres. Francamente, nadie tiene tiempo ni \u00e1nimo para comenzar precisamente ah\u00ed, en esa plaza medio chica y medio rara, medio deforme, algo que se parezca a una pel\u00edcula. Por la misma raz\u00f3n, se resisten a agitar los brazos o a forzar la voz, se resisten a mirar por demasiado rato en direcci\u00f3n a los juegos. Reh\u00fasan, con un cort\u00e9s movimiento de cabeza, su posici\u00f3n de espectadores. Llaman a sus hijos de forma intempestiva, bajando el volumen hacia la \u00faltima s\u00edlaba del nombre. Levantan la mano con una tibieza premeditada que permite confundir el llamado de auxilio con un saludo casual. Domi vamos yendo pa\u2019 la casa mejor que ya es tarde y tenemos que almorzar acu\u00e9rdate que hoy d\u00eda vamos a comer hamburguesas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dominica abre los brazos en un \u00e1ngulo de noventa grados, una suerte de punto medio entre Rose en <em>Titanic<\/em> y Jordan Belfort en <em>El lobo de Wall Street<\/em>. De cualquier manera, Leo DiCaprio funciona como hilo conector en el mapa iconogr\u00e1fico, en el <em>collage<\/em> de gestos con que la preciosa Dominica dirige la orquesta de padres de la plaza. A los padres no parece causarles ning\u00fan tipo de gracia y tuercen la cabeza y las comisuras de los labios. A la ni\u00f1a Rosa le despierta una temerosa devoci\u00f3n que la hace juntar las manos en el regazo. El resto del Pu\u00f1ado abre los ojos como quien ve a un superh\u00e9roe ser un superh\u00e9roe o a un futbolista ser un futbolista, pero en vivo y en directo y no en la tele. Dominica alarga un poco su segundo de fama, pero sabe que ha sido suficiente. Esa tarde, al menos, siente ganas de retirarse a su casa, ba\u00f1arse y, si todo sale bien, ver alguna pel\u00edcula.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">* * *<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"325\" height=\"600\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/cartografiadelosdinosaurios_portadafull-325x600-1.png\" alt=\"Portada de &quot;Cartograf\u00eda de los dinosaurios&quot; de Vicente Alessandri Basaure. Colecci\u00f3n Tierra Adentro. FCE Chile, 2025.\" class=\"wp-image-59952\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/cartografiadelosdinosaurios_portadafull-325x600-1.png 325w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/cartografiadelosdinosaurios_portadafull-325x600-1-163x300.png 163w\" sizes=\"auto, (max-width: 325px) 100vw, 325px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Portada de &#8220;Cartograf\u00eda de los dinosaurios&#8221; de Vicente Alessandri Basaure. Colecci\u00f3n Tierra Adentro. FCE Chile, 2025.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuerdo y veo un parque oto\u00f1al. En sus anchas avenidas se amontonan y pudren las hojas y debajo palpitan t\u00edmidos sapos color musgo que llevan una coronita de oro en la cabeza. Porque nadie lo sabe, pero la verdad es que todos los sapos son pr\u00edncipes. Mar\u00eda Luisa Bombal El problema es que las historias &#8230; <a title=\"Cartograf\u00eda de los dinosaurios\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59189\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Cartograf\u00eda de los dinosaurios\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59951,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[282],"tags":[3040,504,341,640,3333,3124,770,3334,3335,3336,3337],"ppma_author":[3332],"class_list":["post-59189","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-adelanto","tag-chile","tag-dinosaurios","tag-hija","tag-infancias","tag-juegos","tag-ninos","tag-paternidad","tag-peliculas-2","tag-piedras","tag-plaza","tag-ronda","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":3332,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"vicente-alessandri-basaure","display_name":"Vicente Alessandri Basaure","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"","last_name":"","user_url":"","job_title":"","description":"(Santiago de Chile, 1996) es licenciado en ling\u00fc\u00edstica y literatura hisp\u00e1nica y mag\u00edster en literatura por la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile. 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