{"id":58541,"date":"2026-07-15T07:00:17","date_gmt":"2026-07-15T13:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58541"},"modified":"2026-09-18T10:17:34","modified_gmt":"2026-09-18T16:17:34","slug":"antoine-watteau-la-epoca-de-la-dicha-del-vivir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58541","title":{"rendered":"Antoine Watteau: la \u00e9poca de la dicha del vivir"},"content":{"rendered":"<h2>I.<\/h2>\n<p>No se sabe si de su boca saldr\u00e1 un insulto, una lisonja, o quiz\u00e1s las dos cosas. Casi escucho su voz, cortante como un filo, que le brota entre esos labios l\u00fabricos y carnosos: el tono es al mismo tiempo afectado y serio, burdo y sedoso, amable y burl\u00f3n. \u00bfEst\u00e1 a punto de re\u00edrse? Una carcajada seca, agresiva, escandalosamente c\u00ednica, pues le divierten las cat\u00e1strofes de los otros, no porque les odia, sino tan solo porque ve en todo drama una comedia, el humor negro de un dios que lastima a sus criaturas del mismo modo en que un ni\u00f1o quema hormigas. La cara es vagamente femenina, angulosa, p\u00e1lida, pero el rasgo m\u00e1s llamativo es el modo en que rebosa de ella ese orgullo desde\u00f1oso que prodigan a los dem\u00e1s los que se saben hermosos por puro destino, sin haber trabajado para ello, quiz\u00e1s sin merecerlo. Como en sus propias pinturas, hay en \u00e9l un deseo muy marcado por seducir, y otro, a\u00fan m\u00e1s fuerte, por desagradar: el resultado es una expresi\u00f3n delicada, insolente, cort\u00e9smente irritada, como la de aquellos que, acostumbrados a ofender, parecen ellos mismos siempre agraviados, no se sabe muy bien por qui\u00e9n, quiz\u00e1s por el mundo en general, que consideran siempre por debajo de sus expectativas, y con el que sin embargo se ven obligados a transigir.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59658\" aria-describedby=\"caption-attachment-59658\" style=\"width: 686px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59658\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-LEmbarquement_pour_Cythe\u0300re_by_Antoine_Watteau_from_C2RMF_retouched-915x600-1-300x197.jpg\" alt=\"Peregrinaci\u00f3n a la isla de Citera, 1717\" width=\"696\" height=\"457\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-LEmbarquement_pour_Cythe\u0300re_by_Antoine_Watteau_from_C2RMF_retouched-915x600-1-300x197.jpg 300w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-LEmbarquement_pour_Cythe\u0300re_by_Antoine_Watteau_from_C2RMF_retouched-915x600-1-768x504.jpg 768w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-LEmbarquement_pour_Cythe\u0300re_by_Antoine_Watteau_from_C2RMF_retouched-915x600-1.jpg 915w\" sizes=\"auto, (max-width: 696px) 100vw, 696px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59658\" class=\"wp-caption-text\">Peregrinaci\u00f3n a la isla de Citera, 1717<\/figcaption><\/figure>\n<h2>II.<\/h2>\n<p>Pint\u00f3 duques, condes, princesas y doncellas. Su obsesi\u00f3n fueron las mujeres, los paisajes de campo y, sobre todo, las telas: vestidos, pa\u00f1uelos, hopalandas y guantes. Una primera mirada ingenua a las pinturas de Watteau nos presenta un mundo fr\u00edvolo y poco serio: la belleza embriagadora de los trajes suntuosos y los amores galantes de una burgues\u00eda que buscaba artificialmente un contacto con la naturaleza. Paseando en sus quintas de campo, en sus pabellones chinos, sus personajes se r\u00eden como locos, berreando chismes y gracias. Los rostros maquillados se contraen, con las manos anilladas hacen graciosas maniobras en el aire, una pierna se balancea, coqueta, cruzada sobre un muslo. Es la \u00e9poca de la dicha del vivir, la \u00e9poca del aire y del vino, del abanico y la peluca, y ellos se premian con postres caros, toman vino, escuchan a los violines desmayados. Se disfrutan, se beben unos a otros; se odian y se aman, se odian porque se aman; se necesitan.<\/p>\n<p>Sin embargo, basta con detenerse un poco para advertir, como la cuerda desafinada de un acorde, una tensi\u00f3n subterr\u00e1nea, agazapada, casi invisible, pero que lo contamina todo. Si miramos bien, no hay nada glorioso en los arist\u00f3cratas que se han detenido a la mitad del bosque en <em>Peregrinaci\u00f3n a la isla de Citera<\/em>. La escultura del costado derecho est\u00e1 cercenada, carcomida; a lo lejos, una diminuta ciudad humea; los escorzos desordenados de algunos varones expresan un erotismo deslavado y ruidoso, asedian a unas pocas mujeres inc\u00f3modas. Es un para\u00edso que oscila entre lo ef\u00edmero y lo artificial, y representa una invitaci\u00f3n a los placeres en medio del encanto de la naturaleza, pero los peregrinos que se embarcan nunca llegan a la isla, y la luz de esta solo se conserva si permanece lejos en el horizonte. En <em>Las dos primas<\/em>, la mujer que ocupa el centro del cuadro, y hacia la que converge el punto de fuga, nos da la espalda, ofrece su nuca como un trozo de porcelana h\u00fameda: es una postura severa, recelosa. El m\u00fasico de <em>La escala del amor <\/em>se inclina sibilinamente sobre la mujer, quiz\u00e1s para leer la partitura entre sus manos, quiz\u00e1s solo para mirar en su escote.<\/p>\n<p>Por lo general, sus cuadros se dividen en mitades, una umbrosa y otra de celaje claro. El tama\u00f1o de los personajes es diminuto con respecto a los paisajes: con el aspecto de un ritual profano en un paisaje irreal, son escenarios inmensos y casi aterradoramente vac\u00edos. En su mundo, tanto los dioses como los grandes h\u00e9roes han muerto. En su lugar, representa el pa\u00eds del sue\u00f1o imposible, donde la libertad triunfa sobre las reglas y la moral. La pintura de Watteau es, en este sentido, una manifestaci\u00f3n de nostalgia aguzada por la decepci\u00f3n. Lo que se representa es una forma de vida rebasada, la p\u00e9rdida de valores espirituales tras los placeres de la carne, el debilitamiento espiritual y religioso en pos de la opulencia. Su operaci\u00f3n es el contraste, la tensi\u00f3n y el contrapunto, que enfrentan una y otra vez a la fugacidad y la permanencia; al tiempo hist\u00f3rico y la eternidad. No hay iron\u00eda, ni siquiera cr\u00edtica. En el fondo, es de una melancol\u00eda salvaje.<\/p>\n<p>Re\u00edmos hoy, dice Watteau, pero ma\u00f1ana estaremos muertos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59657\" aria-describedby=\"caption-attachment-59657\" style=\"width: 658px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59657\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/watteau12-713x600-1-300x252.jpg\" alt=\"Las dos primas, 1718\" width=\"668\" height=\"561\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/watteau12-713x600-1-300x252.jpg 300w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/watteau12-713x600-1.jpg 713w\" sizes=\"auto, (max-width: 668px) 100vw, 668px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59657\" class=\"wp-caption-text\">Las dos primas, 1718<\/figcaption><\/figure>\n<h2>III.<\/h2>\n<p>Se dice que maldec\u00eda al pintar. Atacaba la tela con golpes breves, bruscos; era de pincelada corta. Desp\u00f3tico con el lienzo, como con todo lo dem\u00e1s, lanzaba los colores involucrando cada cent\u00edmetro del cuerpo: el brazo, el muslo, el tal\u00f3n, la barbilla; la pintura como un arte de esgrima. Era rudo con los modelos: daba indicaciones breves, groseras, el resto de las sesiones se comportaba con ellos como si fueran muebles. No ped\u00eda opiniones; ten\u00eda en s\u00ed mismo una seguridad ultrajada, de genio incomprendido, y mientras se limpiaba los restos de pintura en la camisola, se irritaba, se agotaba.<\/p>\n<p>Su mal fue la tisis, la m\u00e1s esot\u00e9rica de las enfermedades. Entre ataques de tos, largos jadeos, sofocaciones, esputos, convulsionaba de arriba hacia abajo, encorvado como un anciano, buscando expulsar el coraz\u00f3n de su enfermedad, la flema \u00faltima, que sin embargo se le mor\u00eda siempre en el gaznate. La peluca enorme, la casaca rebosante: en medio del mont\u00f3n de ropa se perd\u00eda su flacura.<\/p>\n<p>Enferm\u00f3 joven: es justo pensar que tuvo alguna intuici\u00f3n temprana de su muerte. Intuy\u00f3 tambi\u00e9n, quiz\u00e1s, que el mundo de elegancia aristocr\u00e1tica al que pintaba estaba igualmente condenado a morir pronto.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59661\" aria-describedby=\"caption-attachment-59661\" style=\"width: 782px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59661\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_014-782x600-1-300x230.jpg\" alt=\"&quot;Una propuesta vergonzosa&quot;, 1715-1716\" width=\"792\" height=\"607\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_014-782x600-1-300x230.jpg 300w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_014-782x600-1-768x589.jpg 768w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_014-782x600-1.jpg 782w\" sizes=\"auto, (max-width: 792px) 100vw, 792px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59661\" class=\"wp-caption-text\">&#8220;Una propuesta vergonzosa&#8221;, 1715-1716<\/figcaption><\/figure>\n<h2>IV.<\/h2>\n<p>Durante la primera mitad del siglo XVIII, la pintura hizo de la frivolidad uno de sus temas principales. Todo ocurre como una suerte de promesa, casi un delirio: se nos instala en un mundo de colores claros y temas blandos, reinan las escenas sentimentales, borrachas de hedonismo, sensualidad, gracia y elegancia. Hay guitarras, abanicos, mujeres suspirantes y varones que les asedian.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 la pintura est\u00e1 tan comprometida con este esp\u00edritu superficial y decorativo, hasta el golpe revolucionario de los pintores neocl\u00e1sicos? Tenemos la impresi\u00f3n de que en todos los pintores \u2014sea Tiepolo, Boucher o el propio Watteau\u2014 la frontera entre la pintura y el ornamento es extremadamente vaga. Se puede decir que, hasta antes de la revoluci\u00f3n francesa, toda forma art\u00edstica debe tener en cuenta las exigencias de la aristocracia: es ella la que paga para verse a s\u00ed misma representada, para hacer de su mundo lo deseable. Sin embargo, \u00bfbasta con decir que se trata de un constre\u00f1imiento, de un mecenazgo vulgar que elige los temas?<\/p>\n<p>Tengo la impresi\u00f3n de que la pintura, en aquella \u00e9poca, tiene tanta m\u00e1s necesidad de los temas aristocr\u00e1ticos por cuanto la frivolidad, lejos de ser un constre\u00f1imiento para el pintor, es el lugar de una inesperada emancipaci\u00f3n; transforma las coacciones de la aristocracia en oportunidades.<\/p>\n<p>Es este el caso de Watteau: no pod\u00eda obtener su creaci\u00f3n m\u00e1s que a partir de las figuras de la frivolidad. Se sirve de este mundo veleidoso, ligero, inconstante, para extraer de \u00e9l una l\u00f3gica subterr\u00e1nea, pues lo fr\u00edvolo le permite la entrada a un terreno espec\u00edfico que, de otro modo, no habr\u00eda descubierto jam\u00e1s: el terreno de las superficies, del mero aspecto, de las contradicciones de la apariencia.<\/p>\n<p>El mundo del capital es un mundo de duplicidades; me parece que fue Marx quien lo dijo, con otras palabras y mejor. Watteau se instala en ese mundo de mercanc\u00edas, de valores de cambio y valores de uso; pues en \u00e9l todo tiene dos caras: la cara que ofrece al mundo, y su propia cara oculta. Es sabido que aplicaba los colores muy diluidos en capas de extrema delgadez, lo que le permit\u00eda numerosas transparencias. El barniz se aplicaba ligeramente coloreado, y a veces entre capas de pintura. La t\u00e9cnica encuadra la paradoja metaf\u00edsica de su \u00e9poca: sobre un fondo oscuro, quiz\u00e1s feo, quiz\u00e1s enfermo, cae la belleza artificial; a todo lo recubre un haz mentiroso, lleno de fasto, como el vestido cae sobre el hombro, pues tambi\u00e9n lo cubre, lo maquilla.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s delicado puede ser tambi\u00e9n lo m\u00e1s brutal, lo m\u00e1s agresivo.<\/p>\n<h2>V.<\/h2>\n<p>Su padre fue un artesano afincado en Valenciennes, ciudad entonces bajo dominio flamenco. De ah\u00ed la influencia, en sus primeras pinturas, del naturalismo de la pintura holandesa, y su obsesi\u00f3n insana por la calidad t\u00e9cnica. Su formaci\u00f3n art\u00edstica, sin embargo, en un inicio debi\u00f3 ser precaria y artesanal; cuando, en 1702, se march\u00f3 a Par\u00eds, se vio obligado a vender sus cuadros en los llamados \u201csan Roques\u201d, peque\u00f1os mercados donde se vend\u00edan pinturas que compraban campesinos.<\/p>\n<p>Paulatinamente, su talento logr\u00f3 llamar la atenci\u00f3n de algunos mecenas, y consigui\u00f3 entrar en un taller de artistas socialmente m\u00e1s notables. Pese a mantener una forma de vida bohemia, pronto comenz\u00f3 a adquirir reconocimiento y en 1717 accedi\u00f3 a la Academia como pintor de <em>f\u00eates galantes<\/em>, entretenimientos al aire libre en que los cortesanos a menudo vest\u00edan trajes rurales.<\/p>\n<p>Durante toda su vida, careci\u00f3 de mecenas aristocr\u00e1ticos; sus compradores fueron primero campesinos, luego burgueses, finalmente banqueros y marchantes. A todos ellos vendi\u00f3 obsesivamente sus pinturas, con \u00e1nimos arribistas y promesas de ascenso social. A todos ellos, sin embargo, despreci\u00f3 del mismo modo: a unos por pobres, a los otros, por ricos.<\/p>\n<p>Ning\u00fan pintor odi\u00f3 tanto a su \u00e9poca. Ninguno plasm\u00f3 ese odio de modo tan discreto, tan delicado. Con una pincelada tan breve como su tos de perro jadeante, que rociaba los hombros de las marquesas y los herreros, enferm\u00f3 con el mismo desprecio y el mismo desd\u00e9n que le prodigaba a todo: la tos, la sofocaci\u00f3n y la asfixia fueron en \u00e9l un rechazo del aire, un reniego testarudo de respirar lo mismo que los otros.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59660\" aria-describedby=\"caption-attachment-59660\" style=\"width: 765px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59660\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-Pierrot_-_Antoine_Watteau_-_Muse\u0301e_du_Louvre_Peintures_MI_1121_-_apre\u0300s_restauration_2024-504x600-1-252x300.jpg\" alt=\"Gilles, 1721\" width=\"775\" height=\"923\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-Pierrot_-_Antoine_Watteau_-_Muse\u0301e_du_Louvre_Peintures_MI_1121_-_apre\u0300s_restauration_2024-504x600-1-252x300.jpg 252w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/1920px-Pierrot_-_Antoine_Watteau_-_Muse\u0301e_du_Louvre_Peintures_MI_1121_-_apre\u0300s_restauration_2024-504x600-1.jpg 504w\" sizes=\"auto, (max-width: 775px) 100vw, 775px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59660\" class=\"wp-caption-text\">Gilles, 1721<\/figcaption><\/figure>\n<h2>VI.<\/h2>\n<p>Pint\u00f3 tambi\u00e9n payasos, arlequines, fiestas y bailes de disfraces. Mucho en sus pinturas es m\u00e1scara, traje y simulaci\u00f3n; en sus atm\u00f3sferas se advierte siempre algo que se siente teatral y artificial. Sin embargo, casi nunca hay escenario, ni p\u00fablico. No hay, en un sentido profundo, ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al <em>Gilles <\/em>lo miramos desde abajo. Est\u00e1 en un extra\u00f1o primer plano, y su tama\u00f1o es desproporcionado: demasiado grande, parece como yuxtapuesto sobre el resto de los personajes, rehundidos al fondo. Viste enteramente de blanco (como la inocencia o la imbecilidad), los pantalones le quedan cortos, en los pies lleva zapatillas con dos lazos rojos. M\u00e1s que un ser humano parece una marioneta. Es, sin duda, el arquetipo del payaso triste, que mira hacia abajo con timidez, que no sonr\u00ede, y cuyos brazos ca\u00eddos, en actitud melanc\u00f3lica, subrayan que quien hace re\u00edr est\u00e1 generalmente sumido en la pena. Catat\u00f3nico y sudoroso, mudo e imposible, es un emisario glacial de lo fallido: parece reci\u00e9n haber comprendido algo del mundo, algo a la vez min\u00fasculo y grandioso, banal y profano, sorprendente y esperable, como todo lo realmente importante, que tiene la naturaleza de develar aquello que intu\u00edamos ya siempre, pero que nos era imposible imaginar hasta que lo vimos.<\/p>\n<p>Su locura es callada, sorda, discreta. Resulta dif\u00edcil advertirla en una primera mirada porque es, tambi\u00e9n, una locura disimulada: la ocultan el maquillaje, los abanicos, las pelucas y las joyas. Sin embargo, debajo habita el animal enfermo del delirio: es el loco callado, cuyo mon\u00f3logo interno est\u00e1 a punto de desbordarse en una risa sofocada e idiota.<\/p>\n<p>Debajo de la tela est\u00e1 la piel, y debajo de la piel, el hueso. Tras la m\u00e1scara est\u00e1 la calavera.<\/p>\n<p>Curiosa venganza de la locura sobre la raz\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_59656\" aria-describedby=\"caption-attachment-59656\" style=\"width: 754px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-59656\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_006-696x600-1-300x259.jpg\" alt=\"La escala del amor, 1717\" width=\"764\" height=\"660\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_006-696x600-1-300x259.jpg 300w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Antoine_Watteau_006-696x600-1.jpg 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 764px) 100vw, 764px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-59656\" class=\"wp-caption-text\">La escala del amor, 1717<\/figcaption><\/figure>\n<h2>VII.<\/h2>\n<p>El verano de 1720 se retir\u00f3 a Nogent-sur-Marne, donde se entreg\u00f3 a una reclusi\u00f3n total de la cual no habr\u00eda de volver. Era ya pura piel sobre los huesos, se le miraba la calavera en los ojos marcados, las arrugas de sus gestos desde\u00f1osos, en la barbilla como un hueso de durazno. Curiosamente, en este periodo sigui\u00f3 pintando carnes rosadas y cielos azules, bajo los cuales trasluce, discretamente, el cansancio de los placeres del mundo.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 como un mendigo, acosado por sus acreedores, insultado por sus enemigos, enfrascado en ri\u00f1as est\u00fapidas, mascullando entre dientes que se encontraba a dos pasos de la obra maestra que no consegu\u00eda, y que insist\u00eda en decir que le hab\u00edan arrebatado injustamente.<\/p>\n<p>Fue, en su tiempo, el mejor pagado de los artistas franceses; si vivi\u00f3 al final como un miserable fue por coqueter\u00eda, acaso por avaricia.<\/p>\n<h2>VIII.<\/h2>\n<p>Cada \u00e9poca vive con su sue\u00f1o. El del siglo XVIII fue uno donde reinaban el derroche, el gozo y el lujo. Sus im\u00e1genes y sus formas est\u00e1n fant\u00e1sticamente engrandecidas sobre la vida del hombre mortal. Este sue\u00f1o impregn\u00f3 la vida de sus habitantes del mismo modo en que los sue\u00f1os dominan a los humanos de cualquier \u00e9poca mientras duermen: fue verdad, estrictamente, mientras duraron sus im\u00e1genes. Pero, como todo sue\u00f1o, el del rococ\u00f3 viv\u00eda dentro de un mundo objetivo, un mundo brutal, m\u00e1s verdadero que sus fantas\u00edas, que irrump\u00eda de tanto en tanto, como un ruido, y que anunciaba la pesadilla.<\/p>\n<p>Hay en Watteau el intento de expresar este sue\u00f1o y esta pesadilla. En sus cuadros aparece el clamor de un tiempo. Edificios, objetos, nombres. Algunos gestos definitivos. Pero sobre todo, aparecen las vidas. Peque\u00f1as, condenadas al olvido, vidas como cualquier vida. Es decir, llenas, suculentas, rebosantes de s\u00ed mismas. En ellas, todo es definitivamente real. Alucinantemente real. Cut\u00e1neo. Tibio. Hay palabras de ternura y de desamor. Hay peque\u00f1os afanes, melancol\u00edas a las tres de la ma\u00f1ana, risas estrepitosas y borracheras. Rescata la din\u00e1mica de una luz, los pliegues de un espacio, los cuerpos y sus sombras. Evoca la muda literatura del color: una carne rodeada por emociones. En todos los casos, lo visible es su vibrante estar, all\u00ed, en el temblor de su propio mundo.<\/p>\n<p>Al respecto de esta \u00e9poca, y de los hombres y mujeres que en ella se debaten, furiosos, esperanzados, condenados sin saberlo, contra el destino, podemos decir que todo est\u00e1 a punto de cambiar. La mirada advierte un a\u00f1o que relumbra \u20141789, la Gran Revoluci\u00f3n\u2014, que se anuncia ya pronto, con sus guillotinas, sus gritos desaforados, sus esperanzas arrebatadas, sus anhelos. Todo mutar\u00e1 irremediablemente. \u00bfHasta qu\u00e9 punto lo saben ellos? En unos a\u00f1os los veremos, metidos los brazos hasta el codo, en la sangre y en el barro. Aquel paje empujar\u00e1 el estilete contra el cuello del fiador. Ahora, sin embargo, le extiende sobre el pasto el mantel donde acomodar sus viandas. Ese burgu\u00e9s, que sue\u00f1a en la tibieza de sus s\u00e1banas, empu\u00f1ar\u00e1 el fusil en una noche cerrada de alaridos. \u00bfSabe el duque, acostado en el regazo de la doncella, que esa misma cabeza sobre la cual ella hace remolinos con el dedo, esa coronilla de cabellos tan bellamente peinados, rodar\u00e1 pronto sobre los tablones del cadalso?<\/p>\n<p>Orden y azar. Un claroscuro de brutalidades y ternuras. El teatro del mundo: una voz que canta al amor; otra, que lo pervierte en una risa cruel. Geometr\u00edas que ordenan un mundo que se desborda. Ojos que miran tan lejos como puede mirarse. Esperanzas de un pueblo con hambre. Osad\u00edas de la raz\u00f3n. Cotidianidades, peque\u00f1eces de la vida que pasa. Y tambi\u00e9n pasiones desgarradoras. Cr\u00edmenes. Diversi\u00f3n y sexo. La gran rueda del vicio y la virtud. Una bestia que busca su forma entre alaridos, sangre, humo.<\/p>\n<p>Las escenas de sus cuadros se repiten un sinf\u00edn de veces, y seguir\u00e1n repiti\u00e9ndose, siempre iguales, siempre distintas por iguales, porque as\u00ed hab\u00eda de ser hasta que todo estallara, y ya no rieran, y ya no bebieran, mudas sus cabezas en el cadalso. Pues aquella era la \u00e9poca de la dicha del vivir, y la dicha es el fin, la fatalidad, es la muerte en un alarido de placer, es el tiempo clausurado. A su final acuden sus personajes como a una celebraci\u00f3n, pues toda muerte elegida no es tragedia, sino gesto vanidoso, bacanal, afirmaci\u00f3n de un presente que dura lo que tarda la vela en apagarse y sumirnos en la negra boca de la eternidad.<\/p>\n<figure id=\"attachment_58550\" aria-describedby=\"caption-attachment-58550\" style=\"width: 740px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-58550\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/maskerade.jpgLarge.jpg\" alt=\"Mascarada, 1717\" width=\"750\" height=\"589\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-58550\" class=\"wp-caption-text\">Mascarada, 1717<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. No se sabe si de su boca saldr\u00e1 un insulto, una lisonja, o quiz\u00e1s las dos cosas. Casi escucho su voz, cortante como un filo, que le brota entre esos labios l\u00fabricos y carnosos: el tono es al mismo tiempo afectado y serio, burdo y sedoso, amable y burl\u00f3n. \u00bfEst\u00e1 a punto de re\u00edrse? &#8230; <a title=\"Antoine Watteau: la \u00e9poca de la dicha del vivir\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58541\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Antoine Watteau: la \u00e9poca de la dicha del vivir\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59654,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6],"tags":[3783,3521,3784,3785,1210,3786,446,3787],"ppma_author":[3505],"class_list":["post-58541","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-antoine-watteau","tag-cuadros","tag-fetes-galantes","tag-frivolidad","tag-pintura","tag-rococo","tag-siglo-xviii","tag-teatralidad","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":3505,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"emiliano-cassigoli","display_name":"Emiliano Cassigoli","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"","last_name":"","user_url":"","job_title":"","description":"(Santiago de Chile, 1995). 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Es miembro fundador de la compa\u00f1\u00eda teatral Vincent Company, y su actuaci\u00f3n en el mon\u00f3logo <em>Y la guerra sigue<\/em> fue meritoria del reconocimiento a Mejor actuaci\u00f3n masculina en el XXVI Festival Internacional de Teatro Universitario."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/58541","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=58541"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/58541\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":59677,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/58541\/revisions\/59677"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/59654"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=58541"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=58541"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=58541"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=58541"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}