{"id":58240,"date":"2026-05-18T07:00:36","date_gmt":"2026-05-18T13:00:36","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58240"},"modified":"2026-10-28T17:23:40","modified_gmt":"2026-10-28T23:23:40","slug":"el-lenguaje-del-viento-y-la-milpa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58240","title":{"rendered":"El lenguaje del viento y la milpa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong>NE NEP\u0197 H\u0197K\u0197<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ne nep\u0268rawiya tatei Yurienakatsie ne \u0268katek\u0268,<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ne xik\u0268ri nemutaweke nep\u0268yiane h\u0268ritsie.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ne Hikuri niawarieya maiwe nep\u0268y\u0268ane.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>SOY YO<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Soy yo la tierra bajo mis pies,<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">el espejo que brota entre las monta\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">soy el canto de la j\u00edcara sagrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>K\u0268paima Norma Robles Carrillo<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><\/h1>\n<span id='easy-footnote-1-58240' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=58240#easy-footnote-bottom-1-58240' title='Agradezco a la gente campesina del Istmo en Oaxaca por compartirme su saber sobre el viento, la milpa, la tierra y la mar.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p><em>Eso que llamamos territorio<\/em><\/p>\n<p>\u201cComo dec\u00edan los abuelos, para conocer el territorio hay que caminarlo\u201d, me dice Francisco, comunero del pueblo de Capulalpam, en el \u00faltimo tramo de la madrugada. Una delgada l\u00ednea se traza en la cumbre de las monta\u00f1as del poniente, el sol aparece. Francisco me ha invitado a observar su pueblo desde el mirador, apreciamos el intenso verde que se extiende de un horizonte a otro. Francisco me afirma que pertenecer a una comunidad implica un compromiso con el territorio, porque en \u00e9l se encuentra todo lo que se necesita para subsistir. \u201cEs importante cuidar los bosques, el agua, porque eso nos da vida. Es importante cuidar la tierra porque ella es quien nos provee los alimentos\u201d.<\/p>\n<p>Francisco y yo descendemos por un sendero distinto al que subimos. Pasamos por un ojo de agua, donde un grupo de mujeres se encuentra reunido para realizar un ritual de sanaci\u00f3n. Saludo a do\u00f1a Elvia, una de las m\u00e9dicas tradicionales de la comunidad, me invita a observar la curaci\u00f3n. Un joven est\u00e1 en la orilla del manantial, le colocan algunas flores arom\u00e1ticas, le roc\u00edan un poco de aguardiente y las se\u00f1oras le cantan para fortalecer su aliento, para liberarle las dolencias que han afectado su estabilidad an\u00edmica. \u201cAs\u00ed como nos enfermamos, el territorio nos da las medicinas, las plantas para curarnos. La tierra no nos enferma sin darnos nuestro remedio\u201d, comparte do\u00f1a Elvia. El territorio tiene vida y es rec\u00edproco con las personas mientras cuiden de \u00e9l, nunca le har\u00eda da\u00f1o a su gente. Las se\u00f1oras agradecen a las cuatro esquinas del mundo y al centro, les piden a los seres sagrados que cuide la fuerza del joven y el agua donde es sanado.<\/p>\n<p>El ritual termina, nos despedimos de las m\u00e9dicas tradicionales. Francisco me lleva a otro punto del pueblo, donde la gente dispone la tierra para el cultivo de ma\u00edz y otras semillas. All\u00ed nos encontramos a Aldo, un compa\u00f1ero de la comunidad vecina, quien me cuenta de las t\u00e9cnicas milenarias que utilizan para producir los alimentos. \u201cLa tumba, roza y quema no es nociva, pues al limpiar el terreno, rozar y quemar para sembrar ma\u00edz, se garantiza que tenga vitalidad, ya que \u00fanicamente se usa un a\u00f1o y luego se deja descansar hasta despu\u00e9s de varios a\u00f1os. Cuando el campesino vuelve al mismo lugar se encuentra con un bosque grande\u201d. Dicha pr\u00e1ctica, dice Aldo, es \u201cla milpa que camina\u201d, la que es itinerante, porque despu\u00e9s de un a\u00f1o de trabajo se busca otra parte para dejar descansar la tierra: esa es la manera de cuidarla, de recuperar su fuerza.<\/p>\n<h2><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El lenguaje del viento<\/em><\/p>\n<p>Otro d\u00eda, un nuevo amanecer.<\/p>\n<p>El territorio tiene sus cantos y susurros propios, que son escuchados por la gente que lo habita. \u201cLa vida gira en torno al viento\u201d, dice don Jer\u00f3nimo, un campesino me\u00f1o, mientras desgaja las hojas de su ma\u00edz <em>diuxe <\/em>(zapalote chico). Avanza con cadencia, en medio de un c\u00e9firo caudaloso. El sol est\u00e1 por irse y con \u00e9l otro d\u00eda. La vida en el Istmo sucede a trav\u00e9s de los vientos y de \u00e9stos se teje un lenguaje que solo la gente zapoteca sabe descifrar. El campo sucede entre aires, entender su caudal y direcci\u00f3n mantiene el sostenimiento de pr\u00e1cticas anudadas con la milpa. \u201cEl viento del norte hace crecer r\u00e1pido el ma\u00edz, pero el viento del sur no. El viento de en medio es el provinciano, pero eso no hace nada\u201d, comenta don Jer\u00f3nimo, quien aprendi\u00f3 a interpretar las corrientes por la sabidur\u00eda heredada de su padre. Corta algunas hojas y mazorcas que coloca en una yunta arrastrada por dos grandes toros. Caminamos hacia la casa de don Jer\u00f3nimo.<\/p>\n<p>La vida en el mundo de los pueblos originarios es siempre dual: no puede comprenderse el sol sin la luna, sin los ambientes c\u00e1lidos y fr\u00edos, sin el sur y el norte. \u201cLa gente dice que el viento del sur es el hombre, si tienes una herida cuando viene te duele. Y el viento del norte es la mujer, all\u00ed no duele nada\u201d, afirma do\u00f1a Clarita, mujer zapoteca, esposa de don Jer\u00f3nimo, mientras prepara unas tortillas en un fog\u00f3n t\u00edpico de su cultura. Pero los vientos tambi\u00e9n afectan lo que se produce, de all\u00ed la importancia de saber cu\u00e1ndo hacer el corte de ma\u00edz y de la madera. \u201cSi cortas el ma\u00edz en el viento del sur sale gorgojo, lo mismo que si cortas madera se pica, las vigas de la casa r\u00e1pido se desgajan\u201d.<\/p>\n<p>La fuerza de los vientos nace de la luna, seg\u00fan su fase implica un tipo de soplo. Las lunas llenas dan vitalidad y fortalecen las semillas que se siembran, as\u00ed como la madera que se corta, haci\u00e9ndola m\u00e1s resistente. Las noches sin luna son tenues; las menguantes calman los cantos inclementes del tiempo. \u201cEn el Istmo vive la gente viento\u201d, asevera do\u00f1a Clarita.<\/p>\n<h2><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, un nuevo amanecer.<\/p>\n<p>El viento mueve el agua. La fortalece y debilita dependiendo de la direcci\u00f3n que tome. \u201cCuando entra el sur baja el agua, por el calor. El norte mantiene el agua\u201d, afirma don Claudio, campesino zapoteco, mientras camina sobre los riachuelos que descienden de la colina, donde inicia el suministro de agua del que se abastece la gente del campo. El agua de riego se da entre los meses de noviembre y marzo, tiempo en que la lluvia de temporal se ausenta, eso permite garantizar la primera cosecha del a\u00f1o, al abrirse las cortinas y los canales de riego.<\/p>\n<p>Pero el viento no solo afecta el campo, sino a los mares. \u201cCuando hay norte no viene la gente, tampoco se va a trabajar por el peligro que eso implica. El norte se lleva los peces, pero el sur trae los mariscos. El viento cambia el paisaje. Hay que tenerle respeto al viento porque te puede aventar en el mar\u201d, cuenta don Manuel, un hombre que toda su vida se ha dedicado a la pesca. A lo alto de las monta\u00f1as frente a Ixtepec, se observan los parques e\u00f3licos que han sido colocados en las partes bajas, a un costado del mar, donde la gente campesina sol\u00eda trabajar, pero ante el ruido y la contaminaci\u00f3n producto de las e\u00f3licas, el campo ha sido abandonado. \u201cSabemos que el viento produce energ\u00eda, pero eso es para las empresas, no para la gente del campo\u201d, sentencia don Manuel. El viento reclama su libertad, viento que tambi\u00e9n ha sido extractivizado por el capitalismo.<\/p>\n<h2><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El canto de la milpa<\/em><\/p>\n<p>Otro ciclo, un nuevo amanecer.<\/p>\n<p>\u201cLa modernidad ha ido cambiando todo\u201d, afirma don Sa\u00fal, mientras vemos la tierra \u00e1rida en las faldas de la monta\u00f1a. Caminamos rumbo a su milpa, es septiembre y ha llegado el tiempo de cortar el ma\u00edz. El sentir de don Sa\u00fal no es fortuito, al indicar que la modernidad ha influido en los j\u00f3venes, provocando que abandonen el campo, que la juventud migre hacia otras partes en b\u00fasqueda de oportunidades laborales, pues la tierra ya no la ven como una forma de vida. \u201cLa juventud ya no crece con amor al territorio, pero no es completamente su responsabilidad, tambi\u00e9n nosotros algo no estamos haciendo bien para que lo aprecien\u201d. Escucho atento a don Sa\u00fal con cierta preocupaci\u00f3n, por la forma en que salen sus palabras.<\/p>\n<p>En el camino nos encontramos a do\u00f1a Alicia, maestra y campesina, corta algunos elotes, nos regala un mont\u00f3n. Se suma a nuestra pl\u00e1tica. Do\u00f1a Alicia tambi\u00e9n comparte el mismo sentir, el desarraigo de la juventud hacia el campo. \u201cNo es que la juventud tenga que ser campesina, pero s\u00ed que sepa producir lo que consume. \u00bfSi no hay quien produzca lo que comemos, c\u00f3mo vamos a sobrevivir, c\u00f3mo van a sobrevivir nuestros nietos y nietas?\u201d. La pregunta me genera desasosiego, y aunque yo no soy parte de su localidad, puedo percibir que sucede algo parecido en mi comunidad. \u201cHay mucho trabajo por hacer por el propio bienestar de nuestros hijos e hijas\u201d, me dice do\u00f1a Alicia, con una sonrisa que me devuelve la esperanza. \u201cS\u00ed\u201d, le digo, con la convicci\u00f3n de que nos queda mucho por caminar.<\/p>\n<p>Uno de los grandes desaf\u00edos que presenta el campo en M\u00e9xico \u2013adem\u00e1s del abandono, la escasa repartici\u00f3n de tierras, el despojo territorial\u2013 es la endeble transici\u00f3n de la sabidur\u00eda sobre las semillas, el viento, el cuidado del agua y el reconocimiento del territorio a las nuevas generaciones. Sin esa transmisi\u00f3n se debilita el sentido de pertenencia; el afecto a la tierra, al pueblo y la comunidad. Las infancias crecen sin saber c\u00f3mo se planta un \u00e1rbol, c\u00f3mo se germina una semilla, c\u00f3mo se cosecha lo que comemos en casa. \u201cHace un tiempo di un taller de semillas en un preescolar y me sorprendi\u00f3 que los ni\u00f1os ten\u00edan miedo de tocar la tierra porque iban a ensuciarse las manos y que su mam\u00e1 los fuera a rega\u00f1ar\u201d, expresa Sa\u00fal, at\u00f3nito, ante la incertidumbre de c\u00f3mo hacer que las infancias y juventudes tengan la voluntad de conocer el territorio, el trabajo comunitario y levantar una milpa. \u201cPara que las semillas sobrevivan hay que sembrarlas. \u00bfQui\u00e9nes la sembrar\u00e1n? Pues las ni\u00f1as, los ni\u00f1os; el trabajo debe empezar en casa, transmitirles el asombro de ver crecer un \u00e1rbol, de ver brotar el ma\u00edz, de cortar el frijol. Nosotros, los adultos, debemos transmitirles ese cari\u00f1o, heredarles el amor que las abuelas, que los abuelos nos dieron a nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Cada milpa tiene su lenguaje, como si tuviera un canto que es reconocido por quien lo escucha. El canto est\u00e1 en los sonidos de la tierra surcada, en las aves que vuelan mientras se siembra, en los silbidos de los insectos que se pasean en las ranuras del suelo. El canto est\u00e1 en el tiempo de cada semilla hasta convertirse en milpa. \u201cLa milpa es sagrada porque sostiene la vida\u201d, me dice don Sa\u00fal, mientras guarda los elotes en una morraleta. Cu\u00e1nta sabidur\u00eda en una oraci\u00f3n. \u201cCaminar el territorio es tambi\u00e9n aprender a so\u00f1ar. Todas las personas sue\u00f1an con que las generaciones que vienen tambi\u00e9n disfruten lo que hoy se goza, pero tambi\u00e9n de que se aprenda a vivir en tiempos desafiantes\u201d.<\/p>\n<p>Es de noche, hemos vuelto a la casa de don Sa\u00fal. Do\u00f1a Martha, su esposa, ha encendido el fuego para asar los elotes que nos regalaron. Elotes que son la suma de un esfuerzo colectivo; de gente que sue\u00f1a, resiste y lucha por un mundo digno, por el respeto al territorio, a la vida y al trabajo en el campo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NE NEP\u0197 H\u0197K\u0197 Ne nep\u0268rawiya tatei Yurienakatsie ne \u0268katek\u0268, Ne xik\u0268ri nemutaweke nep\u0268yiane h\u0268ritsie. Ne Hikuri niawarieya maiwe nep\u0268y\u0268ane. SOY YO Soy yo la tierra bajo mis pies, el espejo que brota entre las monta\u00f1as. soy el canto de la j\u00edcara sagrada. 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