{"id":59187,"date":"2026-01-07T07:00:00","date_gmt":"2026-01-07T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57471"},"modified":"2026-10-28T18:32:01","modified_gmt":"2026-10-29T00:32:01","slug":"la-vida-literaria-en-santa-maria-la-ribera-hacia-una-cartografia-de-la-memoria-poetica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59187","title":{"rendered":"La vida literaria en Santa Mar\u00eda la Ribera. Hacia una cartograf\u00eda de la memoria po\u00e9tica"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como se sabe, la colonia Santa Mar\u00eda la Ribera es \u2014luego de la frustrada y vecina colonia Los Arquitectos\u2014 la m\u00e1s antigua de la Ciudad de M\u00e9xico. Fue fundada y planeada por los hermanos Estanislao y Joaqu\u00edn Flores a principios de la d\u00e9cada de 1860, durante el primer periodo presidencial de Benito Ju\u00e1rez, a las afueras de \u201cla ciudad\u201d, sobre las antiguas huertas de la Hacienda de la Teja y de los ranchos Santa Mar\u00eda y Chopo. El desarrollo inmobiliario y urbano de Santa Mar\u00eda \u2014como popularmente se le conoci\u00f3\u2014 modific\u00f3 para siempre el car\u00e1cter espacial de la ciudad, cuya traza, durante m\u00e1s de tres siglos, se limit\u00f3 b\u00e1sicamente a lo que hoy conocemos como Centro Hist\u00f3rico, que ten\u00eda como fronteras (<em>grosso modo<\/em>): al norte, la l\u00ednea de Nonoalco-Tlatelolco; al oriente, la Candelaria de los Patos, teniendo como lindero la calzada de Balbuena (hoy avenida Congreso de la Uni\u00f3n); hacia el sur, la calle Chimalpopoca, San Antonio Abad (hoy Tlalpan) y el final del Canal de la Viga; y al poniente, la vieja ciudad encontraba sus confines en las actuales avenidas Guerrero y Paseo de Bucareli.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuera de este c\u00e9ntrico pol\u00edgono, todo era ranchos, vergeles, casas de veraneo, pastizales, dehesas donde pac\u00eda el ganado, bald\u00edos, r\u00edos a cielo abierto, eriales terregosos; y, m\u00e1s all\u00e1, en las lejanas lejan\u00edas de la metr\u00f3poli: c\u00e1rceles, basureros, fam\u00e9licas lagunas, hospitales de dementes y sifil\u00edticos\u2026 Pero a mediados del siglo XIX, en medio de las severas y reincidentes crisis pol\u00edticas por las que atravesaba nuestro todav\u00eda naciente pa\u00eds, la ciudad \u2014la centralista capital\u2014 comenz\u00f3 a crecer en poblaci\u00f3n a una velocidad nunca antes vista. La urbe se desbord\u00f3. De tal modo que la burgues\u00eda y la incipiente clase media prefiri\u00f3 trasmudar sus viviendas a las afueras y, para tal fin, eligieron el verde y limpio poniente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue as\u00ed como el moderno proyecto de urbanizaci\u00f3n de los hermanos Flores fructifer\u00f3. Santa Mar\u00eda la Ribera ofrec\u00eda precios accesibles, algunos servicios b\u00e1sicos y una traza tambi\u00e9n vanguardista, de plan hipod\u00e1mico, es decir, un dise\u00f1o de calles en \u00e1ngulo recto que creaba manzanas o ret\u00edculas casi id\u00e9nticas entre s\u00ed, formando avenidas paralelas y perpendiculares. Para acentuar esta moderna organizaci\u00f3n rectil\u00ednea o en damero, los hermanos Flores nominaron las calles que corr\u00edan de norte a sur (o viceversa) con nombres de flores (Magnolia, Rosa, Loto, Hortensia\u2026), y las que corr\u00edan de oriente a poniente (o viceversa) con nombres de \u00e1rboles (Tr\u00e9bol, Peral, \u00c9bano, Eucalipto\u2026).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El proyecto inmobiliario de Santa Mar\u00eda la Ribera tuvo un \u00e9xito casi inmediato, aunque su mayor auge y esplendor se dio durante la \u00e9poca de la dictadura del general Porfirio D\u00edaz. Empresarios, intelectuales, bur\u00f3cratas, peque\u00f1os comerciantes, artistas\u2026 eligieron a esa colonia para vivir y cimentar una peque\u00f1a y moderna ciudad alterna, lejos de la anticuada y sucia capital colonial, con sus propios mercados, escuelas, iglesias, plazas, bibliotecas, cantinas, teatros, cines y hasta casinos. Las fronteras del nuevo y moderno fraccionamiento fueron: al norte, la calle Heliotropo (actual Ricardo Flores Mag\u00f3n, prolongaci\u00f3n del viejo camino a Nonoalco); al oriente, la calle Olivo (actual avenida Insurgentes Norte); al sur, la Ribera de San Cosme (antigua calzada de Tlacopan); y al poniente, la calle Nogal (que segu\u00eda la vera de la vieja Calzada de la Ver\u00f3nica, hoy Circuito Interior).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cinco esquinas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La memoria puede ser vista o problematizada desde varias rutas o planos del pensamiento. Como revelaci\u00f3n: el conocimiento del pasado puede desvelarnos algo que permanec\u00eda oculto; como patrimonio y acervo: es lo que poseemos (nos pueden quitar todo menos la memoria), y nuestro pasado es un c\u00famulo, un caudal, un rimero; como b\u00fasqueda: ir <em>En busca del tiempo perdido, <\/em>a la manera de Marcel Proust; como encuentro: pues constantemente nos permite formularnos preguntas como: \u00bfQui\u00e9nes somos?, \u00bfQui\u00e9nes son ellas, ellos?; como ficci\u00f3n: puesto que, como jam\u00e1s recordamos todo en su conjunto, subsanamos los vac\u00edos evocativos con imaginaci\u00f3n; como espacio l\u00edrico: ahora a la manera de Quevedo que \u201c<em>vive<\/em> en conversaci\u00f3n con los difuntos y <em>escucha<\/em> con <em>sus<\/em> ojos a los muertos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajo estas peque\u00f1as premisas, intentar\u00e9 dibujar aqu\u00ed una inacabada cartograf\u00eda memoriosa y po\u00e9tica que insista en el rastreo, cual punto de partida, de la vida literaria y cultural de Santa Mar\u00eda la Ribera, o cuando menos la del \u00faltimo cuarto del siglo XIX y hasta la mitad del XX. Para ello dividir\u00e9 la traza de la colonia en cinco bloques, con una doble finalidad: primero, se\u00f1alar y apuntar, con mayor eficacia, algunos lugares y sitios emblem\u00e1ticos de su vida cultural; y, segundo, que eventualmente estas cinco parcialidades sean susceptibles de convertirse en circuitos para ser caminados, estudiados y gozados. Veamos, pues.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El primer cuadro<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La colonia encuentra su epicentro, su <em>axis mundi<\/em>, en el Jard\u00edn Hidalgo, que originalmente se llam\u00f3 Plaza del Mercado y que ahora es conocida como la Alameda de Santa Mar\u00eda. El dise\u00f1o de este centro denota su halo de modernidad, pues rompe con la tradici\u00f3n virreinal de fundar los pueblos y ciudades bajo el modelo prehisp\u00e1nico del Alt\u00e9petl, en cuyo centro o plaza deb\u00edan cohabitar tres elementos fundamentales: el T\u00e9cpan (la casa del gobernante), el Teocali (la casa de Dios) y el Tianguis (el Mercado). En cambio, el centro de Santa Mar\u00eda emergi\u00f3 entorno a los paramentos de un Cine (El Majestic), una biblioteca, una cantina, un instituto de ciencia de la tierra, un bosque, un museo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Alameda de Santa Mar\u00eda esta circundada por las calles: Carpio, antes Jazm\u00edn (al norte); Dr. Atl, antes Pino (al oriente); Salvador D\u00edaz Mir\u00f3n, antes Camelia y Las Flores (al Sur); y Jaime Torres Bodet, antes Cipr\u00e9s (al poniente). En su ombligo se levanta el singular y ferroso Kiosko Morisco, dise\u00f1ado por el ingeniero Jos\u00e9 Ram\u00f3n Ibarrola como remedo de una mezquita, que sirvi\u00f3 de <em>stand<\/em> en la presencia de M\u00e9xico en la Exposici\u00f3n Internacional de Nueva Orleans, en 1885.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el n\u00famero 215 de la calle Pino estuvo la casa del sabio positivista Agust\u00edn Arag\u00f3n y Le\u00f3n, miembro de Los Cient\u00edficos (grupo mimado por el presidente D\u00edaz), editor de la <em>Revista Positivista<\/em> y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. En esa casa coleccion\u00f3 una de las bibliotecas m\u00e1s portentosas de la ciudad \u2014frecuentada por su amigo Federico Gamboa, autor de <em>Santa<\/em>\u2014 que su hijo, Agust\u00edn Arag\u00f3n Leyva, atomiz\u00f3 y vendi\u00f3 al mejor postor. Fue don Agust\u00edn quien intervino para que el Kiosko Morisco fuera trasladado a la plaza central de Santa Mar\u00eda, pues para entonces se hallaba en una oscura bodega luego ser desarmado para dejarle el espacio que ocupaba, en la Alameda Central, al Hemiciclo a Ju\u00e1rez. As\u00ed, el Kiosco \u2014emblema moderno de la colonia\u2014 se inaugur\u00f3 el 26 de septiembre de 1910.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el 187 de Pino estuvo una casa abandona ocupada por \u201cgolfas y menesterosos; traficantes y disolutos\u201d, que sirvi\u00f3 de inspiraci\u00f3n al escritor Arturo Azuela para escribir su c\u00e9lebre novela <em>La casa de las Mil V\u00edrgenes<\/em> que, junto con <em>El tama\u00f1o del infierno<\/em>, <em>Los r\u00edos de la memoria<\/em> y <em>Alameda de Santa Mar\u00eda<\/em>, configura su tetralog\u00eda de obras que tienen como personaje y escenario a esta colonia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el n\u00famero 106 de Salvador D\u00edaz Mir\u00f3n (que a esa altura se llam\u00f3 Camelia) se halla, como suspendida por el tiempo, la Tlapaler\u00eda El Girasol en donde se film\u00f3 una de las escenas cumbre de la pel\u00edcula <em>El Castillo de la Pureza<\/em> (1972), dirigida por Arturo Ripstein y escrita por Jos\u00e9 Emilio Pacheco. Hoy, basta entrar a dicho negocio para rememorar a una jovenc\u00edsima Mar\u00eda Rojo despachando detr\u00e1s del mostrador y a un salido Claudio Brook en su papel de Gabriel Lima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Salvador D\u00edaz Mir\u00f3n y Torres Bodet estuvo la ic\u00f3nica cantina Sal\u00f3n Par\u00eds (actualmente en la contraesquina), en donde inici\u00f3 su carrera art\u00edstica el cantante y poeta guanajuatense Jos\u00e9 Alfredo Jim\u00e9nez, conocido en el barrio como Fello, quien lleg\u00f3 a vivir a esta colonia (en Cipr\u00e9s) siendo muy ni\u00f1o, vendi\u00f3 zapatos y jug\u00f3 como portero en el legendario esquipo de futbol Marte. En ese mismo cruce, en Cipr\u00e9s 192, se encuentra un afrancesado edificio, dise\u00f1ado por el ingeniero Juan D\u2019Fleury, del que el general Bernardo Reyes adquiri\u00f3 un piso para su residencia, pero que en realidad fue habitado por su joven hijo Alfonso Reyes quien, a prop\u00f3sito de su paso por esta colonia, escribi\u00f3: \u201cNuestras reuniones nocturnas del barrio de Santa Mar\u00eda comenzaban a inquietar al gendarme. Lo que nos llenaba de orgullo. Pas\u00e1bamos las noches de claro en claro entreg\u00e1ndonos a estudios y discusiones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el 160 de Torres Bodet estuvo la casa de la atenta poeta y pianista coatepecana Mar\u00eda Enriqueta Camarillo y de su marido, el historiador coahuilense Carlos Pereyra. Mar\u00eda Enriqueta, autora de obras como <em>Rosas de la Infancia<\/em> o <em>Poemas del campo<\/em>, fue la primera mujer mexicana en ser candidata al Premio Nobel de Literatura en 1951 y durante el sexenio del presidente Adolfo L\u00f3pez Mateos se rebautiz\u00f3 la calle Dalia con su nombre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cuadrante norponiente<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta zona del barrio de Santa Mar\u00eda sobresale la calle Fresno, por su envidiable vida cultural. En el n\u00famero 193 estuvo la casa-estudio-oficina de los hermanos M\u00e9ndez Plancarte: Alfonso y Gabriel, prominentes sacerdotes y humanistas. Don Alfonso, doctor en filosof\u00eda, fue pionero en el estudio de la vida y obra de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, adem\u00e1s de estudiar a personajes como Salvador D\u00edaz Mir\u00f3n, Rub\u00e9n Dar\u00edo o Amado Nervo. En 1950, Alfonso asumi\u00f3 como miembro de n\u00famero de la Academia Mexicana de la Lengua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por su parte, Gabriel M\u00e9ndez Plancarte, doctor en teolog\u00eda y en derecho can\u00f3nico, fund\u00f3 la connotada revista <em>\u00c1bside<\/em> (que naci\u00f3, bajo el \u00e1bside de la parroquia de Ozumba, en una charla con don \u00c1ngel Mar\u00eda Garibay). En <em>\u00c1bside<\/em>, \u201cRevista de cultura mexicana\u201d, escribieron muchas de las mejores plumas hisp\u00e1nicas del siglo XX: Rosario Castellanos, Guadalupe Due\u00f1as, Emilio Abreu G\u00f3mez, Sergio M\u00e9ndez Arceo, Agust\u00edn Y\u00e1\u00f1ez, Gabriela Mistral, Emma Godoy y un muy largo etc\u00e9tera. A Fresno 193 sol\u00edan arribar toda suerte de personalidades de la intelectualidad mexicana de la primera mitad del siglo XX, como el poeta Octavio Paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el n\u00famero 168 de Fresno habit\u00f3, entre las d\u00e9cadas de 1990 y 2000, el periodista cultural y fundador de la insigne revista <em>Generaci\u00f3n<\/em>: Carlos Mart\u00ednez Renter\u00eda, quien por m\u00e1s de veinte a\u00f1os mantuvo su columna \u201cSal\u00f3n Palacio\u201d (como aquella cantina), en el peri\u00f3dico <em>La Jornada<\/em>, term\u00f3metro de la contracultura de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, en la esquina que hacen las calles Naranjo y Mar\u00eda Enriqueta Camarillo estuvo la casa que habit\u00f3 Porfirio Barba Jacob, poeta colombiano del m\u00e1s alto coturno, inveterado viajero, a quien el escritor Rafael Ar\u00e9valo Mart\u00ednez apod\u00f3 \u201cEl hombre que parec\u00eda un caballo\u201d, hom\u00f3nimo t\u00edtulo de uno de sus libros. Por su parte, el escritor Fedro Guill\u00e9n, en su libro <em>El Hechizado<\/em>, recuerda el paso de Barba Jacob por la colonia: \u201chab\u00eda pasado el poeta [Barba Jacob] por la calma urbana de Santa Mar\u00eda al vivir en la calle de Naranjo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, en la calle Eligio Ancona (antes De la Rosa) existe hasta la actualidad un corredor cantinero sin igual. Est\u00e1 conformado por las bien ponderadas Triple P: La Perla, El Sal\u00f3n Puebla y El Para\u00edso (que acaba de cerrar sus puertas indefinidamente). Adem\u00e1s, a unos cuantos pasos, en Manuel Carpio \u2014precursor de la larga y mexicana tradici\u00f3n del binomio medicina-literatura\u2014, en el n\u00famero 176, a\u00fan sobrevive el afamado y cochambroso abrevadero Sal\u00f3n Guerrero.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cuadrante nororiental<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dos son las figuras destacadas y apreciables de este paraje: el pintor, poeta y vulcan\u00f3logo Gerardo Murillo, conocido como Dr. Atl, y el m\u00e9dico y novelista Mariano Azuela. El primero habit\u00f3 una casa en el n\u00famero 272 de Pino, calle que hoy lleva su nombre, en donde escribi\u00f3 fragmentos de su autobiogr\u00e1fico y genial libro <em>Gentes profanas en el convento<\/em>. Por su parte, el m\u00e9dico Azuela, autor de la notable y singular novela <em>Los de abajo<\/em>, vivi\u00f3 durante alguna temporada en el n\u00famero 242 de la calle \u00c1lamo, que actualmente honra su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Salvador D\u00edaz Mir\u00f3n 69 existe un misterioso edificio, de muros que se caen a pedazos: el antiguo Casino de Santa Mar\u00eda, que luego se transform\u00f3 en Teatro Las Flores (a esta altura la calle llev\u00f3 ese nombre) y que termin\u00f3 sus d\u00edas como Teatro Bernardo Garc\u00eda, nombre que la p\u00e1tina del tiempo dej\u00f3 y a\u00fan puede leerse en su frontispicio. Este edificio, en el que ahora se reparan e \u201cigualan\u201d autos siniestrados, ocup\u00f3 \u2014en palabras del cronista H\u00e9ctor de Maule\u00f3n\u2014 un lugar de honor en la historia de M\u00e9xico, pues ah\u00ed Antonio Caso, el genio dominicano Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a, Ricardo G\u00f3mez Robelo, Alfonso Cravioto, Jos\u00e9 Vasconcelos, Diego Rivera, entre otros, fundaron el Ateneo de la Juventud, el gran proyecto cultural del siglo XX mexicano. En dicho casino impartieron, en 1909, la serie de conferencias que iniciaron, \u201cenvueltas en motivos espirituales\u201d, la demolici\u00f3n del porfiriato.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cuadrante sudoriental<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por su cercan\u00eda con la Ribera de San Cosme, esta zona de la colonia fue la primera en poblarse y fungi\u00f3 como una especie de puerta de entrada y conexi\u00f3n org\u00e1nica con la ciudad. En el 139 de Mariano Azuela, en el departamento 12 del Edificio \u00c1lamo, vivi\u00f3 Renato Leduc, respetable bardo de cantinas, periodista, telegrafista de la Divisi\u00f3n del Norte y autor de celeb\u00e9rrimo soneto \u201cTiempo\u201d. Por otro lado, en el n\u00famero 8 de Ribera de San Cosme (aunque propiamente en esa acera inicia la colonia San Rafael) pas\u00f3 el final de sus d\u00edas Elvia Carrillo Puerto, pilar del feminismo, el sufragismo y la lucha social en M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el 25 de la calle Enrique Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez (antes Chopo) vivi\u00f3 hasta su muerte (en 1908) el gran cronista de la vida popular y callejera de finales del siglo XIX: \u00c1ngel de Campo, mejor conocido por sus seud\u00f3nimos Micr\u00f3s o Tic Tac<em>, <\/em>quien, por cierto, escribi\u00f3 en su columna de <em>El imparcial<\/em> una nota cr\u00edtica sobre la moda de las calles privadas que estaban llegando a la Santa Mar\u00eda (la primera de ellas fue la ahora cerrada Loto).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hacia 1917, en la actual calle Dr. Atl (antes Pino), vivi\u00f3 su tiempo de estudiante preparatoriano el prol\u00edfico cronista de la capital Salvador Novo. As\u00ed lo cuenta \u00e9l mismo en <em>La estatua de sal<\/em>, su libro autobiogr\u00e1fico: \u201cLa casa [de su t\u00edo Paulino] daba a la primera, entonces cerrada, calle del Pino, y atr\u00e1s se ergu\u00edan las feas torres de hierro del Museo de Historia Natural [hoy Museo del Chopo] de la calle del Chopo\u201d. En esa casa, Novo inici\u00f3 el descubrimiento de la Ciudad de M\u00e9xico y su despertar sexual. \u00c9l mismo confiesa, por ejemplo, c\u00f3mo en la azotea de ese domicilio se enamor\u00f3 del chofer de su t\u00edo y tambi\u00e9n, su pasi\u00f3n y gozo por los perfumes y cremas de tocador del ba\u00f1o de su t\u00eda Josefina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el n\u00famero 48 de Amado Nervo (antes Violeta) tuvo su departamento dicho poeta nayarita, figura del movimiento modernista, autor de libros como <em>Los jardines interiores<\/em> y del sabido poema <em>En paz<\/em>. Muy cerca de aqu\u00ed, en el 56 de Santa Mar\u00eda la Ribera, estuvo el hospital donde muri\u00f3, a la edad de 31 a\u00f1os, el genio acalitense de la pintura Saturnino Herr\u00e1n, autor de la renombrada obra <em>La ofrenda<\/em>. Y m\u00e1s adelante, en la antigua calle Hortensia, el enrome poeta zacatecano Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde, que acababa de arribar a la ciudad (1914), rent\u00f3 un \u00ednfimo departamento en esa calle, que ahora lleva su nombre. De esto \u00faltimo da cuenta Enrique Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez, que fue su maestro y que tuvo su despacho en esta colonia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cuadrante surponiente<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Casa de los Mascarones sobresale en esta parcela de la colonia. Ubicada en el 71 de la Ribera de San Cosme, fue sede de la Escuela Nacional de Altos Estudios. Esta casa, de churrigueresca fachada, fue construida hacia la mitad del siglo XVII por el Conde de Orizaba Jos\u00e9 Diego Hurtado de Mendoza, como casa de descanso. Luego, la casona fue muchas cosas hasta que, de 1935 a 1954, se convirti\u00f3 en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la UNAM.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante ese \u00faltimo periodo, una pl\u00e9yade de escritorxs, historiadores y poetas, de varias generaciones, desfilaron por sus pasillos y p\u00f3rticos, ya sea como maestros o estudiantes: Rosario Castellanos, Edmundo O\u2018gorman, Ortega Medina, Eduardo Nicol, Ram\u00f3n Xirau, Jos\u00e9 Gaos, Ernesto Cardenal, Silvio Zavala, la poeta Dolores Castro\u2026 Por su parte, Juan Rulfo confesaba no haber sido admitido como estudiante regular en Mascarones, pero que asist\u00eda a algunas clases en calidad de oyente. Y a prop\u00f3sito de historiadores, en el cruce de las calles Cedro y Sor Juana In\u00e9s de la Cruz naci\u00f3 el justipreciado historiador, <em>tlamatini<\/em> y erudito Miguel Le\u00f3n-Portilla, alumno predilecto del padre \u00c1ngel Mar\u00eda Garibay y autor de renombrado libro <em>Visi\u00f3n de los vencidos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego, en el n\u00famero 40 de la calle Mirto vivi\u00f3, hacia la d\u00e9cada de 1940, el querido y rele\u00eddo poeta chiapaneco Jaime Sabines. A diario, el autor de <em>Los amorosos<\/em> caminaba desde su casa hasta la Casa de los Mascarones, sede, como ya se dijo, de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras, en donde era maestro. En su jocoso cuento <em>La vela perpetua<\/em>, el escritor Jorge Ibarg\u00fcengoitia no dej\u00f3 pasar la oportunidad de mofarse de Sabines \u2014a quien renombr\u00f3 Salines\u2014 y narrar c\u00f3mo \u201cel gran poeta, que ya desde entonces se cre\u00eda Cristo Crucificado\u201d, sol\u00eda platicar en un sal\u00f3n con Julia (Luisa Josefina Hern\u00e1ndez), la protagonista de dicho cuento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, en Sor Juana In\u00e9s de la Cruz 114 se levanta el Teatro Sergio Maga\u00f1a \u2014enorme dramaturgo y cr\u00edtico literario\u2014, sobre los terrenos donde antiguamente estuvo el Convento de la Asunci\u00f3n. Tambi\u00e9n, en este cuadrante sobrevive el \u00faltimo reducto de \u201clas verdes matas\u201d de la colonia: la Pulquer\u00eda La Malquerida que desde hace varios a\u00f1os es una de las tantas mecas que poseen los asiduos visitantes del cercano Tianguis del Chopo que, dicho sea de paso, naci\u00f3 como tianguis de m\u00fasica, en las calles de esta colonia, en octubre de 1980, por iniciativa de la escritora \u00c1ngeles Mastretta, a la saz\u00f3n directora del Museo Universitario del Chopo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><em>Nada hay que explicar<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hasta aqu\u00ed el incompleto inventario. Como dije, lo anterior responde a la tentativa por trazar una cartograf\u00eda po\u00e9tica de Santa Mar\u00eda; por rehacernos las preguntas de Paul Ric\u0153ur: \u00bf<em>de qu\u00e9<\/em> hay recuerdo?, \u00bf<em>de qui\u00e9n<\/em> es la memoria?; por caminar la colonia con nuevos ojos, con nuevos br\u00edos. Falta mucho por andar y mucho por recordar. Y, por cierto: Mar\u00eda Luis La China Mendoza, autora de aquella excitante novela intitulada <em>De ausencia<\/em>, y Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n, autor de <em>El \u00e1guila y la serpiente<\/em> y <em>La sombra del caudillo<\/em>, tambi\u00e9n vivieron en Santa Mar\u00eda, aunque, lastimosamente, a\u00fan no he dado con las coordenadas de sus domicilios. Ya las encontrar\u00e9. Ya las encontraremos. Las de ellos y las de otrxs m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como se sabe, la colonia Santa Mar\u00eda la Ribera es \u2014luego de la frustrada y vecina colonia Los Arquitectos\u2014 la m\u00e1s antigua de la Ciudad de M\u00e9xico. Fue fundada y planeada por los hermanos Estanislao y Joaqu\u00edn Flores a principios de la d\u00e9cada de 1860, durante el primer periodo presidencial de Benito Ju\u00e1rez, a las &#8230; <a title=\"La vida literaria en Santa Mar\u00eda la Ribera. Hacia una cartograf\u00eda de la memoria po\u00e9tica\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=59187\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre La vida literaria en Santa Mar\u00eda la Ribera. 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